Biografía: https://escriturayescritoresbiografias.blogspot.com/2024/10/julia-navarro_18.html
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07/09/2025 - 14/11/2025Marvin observaba con curiosidad las diferentes familias que habían confluido en aquel edificio de la calle de la Encarnación. Eran todas familias pequeñoburguesas. Bueno, habían sido pequeñoburguesas porque ahora la mayoría luchaba por su supervivencia.
Repasó la lista de los vecinos: los Garzo, que vivían en el primero; los Jiménez, en el segundo izquierda hasta que se mudaron a una de las buhardillas; los García, del quinto, cuyo cabeza de familia era abogado... También estaban los Gómez, cuyo único hijo, Pablo, competía en todo con Antoñito. En el edificio contiguo, una casa más señorial, vivían los Vilamar. Para disgusto de don Ernesto, su hija Catalina se trataba con los jóvenes de su edad que vivían en la misma calle. Doña Asunción, su madre, era una buena mujer siempre dispuesta a echar una mano a quien lo necesitara.
Piedad entró con una taza de café y la colocó sobre la mesita en la que resaltaban unas cuantas hojas en blanco.
—¿No te inspiras? —le preguntó a Marvin.
A él le incomodó una pregunta tan directa y frunció el ceño, aunque sabía que no había mala intención en las palabras de la mujer.
—A lo mejor el café me ayuda —respondió.
—Este país está muerto, Marvin, ¿es que no lo ves? Uno no se puede inspirar en los muertos. Aquí no vas a encontrar la inspiración. Necesitas distanciarte y... bueno, no quiero meterme en donde no debo, pero creo que debes perdonarte. No tienes nada que reprocharte. Te he oído hablar con Eulogio y sé que no te deja dormir el no haberte quedado toda la guerra. ¿Por qué deberías haberlo hecho? Te hirieron y además no era tu lucha, Marvin, ni siquiera era la de la mayoría de nosotros.
Le sorprendió la profundidad del comentario de la mujer. La tenía por una simple ama de casa más preocupada por la subsistencia que por los males del alma.
—Tengo muchas ideas, pero cuando intento escribirlas no puedo hacerlo; en ocasiones, simplemente se desvanecen.
—¿Y qué ideas son esas que quieres convertir en poemas?
—La lucha por la libertad, porque es el mayor bien que puede tener un ser humano, la derrota, el miedo, la desesperación...
La madre de Eulogía escuchaba con interés. La mujer se había sentado frente a él y le miraba de tal manera que Marvin creyó que podía leer dentro de su cabeza.
—Buenas y preciosas ideas, Marvin, ya te saldrá algo. Pero tú no has vuelto a España a encontrar inspiración sino a resolver un problema contigo mismo. Buscas la respuesta de por qué te fuiste y, si me apuras, en realidad buscas el perdón.
—No exactamente —replicó Marvin, asombrado por la perspicacia de la mujer.
—Yo diría que sí. Por lo que sé, estuviste unos cuantos meses, hiciste de traductor para un par de periodistas norteamericanos, te hirieron y te marchaste. Nada diferente de lo que hicieron otros.
—Me conformé con hacer de traductor. No quise luchar —confesó él, bajando la mirada.
—¿Y qué motivos tenías para lo contrario? No viniste a matar a nadie. Y aun así estuvieste en el Frente, donde conociste a Eulogio...
—Él era amigo de Pepe, un anarquista que también solía hacer de traductor para algunos periodistas. Eulogio y yo coincidimos en primera línea y allí fue donde me hirieron... Pero peor fue lo de él, porque por salvarme a mí...
—Sí, está cojo, pero vivo, lo mismo que tú. La herida de la pierna le impidió volver a combatir. No diré que no lamento que mi hijo se haya quedado cojo, pero le prefiero así a tener que estar llorando a un muerto.
—Lo entiendo —alcanzó a decir Marvin, que en realidad no comprendía a la mujer.
—No sé si me entiendes, pero da lo mismo; yo sí que te entiendo a ti. Vete, Marvin, aquí no encontrará la respuesta para ahuyentar a los fantasmas que te acechan por la noche cuando gritas ante su presencia.
Edición original: 2018
Edición digital para eBook
Edición digital para eBook
★★★★★
He estado entretenido con esta novela algo más de dos meses, leyendo en mi eBook debajo de las sábanas en las últimas noches calurosas de septiembre y en los primeros fríos de noviembre. Pero a decir verdad, en las últimas semanas se estaba haciendo un poco bola. Estaba deseando de acabar para pasar a otra cosa y empecé a leer también en el tren en el viaje de ida al trabajo. Además de largo, es repetitivo, y con situaciones en los personajes que llegaban a ser en cierto modo incomprensibles.
