Biografía: https://escriturayescritoresbiografias.blogspot.com/2024/07/dolores-redondo.html
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31/05/26 - 16/07/26—¡No me sorprende! —exclamó.
—¿Qué significa eso, Juan? ¿Por qué no te sorprende? —preguntó ella ofendida.
—Porque eso es lo que dijo Rosario que dirías.
Engrasi negó con la cabeza. Su hermano era un lerdo. Dio dos pasos hacia él hasta quedar a su altura de nuevo.
—¿Y qué es lo que dijo exactamente?
—Nada... —rehuyó él acobardado.
—No, no. Dímelo —exigió ella—, quiero saber qué piensa.
Juan levantó la cabeza.
—Cree que te has encariñado demasiado con la niña...
—¿Demasiado? ¿Te refieres a más de la cuenta? ¿De verdad me estás diciendo que crees que se puede querer demasiado a Amaia? —preguntó ella con determinación.
—Que actúas —continuó él— como si fueras su madre. Quizá porque no has tenido hijos propios...
Engrasi abrió la boca de pura estupefacción.
—Pero no lo eres y parece que se te está olvidando.
Engrasi miró a su hermano como si no lo conociera.
—Vaya, pues sí que te ha aleccionado bien, pero si hasta usas sus palabras —dijo ella con desprecio.
—Engrasi, será mejor que te vayas haciendo a la idea: su madre quiere que la niña vuelva a casa y yo también.
Ella se giró y le miró a la cara para que no le quedara duda de su determinación.
—No.
Él sintió como si lo esperara.
—Rosario también dijo que te negarías. Así que se ha adelantado y ha consultado con un abogado. No tienes nada que hacer. Si te empeñas en esto, solo gastará tiempo y dinero. La niña es nuestra hija y debe vivir en su casa.
—Esta es su casa —replicó Engrasi—, y parece que has olvidado por qué vive aquí y en qué circunstancias la trajiste.
Juan contestó impávido y Engrasi creyó estar viendo a Rosario.
—Cualquier juez entenderá que una madre enferma no podía cuidar de su hija. Tomamos esa dolorosa decisión por el bien de la niña. Tú lo sabías, aceptaste que Amaia viviera contigo mientras Rosario se recuperaba.
El rostro en Engrasi se crispó de pura rabia.
—No, no me la trajiste porque Rosario estaba enferma, a pesar de que llevaba tiempo maltratándola, humillándola y aterrorizándola.
—Rosario se encontraba mal —repitió él como un mantra.
—Y tú, hermano, no hiciste nada. No hiciste nada cuando la obligaba a vestirse con esa ropa de niña muerta. No hiciste nada cuando la veías levantarse por la noche para ir a amenazarla a su cama, no hiciste nada cuando le rapó la cabeza a tijeretazos.
Juan explotó.
—¡Estaba enferma! —gritó.
Engrasi no se amedrentó.
—No hiciste nada porque era mejor cerrar los ojos y esperar, esperar hasta que fue demasiado tarde. Hasta que estuvo a punto de...
—¡Fue un accidente! —gritó de nuevo.
—¡No lo fue! —gritó ella con todas sus fuerzas.
Regalo de mi padre
Edición original de 2019
★★★★★
Éste es otro de los libros que compré con el dinero que me dejó mi padre. Poco después de su fallecimiento, estuve bastante enfermo con problemas digestivos serios y acudí a un especialista privado que me ayudó bastante. Las pruebas y las consultas las pagué con el dinero que mi padre me dejó. Pero quería comprar algo que me ayudara a recordarle, y para mí no hay regalo mejor que un libro; así, el poco dinero que me quedó lo gasté en la Librería-Papelería Papellón de Sevilla.
Ahora, dos años después, he retomado esta novela de Redondo. Nos cuenta los motivos por los que, finalmente, la tía Engrasi decide llevar a su sobrina lejos de Elizondo, lejos del lobo. Amaia Salazar estudia en la Universidad Católica de Loyola en Boston (EEUU), y de este modo, viaja a Nueva Orleans durante el desastre del Katrina, en busca de un asesino en serie llamado "el compositor". Pero mientras está centrada en este trabajo, le llega la noticia por teléfono de la muerte de su padre, lo que hace remover los sentimientos de la inspectora.
El trabajo de Redondo es espectacular en sus descripciones sobre cómo queda la ciudad durante las inundaciones tras el paso del huracán Katrina: la falta de comunicaciones, los destrozos en los puentes y las carreteras, los fallecidos, los heridos, los disparos... De hecho, en las páginas finales, junto con los agradecimientos, Redondo nos cuenta su dedicación de dos años para lograr escribir esta novela.
He estado leyendo fundamentalmente de noche y en las mañanas frescas del fin de semana. Me ha llevado mucho tiempo porque ha coincidido con un final de curso de muchísimo trabajo y porque he estado en paralelo con la relectura de otras narraciones. Esto ha provocado que me haya perdido en algún momento y no le he sacado todo el jugo. Sí he disfrutado mucho con los pasajes en los que la escritora volvía a Elizondo. Pero la historia de los crímenes en torno al Katrina se me ha desdibujado, por lo que tendré que releerla en otro momento.
