sábado, 12 de abril de 2014

El Modernismo

Casi todos los movimientos literarios nacen por rechazo de algún elemento de los estilos precedentes. De este modo nace el Modernismo, como reacción al gesto excesivo y a la retórica estridente y vacía del Romanticismo. Esto requería la creación de otro lenguaje, otros medios expresivos, otra voz; en definitiva, otro estilo.
Habitualmente se clasifica a los escritores españoles que comienzan su labor literaria muy a finales del XIX en dos tendencias: el Modernismo y la Generación del 98, dos movimientos de difícil separación, ya que los dos representan una reacción frente al positivismo materialista imperante, y hay autores que participan de ambos.
Se denomina Modernismo a la tendencia poética hispanoamericana aportada a España por un poeta nicaragüense, Rubén Darío. Consistía ésta en un movimiento de exaltación del amor y de la fe, de la fantasía y del ensueño, elementos recogidos por Rubén Darío en su contacto con el simbolismo francés, y que cambiará la línea poética del siglo XX español.

Características del Modernismo
  1. Culto a la belleza, como reacción a lo vulgar y a lo prosaico cotidiano.
  2. Tono aristocrático y refinado, frente al tono burgués anterior.
  3. Expresión de la pura intimidad del sentimiento por reacción a la excesiva observación de la realidad.
  4. Lugares exóticos, por contraposición a la invasión de lugares habituales y comunes.
  5. Lenguaje sonoro, que busca el efecto rítmico y el color, con matices brillantes para los temas grandiosos, y con colores atenuados, apagados, para estados interiores indefinibles o melancólicos.
  6. Renovación métrica que supone la recuperación de versos medievales -el alejandrino-, y la popularización de otros, dodecasílabos, eneasílabos, etc. Rompiendo el ritmo versal, se ensaya el verso libre.
Los temas que más aparecen son los habituales del hombre: el sentido de la vida, el tiempo, la muerte, la naturaleza...
La tendencia a romper lo cotidiano y monótono se manifiesta en la evasión:
- Local: escenarios lejanos y lujosos, adornados con flores; bálsamos, joyas, perfumes exquisitos; ciudades cosmopolitas, especialmente París, abanico de culturas diversas; palacios suntuosos, rodeados de jardines fragantes y misteriosos...
- Temporal: temas históricos (Edad Media), legendarios.
Autores modernistas españoles son Salvador Rueda, Manuel Machado, Ramón María Valle-Inclán y Juan Ramón Jiménez.

 Ramón María del Valle Inclán 
Valle-Inclán
1866 - 1936
Nace en Villanueva de Arousa (Pontevedra) y estudia leyes en Santiago. Tras la muerte de su padre emigra a México, donde empieza a trabajar como periodista. De vuelta a Madrid, se relaciona con los escritores de su tiempo y decide dedicarse de lleno a la literatura. Se opuso al gobierno de Primo de Rivera, lo que le valió ser detenido en varias ocasiones, experiencia que aprovechó en sus obras. Al proclamarse la República es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. De allí volvió a Santiago con una grave enfermedad que acabó con su vida.

¿Qué escribe?
Cultivó diversos géneros con igual acierto, aunque con menos éxito en la poesía.

 Valle, novelista 
Las cuatro Sonatas -de Primavera, de Estío, de Otoño y de Invierno- fueron sus primeras novelas, digna muestra de la prosa modernista. Son cuatro aventuras del Marqués de Bradomín vividas en sitios y en épocas diversas y con distintas mujeres.
Los motivos folclóricos gallegos se asoma en Flor de santidad y en las Comedias bárbaras, escritas en forma dialogada.
La trilogía sobre la guerra carlista marca la transición.
Las novelas de la segunda etapa muestran un nuevo estilo, el grotesco o esperpéntico (deformación de la realidad), con el que caricaturiza mordazmente a la corte de Isabel II: La corte de los milagros, Viva mi dueño, Tirano Banderas.

 Valle, dramaturgo 
En el teatro sigue la misma evolución artística: parte de una etapa modernista hasta llegar al esperpento.
Divinas palabras es una tragicomedia que nos presenta el miserable mundo de las ferias pueblerinas. Las Farsas son obras en verso al modo del teatro de marionetas.
Los esperpentos son lo mejor de la obra de Valle-Inclán. En ellos su crítica de la sociedad española llega al máximo por la vía de la deformación grotesca. Su obra más celebrada, Luces de bohemia, es una caricatura sarcástica de España.

 Valle, poeta 
Claves líricas reúne toda su obra en verso, en la que su primer libro, Aromas de leyenda, sigue trazos modernistas en un idílico ambiente gallego; por el contrario, La pipa de Kif incorpora ya una visión crítica y caricaturesca.

En su etapa modernista (hasta 1920) brilla por el ritmo de la frase, musical y sonora, por su vocabulario suntuoso y su sobreabundante adjetivación. Posteriormente comienza su estilo esperpéntico, el más característico, con un dominio portentoso de la lengua y sus recursos, con los que consigue distorsionar la realidad para mostrar lo absurdo de la sociedad, del hombre.

Juan Ramón Jiménez
1881 - 1958
 Juan Ramón Jiménez 
Nace en Moguer. Persona de delicada salud, no pudo seguir estudios universitarios. Ya en Madrid, publica sus primeros versos, mientras alterna estancias en sanatorios con su actividad literaria. Ésta le puso en contacto con Rubén Darío y el Modernismo, los cuales ejercieron un fuerte influjo en su obra. Su esposa, Zenobia Camprubí, representó un papel muy importante en su vida, dado el talante enfermizo y nervioso del poeta.
Salió de España al estallar la guerra civil. Fue profesor de varias universidades norteamericanas, en La Habana y sobre todo en Puerto Rico. En 1956 recibe el Premio Nobel de Literatura. Muere dos años después.
Su personalidad, cierta altivez y el aislamiento que necesitaba para su labor de creación hicieron de él una persona retraída, encerrada en su "torre de marfil". Pero esto mismo lo convirtió en un esteta, un buscador incansable de la perfección y la belleza. Quizá se deba a esto su enorme influencia en la generación del 27.

¿Qué escribe?
En Juan Ramón Jiménez se asoman diversos estilos que van marcando su evolución desde la estética modernista hasta la poesía pura del final.
Primera etapa.- En sus primeros libros, Arias tristes, Pastorales, aparece una poesía intimista -sentimientos de melancolía, soledad-, al estilo de Bécquer, en la que predominan los romances.
El estilo más declaradamente modernista se manifiesta en Elejías y La soledad sonora, escritos en su mayoría en versos alejandrinos, sonoros y solemnes, ricos en imágenes sensoriales.
Paulatinamente va volviendo a la sencillez, y su libro Sonetos espirituales es el que marca la transición hacia una poesía más pura. Al final de esta etapa se encuentra Platero y yo, original composición poética en prosa, paisaje idealizado de su ciudad natal cargado de lirismo.
Segunda etapa.- El libro que abre este nuevo estilo es Diario de un poeta recién casado, en el que su poesía se va desnudando de adornos, alcanzando gran sobriedad. Mezcla felizmente la prosa y el verso. De sus libros posteriores destacan Eternidades y Piedra y cielo. Sus últimas composiciones son profundas meditaciones, intuiciones metafísicas: Dios deseado y deseante.

En la trayectoria de su poesía resulta evidente el paso de un subjetivismo total a una mayor abstracción, pero siempre recreando sus experiencias más personales e íntimas. Este proceso se manifiesta en su uso de la lengua, en su estilo gradualmente más sobrio y concentrado, más puro.

viernes, 4 de abril de 2014

El Realismo

Rebasada la segunda mitad del siglo XIX, comienza a desarrollarse una nueva forma de arte, el Realismo, que representa, en su forma de acercarse a la realidad, una reacción frente al anterior movimiento artístico, el Romanticismo.
En éste predominaba una visión individualista y emocional de la realidad, mientras que el Realismo aspira a observarla con la máxima atención y describirla lo más objetivamente posible.
Contemporáneamente se estaban produciendo en España y en Europa una serie de cambios políticos y sociales, entre los cuales es de interés para la literatura el nacimiento del proletariado, clase social explotada por la burguesía, lo que acarreará una serie de problemas frente a los cuales los escritores tomarán opciones comprometidas. De ahí que su observación de la realidad se centre en lo cercano, en lo cotidiano de la sociedad.
El género literario más apropiado para este análisis es, sin duda alguna, la novela: por su extensión, porque podía combinar la voz omnisciente del narrador -expresando sus convicciones morales, políticas...- con la de los personajes, que se expresan en un lenguaje coloquial, adaptado a su personalidad, clase social y cultura. Es decir, es un diálogo realista, fiel imitación de la vida.
Los temas de las novelas suelen ser los del gusto de la burguesía -la clase lectora por excelencia-, pero prestando atención a cierta parte de la población marginada (mendigos, cesantes, pobres de necesidad...), cuya situación se quiere denunciar.
Este movimiento tiene una amplia repercusión en Europa:
- En Francia destacan, entre otros, Balzac con La comedia humana, y Flaubert con una novela típicamente realista, Madame Bovary, con una rica observación psicológica de la protagonista.
- En Inglaterra sobresale Charles Dickens, que se acerca con acierto y bondad al mundo infantil y al de los pobres. Recordemos David Copperfield.
- En Rusia aparecen dos gran escritores, leídos y llevados al cine: León Tolstoi, con su conocida novela Guerra y paz, entre otras, y Dostoievski con Los hermanos Karamazov.
- En España, como en anteriores movimientos literarios, el Realismo se desarrolla más tarde que en Europa, por lo que recibe el influjo europeo, pero enlazando con la rica tradición realista de la novela picaresca y, sobre todo, con El Quijote.
Marcan el momento cumbre del Realismo Pereda (Peñas arriba, Sotileza), Galdós (Doña Perfecta) y Valera (Pepita Jiménez), por una parte; y entre el Realismo y el Naturalismo (consideración excesiva del influjo biológico y de las circunstancias sobre las conductas de los personajes) tenemos a Clarín y a Emilia Pardo Bazán con Los pazos de Ulloa).


Pérez Galdós
1843 - 1920
 Benito Pérez Galdós 
Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, se traslada muy joven a Madrid, donde se instala definitivamente. Tomó parte en la vida política con postura progresista y su ideología republicana le valió ser vetado para el Premio Nobel dos veces. Vivió sus últimos años ciego, impedido, y sin poder seguir escribiendo. Poco tiempo antes de morir se le rindió un gran homenaje, por iniciativa real, de reconocimiento a su dilatada labor.
Su vida, un tanto retraída, debido a su modo de ser silencioso y tímido, transcurrió dedicada a poner por escrito su reflexión comprensiva de la sociedad española de su tiempo, especialmente las clases media y popular de Madrid. Esta simpatía y bondad, con ciertos toques de humor, le hacen digno heredero de Cervantes.

¿Qué escribe?
Salvo una breve incursión en el mundo del teatro -El abuelo, Electra-, Galdós es ante todo novelista. En su itinerario se pueden distinguir varias etapas:
Los episodios nacionales.- Son cuarenta y seis libros sobre los acontecimientos más importantes de la historia española del siglo XIX, escritos con soltura y sencillez, en forma novelada, para transmitir un mensaje de audacia y tolerancia al pueblo español, al que de modo indirecto pide colaboración para una historia distinta, hacia la paz y el progreso. Abarcan desde la Guerra de la Independencia hasta la Restauración. Son notorios Trafalgar o Bailén.
Novelas de la primera época.- Escribe una serie de novelas denominadas de tesis, por atacar en ellas algunos de los valores tradicionales, como la religiosidad intransigente y fanática en Doña Perfecta y La familia de León Roch, las dos más notables.
Novelas españolas contemporáneas.- Centradas en los avatares de la sociedad madrileña, especialmente de la clase media y los marginados. No son obras de tesis, más bien son novelas de caracteres; sus personajes cobran hondura psicológica en novelas como Fortunata y Jacinta, una de sus mejores obras.
Años más tarde, influido por los escritores rusos, entra en una etapa más realista-espiritual, y compone novelas en las que brilla la bondad, la generosidad. La más representativa es Misericordia.
Su técnica narrativa es la propia del Realismo: observación de la realidad, narrador omnisciente (que conoce todo lo que va a suceder y lo adelanta), numerosas descripciones, diálogos vivos, reales, y algunos monólogos introspectivos.
Escribió mucho y se le acusa, como a todos los escritores prolíficos, de cierto descuido en el lenguaje. Pero se le reconoce como escritor realista insigne por la naturalidad con que expresa su detallada observación de la sociedad de su tiempo.
Combina con acierto el habla coloquial con la voz sencilla y culta del narrador.

 Leopoldo Alas "Clarín" 
Clarín
1852 - 1901

Desde pequeño vivió en Oviedo, donde llegó a desempeñar la cátedra de Derecho Romano. Los estudios de leyes los acabó en Madrid, donde comenzó a destacar por su labor periodística, pero es en Oviedo donde desarrolla sus cualidades de crítico, cuentista y novelista.
Como Galdós, a quien admiraba, era de tendencia republicana, lo que no le impidió ser amigo de personalidades literarias de otro signo, como Menéndez Pelayo. Era un gran intelectual, de talante retraído, agudo, certero y duro en sus críticas, por lo que fue tan admirado como temido.

¿Qué escribe?
Se le considera el mejor crítico de su época por lo atinado de sus juicios sobre los valores literarios de los autores contemporáneos. Son interesantes la colección de artículos publicados como Solos (de ahí su seudónimo de Clarín), y los Paliques, críticas de tono un tanto festivo.
Como autor literario escribe:
Cuentos de tipo costumbrista, como Avecilla, El doctor Sutilis, y otros cuentos rebosantes de sentimiento, emoción y ternura, como ¡Adiós, Cordera!, que tienen un fondo lírico con forma narrativa. También escribió Cuentos morales, y un libro póstumo, El gallo de Sócrates.
Novelas cortas. Escribe bastantes, y a veces no se distinguen claramente de un cuento. Las más conocidas son Doña Berta, Superchería y Pipá, que bucean con finura en la psicología de los personajes.
Clarín dio al cuento su mayor rango literario. Con sus temas y sucesos sencillos pero dramáticos de la vida cotidiana, y con sus personajes, muchos de ellos humildes, alcanza el equilibrio exacto entre lo poético y lo psicológico.
Novelas largas. Tiene dos de reconocida fama: La Regenta y Su único hijo. La Regenta está considerada como el prototipo de la novela naturalista en España; provocó una gran reacción hostil a Clarín en Oviedo, por los ataques a la ciudad de Vetusta, nombre simbólico de Oviedo, por donde se pasean todas las clases sociales, con sus vicios y miserias.
Sú único hijo también está ambientada en una ciudad de provincias, donde se vive la conmoción de la llegada de una compañía de ópera italiana. Es interesante el estudio de la intimidad de los personajes.
Autor inteligente y con gran cultura, en Clarín prevalece la profundidad de sus planteamientos y análisis de caracteres sobre los temas variados o sorpresivos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

HHhH

El primer elemento novedoso de esta novela es su título: HHhH. El autor consideró titularla como "Operación Antropoide", nombre que tuvo en realidad la misión de los dos miembros de la resistencia checa contra el nazismo alemán. Pero el editor consideró que ese título confundiría al lector, pensando que sería ciencia ficción y perjudicaría a su finalidad de literatura histórica.
Y el título finalmente elegido es mucho más evocador, abriendo así todo lo que de innovador tiene este trabajo. HHhH son las siglas de Himmlers Hirn heisst Heydrich, "el cerebro de Himmler se llama Heydrich".
Y el segundo elemento novedoso son las continuas reflexiones del autor acerca de cómo escribir una novela histórica, centrada en unos personajes de enorme calado en el siglo XX europeo, como fueron Reinhard Heydrich, segundo de las SS y jefe de la Gestapo, nombrado Protector de Bohemia y Moravia, actual República Checa, y presidente de la Conferencia de Wannsee, donde se planificó el exterminio del pueblo judío, y los sargentos Jan Kubiš Jozef Gabčík, reclutados por la resistencia checa en Reino Unido para atentar en Praga sobre el Reichsprotektor.

viernes, 21 de marzo de 2014

La poesía romántica y posromántica

 La poesía romántica 
Triunfa bien entrado el siglo XIX. Los poetas de esta etapa partían de formas y poemas neoclásicos. Es hacia 1840, por influjo de escritores en el exilio que admiran y recogen la poesía romántica europea, cuando comienza a ser acogida en España.
En líneas generales, lo mejor de la producción poética en esta primera etapa se encuentra en los poemas narrativos, con protagonistas marginados de la sociedad -el verdugo, el corsario, el mendigo...-, que cantan vehementemente los motivos de su rebeldía y su afán desenfrenado de libertad.
En la métrica es momento de recuperar formas métricas de épocas pasadas, y de mezclar ritmos y formas de distinta medida (polimetría y pluriestrofismo) según lo requieran la situación y el sentimiento predominante.
El estilo de estos poemas es grandilocuente, abundando los signos expresivos (puntos suspensivos, exclamaciones, interrogaciones...) y las figuras literarias brillantes.
El gusto por los lugares lejanos y exóticos queda de manifiesto en ciertos poemas de Zorrilla: los orientales, ambientados en un mundo árabe.
El medievalismo supuso retomar hechos y personajes de la Edad Media.
Los mejores y más celebrados poetas son, a su vez, casi todos ellos, autores de teatro. La mayoría comienza su andadura escribiendo poemas de estilo neoclásico. Destacan:
- Martínez de la Rosa, que aún escribe anacreónticas y poemas bucólicos: La barquera, La aparición de Venus.
- Duque de Rivas, tras su destierro en Europa, especialmente en Malta, donde se empapa de la estética romántica, que trae a España. Escribe El moro expósito -que desarrolla la leyenda del vengador de los infantes de Lara, Mudarra González- y una serie de romances históricos, donde recoge temas del pasado medieval español.
- Espronceda y Zorrilla, con sus leyendas en verso, entre las que sobresale A buen juez, mejor testigo y Margarita la tornera. De los poemas orientales, destaca Granada.

 La poesía posromántica 
Se escribe pasada la mitad del siglo XIX y es contemporánea de la literatura de tránsito hacia el Realismo. Está representada por Gustavo Adolfo Bécquer, el más romántico de los posrománticos, y por una poetisa gallega, Rosalía de Castro. En sus obras predomina un lirismo sentimental cargado de nostalgia y melancolía.


Espronceda
(1808-1842)
 José de Espronceda 
Nació en Extremadura por estar su padre destinado allí, en el seno de una familia acomodada. En su educación influyó mucho su madre. Desde muy joven se instala en Madrid, donde se dedica a la literatura y a la política; pertenecía a la sociedad secreta de liberales exaltados, Los Numantinos, lo que le obligó a abandonar España. Se le atribuyen unos amores con Teresa Mancha, a quien conoció en Londres y quien, una vez muerta, le inspiró el Canto a Teresa, su poema de amor más logrado.
Tras recorrer varios países europeos, pudo volver a España aprovechando una amnistía de Fernando VII. Sigue militando en posiciones liberales, lo que le acarrea algunos problemas. Muere repentinamente de difteria.
De Espronceda se tiene una imagen casi mítica, típicamente romántica, por sus amores y su rebeldía política, exponente de la lucha de la burguesía por el poder, frente al absolutismo de la corona. Tuvo fama de bohemio y aventurero, de extremista y burgués. Lo que sí es evidente es que luchó en favor de un cambio de la sociedad española.

¿Qué escribe?
Su poesía sigue, en un primer momento, las directrices neoclásicas. El Pelayo es su mejor poema de esta etapa. Durante su estancia en Europa toma contacto con el Romanticismo, movimiento al que se pueden adscribir sus mejores obras.

En verso
Cantos a la libertad, a los comportamientos antisociales: Canción del pirata, Del mendigo, Del verdugo..., y otra serie de tipos que se enfrentan con la sociedad; El estudiante de Salamanca, siguiendo la tradición del mito de don Juan; El diablo mundo, poema no acabado que contiene el Canto a Teresa, recoge el mito de la eterna juventud, y que se desarrolla en los barrios bajos de Madrid.
En prosa
Fiel a su condición de romántico, escribe una novela histórica, Sancho Saldaña, llena de aventuras y percances desdichados, en torno al feroz protagonista y la dama de sus amores, doña Leonor.
En el teatro no tuvo mucho éxito. Se salva un drama, Doña Blanca de Borbón, la infortunada esposa de Pedro I el Cruel, asesinada por éste.

Su vocabulario responde al gusto romántico por lo misterioso, fantástico y quimérico, salvo en los poemas de corte neoclásico como El Pelayo, donde predomina el léxico culto y el sentimiento contenido.
Su vehemencia y ansia de libertad se traduce en polimetría, exclamaciones, preguntas retóricas, subjetividad y pasión.

 Gustavo Adolfo Bécquer 
Bécquer
(1836 - 1870)
Nace en Sevilla, y en realidad se llamaba de apellido Domínguez Bastida, pero tanto su hermano pintor, Valeriano, como él deciden tomar el segundo apellido de su padre como nombre artístico.
Quedó huérfano muy niño, pasando a vivir con su madrina, en cuya casa tuvo ocasión de leer a los más célebres románticos. Estudió pintura en el taller de su tío.
Tras lograr que le publiquen dos composiciones poéticas en una revista madrileña, se traslada a Madrid con más ilusiones que medios de subsistencia. Allí le espera toda clase de penalidades: el trabajo mal pagado, la estrechez económica, el hambre y la enfermedad. Colaboró en algunas revistas, adaptó algunas obras de teatro, fue censor de novelas y escribiente "fuera de plantilla".
Tampoco en el matrimonio con Casta Esteban, hija del médico que le trataba su enfermedad, tuberculosis, fue feliz. Sus versos se inspiraron en otra mujer.
Cuando la enfermedad ya era invencible se retiró al monasterio de Veruela, donde escribió Cartas desde mi celda. A poco de morir su hermano, con quien estaba muy compenetrado, abandonado por su mujer y pobre, muere en Madrid.

¿Qué escribe?
Cultivó el verso -las Rimas- y la prosa -Leyendas, Cartas desde mi celda y Cartas literarias a una mujer.
Las Rimas son 79 poemas breves, de las cual sólo quince logró Bécquer ver publicadas. El resto vio la luz una vez muerto el poeta, por diligencias de sus mejores amigos, quienes le habían regalado un cuaderno para que recogiera todos sus poemas.
Las rimas aparecen sin título, van encabezadas por una numeración romana y tratan de varios temas con cierta unidad: la poesía, la inspiración, el poeta; el amor, la belleza de la amada; el desengaño, los celos, la desilusión; la soledad interior, el vacío, la angustia de la muerte.
Las Leyendas, manifestación de lo fantástico en Bécquer, son narraciones breves en prosa que se publicaron en periódicos. Para Bécquer las leyendas son relatos populares de transmisión oral, con cierta finalidad moralizante, que él recrea con versión personal y, por tanto, lírica. Entre las más conocidas se encuentran El Monte de las Ánimas, El Miserere y Maese Pérez, el organista.
Bécquer como poeta elige un tipo de poesía "breve, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con la palabra". Su poesía ha influido en los mejores poetas del siglo XX, abriendo una línea de poesía desnuda, que busca lo esencial de la palabra.
Su prosa logra una extraordinaria calidad literaria, con variedad de recursos estilísticos y rica adjetivación.

domingo, 16 de marzo de 2014

El teatro romántico

Las tres primeras décadas del siglo XIX muestran una clara decadencia teatral en España, de ahí que la nueva propuesta dramática, presentada por los románticos, lograra un éxito rotundo.
Los dramas románticos, como todo el Romanticismo en España, llegaron algo tarde a la escena y sólo permanecieron en ella durante unos veinte años.

Características del drama romántico
  • Rompe con las normas neoclásicas:
    • Mezcla la prosa y el verso, más por afán de originalidad que por necesidad del tema.
    • Mezcla lo trágico con lo cómico, no con deseo de acercarse a la realidad, sino por la libertad ante toda atadura formal.
    • Rompe la unidad de lugar, desarrollando la obra en países diversos y en ambientes tan diferentes como el interior de un palacio, un castillo o una mazmorra lúgubre, un panteón o unas ruinas en un paisaje desolado.
  • El héroe romántico suele presentar unos rasgos determinados:
    • Origen oscuro o misterioso.
    • Contradictorio en sus manifestaciones, buenas o perversas según las ocasiones.
    • Le persigue la fatalidad porque, buscando la felicidad, el amor, sólo logra la desgracia propia y la de aquellos que lo aman.
  • La heroína suele ser una mujer bella, pura, sensible, dispuesta a cualquier sacrificio por las personas a quienes ama, pero sin lograr más que sufrimiento y muerte.
  • El tema más repetido es el amor, que genera un fuerte conflicto. Los enamorados, jóvenes, hermosos, buenos, se ven envueltos en un torbellino de intereses contrapuestos, que los arrastra separándolos. Los demás personajes sólo existen para desarrollar el conflicto, o para ver acercarse, con impotencia, el cruel final que el destino reserva a la pareja.
El drama romántico hereda muchos elementos del drama calderoniano, especialmente la intriga llena de peripecias inesperadas. Pero, además de no ser de tan alta calidad, se diferencian en que el drama romántico suele tomar algún personaje histórico (sin intentar hacer historia), centra la atención casi exclusivamente en el conflicto amoroso y enfrenta la libertad del héroe contra la presión de grupos e intereses que acabarán destruyéndolo.
Las obras más representativas, aparte de los del Duque de Rivas y las de Zorrilla, que veremos a continuación, fueron El trovador, de García Gutiérrez; Los amantes de Teruel, de Hartzenbusch, y Macías, de Larra.

Zorrilla (1817-1893)
 José Zorrilla y Moral 

Nace en Valladolid en el seno de una familia adicta al absolutismo de Fernando VII, que fue confinada en Lerma al llegar los liberales al poder.
Comenzó los estudios de Leyes en Toledo y Valladolid, pero se escapó a Madrid para llevar una vida más bohemia. Se dedica al periodismo, escribe poemas y se da a conocer en el círculo romántico durante el funeral de Larra leyendo unos versos de exaltación del Romanticismo.
En su primer matrimonio tuvo problemas a causa de los celos de su mujer, mayor que él y madre de un amigo suyo. Zorrilla huye primero a Francia y más tarde marcha a México, donde fue director del Teatro Nacional. Vuelve a España al morir su mujer. Se casa en segundas nupcias. Lo nombran académico (1885). Se le corona en Granada como poeta nacional, poco antes de morir.
No militó políticamente en ningún bando, lo que le valió la simpatía de todos, pero también la pobreza. A veces recibió alguna prebenda a modo de limosna para poder subsistir. Él se consideraba a sí mismo "el ingenio español menos profundo", quizás por humildad -a todos admiraba y apreciaba más que a él mismo- o por su ingenua bondad.

¿Qué escribe?
Es un escritor prolífico. A los veinte años publica su primer libro de versos, muestra de su enorme fecundidad -llegó a reunir hasta ocho libros de poemas- y, por otra parte, esta facilidad hace que su versificación sea a veces poco creativa y hasta algo ramplona. Su fama se debe a lo pegadizo de sus rimas y a la habilidad para recoger y recrear leyendas tradicionales. De las más populares es A buen juez, mejor testigo.

Representación de Don Juan Tenorio,
en el Colegio Santa Ana de Sevilla
Su dedicación al teatro comienza también pronto. Parece que escribió unos treinta dramas en sólo diez años, con los que obtuvo un gran éxito debido a la facilidad con que manejaba los recursos efectistas, la brillantez de su versificación, el dominio de su polimetría y el logro de escenas coloristas. Sus personajes están faltos de interioridad y les sobran gestos dramáticos algo grandilocuentes.
Entre las obras más conocidas y representadas contamos con Don Juan Tenorio, interesante versión del mito de don Juan, y Traidor, inconfeso y mártir, sobre la leyenda de un pastelero que es en realidad el rey de Portugal.
El estilo de Zorrilla es algo descuidado debido a su facilidad de composición, que desemboca a veces en algún ripio. Sin embargo, es de destacar la sonoridad de sus versos, que prestan una rica musicalidad a la obra.

 Ángel Saavedra, Duque de Rivas 
Duque de Rivas (1791-1865)

Cordobés de nacimiento, estudia en el Seminario de Nobles, donde recibe una buena formación artística. Participa en la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas, donde es herido gravemente.
Antes de ser desterrado de España, por su oposición a Fernando VII, se había acercado a la literatura, pero sus estancias en Londres, en Italia, en Malta y en París lo introducen de lleno en el Romanticismo. Una vez perdonado, vuelve a España, donde hereda los títulos nobiliarios de su hermano mayor y desempeña cargos políticos de importancia: alcalde de Madrid, ministro de Estado, presidente del Congreso... Fue académico y presidente de la Real Academia Española.
El Duque de Rivas sufre a lo largo de su vida cambios contradictorios entre sus opciones políticas -liberal beligerante contra el absolutismo monárquico antes del destierro, evolución progresiva hacia el conservadurismo después- y sus tendencias literarias, que pasan del neoclasicismo, en toda la primera etapa, hasta la encarnación del Romanticismo, que ayuda a introducir en España con el estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino.

¿Qué escribe?
Ángel Saavedra fue buen poeta, notable prosista y célebre dramaturgo.
Como poeta logra fama por sus Romances históricos, ya que representan lo más elaborado de su producción poética. Destacan por sus brillantes descripciones y su rico lenguaje. Su poema narrativo más importante es El moro expósito, basado en la leyenda de los infantes de Lara.
Como dramaturgo alcanza su mayor éxito con el Don Álvaro, que llevaba un subtítulo muy romántico por lo que tenía de misterioso. El sino parecía rememorar para unos la fatalidad de los griegos y para otros se trataba meramente del azar, la mala suerte. En esta obra parece que predomina un conjunto de contratiempos fortuitos, desde la muerte del marqués, cuando el protagonista tira el arma, hasta el hecho de que el convento donde se retira don Álvaro esté cerca de la cueva donde vive doña Leonor como eremita.
Otro de sus drama importantes es El desengaño de un sueño, que presenta bastantes puntos de contacto con La vida es sueño, de Calderón.
Muestra en todas sus obras dramáticas un claro dominio de la técnica teatral: propiedad y belleza de los decorados, el vestuario, la iluminación...
Pero destaca especialmente por la elaboración de sus versos y la justeza y precisión del vocabulario, que refleja a la perfección los sentimientos románticos típicos: la angustia, la exaltación, la violencia, la desesperación...

sábado, 8 de marzo de 2014

La novela romántica y el costumbrismo

Desde finales del siglo XVIII se venía abusando de las traducciones de novelas extranjeras, por falta de impulso creador en los novelistas españoles. Los autores más traducidos fueron Walter Scott (Ivanhoe), Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros), Víctor Hugo (Los miserables).
Pasado el primer tercio del siglo XIX aparecen dos tipos de novela con matices propiamente románticos, sentimentalismo y tendencia a lo melodramático: la novela histórica, más extendida entre un público de clase media, de corte conservador, y la novela social, que pretende exaltar la justicia social y que es acogida con entusiasmo por los lectores proletarios (algunas de ellas aparecen "por entregas").
La novela histórica busca su fuente de inspiración en hechos sucedidos en la época medieval. Las producciones de este tipo no pretenden ser rigurosas históricamente ni críticas frente a los sucesos que narran. Aunque no eran producciones de gran calidad literaria, obtuvieron un notable éxito, que justifica el elevado número publicado en pocos años (unas 11o en sólo unos 10 años).
Enrique Gil y Carrasco
(1815 - 1845)
Enrique Gil y Carrasco es el autor más prestigioso de novela histórica. Leonés de El Bierzo, estudió en Valladolid y en Madrid, donde terminó Derecho. Frecuenta los salones y las tertulias literarias, en las que se da a conocer como poeta, crítico literario y articulista.
Amigo de Espronceda y otros románticos, Gil y Carrasco, por su enfermedad (la más habitual de esta época: la hemoptisis) y por su carácter tímido, es más idealista y menos batallador que sus amigos.
La obra que le da la fama es una novela histórica, El señor de Bembibre, la mejor de las tres que escribe. Su romanticismo resulta evidente por el argumente, un tanto melodramático, y el sentimiento del paisaje.
La acción transcurre en León, en el siglo XIV. Se trata de una bella historia de amor entre Beatriz y Álvaro, herederos cada uno de las dos familias más poderosas. El padre de Beatriz, por su odio a los templarios, entorpece su relación, logrando al final que su hija muera desgraciada y que Álvaro, tras muchos avatares, se haga ermitaño y muera también.
Por su tono es casi una novela sentimental, llena de tristeza y melancolía, donde los enamorados llegan siempre un poco tarde a la felicidad. El paisaje vibra en consonancia con los sentimientos de los personajes.
La novela social propone algunas reforma, tales como la abolición de la esclavitud, pero no ha perdurado por su escasa calidad. Tuvo fama María o La hija de un jornalero.
El costumbrismo es un género que de alguna manera continúa nuestra tradición realista. En las obras y artículos costumbristas asoma la vida cotidiana, vista con cierto afán moralizador. Predomina el tono irónico y ciertos rasgos de humor.
Mesonero Romanos es uno de los autores más representativos con sus Escenas matritenses, pinturas de tipos y costumbres pintorescos, escritas con agilidad y toques irónicos.
Estébanez Calderón es un periodista malagueño que escribe, con estilo un tanto barroco, sus Escenas andaluzas, cuadros de costumbres festivas populares, como La feria de Mairena.
Merece una mención especial Mariano José de Lara.

 Mariano José de Larra (1809-1837) 
Hijo de padre afrancesado, realizó sus primeros estudios en el exilio francés al que le obligó la guerra de la Independencia. Estudió, de vuelta en España, periodismo, oficio que desempeñó desde muy joven con gran éxito, ya que su fama se debe más a sus artículos que al resto de su obra. Fracasado su matrimonio, se enamora de una mujer casada inalcanzable para él, lo que unido a su gran decepción política le llevó, a sus veintisiete años, al suicidio. Emocionalmente pesimista, liberal en sus convicciones, Larra fue lúcido para percibir el desfase de España respecto a Europa, lo que le precipitó en una negra desolación, actitud que revela en él un romanticismo más vital que literario.

¿Qué escribe?
Escribió un gran número de artículos en diversos periódicos y bajo diferentes seudónimos: Andrés Niporesas, Fígaro, El Pobrecito Hablador.
Se pueden agrupar por el tema tratado en:

  • Artículos de costumbres, en los que critica la realidad social del momento con cierto humor, pero con un poso de amargura y desesperanza. Revisa en ellos la pereza, la hipocresía, la grosería... Los más conocidos son: Vuelva usted mañana (ineficacia del funcionariado), El castellano viejo (mala educación de la clase media española).
  • Artículos de crítica literaria, en los que proyecta una idea bastante negativa sobre la creación literaria de su época. Sobresale, por su feroz burla de los actores, el titulado Yo quiero ser cómico. Tiene buenas críticas de los dramas románticos.
  • Artículos políticos, en los que destaca su ideología liberal progresista en defensa de la tolerancia y de la libertad. Ataca con virulencia tanto a los carlistas como a los liberales moderados. Merecen mención especial, entre otros, El Ministerial (burla de todo el gabinete de gobierno), Cartas de un liberal de acá a un liberal de allá (compara la situación de Portugal con la de España).
Además del periodismo, tanteó otros géneros literarios, como la novela histórica (El doncel de don Enrique el Doliente) o el drama romántico (Macías).

¿Cómo escribe?
Su estilo es moderno, rico en matices y cercano a los lectores, que lo entienden por su sencillez y captan sus toques de humor y su ironía, que a veces llega a rozar lo caricaturesco. Emplea variados recursos estilísticos, pero siempre al servicio del contenido, que es lo que realmente le interesa.

sábado, 15 de febrero de 2014

El Romanticismo

El Romanticismo es un movimiento literario y cultural que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX, aunque tiene precedentes a finales del siglo XVIII.

Goethe (1749 - 1832)
Su origen puede situarse en la aparición de un grupo alemán, llamado Sturn und Drang (Tempestad y pasión), que con su anhelo de libertad, su rechazo de toda norma literaria, instala el subjetivismo, acabando con la Ilustración y el predominio de la razón.
La influencia alemana se manifestó sobre todo a través de Goethe, uno de los mejores poetas alemanes, autor de la novela Werther, cuyo protagonista, tras experimentar violentas emociones, se suicida por amor. También obtuvo un gran éxito otra de sus obras, Fausto -drama en el que Fausto vende su alma al diablo, aunque al final de su vida logra el perdón gracias a la Virgen y a su amada Margarita-. En esta última obra se equilibran mejor lo "romántico" y lo clásico.
La nueva sensibilidad se extiende por toda Europa, caracterizándose por:

  • Atracción por lo misterioso, extraño y exótico, por lo que saca al hombre de lo cotidiano tanto en el tiempo como en el espacio, de ahí la presencia continua de la Edad Media y el mundo oriental.
  • Entusiasmo por la libertad, predominando lo individual sobre lo social.
  • Amor al paisaje natural captado sentimentalmente, que refleja el estado interior de los personajes. Destacan los paisajes ruinosos, nocturnos y los cementerios.
  • Predominio del sentimiento personal, la imaginación, la intuición, sobre la razón.
  • Pesimismo ante cualquier situación político-social, que se convierte en personal al ensancharse la distancia entre el ideal inmenso y la realización pobre. Esta actitud melancólica, angustiada, llamada el "mal del siglo", lleva a despreciar la vida como valor en sí misma y a ver el suicidio como una liberación.
  • Uso de un lenguaje plagado de frases exclamativas y de un vocabulario lúgubre; predominan las palabras esdrújulas, por su sonoridad, las preguntas retóricas...
Romanticismo español
Como ha ocurrido en otros momentos de cambio de sensibilidad estética, el Romanticismo entra en España más tarde que en otros países, y de un modo menos virulento. Se queda más en la forma que en una influencia ideológica profunda.
Es común distinguir tres etapas de penetración del Romanticismo:

 a)  Etapa de contacto y difusión a través de traducciones.
 b)  Etapa de producción original, entre 1835 y 1844, y aparición de las manifestaciones románticas liberales (Larra, Espronceda...).
 c)  Etapa de nacionalización del Romanticismo español, con ciertos matices conservadores.

En general, fueron unos años ricos en creaciones literarias, en comparación con la etapa neoclasicista anterior, tal vez porque algunos rasgos románticos han sido una constante en nuestra historia literaria: el interés por lo fantástico, lo sentimental, lo misterioso...

sábado, 8 de febrero de 2014

Decálogo del escritor, por Ana Mª Matute

1)
El escritor nace, no se hace: es una cuestión de ser o no ser.

2)
Escribir es también una forma de protesta. Casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo.

3)
Mientras haya un poeta, la poesía existirá.

4)
Maestros, modelos, estudios nunca estorban y pueden ayudar; pero no crean.

5)
Escribir es siempre muy difícil, sobre todo hacerlo de forma aparentemente sencilla.

6)
Lo "políticamente correcto" casi nunca es literario.

7)
Para un escritor, no hay universidad ni escuela que enseñe lo que enseña la vida.

8)
Escribir no es solamente una profesión y una vocación: es una forma de ser y de estar.

9)
Un libro no existe en tanto alguien no lo lea. Y nunca nadie lee el mismo libro.

10)
El día que yo piense que he escrito algo perfecto, estaré muerta (como escritora).

domingo, 5 de enero de 2014

Cadalso: del neoclasicismo al prerromanticismo

Cadalso escribió poesía y teatro, pero lo mejor de su producción son sus obras en prosa: Los eruditos a la violeta, Noches lúgubres y Cartas marruecas.

1. Los eruditos a la violeta
Los eruditos a la violeta es una sátira contra la educación superficial y contra los pedantes, que con sólo tener un ligero barniz cultural, se consideran sabios y pretenden opinar de todo. Se trata de una obra ingeniosa -la más famosa en vida del autor- en la que Cadalso explica en forma burlesca cómo se puede adquirir en pocos días esa falsa cultura.

2. Noches lúgubres
La muerte de su amada, la actriz María Ignacia Ibáñez, produjo en Cadalso una honda desesperación. Fruto de este estado emocional son sus Noches lúgubres, obra que preludia el Romanticismo.
Noches lúgubres es una obra estructurada en tres actos o "noches" dialogadas. En ella, un enamorado, Tediato, acude al cementerio donde reposan los restos de su amada y allí, en un ambiente sombrío, amenazador, dialoga con el sepulturero. Llevado por la desesperación, Tediato intenta desenterrar el cadáver de su amada; después desiste de su empeño y se duele del triste destino de los mortales y ansía la muerte.
Las reflexiones pesimistas sobre el destino del ser humano habían sido expresadas ya por muchos poetas del Siglo de Oro, como Quevedo, por ejemplo. La novedad de las Noches lúgubres reside en enmarcar estas reflexiones en un escenario sepulcral y nocturno.

TEDIATO.-¡Qué noche!La oscuridad, el silencio pavoroso, interrumpido por los lamentos que se oyen en la vecina cárcel, completan la tristeza de mi corazón. El cielo también se conjura contra mi quietud, si alguna me quedara. El nublado crece. La luz de esos relámpagos..., ¡qué horroroso! Ya truena. Cada trueno es mayor que el que le antecede, y parece producir otro más cruel. El sueño, dulce intervalo en las fatigas de los hombres, se turba. El lecho conyugal, teatro de las delicias; la cuna en que se cría la esperanza de las casas; la descansada cama de los ancianos venerables; todo se inunda en llanto..., todo tiembla. No hay hombre que no se crea mortal en este instante... ¡Ay, si fuese el último de mi vida, cuán grato sería para mí! ¡Cuán horrible ahora! ¡Cuán horrible!

Noches lúgubres se caracteriza por la expresión desbordada del sentimiento, que se traduce en un lenguaje cargado de emotividad y lleno de frases entrecortadas, exclamaciones e interrogaciones retóricas.

3. Cartas marruecas
Cadalso presenta sus Cartas marruecas como un manuscrito árabe que un amigo suyo había encontrado y que, a la muerte de éste, fue a parar a sus manos. El título del supuesto manuscrito era éste:

Cartas escritas por un moro llamado Gazel Ben-Aly, a Ben-Beley, amigo suyo, sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, con algunas respuestas de Ben-Beley, y otras cartas relativas a éstas.

La obra está estructurada como un conjunto de noventa cartas que se cruzan dos marroquíes y un español. El asunto es como sigue: el joven marroquí Gazel viaja a España como miembro de una embajada de su país y transmite por carta sus impresiones a su anciano maestro Ben-Beley, que permanece en Marruecos. También participa en la correspondencia Nuño, un español amigo de Gazel, que le ayuda a interpretar la realidad española. Nuño representa en la obra al propio Cadalso.
En sus Cartas, Cadalso persigue un objetivo crítico. Según él mismo dice en la introducción, se propone hacer "la crítica de una nación". En efecto, a través de las cartas, el autor presenta un amplio panorama de la vida nacional en el que se ponen de relieve los errores y defectos causantes de la decadencia española con el fin de erradicarlos. El autor muestra así una actitud reformadora acorde con los ideales de la Ilustración: hay que conocer bien la necesidad nacional para poder mejorarla.
Las Cartas marruecas de Cadalso tienen como precedente las Cartas persas, escritas en 1721 por el filósofo y escritor francés Montesquieu. En estas últimas, son dos persas los que intercambian sus impresiones de viaje sobre varios países europeos que visitan. Ambas obras utilizan el género epistolar para hacer una crítica de la realidad y ambas se valen de un extranjero como medio de dar objetividad a las críticas.

Temas de las Cartas: las preocupaciones de la Ilustración
Los temas tratados en las Cartas marruecas son muy variados: la historia de España, la corrupción política y administrativa, los ideales de la Ilustración, el atraso científico, la educación de la juventud, los vicios sociales, los defectos del carácter español, etc. Todos ellos pueden agruparse en torno a tres ejes temáticos: la crítica de la nación, la crítica social y la moral individual.
  • Las cartas de crítica de la nación estudian un problema, generalmente en forma histórica, con el fin de analizar mejor la situación presente.
No me parece que mi nación esté en el estado que infieres de las cartas de Gazel, y según él mismo lo ha colegido de las costumbres de Madrid y alguna otra ciudad capital. Deja que él mismo te escriba lo que notare en las provincias, y verás cómo de ellas deduces que la nación es hoy la misma que era tres siglos ha. La multitud y variedad de trajes, costumbres, lenguas y usos es igual en todas las cortes por el concurso de extranjeros que acuden a ellas; pero las provincias interiores de España, que por su poco comercio, malos caminos y ninguna diversión no tienen igual concurrencia, producen hoy unos hombres compuestos de los mismos vicios y virtudes que sus quintos abuelos. Si el carácter español, en general, se compone de religión, valor y amor a su soberano por una parte, y por otra de vanidad, desprecio a la industria (que los extranjeros llaman pereza) y demasiada propensión al amor; si este conjunto de buenas y malas calidades componían el corazón nacional de los españoles siglos ha, el mismo compone el de los actuales.
La crítica a la ignorancia y al saber superficial es
frecuente entre los ilustrados. En la imagen, Capricho,
de Francisco de Goya.
  • Las cartas de crítica social tratan las virtudes y defectos sociales característicos de los españoles o de la época del autor. El orgullo, el lujo, la frivolidad de las modas, la consideración en que se tiene a las mujeres son algunos de los aspectos tratados.
Instando a mi amigo cristiano a que me explicase qué es nobleza hereditaria, después de decirme mil cosas que yo no entendí, mostrarme estampas que me parecieron de magia, y figuras que tuve por capricho de algún pintor demente, y después de reírse conmigo de muchas cosas que decía ser muy respetables en el mundo, concluyó con estas voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa:
- Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo.
  • Las cartas centradas en la moral individual tratan cuestiones éticas de carácter general sobre la amistad, el amor a los padres, la "hombría de bien"... En el siguiente fragmento, Cadalso define su ideal humano, que consiste no sólo en la bondad, sino en el servicio a la comunidad: no se trata simplemente de ser bueno, sino de ser buen ciudadano.
¿No crees que todo individuo está obligado a contribuir al bien de su patria con todo esmero? Apártense del bullicio los inútiles y decrépitos: son de más estorbo que servicio; pero tu huésped y sus semejantes están en la edad de servirla, y deben buscar las ocasiones de ello aun a costa de toda especie de disgustos. No basta ser buenos para sí y para otros pocos; es preciso serlo o procurar serlo para el total de la nación. Es verdad que no hay carrera en el estado que no esté sembrada de abrojos; pero no deben espantar al hombre que camina con firmeza y valor.

Un estilo depurado
Como convenía a su propósito didáctico, Cadalso utiliza un lenguaje claro y preciso, libre de todo artificio. Su ideal estético es, como en el Renacimiento, el de la naturalidad, por oposición a los excesos del Barroco.
Sus Cartas marruecas están construidas con gran agilidad expresiva. El autor combina en ellas la exposición propia del ensayo, con narraciones de sucesos o anécdotas y con sustanciosos diálogos, lo cual las hace muy amenas. La variedad de registros según cuál sea el emisor de la carta y la ironía son otros de los recursos presentes en las Cartas.

El tema de España en la literatura
Cadalso se muestra en Cartas marruecas como una persona preocupada por los problemas de España y deseosa de contribuir con su crítica al progreso de su país. Su obra es, por tanto, manifestación de una actitud patriótica que no es infrecuente en la literatura.
En efecto, el tema de España, centro de la preocupación de los ilustrados, ya había sido tratado por otros autores, y especialmente por Quevedo. Y más tarde, en el siglo XIX, será retomado por Larra y los escritores regeneracionistas, que deseaban solucionar los problemas del país. El mismo impulso movió a los escritores de la Generación del 98 -a quienes "les dolía España"- y a los poetas de la llamada "literatura social" de los años sesenta.

martes, 31 de diciembre de 2013

La delicadeza

El año 2013 ha terminado con la lectura de esta delicadeza, un libro escrito con elegancia, con suavidad. Una historia que mientras leía me recordaba insistentemente a una amiga mía que acaba de enterrar a su marido.
Este libro lo compré el verano pasado en una papelería de Isla Cristina, y lo he empezado ahora, pero ha sido una casualidad el que la historia real de esta amiga mía haya coincidido con su lectura. Esto ha hecho que valore más el trabajo de su escritor, David Foenkinos, ya que ha incluido muchos sentimientos que se pueden comparar con los que mi amiga vive: la culpabilidad, la fuerza y la fragilidad a un mismo tiempo, la necesidad y la incapacidad de recomponer toda una vida tras la muerte de la pareja.
Me ha hecho disfrutar tanto que no he dudado en regalarlo estas navidades a mi hermana y en recomendarlo a los amigos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

José Cadalso, una vida desengañada

A Cadalso, como después a los escritores de la Generación del 98, "le dolía España". Movido por una honda preocupación por los asuntos de su país, Cadalso realizó en sus Cartas marruecas un fino análisis crítico de la sociedad española. Como él mismo decía, "he dado a luz un papel, que me ha parecido muy imparcial, sobre el asunto más delicado que hay en el mundo, cual es la crítica de una nación".

1. Biografía
Nacido en Cádiz en 1741, José Cadalso perteneció a una familia acomodada. Tuvo, sin embargo, una niñez desgraciada, puesto que, muerta su madre cuando él tenía dos años y ausente su padre por cuestiones de negocios, el niño quedó al amparo de su familia materna. Él mismo se lamentaría después de "la desgracia que me acompaña desde la niñez".
Cadalso fue militar de carrera desde los 21 años y simultaneó esta actividad con la de escritor. Y fue el ejercicio de las armas lo que acabó con su vida cuando tenía cuarenta años, ya que murió por una herida de granada en el asedio de Gibraltar el año 1782.
Una circunstancia de la vida de Cadalso que tuvo una importancia decisiva para su obra fue la esmerada educación que recibió tanto en España como en Francia. Esta formación se vio ampliada con diversos viajes por Europa. En ellos tuvo ocasión de conocer otras culturas que le proporcionaron los elementos de comparación necesarios para poder analizar su propio país, tal como hizo en sus Cartas marruecas.
Otra circunstancia vital que influyó en su obra fue su amor hacia la actriz María Ignacia Ibáñez, un amor muy breve y desdichado, ya que la joven murió un año después de que ambos se conocieran. Esta desgracia sumió a Cadalso en una profunda desesperación. Fue entonces cuando escribió sus Noches lúgubres, obra en la que el autor se muestra como precursor del Romanticismo.
La orfandad, el amor frustrado y algunas otras vivencias negativas fueron perfilando una personalidad pesimista. El propio Cadalso se ve como una persona que ha madurado prematuramente cuando, refiriéndose a sí mismo, dice:

Desde niño tuvo lances de hombre, y de joven desengaños de viejo.

2. La crítica de la realidad
De acuerdo con los principios de la Ilustración, muchos escritores del siglo XVIII adoptaron en sus obras una actitud crítica y didáctica, con el fin de contribuir a mejorar la sociedad en la que vivían. Así lo hicieron, entre otros, Feijoo y Jovellanos en sus ensayos, Moratín en su teatro o Iriarte y Samaniego en sus fábulas. También Cadalso adoptó esta actitud crítica ante la España del momento. Y a diferencia de otros autores, su educación en Francia y sus viajes por Europa le dieron la oportunidad de contrastar la realidad y las costumbres españolas con las de otros países europeos.
En el siglo XVIII se desarrolla además un subgénero narrativo muy adecuado para analizar la realidad social y las costumbres de un país: los libros de viajes. El viajero que recorre con detenimiento un país que no es el suyo percibe con mayor objetividad los vicios y las virtudes de las gentes, y ello le permite alabar lo bueno y denunciar o censurar lo malo sin ningún apasionamiento. Cadalso se inscribe en esta tradición y adopta el libro de viaje como un procedimiento. Así, en su obra Cartas marruecas ofrece el análisis de la sociedad española desde la óptica de un extranjero que recorre el país.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Lo que esconde tu nombre

Este libro fue el regalo de Reyes de las pasadas navidades. Pero no lo he empezado hasta octubre, y me ha llevado dos meses. No me ha entusiasmado, la verdad, más bien me ha resultado largo para contar tan poca cosa.
Se trata de un libro lento, cuyos personajes no están suficientemente bien definidos, digamos que no se les coge aprecio como para interesarse por sus historias.
Para mí, a este libro le falta corazón, tensión, energía... 
Cuando le dieron el Premio Planeta 2013 a Clara Sánchez por su novela El cielo ha vuelto, en esa noche yo estaba leyendo ésta, y me alegró mucho el premio en ese momento. Permitió que confiara en esta autora y en este Lo que esconde tu nombre.
Pero ahora que lo he terminado, no encuentro criterios positivos para recomendarlo.
En fin, pasaremos a otra cosa.