miércoles, 22 de febrero de 2012

Semblanza de Jorge Manrique

La vida de los héroes se mide por la grandeza de sus hazañas. La de los artistas, por la calidad de sus creaciones. Ambas cosas fue Jorge Manrique, héroe y poeta, dejándonos en su persona una feliz conjunción de armas y letras ya no rara en su siglo, pero sí poco frecuente en los anteriores.
Perteneció a una de las familias castellanas más ilustres, entroncada nada menos que con el linaje de los Lara, y por otra rama era lejano pariente de la familia reinante, los Trastámara, pues su abuela paterna fue doña Leonor de Castilla, nieta de Enrique II.
Monumento a Jorge Manrique,
en la localidad de Paredes de Nava
(Palencia)
Son muy pocos los datos concretos que poseemos sobre su vida personal. Nació Jorge Manrique hacia 1440, quizá en la villa palentina de Paredes de Nava, feudo paterno en el que don Rodrigo fue creado conde titular en premio a sus méritos. La fecha y el lugar son sólo probables. No sabemos tampoco si pudo conservar alguna impresión infantil de aquella tierra que, en todo caso, debió compartir con otra bien distinta y lejana, pues parece que la familia vivía en Segura de la Sierra (Jaén), cabeza de la encomienda santiaguista confiada a su padre, y comarca próxima a la frontera del reino granadino, donde el comendador actuó con gran arrojo. Allí transcurrirían seguramente los años de su infancia junto a doña Mencía, su madre, y a otros hermanos que formaban la larga serie de una familia numerosa.


Monumento a Jorge Manrique en Segura de la Sierra
(Jaén)
Malos años estos primeros de la vida de don Jorge. Casi a la vez que él venía al mundo, moría su abuelo el adelantado don Pedro, verdadero patriarca de la familia, que, sin duda, dejó honda huella en sus sucesores. Antes de 1445 murió también doña Mencía, en Segura de la Sierra, dejando en la crianza de sus hijos un hueco que mal habían de ocupar sucesivas madrastras. En este mismo año tuvo lugar la famosa batalla de Olmedo, adversa para el partido de los Manrique. A estos datos puede añadirse el ejemplo de caídas ilustres sucedidas en pocos años, de diferentes nobles caballeros.
Si, como dicen los psicólogos, las impresiones de la infancia contribuyen a la formación del carácter, Jorge Manrique recibió muy pronto lecciones bien directas que pudieron decidir su temple. Cabe pensar en un joven introvertido, delicado y melancólico, a la par que belicoso y arrojado.
El mismo don Jorge tuvo pronto también puesto propio en la escala social de aquella nobleza, y fue, entre otras cosas, caballero santiaguista y comendador de Montizón, en tierras de La Mancha, de la misma Orden, además de capitán de hombres de armas, y como tal intervino en tantos ires y venires, pasiones partidistas y escaramuzas y batallas brutales promovidas por ambiciones desmedidas y por la inestabilidad de la política.
Sin embargo, hoy nos produce la impresión de que los hijos de don Rodrigo estaban bastante ensombrecidos por la figura de su padre. Aunque actualmente la figura de Jorge Manrique es estimada en el sentido artístico, nos parece muy natural que para su tiempo la figura destacada fuera don Rodrigo, llamado en su época como "el segundo Cid". Notemos cómo el maestre, después de una vida ajetreada y llena de grandeza guerrera, moría ya viejo en su lecho, de muerte natural, mientras el hijo, todavía joven, dejaba la vida poco después en 1479 en el campo de batalla.


Tres constantes vitales y la muerte
Tres son las constantes en la vida de Jorge Manrique: amor, poesía y guerra. Las dos primeras, trabadas entre sí, son dos temas eternos. La guerra está dentro de la naturaleza del señor medieval, que la ejerce no por profesionalidad, sino por necesidad esencial para la conservación de su señorío.
Al amor dedicó la mayor, aunque no la mejor, parte de sus versos. Sin embargo, los versos amatorios no son un indicio cierto para determinar particularidades biográficas. El tema era obligado y estaba dentro de la costumbre caballeresca. Probablemente casó muy joven y, leal amador, quizá su amiga y señora no fue otra que su esposa doña Guiomar de Castañeda, hermana de su segunda madrastra. También se suele decir que no se entendían bien, pero matrimonio y amor cortés son dos cosas distintas.
Los biógrafos de don Jorge citan como el primero de sus hechos de armas el de la batalla de Ajofrín (Toledo), ocurrida en 1470; pero sus treinta años aproximados de entonces parecen una edad un poco madura para recibir su bautismo bélico. Desde entonces, hasta 1476, nuestro poeta y su padre y hermanos se batieron con bravura con diversos beneficios.
Pero no hay bien que dure, y en noviembre de 1476, casi sin transición entre el campo de batalla y el lecho de muerte, fallecía en Ocaña el anciano don Rodrigo, comido por un cáncer que le desfiguró el rostro:


después de tanta hazaña
a que non puede bastar
          cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
          a su puerta.


Esta vez la presencia de la muerte llega mucho más cerca e hiriendo en un punto más sensible, y es cuando el poeta encuentra la ocasión de su vida para verter en un poema único la gran lección aprendida a través de los años en la sabiduría de los demás y en carne propia.

sábado, 14 de enero de 2012

Literatura prerrenacentista: géneros

En la literatura del siglo XV conviven tendencias muy diferentes, tanto en verso como en prosa.
  • En verso encontramos una corriente de poesía popular que se revitaliza en esta época. Junto a ella se manifiesta una corriente de poesía culta, que sigue muy de cerca los modelos procedentes de las literaturas provenzal e italiana.
  • En prosa perviven formas medievales y surgen nuevas formas que alcanzarán su máximo desarrollo en el siglo XVI. Entre estas últimas cabe destacar la novela de caballerías y la novela sentimental.


La poesía popular
Las canciones en romance que el pueblo cantaba asociadas a determinados juegos o trabajos o con motivo de las fiestas, las bodas u otras celebraciones, constituían un corpus lírico que venía transmitiéndose oralmente desde la Edad Media. Recuérdese que ya en el siglo XI había manifestaciones escritas de estas cancioncillas: las jarchas.
En el siglo XV, algunos poetas cultos empezaron a valorar, recoger e imitar esta poesía hecha por el pueblo. Tal es el caso, por ejemplo, del Marqués de Santillana y otros autores que incluyen en sus composiciones algunos versos de carácter tradicional:

Ellas dixeron: <<Amigo,
non sois vos el que buscamos,
mas cantad, pues que cantamos:
"Sospirando iba la niña
e non por mí,
que yo bien se lo entendí".>>

Dentro de la poesía popular de la época destacan también los romances.

El Romancero
A finales del siglo XIV, el interés por las creaciones épicas fue decayendo y los cantares de gesta dejaron de interesar al público castellano, que prefería formas poéticas más breves. Por eso los juglares dejaron de recitar los larguísimos cantares y centraron su atención en los momentos cumbres de los poemas o en aquellos pasajes que más éxito tenían entre el público.
Estos fragmentos se conservaron en la memoria de la gente y adquirieron vida propia, dando lugar a los romances.
Los romances son, pues, composiciones poéticas tradicionales de tono narrativo. Están formadas por un número variable de versos octosílabos cuya rima es asonante en los versos pares, quedando libres los impares.
Los romances se caracterizan por un estilo sencillo y sugerente, en el que abundan las fórmulas repetitivas y los paralelismos, como podemos apreciar en los siguientes versos:

En París está doña Alda
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella
para bien la acompañar;
todas visten un vestido,
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa,
todas comían de un pan,
sino era doña Alda,
que era la mayoral.


Con el paso del tiempo y dado el éxito que alcanzaron estas composiciones, los juglares crearon nuevos romances, inspirándose en figuras o acontecimientos conocidos por todos o bien narrando aventuras o sucesos inventados. De este modo se fue creando el corpus de romances al que denominamos Romancero.

Clasificación de los romances
La variedad y el gran número de romances conservados han determinado la necesidad de establecer una clasificación de los mismos. Teniendo en cuenta el contenido de los romances, tradicionalmente se han establecido los siguientes grupos:
  • Romances históricos: La mayoría se refiere a las leyendas del rey don Rodrigo y la invasión musulmana o a figuras como Fernán González o el Cid.
  • Romances fronterizos: Fueron compuestos en la última etapa de la Reconquista y narran sucesos ocurridos en las fronteras con los reinos musulmanes. Un grupo de estos romances caracteriza al mundo musulmán como un mundo lleno de exotismo y color, poblado por seres caballerescos y generosos. Por ejemplo, el Romance de Abenámar.
  • Romances carolingios y bretones: Toman temas propios de la épica francesa y bretona y cuentan las hazañas de figuras legendarias como Carlomagno o Tristán.
  • Romances novelescos y líricos: Son composiciones inventadas por los poetas, aunque en ocasiones enlacen temáticamente con algunos de los romances de los grupos anteriores. Suelen contar pequeñas historias de amor y aventuras. Uno de los más conocidos dentro de este grupo es el Romance del conde Arnaldos.
El romance no es una composición exclusiva de los siglos XIV y XV, sino que se ha seguido cultivando hasta nuestros días. Por eso, y para situar los romances en el tiempo se suele también establecer una clasificación atendiendo al momento en que fueron compuestos, y así se habla de Romancero viejo (romances compuestos hasta el siglo XVI), medio (romances escritos durante el siglo XVI), nuevo (romances escritos en el siglo XVII) y modernos (romances compuestos a partir del siglo XVIII).

La poesía culta
La poesía culta del siglo XV comprende la poesía de cancionero y la poesía alegórica:
    Cancionero de Stúñiga
     Manuscrito conservado
     en la Biblioteca Nacional de Madrid
  • La poesía de cancionero muestra el influjo de la lírica provenzal y galaico-portuguesa. El florecimiento de esta corriente poética es consecuencia del refinamiento que se produjo en la nobleza, dedicada ahora a las fiestas palaciegas y al cultivo del arte. Aunque de tema variado, domina en esta poesía el "amor cortés", tema que permite al autor demostrar sus dotes poéticas a través de composiciones muy elaboradas y artificiosas donde la complejidad métrica se mezcla con los juegos de palabras, las antítesis y las paradojas. Este tipo de poesía cortesana se ha conservado en los denominados cancioneros. Los más famosos son el Cancionero de Baena, que contiene cerca de 600 composiciones de 56 autores diferentes, y el Cancionero de Stúñiga.
  • La poesía alegórica está directamente influida por los escritores italianos Dante Alighieri y Francesco Petrarca. Se trata de una poesía recargada, de tono elevado y solemne, en la que abundan los cultismos y las referencias a la mitología clásica. El introductor de la poesía alegórica en Castilla fue Micer Francisco Imperial, el primer poeta que intentó adaptar al castellano el verso endecasílabo italiano. Los principales poetas cultos del siglo XV fueron Jorge Manrique y el Marqués de Santillana.
Jorge Manrique
Jorge Manrique es un ejemplo del ideal de caballero que se tenía en la época: su vida representó una perfecta combinación de armas y letras.
Se cree que nació el año 1440 en Paredes de Nava (Palencia). Perteneciente a una antigua familia de Castilla, dedicó su vida a las armas y a las luchas políticas hasta que murió en 1479 batallando en defensa de los intereses de Isabel I.
Jorge Manrique nos ha dejado un total de 50 composiciones. La mayoría de ellas desarrolla asuntos amorosos y pertenece al tipo de poesía cortesana propio de la época. Escribió también algunas composiciones burlescas de escaso valor. Pero, sin duda, la obra que ha dado merecida fama a este autor han sido las Coplas que compuso con motivo de la muerte de su padre.

Las Coplas
Las Coplas son un conjunto de 40 estrofas en las que el autor reflexiona sobre la fugacidad de la vida y el sentido de la muerte, a la vez que realiza un elogio de su padre, don Rodrigo Manrique.
Cada copla, llamada copla de pie quebrado o mariqueña, está formada por dos sextillas y sigue el siguiente esquema métrico:

8a 8b 4c 8a 8b 4c     8d 8e 4f 8d 8e 4f

El poema suele dividirse en tres partes atendiendo a su contenido:
  • Coplas 1 - 13: Contienen una reflexión sobre la fugacidad de la vida y de sus placeres.
  • Coplas 14 - 24: Muestran una ejemplificación de las consideraciones generales expuestas en la primera parte.
  • Coplas 25 - 40: Se exalta la figura del destinatario de las Coplas, don Rodrigo Manrique, quien mantiene un diálogo con la muerte y entrega su alma al final del poema.
El verdadero valor de las Coplas radica en la originalidad con que el autor trata el tema de la muerte. En efecto, aunque las composiciones escritas con motivo de la muerte de personajes ilustres eran muy frecuentes, en ellas se solían realizar las mismas reflexiones y se recurría a los mismos ejemplos. Jorge Manrique, sin embargo, mediante la utilización de un tono sencillo y cercano consigue que sus pensamientos parezcan nuevos. Además, incorpora ideas propias de la nueva mentalidad, como, por ejemplo, la importancia de la fama.

Marqués de Santillana
Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, fue un temido guerrero, un influyente político y un hombre culto preocupado por recopilar el saber de su época.
Su interés por la literatura le llevó a reflexionar sobre cuestiones literarias. Así, por ejemplo, en la Carta al condestable de Portugal recoge una breve relación de poetas que algunos consideran la primera historia de la literatura peninsular; y en esta misma obra establece una clasificación de la poesía en tres categorías: sublime, mediocre e íntima. La poesía sublime se corresponde con la poesía clásica, la mediocre es la poesía escrita en lengua romance y la poesía íntima es la de los romances y cantares que gustan al pueblo llano.
A imitación de Dante escribió el Infierno de los enamorados y la Comedieta de Ponza, ambiciosas obras que imitan las grandes obras clásicas. También pretendió imitar la métrica italiana con sus Sonetos hechos al itálico modo.
Pero el Marqués de Santillana ha adquirido su fama gracias no a esas obras de inspiración italiana sino a su colección de serranillas, pequeñas composiciones en versos de seis u ocho sílabas en las que se narra con delicadeza y elegancia el encuentro de un caballero con una serrana.

Los nuevos caminos de la prosa
Durante el siglo XV, la literatura en prosa se basa en la imitación de los clásicos latinos y de la literatura italiana. En general se trata de una prosa artificiosa y llena de cultismos pero que abre el camino de la floreciente prosa del siglo XVI.
Las principales corrientes de la época son la prosa didáctica, la prosa histórica y la prosa de ficción.
  • La prosa didáctica sigue fiel al objetivo literario medieval de educar y modificar comportamientos. Una de las obras más destacadas de esta corriente es el Corbacho, de Alfonso Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera, obra que combina la intención didáctica con una cierta vena crítico-satírica.
Pues en los papas sucede esto: que desean algunos su muerte para suceder a otro en su lugar; en los emperadores eso mismo; en los reyes igual; que el hijo desea la muerte al padre por ser él rey y ser señor; el hermano del rey desea a su hermano la muerte por suceder en el reino; y en los duques, condes, caballeros, gentilhombres, ciudadanos, burgueses, mercadores y menestrales sí ocurre desear la muerte unos a otros -así los parientes como extraños- por heredar, más alcanzar y más valer, y de mayores estados ser.
  • La prosa histórica adquiere un gran desarrollo en este siglo. Las lecturas de los grandes historiadores de la antigüedad despiertan el interés por este campo. Además, los reyes y los nobles se sirven de este tipo de literatura para ensalzarse o para justificar sus actividades. El resultado es un buen número de crónicas de reinados, de libros de linajes y de biografías de personajes ilustres. A este género pertenece la obra Generaciones y semblanzas, de Fernán Pérez de Guzmán, y Claros varones de Castilla, de Hernando del Pulgar.
  • La prosa de ficción se desarrolla durante este siglo a través de dos géneros diferentes: la novela de caballería y la novela sentimental:
    • La novela de caballerías narra las aventuras de un caballero al que mueve tanto el amor por su dama como el afán de heroísmo individual. Este género tiene su desarrollo en el siglo XVI, pero es precisamente en el siglo XV cuando aparecen dos de las obras maestras del género: el Amadís de Gaula y el Tirant lo blanch.
    • La novela sentimental responde a los nuevos gustos e ideales de inspiración burguesa. Es una novela marcada por el intimismo y la subjetividad en la que la pasión amorosa se describe con estudiado detenimiento. Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, es la mejor muestra de este tipo de novelas.
El despertar del teatro
En Castilla, la producción teatral medieval fue muy reducida y se limita a escenas religiosas. En realidad, el primer autor que podemos caracterizar como dramático pertenece al siglo XV. Se trata de Gómez Manrique, autor de la Representación del Nacimiento de Nuestro Señor, obra que se inscribe aún dentro de la tradición medieval.
El auténtico despertar del teatro se debe a un autor de finales del siglo XV, Juan del Encina, quien se acerca ya a los nuevos gustos y formas renacentistas. A este autor se debe el inicio de toda una tradición de piezas de teatro profanas alejadas de los antiguos temas medievales.
Pero la verdadera obra cumbre del teatro medieval es La Celestina, obra que refleja claramente la crisis de las viejas ideas medievales y la llegada de un nuevo mundo renacentista.

viernes, 6 de enero de 2012

Literatura prerrenacentista: realidad, fuentes y temas

La literatura prerrenacentista se hizo eco de los cambios sociales e ideológicos que se produjeron en la época, convirtiéndose así en el reflejo de ese mundo de transición entre la Edad Media y el Renacimiento que fue el siglo XV.

  1. La aparición de una nobleza cortesana, que participaba en las cuestiones políticas y dedicaba su ocio a las letras y al arte, originó un tipo de escritor de extracción noble. El Marqués de Santillana o Jorge Manrique son buenos ejemplos de nobles dedicados al cultivo de la literatura.
  2. El creciente individualismo trajo consigo la desaparición del héroe colectivo, que fue sustituido por la figura del caballero cortesano. Y al igual que los cantares de gesta habían narrado las hazañas de los viejos héroes épicos, un nuevo género, la biografía, surge para ensalzar a determinados personajes cortesanos. Dentro de esta corriente biográfica encontramos escritores como Fernán Pérez de Guzmán o Hernando del Pulgar.
  3. La obsesión general por la muerte se manifestó especialmente en las denominadas danzas de la muerte, representación macabra donde la muerte se presenta ineludiblemente entre pobres y ricos.
A la danza mortal venid los nacidos
todos del mundo, de cualquier estado.
Los que no quisieren, con fuerza impelidos
haréles venir muy pronto al llamado.
Puesto que ya el fraile os ha predicado
que prisa os deis en hacer penitencia,
aquel que no quiera poner diligencia
por mí ya no puede ser más esperado...

En la propia creación literaria se produjeron también cambios importantes. Por un lado, el autor se hizo consciente de su capacidad creadora y se mostró orgulloso de su creación. Por eso, frente al anonimato que caracterizó a buena parte de la literatura medieval, el autor prerrenacentista no sólo afirma su autoría, sino que además cuida sus obras y se preocupa por su correcta transmisión.
Por otro lado, se produjo un cambio en las intenciones literarias. La finalidad didáctica medieval dejó paso a una literatura concebida como juego intrascendente que desarrollaron, sobre todo, los escritores nobles que vivían en la corte.

Fuentes y temas
En la literatura prerrenacentista podemos encontrar influencias de otras literaturas.
  • La influencia de la literatura provenzal se percibe especialmente en el concepto de amor cortés presente en la poesía de cancionero. El amor cortés es una especie de juego que se establece entre el poeta y la amada siguiendo una serie de reglas según las cuales el caballero debe requerir los favores de una dama que le rechaza una y otra vez y someterse a ella incondicionalmente.
  • La influencia de la literatura francesa se manifiesta en el gusto por las novelas de caballerías.
  • La influencia de la literatura italiana, la más profunda y persistente en la literatura prerrenacentista, alcanza tanto a la poesía de tipo alegórico como a la novela sentimental y al teatro.
  • La influencia de la literatura clásica se manifiesta en toda una corriente de literatura latinizante que tiene en Juan de Mena su representante más destacado. Homero, Virgilio y otros autores clásicos se consideran modelos de imitación y son objeto de numerosas y cuidadas traducciones.
En cuanto a los temas, los más característicos de la literatura prerrenacentista son el amor cortés, la muerte, la fama y la fortuna. En todos ellos se manifiestan los cambios que se han producido en la forma de pensar y de vivir.

  • El amor cortés es uno de los temas más desarrollados, especialmente en la lírica. El caballero prerrenacentista convierte al amor en el móvil que viene a sustituir a la guerra.
  • La muerte, vista como fatal destino de todos los hombres, es otro tema constante en la literatura de la época. Tras ella, la fama es el único rastro que queda del paso de los hombres por esta vida. Esta idea de la fama podemos observarla en las palabras que la muerte dirige a un caballero moribundo en los siguientes versos de Jorge Manrique:
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa
acá dejáis.
  • La fortuna aparece en la literatura como una diosa mudable e inestable que mueve los hilos del mundo y hace cambiar de un día para otro el destino de los hombres.

Los hombres que no amaban las mujeres

Ya anunciaba en noviembre de 2010 que volvería a leer este libro. En estas últimas semanas mis lecturas no fueron demasiado acertadas, por lo que quería algo ágil, que me sirviera de verdadera distracción, y por eso pensé que era un buen momento para la relectura del primer episodio de Millenium.
El personaje de Lisbeth Salander es lo más interesante que nos dejó Stieg Larsson. Por eso, he seleccionado el siguiente texto de la novela:

Cuando Lisbeth se fue a la cama la séptima noche de su estancia en Hedeby, se sentía ligeramente irritada por culpa de Mikael. Durante una semana había pasado con él prácticamente cada minuto del día; en circunstancias normales, siete minutos en compañía de otra persona solían ser más que suficientes para darle dolor de cabeza.
Hacía mucho que había constatado que las relaciones sociales no eran su fuerte, y ya se había acostumbrado a ello en su solitaria vida. Se encontraba perfectamente resignada a ello, a condición de que la gente la dejara en paz y no se metiera en sus asuntos. Desgraciadamente, su entorno no se mostraba ni inteligente ni comprensivo; tenía que defenderse de los servicios sociales, los servicios de atención a menores, las comisiones de tutelaje, hacienda, los policías, los educadores, los psicólogos, los psiquiatras, los profesores y los porteros que -exceptuando a los de Kvarnen, que ya la conocían- nunca querían dejarla entrar en los bares a pesar de haber cumplido ya veinticinco años. Había todo un ejército de gente que parecía no tener nada mejor que hacer que pretender gobernar su vida y, si se les diese la oportunidad, corregir la manera que había elegido de vivirla.

viernes, 30 de diciembre de 2011

De la Edad Media al Renacimiento

La transición entre la Edad Media y el Renacimiento se produjo durante el siglo XV, siglo en el que se agudizó la crisis del sistema de valores medieval. A esta época se la denomina habitualmente Prerrenacimiento, en cuanto que anuncia ya la forma de vida y la actitud vitalista propia del Renacimiento.
Entre los hechos que en el siglo XV contribuyeron a modificar los hábitos y los modos de pensar y provocaron la quiebra definitiva del sistema de valores medieval destacan dos: el incremento del comercio -que provocó la consolidación de la incipiente burguesía como clase cada vez más influyente en las ciudades- y las epidemias de peste que hacia mediados de siglo asolaron Europa.
El creciente peso social de la burguesía favoreció la implantación de valores mundanos, tales como el bienestar material o el ansia de riquezas. La vida pasó entonces a ser considerada no solamente como un camino hacia la vida eterna, sino como fuente de alegrías y placeres dignos de ser disfrutados. Y, en consecuencia, la muerte perdió su sentido liberador y comenzó a sentirse como un trance doloroso que venía a truncar los deleites mundanos. Las terribles epidemias de peste que diezmaron la población europea reforzaron tanto el deseo de disfrutar de lo material mientras la vida dure como ese sentimiento de rechazo de la muerte.
El cambio en la consideración de la vida y de la muerte afectó, como es natural, a los principios religiosos. Por una parte, se inició un proceso de secularización de la sociedad; y, por otra parte, se empezó a abrir paso una corriente religiosa más espiritual, que criticaba y se oponía al poder material de la Iglesia. Estos cambios se pueden observar directamente en las manifestaciones artísticas: la arquitectura civil experimenta un notable empuje con la construcción de palacios y alcázares que se convirtieron en el exponente de la riqueza de sus moradores; y en pintura y escultura, los temas religiosos van dejando lugar a representaciones de lo individual y lo humano.
El cambio de mentalidad se manifestó también en la desaparición de la tolerancia y la convivencia multiétnica que habían caracterizado a la Edad Media peninsular. La convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos se rompió, por un lado, con la finalización de la Reconquista y, por otro, con las continuas persecuciones y matanzas de que fueron objeto los judíos, que culminaron con el decreto de expulsión firmado por los Reyes Católicos en el año 1492. 

sábado, 24 de diciembre de 2011

El Libro de buen amor

De Juan Ruiz sólo conocemos el Libro de buen amor. Se trata de una obra de más de 7.000 versos distribuidos en 1.728 estrofas en las que se narran de forma autobiográfica las aventuras amorosas de un arcipreste. El texto contiene, además, relatos variados y una serie de poemas a la Virgen. El resultado de esta mezcla es una obra variada, vitalista y satírica, con un sinfín de interpretaciones.


Una obra sin título
Desgraciadamente no se conserva ningún manuscrito del autor. Conocemos el texto a través de diversas copias en las que se recoge el texto de la obra sin título, lo cual es, por otra parte, muy común en la época. Al parecer, la obra fue conocida en su tiempo como Libro del Arcipreste de Hita o Tratado del Arcipreste de Hita.
A partir de los estudios del investigador Menéndez Pidal se empezó a conocer la obra con el nombre con que hoy se conoce: Libro de buen amor. El título proviene del propio Arcipreste, quien llama así al libro en diferentes lugares de su obra:


Por amor a mi vieja,     por hablar con razón,
Buen Amor llamé al libro     y a ella en toda ocasión;
cuando bien la traté,     ella me dio gran don;
no hay pecado sin pena     ni bien sin galardón.


El influjo de la tradición
El Libro de buen amor es una obra única y original que se inserta en la tradición literaria del momento en que fue escrita. Esa tradición se manifiesta especialmente en las fuentes que Juan Ruiz utiliza.
En primer lugar, Juan Ruiz se vale de la Biblia, obra que fue tomada frecuentemente como autoridad por los distintos autores del mester de clerecía. Junto a las referencias a la Biblia hay otras a diversas obras latinas muy difundidas en la época.
La literatura romance dejó asimismo sus huellas en el Libro de buen amor. En este sentido destaca la influencia del Libro de Alexandre.
También se puede reconocer la influencia árabe y oriental, especialmente en los pasajes amorosos y en algunos de los ejemplos contenidos en el Libro.


Estructura del Libro: una obra compleja
El Libro de buen amor, escrito en forma autobiográfica, se organiza en torno al relato de las aventuras amorosas de su autor. Comienza con la petición de ayuda que el autor hace a Dios para poder llevar a cabo la obra, y continúa con una explicación, un tanto ambigua, sobre las intenciones que le han llevado a escribir el libro. A partir de ahí se inicia la narración de una serie de aventuras amorosas protagonizadas por el autor, entre las que se van intercalando composiciones narrativas, didácticas y líricas.
Prescindiendo de la trama amorosa central, éstos son los materiales que componen la obra:

  • Un conjunto de tres composiciones que sirven de introducción: una oración en verso en que solicita fuerzas a Dios para poder escribir el libro; un prólogo en prosa que asemeja un sermón culto, pero que tiene una intención paródica; una introducción en verso donde se explica con qué finalidad se escribe el libro.
  • Una colección de fábulas y apólogos que se insertan como ejemplos en las distintas aventuras.
  • Un conjunto de sátiras, en las que el autor se burla de aspectos como el poder del dinero o las costumbres y vicios que tienen determinados clérigos.
  • Diversas reflexiones didácticas de tono moral.
  • Una serie de composiciones líricas, tanto de tema religioso -las cantigas a la Virgen- como profano -cantares de ciego, cantares de escolares y cantigas de serrana.
  • Un relato alegórico que desarrolla una parodia de la batalla de don Carnal y doña Cuaresma.
  • Una recreación de la comedia latina Pamphilus, del siglo XII. A través de la historia de don Melón y doña Endrina se reelabora el texto latino y se narra el proceso de seducción de una muchacha.
La integración de todos estos elementos en la obra da como resultado una estructura abierta que permite la incorporación de diversas composiciones, cada una de ellas con una función determinada.

Un estilo variado y vitalista
Buena parte de las 1.700 estrofas de que consta el Libro de buen amor es cuaderna vía, estrofa propia del mester de clerecía. Pero Juan Ruiz introduce en su obra otros tipos de estrofas y versos, con lo cual rompe la monotonía que caracterizaba las producciones de este movimiento.
Los cambios métricos que se aprecian no se producen al azar sino que responden a la intención del autor de señalar determinados sentimientos o actitudes de los personajes o de destacar un determinado fragmento. Así, por ejemplo, en muchas ocasiones se utilizan versos octosílabos para introducir pasajes populares o de tono intimista. Por el contrario, la utilización sistemática del verso alejandrino se reserva para los momentos solemnes o de carácter moralizante. El mismo Juan Ruiz en el prólogo de su libro explica esta evidente voluntad de estilo.


Y compúselo también para dar a algunos lección de metrificar y rimar, y de trovar; pues trovas y notas y rimas y dictados y versos hice cumplidamente, según esta ciencia requiere.


Al igual que la métrica, el estilo de Juan Ruiz es un estilo variado y lleno de matices. En general se trata de un estilo desbordante y vital, reflejo de la personalidad del autor y de su visión del mundo, cuyos rasgos más característicos son éstos:

  • Riqueza de vocabulario y utilización del término exacto en cada momento.
  • Variedad lingüística y estilística que le permite pasar fácilmente de la expresión popular a la cita erudita.
  • Abundancia de enumeraciones, que aportan variedad y colorido a la expresión.
A tal mensajera     nunca le digas maza;
gorjee bien o mal,     no le llames picaza,
señuelo, cobertera,     almádana, coraza,
aldaba, ni trainel,     cabestro ni almohaza,
garabato ni tenazas     ni anzuelo pescador.
  • Acumulación de sinónimos en momentos de gran afluencia verbal.
De talle, muy apuesta;     y de gesto, amorosa;
lozana y muy gentil,     placentera y hermosa,
cortés y mesurada,     halagüeña y donosa,
graciosa y muy alegre:     amor en toda cosa.
  • Incorporación de dichos y refranes, que se utilizan especialmente en las partes dialogadas y que dan un sabor coloquial al texto.
La fábula lo dice,     que os voy a contar ahora,
que "el ave solitaria     ni bien canta ni llora".
  • Uso abundante de diminutivos, que enriquecen el léxico con matices diversos y aportan frescura y espontaneidad.
Todos estos rasgos hablan de una perfecta adecuación entre expresión y contenido. Y es que Juan Ruiz es uno de los autores en que mejor se mezcla amenidad y riqueza expresiva.


El humor y su significado
Para entender en su totalidad un texto como el Libro de buen amor no podemos dejar de lado un elemento que aparece una y otra vez a lo largo de la obra: el humor.
La utilización consciente de recursos humorísticos aparece expresada por el propio autor al comienzo del libro, al afirmar su propósito de divertir a los lectores:


Es palabra de sabio,     y dícelo Catón,
que el hombre a los cuidados,     que tiene en corazón,
entremezcle placeres     y risueña razón,
pues en mucha tristeza     muchos pecados son.


Y pues con cosas cuerdas     no puede hombre reír,
algunas que otras burlas     tendré aquí que injerir;
cuando tú las oyeres     no quieras discutir
a no ser en la forma     de trovar y decir.


El humor de Juan Ruiz es algo más que una simple forma de entretenimiento; es fruto de la actitud con que el autor se enfrenta a una sociedad en crisis, carente de valores y en la que todo, hasta él mismo, puede ser objeto de burla. La paradoja, la ironía y los juegos de palabras son en este sentido elementos que refuerzan la visión crítica del mundo.


Intención de la obra: el loco amor y el buen amor
El Libro de buen amor no es sólo una obra compleja, donde se mezclan fuentes y elementos muy dispares, sino también una obra polémica, que ha dado lugar a interpretaciones muy diversas. El mismo prólogo del Libro nos deja ver cierta ambigüedad en las intenciones del autor. En primer lugar, Juan Ruiz manifiesta su intención didáctica al pretender mostrar los peligros del "loco amor" y la necesidad de alejarse de él y de volver al "buen amor".


Y Dios sabe que mi intención no fue hacer por dar ocasión de pecar ni por mal hablar; sino que fue por traer a toda persona a memoria buena de bien obrar, y dar ejemplo de buenas costumbres, y consejos de salvación, y para que todos sean apercibidos y se puedan mejor guardar de tantas maestrías como algunos usan para el loco amor.


Pero, en el mismo prólogo, el autor explica que su obra también puede servir de guía de actuación para los enamorados, aunque acto seguido desaconseja esta utilización:


Sin embargo, como es humana cosa el pecar, si algunos -lo que no les aconsejo- quisieran usar del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello.


Esta interpretación de la obra como manual de comportamiento en el amor pone en relación a Juan Ruiz con uno de los escritores clásicos más admirados durante la Edad Media: Ovidio.
Ovidio fue el autor de un libro, el Ars amandi o Arte de amar, en el que se exponían los principios y las reglas de la vida amorosa. Para muchos críticos, Juan Ruiz se convierte en un imitador de ese gran autor antiguo.
Teniendo en cuenta las declaraciones del autor, los estudiosos del Libro se han dividido entre los que defienden la intención didáctica del Arcipreste y los que opinan que en el fondo nos encontramos ante una irónica broma de un clérigo medieval. Por un lado, la técnica autobiográfica, el tono sarcástico con que se narran algunas aventuras amorosas y las continuas reflexiones morales apoyan la intención didáctica de la obra. Pero, por otro lado, el realismo, la alegría vital, el detenimiento con que se describe el amor y el gusto por los placeres llevan al Libro mucho más allá de la mera intención moralizante.


Las fiestas del Carnaval, en las que se inscribe la batalla de don Carnal y doña Cuaresma,
son uno de los motivos folclóricos presentes en el
Libro de buen amor. En la imagen, detalle
de un cuadro de Pieter Bruegel en el que se ve al rollizo Carnaval luchando con la macilenta
Cuaresma (Kunsthistorisches Museum, Viena).


Documento de una época
Para muchos críticos, el Libro de buen amor es un espejo del choque que se vive en la época entre los viejos valores y las nuevas ideas que nacen en el seno de la burguesía emergente. En este sentido, la lucha entre el buen amor y el loco amor puede ser interpretada como una transposición del enfrentamiento entre las ideas religiosas típicamente medievales y las nuevas costumbres burguesas, más apegadas a los placeres terrenales.
Son muchos los lugares en que el Arcipreste manifiesta su opinión ante los cambios en los valores y en las costumbres. Especialmente significativo es el pasaje que Juan Ruiz dedica al dinero:


Hace mucho el dinero,     mucho se le ha de amar:
al torpe lo hace bueno     y hombre de respetar,
hace correr al cojo,     al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos     bien lo quiere tomar.


Séase un hombre necio     y rudo labrador:
hácenle los dineros     hidalgo sabedor;
cuanto más él posee     tanto es de más valor;
quien no tiene dinero     no es ni de sí señor.


Si tuvieres dinero     tendrás consolación,
alegría y placer     y del Papa ración;
comprarás Paraíso,     ganarás salvación;
donde hay mucho dinero     hay mucha bendición.


Juan Ruiz muestra en este pasaje los efectos perturbadores del orden social que el dinero tiene: hace bueno al torpe, hace correr al cojo, hace hablar al mudo, convierte en sabio al hombre necio... Y a la vez, denuncia en la última estrofa la sumisión del clero respecto al dinero.
En cualquier caso, el Libro de buen amor tiene un valor inestimable en cuanto que es reflejo de la sociedad y de sus costumbres, lo cual lo convierte en un auténtico documento de la época. A través de las aventuras amorosas que narra, podemos descubrir las costumbres de una sociedad que atraviesa un momento de crisis política y social. Y lo que es más importante, el Libro no es sólo testimonio de la sociedad cristiana sino que recoge también costumbres y modos de vida de judíos y musulmanes; se convierte así en una prueba más de la convivencia y del mestizaje cultural que se produjo en la Península.
Algunos elementos del Libro sirvieron de modelo para obras posteriores, como, por ejemplo, el personaje de Trotaconventos, que tuvo su más fiel continuadora en La Celestina. Además, el especial realismo que caracteriza al Libro de buen amor ha sido el arranque de toda una larga tradición literaria de lo que se puede denominar realismo grotesco y que abarca desde la novela picaresca hasta Quevedo o Valle-Inclán.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Arco de entrada a la Plaza Mayor, ciudad de Hita (Guadalajara)


A pesar de los numerosos estudios realizados, la figura de Juan Ruiz sigue siendo un enigma. Seguramente nació en Alcalá de Henares a finales del siglo XIII y desempeñó en Hita el cargo de arcipreste. Algunos investigadores afirman que Juan Ruiz estuvo preso, ya que él mismo en su libro pide ayuda a Dios para salir de la prisión en que se encuentra.


Señor, que a los judíos,     pueblo de perdición,
libraste del muy duro     poder del Faraón,
y sacaste a Daniel     del pozo babilón,
sácame a mí, cuitado;     de esta mala prisión.
(versión modernizada de Nicasio Salvador Miguel)


Esta interpretación literal del término "prisión" se ve reforzada por la nota que el copista añadió al final de la obra, en la que dice:


Éste es el libro del Arcipreste de Hita, el cual compuso estando preso por mandato del cardenal don Gil, Arzobispo de Toledo.


Otros investigadores, sin embargo, discrepan de esta interpretación y consideran que la prisión de la que habla Juan Ruiz es tan solo una metáfora con la que se referiría a su alma presa del pecado.
Aunque existen escasos datos sobre su vida, la obra de Juan Ruiz nos permite al menos forjarnos una idea sobre la personalidad de su autor. Atendiendo al texto nos encontramos frente a un clérigo alegre y vitalista, que trata sobre asuntos mundanos y en ocasiones critica a las instituciones religiosas.


La crisis del siglo XIV
El siglo XIV supone un momento de crisis y de quiebra del sistema feudal en todo el Occidente europeo. La literatura del momento parece contagiarse de ese ambiente de crisis y decadencia, y produce obras de escaso valor. Ahora bien, junto a esas obras menores encontramos escritores que reaccionan satíricamente ante la situación del momento. Éste es el caso del canciller López de Ayala, quien, en el libro Rimado de Palacio, critica a la Iglesia, a la Administración y a todos cuantos se benefician de la guerra, y también el caso de Juan Ruiz.
El Arcipreste nos ofrece en el Libro de buen amor la particular visión de un clérigo ante un mundo que se desmorona por la llegada de nuevos valores. El Libro se convierte así en una auténtica sátira de la sociedad, encubierta bajo la apariencia de un simple tratado amoroso.
Desde el punto de vista literario, cuando Juan Ruiz escribe su obra coexisten dos tendencias diferentes: el mester de clerecía y el mester de juglaría. La obra del Arcipreste de Hita, aunque pertenece a la corriente del mester de clerecía, se beneficia literariamente de las dos, tomando algunos elementos de cada una de ellas:

  • Del mester de juglaría toma la utilización de procedimientos propios de los juglares como es el hecho de dirigirse directamente a su público, para ganarse su confianza y su aprobación:
Señores, si queréis     oír un buen solaz,
escuchad el romance,     sosegaos en paz,
pues no os diré mentira     en cuanto aquí, en él, yaz,
porque por todo el mundo     se practica y se haz.
  • Del mester de clerecía toma el uso de la cuaderna vía, la utilización de obras latinas como fuente de inspiración para sus textos o la tradición de componer obras dedicadas a la Virgen.
El resultado de esta mezcla de elementos es una obra de síntesis, considerada hoy la mejor producción literaria escrita en castellano durante el siglo XIV.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El nacimiento de la prosa romance

La prosa en romance castellano aparece con posterioridad a la lírica y a la épica. De hecho, los primeros textos en prosa proceden de finales del siglo XII y no son más que breves narraciones de carácter histórico. Aunque estos textos tienen un escaso valor literario, son un testimonio del interés existente por narrar los hechos históricos en la lengua hablada por todos y no en latín como era la costumbre de la época.
Hacia mediados del siglo XIII aparecieron ya obras en prosa algo más extensas: se trata de colecciones de cuentos ejemplares y colecciones de sentencias. En general, no son obras originales sino traducciones de obras orientales.
Pero quien verdaderamente impulsó la prosa romance fue Alfonso X de Castilla. Este rey entendía que la difusión de la cultura en la lengua que hablaba el pueblo facilitaría su labor educadora. Para conseguir este objetivo, el Rey Sabio se sirvió de la Escuela de Traductores de Toledo. En ella reunió a destacados sabios musulmanes, cristianos y judíos para llevar a cabo la labor enciclopédica más importante de la época. Bajo la dirección real se escribieron en castellano diversas obras y se tradujeron otras. De esta forma, el castellano fue convirtiéndose en una lengua apta para tratar asuntos jurídicos, históricos, científicos, etc.
Del mismo modo que Alfonso X hizo del castellano una lengua apta para la expresión científica y la divulgación del saber, don Juan Manuel dotó en el siglo XIV a la prosa castellana del carácter literario del que carecía hasta ese momento.
El proceso de formación de la prosa romance se vio también reforzado con la aparición de otras obras de ficción entre las que cabe citar el libro de viajes de Fazienda de Ultramar y la novela de caballerías Libro del Caballero Cifar.


Don Juan Manuel
El infante don Juan Manuel es el principal impulsor de la literatura castellana en prosa. Es un escritor de procedencia aristocrática, que se muestra orgulloso de su posición social y de su valía política y literaria.
Nació en Escalona (Toledo) en 1282. Fue nieto de Fernando III el Santo y sobrino de Alfonso X el Sabio. Desde muy joven ejerció importantes cargos y participó en las luchas castellanas por el poder entre nobleza y monarquía, aliándose tanto con los cristianos como con los musulmanes según sus intereses en cada momento. Después de repartir su vida entre las intrigas políticas y su labor literaria murió en el año 1349.


La obra de don Juan Manuel
Entre las obras conservadas de este autor hay obras de carácter teórico sobre diversas cuestiones, como, por ejemplo, el Libro de la caza o el Libro de las armas, y obras narrativas como el Libro del caballero y del escudero y el Libro de los Estados. Pero sin duda su obra capital es el Libro de Patronio o Conde Lucanor.
El Conde Lucanor es básicamente una colección de 51 cuentos que responden a la misma idea: un joven conde, Lucanor, le plantea a su ayo, Patronio, sus dudas acerca de cuestiones diversas; el ayo responde a estas cuestiones mediante ejemplos que contienen una moraleja.
Los cuentos son muy variados y están tomados de muy diversas fuentes: desde fábulas clásicas hasta relatos de los Evangelios, pasando por cuentos orientales y por diversas crónicas. Ahora bien, don Juan Manuel no se limita a refundirlos, sino que los recrea con un estilo personal que demuestra una gran maestría narrativa.
Los cuentos que aparecen en el libro tienen una estructura fija que se repite en cada uno de ellos:

  • Diálogo: En el diálogo inicial, Lucanor expone a su ayo Patronio un problema y le pide consejo.
  • Cuento: Patronio narra un cuento o relato relacionado con el tema planteado por Lucanor.
  • Aplicación: Patronio hace una aplicación del cuento al caso concreto planteado por Lucanor.
  • Moraleja: Don Juan Manuel interviene e incluye una moraleja en forma de pareado.

En busca de un estilo propio
Don Juan Manuel fue el primer escritor que intentó conscientemente forjarse un estilo propio y personal. En el prólogo al Conde Lucanor él mismo manifiesta:


Escribí este libro con las palabras más hermosas que pude.


Y también explica la forma elegida para escribir su obra a la vez que se muestra preocupado por la fiel transmisión de la misma.


Como don Juan sabe que en los manuscritos hay muchos errores de copia, porque los copistas, al tomar una letra por otra, se confunden y mudan el sentido de muchos pasajes, y los lectores echan luego la culpa al autor de la obra, ruega a los que leyeren cualquier libro suyo que cuando encuentren alguna palabra mal puesta no le culpen a él hasta que vean el manuscrito que él mandó escribir y que está corregido en muchos lugares de su puño y letra. [...] Cuando lo hubieren visto, ruega que no imputen las faltas que encuentren a negligencia, sino a la cortedad de su entendimiento, pues se atrevió a tratar de materias tan altas. Pero Dios sabe que lo hizo para enseñar a los que no son sabios ni letrados. Por eso escribió todas estas obras en castellano, cierta señal de que las dirigió a los que saben poco, como él.
(Versión modernizada de Enrique Moreno Báez)


Castillo de Peñafiel,
residencia de don Juan Manuel
Don Juan Manuel no utiliza términos abstractos, sino que se expresa de forma clara y concisa. Como su intención es fundamentalmente didáctica, elige el sistema del cuento y procura expresarse dentro de él de una forma sencilla. Así, por ejemplo, en las explicaciones del ayo Patronio el autor utiliza únicamente las palabras necesarias, con el fin de mantener la claridad de las ideas.

martes, 6 de diciembre de 2011

La literatura didáctica: el mester de clerecía

Junto a la corriente del mester de juglaría se desarrolla en la Edad Media otra corriente literaria de características muy diferentes: el mester de clerecía. El término "mester de clerecía" designa el oficio o forma de escribir de los clérigos.
Aunque las producciones del mester de clerecía son muy diversas, hay una serie de rasgos que caracterizan a esta corriente. Entre otros destacan los siguientes:

  • Ausencia de asuntos heroicos. A diferencia del mester de juglaría, los autores de este mester tratan generalmente de asuntos religiosos, ascéticos... Únicamente una obra, el Poema de Fernán González, desarrolla un tema épico.
  • Finalidad didáctica. Las obras del mester pretenden dar a conocer al pueblo hechos que le sirvan de ejemplo: para ello utilizan como base obras filosóficas y religiosas antiguas.
  • Lenguaje claro y artístico. Debido a su finalidad didáctica, los autores del mester de clerecía utilizan un lenguaje que puede ser comprendido fácilmente por el público al que se dirigen. No obstante, también introducen palabras nuevas y cultismos, lo cual manifiesta una cierta intención artística que no parece existir en los autores del mester de juglaría.
  • Empleo de la cuaderna vía. Una de las características más destacadas del mester de clerecía es el uso de la estrofa llamada cuaderna vía. Esta estrofa está formada por cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas) que riman todos entre sí, tal como podemos apreciar en los versos iniciales del Libro de Alexandre, donde además se establece la diferencia con el mester de juglaría.
Mester traigo fermoso, non es de joglaría;
mester es sen pecado, ca es de clerecía.
Fablar curso rimado por la cuaderna vía
a sillabas cuntadas, ca es grant maestría.

Representación de un monje en su scriptorium, miniatura de las Cantigas, siglo XIII.
Se conserva en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.
Las aportaciones del mester de clerecía a la literatura medieval se produjeron durante los siglos XIII y XIV. Las más destacadas son las siguientes:
  • Las obras de Gonzalo de Berceo, primer poeta castellano de nombre conocido.
  • El Libro de Apolonio y el Libro de Alexandre, ambas de autor desconocido.
  • El Libro de buen amor, obra cumbre del mester de clerecía, escrita por el Arcipreste de Hita en el siglo XIV.
  • El Rimado de palacio, obra de carácter satírico escrita por el canciller López de Ayala.


Gonzalo de Berceo
Gonzalo de Berceo es el principal representante del mester de clerecía. Nació a finales del siglo XII en Berceo, un pueblo de La Rioja cercano al monasterio de San Millán de la Cogolla. En este monasterio se educó y transcurrió su vida.


Monasterio de San Millán de la Cogolla
Una producción de carácter religioso
Las obras de Berceo que han llegado hasta nosotros hacen un total de nueve composiciones, que pueden agruparse en obras doctrinales, vidas de santos y obras dedicadas a la Virgen.

  • Obras doctrinales. Encontramos en este grupo dos poemas de tono didáctico: Del sacrificio de la misa y De los signos que aparecerán antes del Juicio. Habitualmente, son estas obras las menos apreciadas entre toda la producción de Berceo.
  • Vidas de santos. Es el grupo más numeroso. Son obras dedicadas a santos que tuvieron relación con el monasterio de San Millán. Entre ellas tenemos, por ejemplo, la Vida de Santo Domingo de Silos o la Vida de San Millán de la Cogolla. En general, estas obras responden a la siguiente estructura: en primer lugar, Berceo nos cuenta la vida del santo, luego narra los milagros que realizó en vida y, por último, relata los favores que concedió una vez muerto.
  • Obras dedicadas a la Virgen. A este grupo pertenece la obra más conocida de este autor: Milagros de Nuestra Señora. Son una colección de 25 milagros que aparecen precedidos de una introducción alegórica. Cada milagro es una especie de cuadro que sirve de marco a una imagen central: la Virgen como redentora de los pecadores.
En general, todos los milagros responden a una misma estructura, en la que se observan tres partes diferenciadas: tentación por parte del diablo, caída del pecador y milagro de la Virgen en ayuda del pecador.
Los Milagros se inscriben dentro de la tradición mariana medieval y se basan en las antiguas compilaciones de milagros que los clérigos utilizaban para elaborar sus sermones.

El estilo de Berceo: sencillez y naturalidad
Berceo utiliza en sus obras la cuaderna vía y lo hace siguiendo unas reglas rigurosas para diferenciarse así conscientemente de la forma de componer de los juglares.
En general, Berceo toma como base textos latinos y los recrea para intentar acercarlos a un público sencillo, carente de preparación teológica. Para ello utiliza diminutivos, sinónimos, expresiones populares y refranes, como ocurre en el último verso de la siguiente estrofa:

Dijo Pedro: "En la vida traje gran avaricia,
túvela por amiga a vueltas con codicia;
por eso ahora estoy puesto en tan mala tristicia:
quien tal hace tal pague, esto es fuero y justicia".
(Versión modernizada de Daniel Devoto)

En ocasiones, Berceo se sirve de referencias y llamadas de atención al público, al igual que hacían los juglares. Así, en la introducción a los Milagros el autor se dirige directamente al auditorio con estas palabras:

Amigos y vasallos de Dios omnipotente,
si escucharme quisierais de grado atentamente,
yo os querría contar un suceso excelente:
al cabo lo veréis tal, verdaderamente.