jueves, 22 de noviembre de 2012

El Lazarillo y los temas filosóficos, didáctico-morales y religiosos

El prólogo del Lazarillo ha dado lugar a criterios de tipo didáctico-moral. Es verdad que nuestro autor exige una lectura más que somera si el lector ha de aprovechar el libro. Se cree que este motivo, y otros, derivan de Horacio y el conocidísimo motivo del utile et dulci. Pero hay que examinar de cerca este motivo didáctico, porque, si El Lazarillo tiene un mensaje didáctico, ¿cuál es este mensaje? La naturaleza de la obra pide aclaraciones porque se ha visto una enseñanza moral en la figura de Lázaro como niño abandonado, aguadero, pregonero... Si hiciéramos una lista de todo lo que se podría aprender del Lazarillo, nos quedaríamos con unas lecciones que no iluminan los contornos artísticos de la obra: nunca se debe ir de guía de un ciego, no se debe servir a un clérigo avaro, no debemos dejar que la propia mujer se amancebe con un cura, etc. Hay que comparar El Lazarillo con La Celestina para comprender bien que el proceso de encontrar elementos didáctico-morales nos llevaría lejos de la esencia del libro. El Lazarillo evita soluciones fáciles de tipo didáctico porque el autor quiere que la novela exista en una relación abierta e inmediata con su lector. Este lector, pieza imprescindible, es el testigo ante quien el autor va a exponer sus ironías, equívocos y juegos de realidad. El Lazarillo igual que La Celestina, se escribió con el fin de dar una impresión afectiva de la vida mediante una obra de arte literario; de la tarea de la vida mediante las fortunas y adversidades de este personaje. Experimentamos con él sus varios desastres personales, momentos trágicos, pequeñas victorias y grandes desilusiones. Si el autor hubiera querido enseñarnos algo, habría podido utilizar otra forma literaria para juzgar de los varios elementos intrínsecos de su obra, el drama, el tratado moral o religioso o el diálogo. Pero por más próximos que estos géneros literarios estén del Lazarillo, prefiere una forma que sobrepase los límites afectivo-literarios de estos géneros. En el proceso logra crear algo que no existe en su época, aunque los críticos no han vacilado en aplicar a nuestra obra la etiqueta de "novela".
Como La Celestina, el Lazarillo de Tormes es una obra híbrida, poco convencional, casi revolucionaria, que se desgarra de formas previas y coetáneas. El autor siente la necesidad de tener mayor contacto con su lector y de causar un gran impacto en él, y gracias a la forma autobiográfica, consigue este efecto. Lo que El Lazarillo hace en su afán de buscar lo nuevo y lo más fresco es crear una ventanilla a la escena de la vida, asomo que incluye una predisposición anti-heroica. Pero puesto que el anti-heroísmo de la obra está vinculado a una visión íntima y negativa, el autor tuvo que crearse una obra de estructuración polifacética y no unilateral como los tratados morales, los libros de sermones, o un teatro sofisticado sólo en su teoría dramatúrgica pero no en sus efectos vitales. En un primer nivel, la obra satisfaría solamente a un lector que buscara pasar un rato agradable (y de ahí el aprecio del Lazarillo como obra cómica); pero para los "ahondaren", como sugiere el autor, la experiencia literaria es otra.

Así, se puede estudiar la obra por otros senderos: el ético, el moral y el religioso. Ético en el sentido de que la simbología clara de los personajes y sus acciones llega a tener signos inconfundibles: la crueldad del ciego, la avaricia del clérigo, la fatuidad del escudero, la posible pederastia del Fraile de la Merced, la corrupción del Arcipreste, la falta de caridad en los sacerdotes, la indignidad de ofrecer a la propia mujer por un poco de comida... El mensaje moral del Lazarillo está orientado, como dijo Del Monte, hacia una ética social.
Lo que más llama la atención en la obra es la polémica erasmista y religiosa. Por un lado, Morel Fatio y otros estudiosos aseguran que El Lazarillo es un libro producto de las ideas de Erasmo en la península española. Y por otro lado, críticos como Bataillon consideran que la obra no fue concebida por una cabeza erasmista, ya que los clérigos que aparecen no ejemplifican una falta de fe, sino una falta de comportamiento social; por tanto, El Lazarillo muestra, a lo sumo, una forma de anticlericalismo tradicional. No obstante, sí es verdad que el erasmismo creó el ambiente favorable para que una obra como El Lazarillo se escribiera, sin que la obra misma fuera erasmista.
Márquez Villanueva y Ricapito estudian este problema con detenimiento, y llegan a la conclusión de que la obra era, en efecto, una obra concebida por una cabeza erasmista. La perspectiva hacia la vida que tiene Erasmo pertenece a una negativización de valores. Erasmo ve la vida como una lucha, una batalla, efímera, llena de desgracias y dificultades.
Esto es lo que define la vida de Lázaro como llena de adversidades. Su epopeya tiene lugar dentro de las coordenadas de un perspectivismo negativizante. No deja de recordarnos las varias locuras del mundo, de los hombres, de los que arriesgan la vida, los militares y soldados, como aquél del prólogo que busca el honor jugándose la vida. Erasmo subraya reiteradamente la insuficiencia de ritos, reliquias, la contabilidad de las misas, bulas papales, formas de superchería en la creencia popular. Frente a los aspectos negativos de los curas, Erasmo sugiere otros valores, la caridad, la amistad, piedad por los afligidos, precisamente lo que Lázaro ofrece al escudero. Erasmo ruega que el hombre se dé cuenta de la capacidad del pecado y del vicio de disfrazarse en forma de virtud. Elogia a los verdaderos pobres y desprecia a los cortesanos. Desprecia la necedad del linaje a expensas del verdadero honor, la falsa nobleza frente a la nobleza del alma y el espíritu. Erasmo ataca la ambición a costa de la integridad personal; ataca a los lisonjeros, a los avaros; ataca la avaricia, la arrogancia; subraya la importancia del matrimonio como un hecho sagrado.


Es verdad que falta en El Lazarillo la lección netamente espiritual, pero no por eso deja el autor de recurrir a los temas que aparecen en la obra de Erasmo, ni por eso deja la obra de ser erasmista. En Enquiridión, Erasmo ofrece muchos ejemplos y comentarios que tienen su ejemplo en los personajes, acciones y símbolos del Lazarillo, lo cual representa un avance artístico sobre los límites de otras formas literarias.
La otra gran obra de Erasmo, el Elogio de la locura, empieza con la perspectiva negativa, denigrante de los hombres y todas las acciones humanas. El punto de partida de Erasmo en esta obra es la estulticia. Hablando en primera persona, la estulticia hace una revisión de casi todos los estados y acciones humanas, poniéndolos todos debajo de la lupa y concluye viendo a unos clérigos ambiciosos, otros ignorantes, algunos que no saben siquiera ni leer, filósofos, teólogos, príncipes, cortesanos; en fin, toda la gama de la vida espiritual y social. No se le escapa ningún adulador ni ambicioso, ni milagrero, ni supersticioso. Ataca de manera irónica y sarcástica el afán por los títulos de nobleza, los que anhelan la honra escribiendo libros, los poderosos fuera de casa y los deseosos del poder en ella, los teólogos con su deseo de ser saludados debidamente. De especial interés son los cortesanos, necios en extremo, inclinados a la expresión insincera de saludos y usos de títulos, la propensión a la adulación. Los casados son examinados por la estulticia, y encontramos varias alusiones a matrimonios que recuerdan la situación de Lázaro y su mujer, no porque traten del adulterio y consentimiento, sino porque la actitud que informa la situación de Lázaro y las que Erasmo cita son iguales dentro de la perspectiva de estupidez maliciosa y no inocente.
Estos temas y su tratamiento a veces burlesco, a veces serio, a veces dentro de un estilo ambiguo, confirman la hipótesis de Ricapito de que el autor de El Lazarillo fue un pensador asociado con los ideales de Erasmo, y que su creación refleja y trata, dentro de una nueva forma y creación literaria, las grandes preocupaciones erasmistas de la época, y fue una tentativa de ocuparse de manifestaciones religiosas, ideológicas, políticas y sociales. Pero no lo hace imitando el estilo o el género de Erasmo, sino que presenta una nueva configuración literaria.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El Lazarillo de Tormes y la historia

Se ha tratado de estudiar el Lazarillo a través de una perspectiva histórica, pero no se trata ésta de una tarea fácil de resolver. Es tanto una simpleza hablar de que es un documento histócio con un trasfondo social, como lo es hablar del Lazarillo solamente desde una perspectiva artística. De hecho, toda literatura parte de un contexto o problema social, y cuando decimos social, tenemos que incluir el concepto de cultura general. Pero, ¿qué es lo que hay en el Lazarillo que tanto llama la atención sobre los elementos históricos y sociales?
En primer plano, está el mundo de la mendicidad. El tan mentado "hubo más mendigos en España que en los otros países europeos", y de ahí el nacimiento de la picaresca en España, es un absurdo total. Igualmente, la pluralidad de miembros del clero en la obra no corresponde con la observación de que "en España había más clérigos que artesanos". De hecho, el autor se ocupa del ciego como prototipo universal de la avaricia, malicia, falsedad y crueldad, cualidades todas que encajan tan mal en quien está continuamente orando y pidiendo en nombre de Dios. Y la presencia de clérigos en la obra se relaciona con la literatura de protesta religiosa del erasmismo. Cada religioso personifica un vicio inaceptable en los servidores de Cristo.

El escudero es considerado como ejemplo de la nobleza transplantada o del grupo de segundones en la vida española, y otros ejemplos semejantes. En la obra, el escudero es el personaje que se acerca a un problema histórico-social, tangible más que cualquier otro personaje del libro. Es la configuración de una actitud religioso-social: el tema de la honra. El escudero es el prototipo de quien sufriría todo por la honra; más por su honra que por Dios mismo. Este personaje encarna una actitud que desconoce los ideales religiosos, y de ahí sus actitudes inaceptables. Y el autor, por otro lado, españoliza a este personaje, de manera que forma a un tipo reconocible histórica y socialmente.
Hay otros atisbos de una realidad social, como el movimiento de la madre de Lázaro desde el pueblo a la ciudad. Este elemento demográfico es perfectamente identificable en el siglo XVI, y en parte debido a eso Lázaro llega a ser un ejemplo de desagarrado social.
El Arcipreste del capítulo séptimo sobrepasa a cualquier modelo boccaccesco del cura lascivo. Hay una tremenda constancia en la literatura coetánea al Lazarillo de curas amancebados. Esta literatura echa mano a lo que está más cerca, como es este problema de los curas concubinarios, de uno de los cuales es víctima voluntaria y consentidora Lázaro.
Según el crítico italiano Del Monte, Lázaro es un símbolo de España: Lázaro es España, y su nacimiento, infancia, adolescencia y madurez son simbólicos de un hombre que pertenece a un orden social plagado de problemas, víctima de descuidos y desórdenes económicos, consecuencia de guerras y luchas por el poder.  La referencia al emperador al final del libro, apunta a que la gloria es efímera: los triunfos militares no oscurecen el hecho de que hay varios estratos de la sociedad española que no sólo no comparten ese mundo fausto sino que sufren como consecuencia de su condición social. La política española y las repercusiones que conlleva en el plano económico, no significan mejoramiento alguno para Lázaro. Lo único que le queda a Lázaro es comprometerse para sobrevivir. El Lazarillo ofrece inconfundiblemente una perspectiva envuelta en una fina ironía a aquéllos que han puesto a España en un camino socio-económico y religioso hacia abajo, y Lázaro es el vehículo que cuaja los hilos temáticos de este punto de vista.
El Lazarillo enfoca con toda verosimilitud a una determinada sociedad. Luego, el autor manipula sus elementos para hacer resaltar la tesis social de que el país que se considera por encima de los demás países cristianos, con sus guerras, política y malmanejo de bienes, ha creado un desastre.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El autor del Lazarillo de Tormes

Ya en 1607, se menciona el nombre de Diego Hurtado de Mendoza como autor del libro. Unos años después, se hizo una atribución a Juan de Ortega. En torno a 1943, González Palencia publica un ensayo en el que hace una lista de todas las objeciones presentadas contra Hurtado como autor de El Lazarillo, e intenta discutirlas: considera que una persona tan aristocrática, embajador de España en Italia, gobernador de Siena..., no podía conocer las adversidades de la gente común lo bastante para escribir una obra como el Lazarillo de Tormes; que la novela pinta la vida en sus aspectos y dimensiones amargas, improbable si no imposible en quien había escrito la obra en su juventud; que una persona respetable como Hurtado no podía escribir una obra tan liviana. Por otro lado, tampoco se sustenta tal autoría por el resto de la obra poética de Hurtado. Comparar El Lazarillo con el estilo del resto de su obra, es encontrarse con dos mundos distintos.
A pesar de los esfuerzos de González Palencia, todavía a día de hoy parece más que considerable la autoría de Diego de Hurtado, y así lo vuelve a considerar la prestigiosa paleógrafa Mercedes Agulló y Cobo en un estudio de 2010.
Otra atribución seria es la de Sebastián de Horozco, propuesta por estudiosos como Cejador, Guillet y Márquez Villanueva. Efectivamente, existe un paralelismo entre El Lazarillo y el Cancionero de Horozco, pero las posturas en contra consideran que aunque ambas obras comparten muchos elementos, personajes, temas, lugares comunes, etc., tienen un estilo y un espíritu totalmente distintos.
Originalmente presentada por Fray José de Sigüenza, la atribución a Juan de Ortega, casi olvidada por mucho tiempo, aparece de nuevo de la mano de Bataillon, en un estudio de 1958. La consideración de esta hipótesis se basa en que un borrador escrito por la mano de Ortega fue encontrado en su celda. Como es fácil de comprender, se trata de una posibilidad, pero carece de sustento y debemos descartarla.
Morel-Fatio cree que el autor del Lazarillo se debía encontrar entre los pensadores y escritores del círculo de los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, humanistas y erasmistas. En un estudio de 1959, Asensio sigue esta pista y cree que el autor probable es Juan de Valdés: analiza semejanzas entre el Diálogo de la lengua y El Lazarillo, y reconoce en Valdés muchas preocupaciones que también el libro esboza; hasta en el lenguaje parece encontrar semejanzas.


El Lazarillo de Tormes, visto por Francisco de Goya
Sin embargo, a Valdés le falta el aspecto tajante, mordaz, la ambigüedad y la ironía que ostenta el Lazarillo.
Aunque, eso sí, bien pudiera ser que el autor se encuentre en el círculo de los Valdés.
Para el profesor Castro, según sus estudios de 1957, el autor sería alguien que vivía fuera de las áreas normales y centrales de la vida española, o sea, un judío o converso. Este punto de vista ha llegado a convencer a múltiples hispanistas, especialistas en literatura. Para Castro, un análisis del Lazarillo revela su sentido angustiado de la vida, la vida con toda su problemática social y religiosa. El personaje del escudero es la encarnación, según Castro, del deseo de nobleza, un anhelo que él asocia con aspectos del problema social de conversos y cristianos nuevos en los siglos XVI y XVII en España. Y esta intención de resaltar el problema social y religioso, queda reforzada con el juego literario de la forma autobiográfica y el anonimato deliberado.
Lo único seguro es que, al carecer de datos concretos y fiables, los argumentos que encontremos para atribuir a unos u otros la autoría del libro, siempre serán temporales, y difícilmente se logrará convencer a todos por siempre jamás.
Pero otros estudios realizados con mayor profundidad (Ricapito, 1971; Navarro Durán, 2003), han puesto de nuevo el punto de mira en los hermanos Valdés, concretamente en Alfonso.
Alfonso de Valdés
(1490 - 1532)
Alfonso de Valdés, natural de Cuenca, hijo del regidor Fernando de Valdés, llegará a ocupar un puesto importante en la corte del emperador Carlos V. Está pues en el seno de la más furiosa actividad política del momento, y una de las cuestiones más vivas y más discutidas es la de Erasmo, cuestión en que Alfonso tomará un papel decisivo a favor del filósofo holandés. En 1526, Alfonso llegó a ser secretario de Carlos V y en este cargo pudo estar al tanto de todo lo que pasaba en la Corte de Francia, de Inglaterra, con los Papas, nuncios y cardenales. Por el año 1527, Alfonso se encuentra en plena asociación con el roterdamés. Sus actividades en este aspecto no le granjean el favor de quienes ven en Erasmo un enemigo de la iglesia y de la religión cristiana. Esto le crea a Alfonso numerosos enemigos a pesar de que se encuentra en la corte tan cerca del emperador. En 1529, el emperador sale de España y con él Alfonso, recorriendo Italia, Alemania y los Países Bajos. En 1532, muere en Viena víctima de la plaga. Mientras tanto, su hermano Juan es también objeto de censuras severas, y se ve obligado a dejar España por Italia, donde termina sus días.
¿Qué es lo que nos induce a centrarnos sobre Alfonso de Valdés? Inmediatamente, el estilo y la tonalidad crítica que permea toda su obra. En la primera parte de Diálogo de Mercurio y Carón, encontramos una semejanza notable con El Lazarillo: la misma malicia, sátira e ironía. El Lazarillo y el Mercurio son el dibujo de personajes viciosos, los amos de aquél y las ánimas de éste. Acaso el personaje del Lazarillo que está más cerca de la elaboración valdesiana sea el escudero en quien el autor ha puesto sus mejores y mayores talentos. Encontramos en el Lazarillo y el Mercurio el mismo giro estilístico en que se conoce a los personajes por sus mismas palabras, sus vicios, hipocresía y necedad. Una lectura del Lazarillo seguida por la del Mercurio, sobre todo en la primera parte, puede dar la impresión de estar cerca de un espíritu afín y de intenciones semejantes. En el Mercurio los problemas religiosos e históricos parecen resonar con mayor amplitud y desarrollo, y en el Lazarillo se tratan de una manera más esquemática y tangencial, aunque, eso sí, en el Lazarillo hay mayor libertad artística.
Estas diferencias no deben tenerse por rasgos que excluyan una autoría común. Un escritor puede tener varios estilos para varias obras, y estas pueden mostrar una trayectoria cambiante de una obra a otra. Sería posible incluso trazar una trayectoria de las composiciones de Valdés: el Lazarillo podría ser la primera obra que compone, donde la religión no es todavía un tema predominante, seguida de Las cosas ocurridas en Roma y el Mercurio. La trayectoria es ascendiente desde lo más prosaico, en tema y elaboración, a lo más formal y espiritual.
Una posible objeción que se hará a la tesis de Alfonso como autor del Lazarillo es la improbabilidad de una disidencia política en quien es el secretario de Carlos V. Su cercanía con el emperador no le dará ninguna seguridad ni garantía, de hecho en 1532, Valdés ya está señalado por la Inquisición y por los enemigos de los erasmistas, y su muerte en Viena le ahora lo que la vuelta a España le hubiera supuesto.
¿Viviría Valdés una doble vida? Para sobrevivir en la Corte, ¿tiene Alfonso que hacer precisamente lo que censura y critica en sus obras? Es bien posible.
Otro aspecto relevante en la vida de Valdés es la ascendencia judaica de su familia del lado materno, es decir, la sombra de duda que le persigue en cuando a la limpieza de sangre. Esto le obliga a vivir debajo de un código social basado en la falsa honra hueca del linaje, y no en el verdadero honor y virtud cristianos.
Alfonso de Valdés posee cualidades suficientes para haber creado El Lazarillo: conciencia política, social y religiosa; las dotes necesarias para crear una literatura crítica; capacidad para la sátira y la caricatura; la mordacidad y el giro malicioso propio de Erasmo. Si el autor del Lazarillo no fue este conquense ilustre, tendrá que ser alguien muy semejante a él y alguien que pertenecía a los mismo círculos intelectuales.

jueves, 18 de octubre de 2012

La forma autobiográfica de El Lazarillo

Erasmo de Rotterdam (1466-1536)
Humanista, rechazó la falta de libertad
de pensamiento, debido a la autoridad
de una Iglesia Católica anclada en la Edad Media.
El aspecto formal sobresaliente del Lazarillo es su forma autobiográfica. El poder de la voz única, singular e íntima del narrador es el aspecto más inmediato y atractivo de la obra. Américo Castro y Marcel Bataillon subrayan que mediante este "yo", el narrador, quien es a la vez el protagonista, se interpone en la conciencia del lector. Este elemento autobiográfico-anónimo no es, dicen, un mero accidente. Gilman estudia aspectos de la auto-muerte del personaje en el prólogo y a lo largo de la obra. Tanto para Castro y Bataillon, como para Gilman, la ausencia de un nombre autorial asociado a la esencia misma de la obra aumenta el misterio de la curiosa odisea del personaje. Aunque hay obras igualmente conflictivas que no fueron censuradas, el Lazarillo puede ofrecerse como un caso formidable de un anonimato deliberado si el autor corría riesgos serios de otro tipo. Es muy posible que el autor no pudiera o no quisiera poner su nombre a la obra porque le habría perjudicado en la posición que ocupaba, o, sencillamente, porque en cierto momento la Inquisición, que en el año 1559 encuentra ofensivas varias partes de la obra, hubiera reaccionado contra el autor. Es muy posible también que los años en que la polémica erasmista se endurece sea el momento menos propicio para llamar la atención de los enemigos sobre un libro empapado del pensamiento del roterdamés. El Lazarillo se escribe en un ambiente de rechazo hacia la corona, hacia la nobleza, y en fin, hacia toda una sociedad auto-declarada por excelencia cristiana. Éste es un libro pues peligroso. Es posible también que el manuscrito o manuscritos de que derivan las tres ediciones conocidas se publiquen cuando el autor estuviera ya muerto.
Todas estas consideraciones prácticas no son ajenas ni a la esencia del libro ni al ambiente cultural y social en que se compone. Al fin y al cabo, son justificables artísticamente las observaciones de Castro, Bataillon y Gilman sobre el anonimato deliberado puesto que tenemos aquí un libro riquísimo en aspectos artísticos, un libro verdaderamente revolucionario en su tiempo y revolucionario en su concepción. No queremos descartar algunas interpretaciones artísticas en la presencia de posibilidades prácticas, puesto que el arte por su esencia se nutre de la imaginación y de la invención.
Sobre la forma autobiográfica hay más que decir. Hubo otras obras contemporáneas del Lazarillo y anteriores a ella que utilizaron la forma autobiográfica, pero en el caso del Lazarillo esta forma autobiográfica está dotada de una gran originalidad donde el lenguaje se adapta a este recurso. Ortega y Gasset, en un ensayo sobre el género picaresco, notó la unicidad de esta forma autobiográfica que se identifica con un ser que contempla la vida desde abajo arriba con ojos de rencor. Perspectiva alterada, coloreada por los deseos, anhelos, frustraciones y fracasos de quien mira. Y esta perspectiva en el Lazarillo, por razones religiosas, sociales, económicas, será a ras de tierra, ligada a un sentido de la vida ínfima y anti-heroica.
Francisco Ayala ha subrayado que, técnicamente, el gran hallazgo de esta forma autobiográfica es el énfasis cambiado de la narración objetiva a la narración subjetiva. Lo importante no es lo que pasa, sino a quien todo esto pasa.


Otra observación que cabe hacer sobre este aspecto singular de la obra es lo que han llamado Martín de Riquer y Claudio Guillén, la "pseudo-biografía", ya que la historia de este "yo" narrador-personaje, sería una historia no deseable, una vida con la que nadie quisiera identificarse.
Marasso asocia la forma autobiográfica con fines cómicos, identificando la novela con la autobiografía cómica. El efecto último de este procedimiento es crear la impresión de una vida verdaderamente vivida. De Haan, impresionado por el éxito de este recurso en manos del autor, termina comentando que el Lazarillo es la biografía verdadera de un pregonero en las cercanías de Toledo por el año 1538. Tal es el efecto convincente de este recurso primordial y fundamental de la obra.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Aparición del género picaresco

Es tiempo perdido tratar de señalar una obra o un elemento particular como origen o generador del Lazarillo como personaje o del género literario de la novela picaresca. El personaje del pícaro en la forma de Lazarillo de Tormes nos viene a través de obras literarias, géneros literarios varios, movimientos religiosos o acontecimientos sociales. El pícaro no brota de una fuente única, sino que se trataría más bien de la culminación de varias corrientes.
La publicación de las tres ediciones del Lazarillo  en 1554, o cualquiera de las fechas sugeridas para su composición, es el punto de arranque de una investigación para descubrir sus orígenes. Debemos retroceder en el tiempo para encontrarnos con tipos afines a nuestro Lazarillo y con temas y motivos parecidos. En obras clásicas como el Satiricón de Petronio (siglo I d.C.) y El asno de oro de Lucio Apuleyo (siglo II d.C.) vemos ciertas características identificables con nuestro antihéroe lazarillesco: la forma autobiográfica, el motivo de la juventud, el movimiento de un lugar a otro y la observación de la sociedad. La Odisea, con su personaje desafortunado, obligado a una continua peregrinación, ha sido señalado también como fuente posible, como también la obra de Plauto y Terencio con sus esclavos y criados, con su idioma realista, con lo descarado de algunas escenas, personajes y motivos, todo lo cual va a repetirse en la comedia y drama humanísticos del Renacimiento. Estilísticamente, podemos volver a Horacio y Cicerón, a Séneca y Marcial por motivos filosóficos y satíricos.
La aplicación del término "novela" al Lazarillo es anacrónica. Cuando se escribe el Lazarillo los límites y distinciones entre los géneros no son tan precisos ni marcados como los son hoy en día.
Puesto que el nacimiento o el arranque del género aparece en España, sería oportuno estudiar algunos aspectos de la historia literaria española. En el Libro del buen amor, tenemos una forma autobiográfica de un pecador que intenta justificar sus pecados. Por otro lado, en El Conde Lucanor, don Juan Manuel aprovecha la ocasión de presentar dentro de sus propósitos didáctico-morales varios tipos avispados y mañosos que dan un esbozo informal al pícaro de los siglos XVI y XVII. Don Juan Manuel los llama "golfos", aunque en verdad su carácter se basa en la astucia y la viveza.
También se ha mostrado una gran deuda del Lazarillo a la Celestina. Esta deuda tiene que ver con la presentación de tipos de las capas sociales ínfimas, el deseo de justicia social, la muerte absurda de Calisto... Estos elementos son semejantes a la visión hastiada de la vida, llena de adversidades y zozobras del Lazarillo.
Amadís de Gaula, edición de 1508
El Lazarillo nace también en oposición al esquema noble, heroico del Amadís de Gaula. El título mismo sugerirá al autor el nombre de su propio personaje. Frente a Amadís de Gaula, proto-héroe, habrá Lazarillo de Tormes, prototipo del anti-héroe, anti-noble y sin duda anti-caballero. El Amadís sirvió sin duda de espolón negativo al Lazarillo.
Otra consideración importante que debemos hacer es la que plantean Foulché y Bataillon, quienes quieren ver en la personalidad del Lazarillo la existencia de un tipo común, un "mozo de muchos amos" o "mozo de ciego", probablemente una figura tradicional. Además, se ha tratado de identificar episodios particulares de la obra con conocidos elementos folklóricos: la cornada del toro de piedra, el episodio del jarro donde se bebe con una paja, el "banquete" de uvas, el desfile funerario y otros episodios. Fernán Caballero identificó el episodio del poste con un cuento popular andaluz. Macaya Lahmann ofrece una lista de cuentos semejantes a los del Lazarillo en el folklore europeo para mostrar la divulgación de estos mismos. Sin embargo, no hay ninguna constancia de que todos esos episodios sean anteriores al Lazarillo. De todos modos, el profesor Lázaro Carreter señala que el Lazarillo sobrepasa la deuda folklórica en favor de otros fines artísticos, y de ahí su gran novedad. Es muy posible que lleguemos a encontrar cuentos populares para todos los episodios del libro, pero lo obvio en el Lazarillo será la conversión de tales materiales en sustancia literaria.


Giovanni Boccaccio
Es mucho más probable que los episodios cómicos del Lazarillo remitan a la tradición italiana de las novelle, sobre todo el Decamerón de Giovanni Boccaccio (1313-1375) y el Novellino de Masuccio Salernitano (1410-1475). Hay una clara relación entre la novella IV de Masuccio y el capítulo V del Lazarillo, pero el autor español sintió la necesidad de nacionalizarlo, de hispanizarlo, poniéndolo dentro de la polémica histórica y social del siglo XVI español. Igualmente, la deuda con el Decamerón es innegable: las aventuras o desventuras de Lazarillo recuerdan a las de Andreuccio del libro de Boccaccio.
Así, la literatura italiana puede verse como un modelo posible, y aquí el autor del Lazarillo revisa y modifica algunas grandes obras del renacimiento italiano.
Siguiendo a Américo Castro, un tema presente en el Lazarillo es el elemento judaico-converso de la sociedad española. De este modo, Castro subraya el tono osado y agresivo, visible en el prólogo y en las consecuencias y éxitos de la vida de Lázaro. El sentido de la obra, visible en varios personajes, la crítica social del código de la honra y la crítica de la Iglesia con los sacerdotes en primer plano, podrían sostener esta interpretación de Castro.
Visto lo visto, el Lazarillo no nace sin predecesores literarios. Pero su intención no es sólo hacer reír, no sólo tiene un carácter cómico y cínico. Supera esas intenciones, revistiéndolas de carácter social y religioso, con ironía y sarcasmo, con un punto de vista crítico, y con claras pretensiones literarias.

sábado, 6 de octubre de 2012

Fecha de composición del Lazarillo de Tormes

La fecha de composición del Lazarillo de Tormes es otro de los problemas que ha preocupado no poco a los estudiosos. La alusión a las Cortes que aparece al final del libro ha servido a los críticos de punto de investigación. La historia recoge dos Cortes de Carlos V en Toledo, 1525 y 1538-1539. Entre los que favorecen la fecha de 1538 están Bataillon, Lázaro Carreter, Rico y otros. Al otro lado están numerosos críticos que subrayan la fecha de 1525 como la de las Cortes, entre ellos Asensio, Cavaliere y Del Monte.
Asensio, quien ha presentado el caso más convincente al respecto, cree que solamente en 1525 podía considerarse al Emperador "victorioso", como se le describe en el libro. Cree que los años 1538-1539 no podían representar un triunfo para nadie. El año 1539 se recuerda por el hambre y la pestilencia, la muerte en el parto de la criatura de la reina, y la reina misma. Asensio añade que la fecha de 1525 concuerda perfectamente con el reflejo en el libro de una situación social, religiosa e ideológica común a Toledo y Escalona en este tiempo. Podríamos añadir que en 1538, las grandes polémicas acerca del erasmismo se atenúan y las persecuciones, conseguido ya casi su objeto, pierden empuje. Si el libro pertenece a la polémica erasmista, como creemos, sería mucho más probable una fecha más temprana que la de 1538. Otro argumento que se levanta contra la fecha 1538-1539 es que el libro no refleja ninguna preocupación por el Nuevo Mundo, como lo ha notado Cisneros.
Del Monte y Cavalieri creen que la estructura temporal interna favorecería naturalmente 1525 si se acepta el que la batalla de Gelves, a que se hace alusión, tuviera lugar en 1510. Esto haría de Lázaro al final del libro un hombre de veintitrés años, una edad plausible en términos de la novela. En cambio, si Gelves es de 1510 y las Cortes de 1538, esto haría de Lázaro un hombre de treinta y seis años, más o menos, lo cual es poco admisible. Mientras que si Gelves fuera de 1520 y las Cortes de 1538, la edad de Lázaro sería de unos veintiséis años, todavía en una edad aceptable para la novela. La gran dificultad es decidir si la batalla de Gelves ocurrió en 1510 ó 1520. Las posibilidades más lógicas de las fechas para la esencia de la obra, serían 1510 para Gelves y 1525 para las Cortes, por lo que Asensio concluye que la fecha de composición más probable es 1525 o poco después.
Bataillon, en una opinión reciente, supone que el libro refleja el período 1540-1550. Castro y Márquez Villanueva pensaron que los años de alrededor de 1550 serían una posible fecha de composición, y Rico supone que la publicación del libro no podría ser muy posterior a su fecha de composición.
Contestando a la afirmación de Bataillon, consideramos que no es necesario situar el ambiente social del libro en fecha tan tardía: algunos problemas sociales que se ven reflejados en el libro se remontan, como lo ha hecho ver Morreale, a los años 1512, 1518 y 1520. La alusión en la obra a "los cuidados del rey de Francia" se refiere al desastre de Francisco I en Pavía. La batalla de Pavía y la prisión del rey subrayan una situación coherentemente histórica alrededor del año 1525, y no de fechas que llegan hasta el año de su publicación en 1554. El libro mantiene en su narración un tono de frescura e inmediatez que parece deberse a una composición en contacto con el tiempo que narra. Parece anacrónica la fecha de 1553 ó 1554 sobre unos acontecimientos que tienen lugar entre 1512 y 1525.
Pero la preferencia por una fecha de composición temprana crea ciertos problemas para los estudiosos. Si la obra se compuso en 1525, ¿por qué se esperan unos veintinueve años para su publicación? ¿Qué pasó con el manuscrito o la edición de este libro en el espacio de veintinueve años? Con toda probabilidad el manuscrito circuló por unos años creando así la posibilidad de cambios y alteraciones en el manuscrito. La afirmación de Cavalieri de que hubo ediciones tempranas del Lazarillo sería desmentida por la de Márquez Villanueva quien cree que el Lazarillo no podía circular o existir por tanto tiempo sin alguna resonancia. ¿Puede ser que circulara clandestinamente, y que se publicara después de la muerte de su autor? Tendría así sentido la frase en la edición de Alcalá: "Nuevamente impresa, corregida, y de nuevo añadida...".
Hay otro problema a considerar, y es la presencia de varios italianismos en las ediciones. ¿Cómo explicarnos este fenómeno? ¿Un italiano en España, un impresor italiano trabajando en las prensas españolas, o un manuscrito que llega a Italia? La presencia de los italianismos podría explicar también la fecha de publicación de la obra. Si el Lazarillo se compuso, como creemos, en 1525 o por aquellos años, aun si se compuso entre 1538-1539, el espacio de años entre la fecha de composición y la publicación es suficiente para la creación de varios manuscritos que llegan al extranjero. Un manuscrito corregido por un italiano, que por alguna razón no llegó a publicarse en Italia -Venecia y Roma eran lugares con una actividad bibliográfica muy fuerte en ese tiempo-, volvería a España y de ésta u otros afines, se hacen las ediciones españolas.
Para el lector moderno, el problema de la fecha de composición o las de las Cortes y Gelves no debe presentar problemas. La obra se lee orgánicamente, y los misterios de ediciones y composiciones no interfieren en una comprensión de la obra. Pero podemos hacer una precisión: a pesar de que no se conoce el manuscrito o una edición inicial de la que brotan las tres conocidas de Alcalá, Burgos y Amberes, el texto que tenemos debe ser bastante fiel a la concepción original del personaje y de sus peripecias. El descubrimiento de un manuscrito no daría un Lazarillo diferente.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Las ediciones del Lazarillo de Tormes

 Edición de Amberes de 1554 
El Lazarillo de Tormes se publica en 1554 en Alcalá de Henares, Burgos y Amberes. Según Viardot, había una edición de 1538, aunque no existe prueba de tal edición. Bonilla habló de una edición publicada en 1550 fuera de España, mientras Brunet habla de una de 1553 publicada en Amberes, una edición que nadie vio jamás. Rumeau, quien estudió estos problemas con detenimiento y escrupulosidad, niega que haya habido jamás la edición de la que habló Viardot y de una edición anterior a la fecha que conocemos. Aunque el razonamiento de Rumeau parece ser convincente, no resuelve del todo el problema de las ediciones. Básicamente, la controversia sobre las ediciones se enfoca desde tres estudios críticos: los de Morel Fatio, Foulché Delbosc y Cavaliere.
Morel Fatio cree que la edición de Burgos es la editio princeps y la edición flamenca es una imitación del mismo año. La edición de Alcalá, que contiene las intercalaciones, reproduce la edición de Burgos. Según él, estas ediciones aparecieron en el mismo año en el siguiente orden: Burgos, Amberes, Alcalá.
A pesar de este aserto, Foulché Delbosc creyó encontrar otra clave al misterio. Profundizando en el hecho de que la edición de Alcalá lleva la fecha de 26 de febrero de 1554, Foulché razona que en aquel entonces cincuenta y seis días no habría sido bastante tiempo para transportar la edición desde Burgos a Alcalá y luego imprimir el libro. Cree más lógico que las tres ediciones remiten a una anterior, y que las tres son independientes. Para Foulché, las ediciones aparecieron en la forma siguiente: Alcalá, Burgos, Amberes.
Cavalieri propone otra hipótesis: hubo probablemente una edición anterior a las tres conocidas; la edición de Burgos refleja la original con más fidelidad, la de Alcalá es diferente a la de Burgos, y la de Amberes contiene formas de ambas, pero rechaza las intercalaciones, y se encuentra pues más cerca de la de Burgos que de la de Alcalá.
Por otro lado, tres críticos españoles se han dedicado a aclarar este enigma. Rico cree que el enorme éxito de las fortunas de Lázaro hace pensar en una primera estampación no muy anterior a 1554. José Caso González piensa que los tres textos de 1554 son independientes entre sí: Alcalá procede de una primera edición, pero la corrige a la vista de un manuscrito independiente de todos los demás textos, al igual que Burgos procederá de un manuscrito y no de una edición. Caso piensa que Alcalá y Amberes proceden de un arquetipo común. Así, llega a la conclusión de que "es probable que no haya habido una sola edición de la que se derivan las demás, sino varias ediciones derivadas de manuscritos distintos". Blecua cree que el Lazarillo debió ser impreso por primera vez en 1552 ó 1553, y que fueron posiblemente dos ediciones perdidas, y no manuscritos: una edición de la que deriva la de Burgos, y otra más de la que derivan Alcalá y Amberes.
El minucioso trabajo realizado por todos estos investigadores nos lleva a establecer que se trata de un problema de muy difícil solución. Es muy posible que efectivamente hayan existido otras ediciones que no nos han llegado por varias razones. Lo que parece improbable es que fueran muchas. El Lazarillo fue una obra que tuvo una resonancia clara e inmediata, lo cual nos obliga a pensar en la tradición de manuscritos que circulaban de donde se podían hacer ediciones independientes, y que efectivamente se perdieran algunas. Y desde luego, a excepción de las partes intercaladas de Alcalá, las ediciones o manuscritos perdidos no serían textos muy diferentes a los que conocemos de 1554.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Poesía, de Fray Luis de León

Fue en el curso 1983-1984, en el llamado 3º de BUP, cuando estudiamos a Fray Luis. En estos últimos meses del verano de 2012, he andado revisando aquellos apuntes, he releído los poemas, siguiendo el estudio de Manuel Durán y Michael Atlee para esta edición de Cátedra de 1983, e incluso he ampliado información buscando en internet análisis de otros profesores o estudiosos de la obra de Fray Luis.
Aparte del poema más conocido, "Vida retirada", he disfrutado con los estudios de "Oda a Francisco de Salinas", "Oda a Felipe Ruiz", y por último, "A don Pedro Portocarrero".
Para volver a disfrutar de estos estudios, revisamos las diferentes entradas con la etiqueta Fray Luis de León, incluidas en este blog.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Entre tonos de gris

El hombre que siempre daba cuerda a su reloj, la niña que siempre le hablaba a su muñequita, el niño que siempre cortaba leña en el bosque, el hombre que siempre repetía las palabras (como la misma autora, oye), la niña que siempre odiaba a los soviéticos ... el lector cansado de frases repetidas una y otra vez a lo largo de la historia.
Si este cuento-testimonio se plantea como lectura juvenil, me parece adecuado, pero el trasfondo histórico apenas aparece, no hay una descripción ni una explicación de los hechos, no tiene pues suficiente carácter pedagógico. Los personajes están aislados, y no logran explicarse por qué pasa lo que pasa, pero es que el lector tampoco.
Se trata pues más bien de un relato que te despierta en todo caso la curiosidad de conocer cómo se produce la invasión de Lituania (1941) por parte de los rusos, y la deportación de sus habitantes a las zonas más grises de Siberia, a campos de trabajo donde el éxito sólo consiste en sobrevivir, y lo normal es terminar muerto.
La autora, hija de refugiados lituanos en Estados Unidos, escribe esta novela dirigida a niños y jóvenes, pero ha tenido cierta trascendencia para otros públicos más adultos. A mi parecer, efectivamente lo correcto es que sea promocionada como una novela juvenil.

jueves, 30 de agosto de 2012

A don Pedro Portocarrero

    No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad, ni siempre atina
la envidia ponzoñosa,
y la fuerza sin ley que más se empina
al fin la frente inclina;
que quien se opone al cielo,
cuanto más alto sube, viene al suelo.
    Testigo es manifiesto
el parto de la Tierra mal osado,
que, cuando tuvo puesto
un monte encima de otro, y levantado,
al hondo derrocado,
sin esperanza gime
debajo su edificio que le oprime.
    Si ya la niebla fría
al rayo que amanece odiosa ofende
y contra el claro día
las alas escurísimas estiende,
no alcanza lo que emprende,
al fin y desparece,
y el sol puro en el cielo resplandece.
    No pudo ser vencida,
ni lo será jamás, ni la llaneza
ni la inocente vida
ni la fe sin error ni la pureza,
por más que la fiereza
del Tigre ciña un lado,
y el otro el Basilisco emponzoñado;
    por más que se conjuren
el odio y el poder y el falso engaño,
y ciegos de ira apuren
lo propio y lo diverso, ajeno, estraño,
jamás le harán daño;
antes, cual fino oro,
recobra del crisol nuevo tesoro.
    El ánimo constante,
armado de verdad, mil aceradas,
mil puntas de diamente
embota y enflaquece y, desplegadas
las fuerzas encerradas,
sobre el opuesto bando
con poderoso pie se ensalza hollando;
    y con cien voces suena
la Fama, que a la Sierpe, al Tigre fiero
vencidos los condena
a daño no jamás perecedero;
y, con vuelo ligero
veniendo, la Vitoria
corona al vencedor de gozo y gloria.



Fray Luis escribió este poema para celebrar su triunfo tras la salida de la cárcel y agradecer a su amigo don Pedro Portocarrero, obispo de Calahorra, el apoyo y la ayuda recibida a lo largo de todo su proceso inquisitorial. Se trata de estrofas de siete versos, endecasílabos y heptasílabos, con la estructura 7a 11B 7a 11B 7c 11C.
A lo largo de las siete estrofas, Fray Luis elabora un canto a la verdad, a la inocencia y a la libertad. La fecha de composición debe ser, por tanto, cercana a la época inmediata de su salida de la cárcel de Valladolid, entre diciembre de 1576 y enero de 1577.
La primera estrofa es totalmente moral y recoge el lema de Horacio de que el mal siempre tiene fin. Fray Luis le dice a Portocarrero que ni la maldad ni la envidia ni la fuerza sin ley salen victoriosas:

que quien se opone al cielo,
cuanto más alto sube, viene al suelo.

Fray Luis contrapone así nuevamente los conceptos de "cielo" y "suelo", significando respectivamente "verdad" y "mentira".
En la siguiente estrofa, versos 8 - 14, pasamos al ejemplo clásico, tomado de Virgilio, en el que los gigantes al luchar con los dioses amontonaron montañas con el fin de escalar al cielo, siendo finalmente heridos y vencidos por el rayo de Júpiter, quien los sepultó bajo los montes.
La tercera estrofa prosigue con la ejemplaridad y en ella Fray Luis poetiza la imagen de la niebla que como un ave extiende sus alas y oculta el sol. Pero al final "el sol puro en el cielo resplandece", es decir, la verdad (sol, cielo) triunfa sobre la mentira (la niebla).
Nuevamente en la cuarta estrofa toma Fray Luis un tono moralizante al elogiar la "llaneza", la "inocente vida", la "fe sin error" y la "pureza". Todos estos conceptos positivos se oponen a la negatividad de la fiereza conectada del simbolismo animal del Tigre (peligroso) y del Basilisco (animal mitológico de aspecto reptilíneo que mata con la simple mirada). Estos versos son el trasunto de la experiencia personal del poeta. Fray Luis encarna lo positivo y sus enemigos, los que lo encarcelaron, lo negativo.
La idea continúa en la siguiente estrofa en la que Fray Luis reafirma el poder de la verdad al tiempo que alude a los métodos inquisitoriales que él mismo había padecido. Fray Luis se enfrenta a esas fuerzas negativas de sus maldicientes para triunfar finalmente como el oro que recobra su valor y finura. Se trata pues de una idea constante en nuestro poeta: la persecución y el sufrimiento aumentan nuestra calidad humana, robustecen el alma, aumentan nuestro tesoro interior ("fino oro"), y nos ayudan a alcanzar la victoria y la gloria.
En la siguiente estrofa, la sexta, encontramos la verdad jubilosa que triunfa, de ahí que el poeta la personifique, y "con poderoso pie se ensalza hollando".
La estrofa final recoge una percepción sensorial auditiva, el canto de victoria por el triunfo de la Fama (la verdad, lo positivo) sobre la Sierpe (serpiente/culebra) y el Tigre (la mentira y la envidia, lo negativo). Vencido ya el mal, la apoteosis final del poeta coronado por el triunfo:

y, con vuelo ligero
veniendo, la Vitoria
corona al vencedor de gozo y gloria.

En su conjunto, la oda a Portocarrero es el testimonio de una tragedia vivida y sentida, la poetización del amargo recuerdo de un pasado que se tornó victoria en la expresión sincera del triunfo de la verdad.
No se trata de uno de sus poemas significativos: no hay una temática moderna ni una tendencia al misticismo; sin embargo, este poema nos muestra no sólo la dimensión de gran poeta de Fray Luis, sino también su condición humana, por reflejar sus sentimientos ante los injustos hechos vividos, y su generosidad y agradecimiento a Pedro Portocarrero por su protección y amistad.

sábado, 25 de agosto de 2012

Oda a Felipe Ruiz

    ¿Cuándo será que pueda
libre desta prisión volar al cielo,
Felipe, y en la rueda
que huye más del suelo,
contemplar la verdad pura, sin duelo?
    Allí, a mi vida junto,
en luz resplandeciente convertido,
veré distinto y junto
lo que es y lo que ha sido,
y su principio propio y ascondido.
    Entonces veré cómo
la soberana mano echó el cimiento
tan a nivel y plomo,
do estable y firme asiento
posee el pesadísimo elemento.
    Veré las inmortales
colunas, do la tierra está fundada;
las lindes y señales,
con que a la mar hinchada
la Providencia tiene aprisionada;
    por qué tiembla la tierra;
por qué las hondas mares se embravecen,
do sale a mover guerra
el cierzo, y por qué crecen
las aguas del océano y descrecen;
    de dó manan las fuentes;
quién ceba y quién bastece de los ríos
las perpetuas corrientes;
de los helados fríos
veré las causas, y de los estíos;
    las soberanas aguas
del aire en la región quién las sostiene;
de los rayos las fraguas;
dó los tesoros tiene
de nieve Dios, y el trueno dónde viene.
    ¿No ves cuando acontece
turbarse el aire todo en el verano?
El aire se enegrece,
sopla el gallego insano
y sube hasta el cielo el polvo vano;
    y entre las nubes mueve
su carro Dios, ligero y reluciente;
horrible son conmueve,
relumbra fuego ardiente,
treme la tierra, humíllase la gente;
    la lluvia baña el techo;
invían largos ríos los collados;
su trabajo deshecho,
los campos anegados
miran los labradores espantados.
    Y de allí levantado,
veré los movimientos celestiales,
ansí el arrebatado,
como los naturales;
las causas de los hados, las señales.
    Quién rige las estrellas
veré, y quién las enciende con hermosas
y eficaces centellas;
por qué están las dos Osas
de bañarse en la mar siempre medrosas.
    Veré este fuego eterno,
fuente de vida y luz, dó se mantiene;
y por qué en el ivierno
tan presuroso viene;
quién en las noches largas le detiene.
    Veré sin movimiento
en la más alta esfera las moradas
del gozo y del contento,
de oro y luz labradas,
de espíritus dichosos habitadas.

Felipe Ruiz es un poeta del que poco se sabe, quizás pariente de Fray Luis. De nuevo en esta oda, nos habla de la tierra como prisión, en los versos primeros, y en el cielo, en la rueda que huye más del suelo, encontrará la verdad pura. Es decir, en la esfera más alta del universo, en el paraíso. Según la cosmografía medieval y renacentista derivada de Tolomeo, la tierra se encuentra en el centro de una serie de esferas, unas dentro de otras, y la más elevada o externa, que incluye a las demás, es la que habitan los santos y los ángeles. Aquí se encuentra la verdad, y la contemplamos pura, porque no está contagiada de los errores de la tierra.

Desde la más alta esfera, se contemplará cómo la mano divina da forma a los vientos, los mares, los ríos; cómo aparecen los hielos, los rayos, la lluvia; las estaciones. En los versos 56 - 60, Fray Luis elabora una preciosa personificación de las dos constelaciones Osa Mayor y Osa Menor, temerosas de bañarse en el mar, esto es, que no desaparecen en el horizonte para un observador del hemisferio norte.

    Veré este fuego eterno,
fuente de vida y luz, dó se mantiene;
y por qué en el ivierno
tan presuroso viene;
quién en las noches largas le detiene.

Este fuego eterno es el Sol, que en invierno viene con prisa, pues los días son más cortos y permanece poco tiempo en el cielo. Desde la más alta esfera, Fray Luis podrá contemplar la mano que, en esas noches de frío, detiene o retrasa la aparición del Sol.    

viernes, 24 de agosto de 2012

Para Ana (de tu muerto)

Edición de bolsillo en Booket, para el verano es lo mejor, poco peso en la mochila (ya llevo el móvil, el agua, las gafas de sol...). En algún momento me encontré en la web alguna sugerencia positiva sobre este libro, y me lo compré para leerlo en estos días de piscina.
Nuria Roca y su marido, Juan del Val, el segundo con las letras más chicas en la portada, seguramente porque su nombre es menos conocido que la primera (estrategia comercial según ellos mismos), nos hablan de los entresijos del mundo editorial. Y construyen unos personajes muy interesantes: Carlos y Ana, Fernando y Elena -que son a su vez Ana y Carlos-, Carlos hijo y Yoli, Carlos el camarero...
En definitiva, me ha gustado mucho este entretenimiento moderno, con episodios verdaderamente eróticos.

viernes, 17 de agosto de 2012

Oda a Francisco de Salinas

    El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
a vuestra sabia mano gobernada.
    A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
    Y, como se conoce,
en suerte y pensamiento se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.
    Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.
    Ve cómo el gran Maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.
    Y, como está compuesta
de números concordes luego envía
consonante respuesta;
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulce armonía.
    Aquí la alma navega
por un mar de dulzura y finalmente
en él ansí se anega;
que ningún accidente
estraño y peregrino oye y siente.
    ¡Oh desmayo dichoso!
¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido!
¡durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás aqueste bajo y vil sentido!
    A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos (a quien amo
sobre todo tesoro)
que todo lo visible es triste lloro.
    ¡Oh, suene de continuo,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despierten los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos!


Fuente dedicada a la música y al maestro Francisco de Salinas, en el centro
de la ciudad de Salamanca
Francisco de Salinas, que quedó ciego cuando niño, era uno de los amigos más íntimos de Fray Luis. Fue catedrático de música de la Universidad de Salamanca a partir de 1567. En su compañía, Fray Luis pasó quizás los ratos más amables de su vida, escuchando tocar a Salinas, experimentando, por medio de la música, la elevación de su ánimo, hasta llegar al éxtasis. Esta oda fue escrita entre 1577 y 1580, después de su prisión.
En esos tiempos la música se consideraba rama de las matemáticas. Según Pitágoras, es por medio de la música como el orden y la armonía del universo se manifiestan. Todavía se habla hoy de la "música celestial". La música nos hace recordar la perfección de nuestro origen, una perfección reflejada en las matemáticas. Para Fray Luis, la música, aquí en el bajo mundo, nos despierta resonancias de esa perfección de la que venimos.
En el verso 24 de esta oda, Fray Luis llama a la música como son sagrado, porque expresa esa perfección que es Dios.


    Y, como está compuesta
de números concordes luego envía
consonante respuesta;
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Números, proporciones, armonía, sostienen la armazón del Universo. Fray Luis considera pues la música como una ciencia matemática.
En los siguientes versos, recrea lo que es el éxtasis espiritual:

    Aquí la alma navega
por un mar de dulzura y finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
estraño y peregrino oye y siente.

En los versos 36 y 37 de esta oda, Fray Luis introduce unas paradojas como expresión máxima de la unión del alma con Dios, fuente de vida. Sólo cuando mueren los deseos y los pensamientos de este bajo mundo, podemos contemplar a Dios.

    ¡Oh desmayo dichoso!
¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido!
¡durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás aqueste bajo y vil sentido!