domingo, 16 de marzo de 2014

El teatro romántico

Las tres primeras décadas del siglo XIX muestran una clara decadencia teatral en España, de ahí que la nueva propuesta dramática, presentada por los románticos, lograra un éxito rotundo.
Los dramas románticos, como todo el Romanticismo en España, llegaron algo tarde a la escena y sólo permanecieron en ella durante unos veinte años.

Características del drama romántico
  • Rompe con las normas neoclásicas:
    • Mezcla la prosa y el verso, más por afán de originalidad que por necesidad del tema.
    • Mezcla lo trágico con lo cómico, no con deseo de acercarse a la realidad, sino por la libertad ante toda atadura formal.
    • Rompe la unidad de lugar, desarrollando la obra en países diversos y en ambientes tan diferentes como el interior de un palacio, un castillo o una mazmorra lúgubre, un panteón o unas ruinas en un paisaje desolado.
  • El héroe romántico suele presentar unos rasgos determinados:
    • Origen oscuro o misterioso.
    • Contradictorio en sus manifestaciones, buenas o perversas según las ocasiones.
    • Le persigue la fatalidad porque, buscando la felicidad, el amor, sólo logra la desgracia propia y la de aquellos que lo aman.
  • La heroína suele ser una mujer bella, pura, sensible, dispuesta a cualquier sacrificio por las personas a quienes ama, pero sin lograr más que sufrimiento y muerte.
  • El tema más repetido es el amor, que genera un fuerte conflicto. Los enamorados, jóvenes, hermosos, buenos, se ven envueltos en un torbellino de intereses contrapuestos, que los arrastra separándolos. Los demás personajes sólo existen para desarrollar el conflicto, o para ver acercarse, con impotencia, el cruel final que el destino reserva a la pareja.
El drama romántico hereda muchos elementos del drama calderoniano, especialmente la intriga llena de peripecias inesperadas. Pero, además de no ser de tan alta calidad, se diferencian en que el drama romántico suele tomar algún personaje histórico (sin intentar hacer historia), centra la atención casi exclusivamente en el conflicto amoroso y enfrenta la libertad del héroe contra la presión de grupos e intereses que acabarán destruyéndolo.
Las obras más representativas, aparte de los del Duque de Rivas y las de Zorrilla, que veremos a continuación, fueron El trovador, de García Gutiérrez; Los amantes de Teruel, de Hartzenbusch, y Macías, de Larra.

Zorrilla (1817-1893)
 José Zorrilla y Moral 

Nace en Valladolid en el seno de una familia adicta al absolutismo de Fernando VII, que fue confinada en Lerma al llegar los liberales al poder.
Comenzó los estudios de Leyes en Toledo y Valladolid, pero se escapó a Madrid para llevar una vida más bohemia. Se dedica al periodismo, escribe poemas y se da a conocer en el círculo romántico durante el funeral de Larra leyendo unos versos de exaltación del Romanticismo.
En su primer matrimonio tuvo problemas a causa de los celos de su mujer, mayor que él y madre de un amigo suyo. Zorrilla huye primero a Francia y más tarde marcha a México, donde fue director del Teatro Nacional. Vuelve a España al morir su mujer. Se casa en segundas nupcias. Lo nombran académico (1885). Se le corona en Granada como poeta nacional, poco antes de morir.
No militó políticamente en ningún bando, lo que le valió la simpatía de todos, pero también la pobreza. A veces recibió alguna prebenda a modo de limosna para poder subsistir. Él se consideraba a sí mismo "el ingenio español menos profundo", quizás por humildad -a todos admiraba y apreciaba más que a él mismo- o por su ingenua bondad.

¿Qué escribe?
Es un escritor prolífico. A los veinte años publica su primer libro de versos, muestra de su enorme fecundidad -llegó a reunir hasta ocho libros de poemas- y, por otra parte, esta facilidad hace que su versificación sea a veces poco creativa y hasta algo ramplona. Su fama se debe a lo pegadizo de sus rimas y a la habilidad para recoger y recrear leyendas tradicionales. De las más populares es A buen juez, mejor testigo.

Representación de Don Juan Tenorio,
en el Colegio Santa Ana de Sevilla
Su dedicación al teatro comienza también pronto. Parece que escribió unos treinta dramas en sólo diez años, con los que obtuvo un gran éxito debido a la facilidad con que manejaba los recursos efectistas, la brillantez de su versificación, el dominio de su polimetría y el logro de escenas coloristas. Sus personajes están faltos de interioridad y les sobran gestos dramáticos algo grandilocuentes.
Entre las obras más conocidas y representadas contamos con Don Juan Tenorio, interesante versión del mito de don Juan, y Traidor, inconfeso y mártir, sobre la leyenda de un pastelero que es en realidad el rey de Portugal.
El estilo de Zorrilla es algo descuidado debido a su facilidad de composición, que desemboca a veces en algún ripio. Sin embargo, es de destacar la sonoridad de sus versos, que prestan una rica musicalidad a la obra.

 Ángel Saavedra, Duque de Rivas 
Duque de Rivas (1791-1865)

Cordobés de nacimiento, estudia en el Seminario de Nobles, donde recibe una buena formación artística. Participa en la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas, donde es herido gravemente.
Antes de ser desterrado de España, por su oposición a Fernando VII, se había acercado a la literatura, pero sus estancias en Londres, en Italia, en Malta y en París lo introducen de lleno en el Romanticismo. Una vez perdonado, vuelve a España, donde hereda los títulos nobiliarios de su hermano mayor y desempeña cargos políticos de importancia: alcalde de Madrid, ministro de Estado, presidente del Congreso... Fue académico y presidente de la Real Academia Española.
El Duque de Rivas sufre a lo largo de su vida cambios contradictorios entre sus opciones políticas -liberal beligerante contra el absolutismo monárquico antes del destierro, evolución progresiva hacia el conservadurismo después- y sus tendencias literarias, que pasan del neoclasicismo, en toda la primera etapa, hasta la encarnación del Romanticismo, que ayuda a introducir en España con el estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino.

¿Qué escribe?
Ángel Saavedra fue buen poeta, notable prosista y célebre dramaturgo.
Como poeta logra fama por sus Romances históricos, ya que representan lo más elaborado de su producción poética. Destacan por sus brillantes descripciones y su rico lenguaje. Su poema narrativo más importante es El moro expósito, basado en la leyenda de los infantes de Lara.
Como dramaturgo alcanza su mayor éxito con el Don Álvaro, que llevaba un subtítulo muy romántico por lo que tenía de misterioso. El sino parecía rememorar para unos la fatalidad de los griegos y para otros se trataba meramente del azar, la mala suerte. En esta obra parece que predomina un conjunto de contratiempos fortuitos, desde la muerte del marqués, cuando el protagonista tira el arma, hasta el hecho de que el convento donde se retira don Álvaro esté cerca de la cueva donde vive doña Leonor como eremita.
Otro de sus drama importantes es El desengaño de un sueño, que presenta bastantes puntos de contacto con La vida es sueño, de Calderón.
Muestra en todas sus obras dramáticas un claro dominio de la técnica teatral: propiedad y belleza de los decorados, el vestuario, la iluminación...
Pero destaca especialmente por la elaboración de sus versos y la justeza y precisión del vocabulario, que refleja a la perfección los sentimientos románticos típicos: la angustia, la exaltación, la violencia, la desesperación...

sábado, 8 de marzo de 2014

La novela romántica y el costumbrismo

Desde finales del siglo XVIII se venía abusando de las traducciones de novelas extranjeras, por falta de impulso creador en los novelistas españoles. Los autores más traducidos fueron Walter Scott (Ivanhoe), Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros), Víctor Hugo (Los miserables).
Pasado el primer tercio del siglo XIX aparecen dos tipos de novela con matices propiamente románticos, sentimentalismo y tendencia a lo melodramático: la novela histórica, más extendida entre un público de clase media, de corte conservador, y la novela social, que pretende exaltar la justicia social y que es acogida con entusiasmo por los lectores proletarios (algunas de ellas aparecen "por entregas").
La novela histórica busca su fuente de inspiración en hechos sucedidos en la época medieval. Las producciones de este tipo no pretenden ser rigurosas históricamente ni críticas frente a los sucesos que narran. Aunque no eran producciones de gran calidad literaria, obtuvieron un notable éxito, que justifica el elevado número publicado en pocos años (unas 11o en sólo unos 10 años).
Enrique Gil y Carrasco
(1815 - 1845)
Enrique Gil y Carrasco es el autor más prestigioso de novela histórica. Leonés de El Bierzo, estudió en Valladolid y en Madrid, donde terminó Derecho. Frecuenta los salones y las tertulias literarias, en las que se da a conocer como poeta, crítico literario y articulista.
Amigo de Espronceda y otros románticos, Gil y Carrasco, por su enfermedad (la más habitual de esta época: la hemoptisis) y por su carácter tímido, es más idealista y menos batallador que sus amigos.
La obra que le da la fama es una novela histórica, El señor de Bembibre, la mejor de las tres que escribe. Su romanticismo resulta evidente por el argumente, un tanto melodramático, y el sentimiento del paisaje.
La acción transcurre en León, en el siglo XIV. Se trata de una bella historia de amor entre Beatriz y Álvaro, herederos cada uno de las dos familias más poderosas. El padre de Beatriz, por su odio a los templarios, entorpece su relación, logrando al final que su hija muera desgraciada y que Álvaro, tras muchos avatares, se haga ermitaño y muera también.
Por su tono es casi una novela sentimental, llena de tristeza y melancolía, donde los enamorados llegan siempre un poco tarde a la felicidad. El paisaje vibra en consonancia con los sentimientos de los personajes.
La novela social propone algunas reforma, tales como la abolición de la esclavitud, pero no ha perdurado por su escasa calidad. Tuvo fama María o La hija de un jornalero.
El costumbrismo es un género que de alguna manera continúa nuestra tradición realista. En las obras y artículos costumbristas asoma la vida cotidiana, vista con cierto afán moralizador. Predomina el tono irónico y ciertos rasgos de humor.
Mesonero Romanos es uno de los autores más representativos con sus Escenas matritenses, pinturas de tipos y costumbres pintorescos, escritas con agilidad y toques irónicos.
Estébanez Calderón es un periodista malagueño que escribe, con estilo un tanto barroco, sus Escenas andaluzas, cuadros de costumbres festivas populares, como La feria de Mairena.
Merece una mención especial Mariano José de Lara.

 Mariano José de Larra (1809-1837) 
Hijo de padre afrancesado, realizó sus primeros estudios en el exilio francés al que le obligó la guerra de la Independencia. Estudió, de vuelta en España, periodismo, oficio que desempeñó desde muy joven con gran éxito, ya que su fama se debe más a sus artículos que al resto de su obra. Fracasado su matrimonio, se enamora de una mujer casada inalcanzable para él, lo que unido a su gran decepción política le llevó, a sus veintisiete años, al suicidio. Emocionalmente pesimista, liberal en sus convicciones, Larra fue lúcido para percibir el desfase de España respecto a Europa, lo que le precipitó en una negra desolación, actitud que revela en él un romanticismo más vital que literario.

¿Qué escribe?
Escribió un gran número de artículos en diversos periódicos y bajo diferentes seudónimos: Andrés Niporesas, Fígaro, El Pobrecito Hablador.
Se pueden agrupar por el tema tratado en:

  • Artículos de costumbres, en los que critica la realidad social del momento con cierto humor, pero con un poso de amargura y desesperanza. Revisa en ellos la pereza, la hipocresía, la grosería... Los más conocidos son: Vuelva usted mañana (ineficacia del funcionariado), El castellano viejo (mala educación de la clase media española).
  • Artículos de crítica literaria, en los que proyecta una idea bastante negativa sobre la creación literaria de su época. Sobresale, por su feroz burla de los actores, el titulado Yo quiero ser cómico. Tiene buenas críticas de los dramas románticos.
  • Artículos políticos, en los que destaca su ideología liberal progresista en defensa de la tolerancia y de la libertad. Ataca con virulencia tanto a los carlistas como a los liberales moderados. Merecen mención especial, entre otros, El Ministerial (burla de todo el gabinete de gobierno), Cartas de un liberal de acá a un liberal de allá (compara la situación de Portugal con la de España).
Además del periodismo, tanteó otros géneros literarios, como la novela histórica (El doncel de don Enrique el Doliente) o el drama romántico (Macías).

¿Cómo escribe?
Su estilo es moderno, rico en matices y cercano a los lectores, que lo entienden por su sencillez y captan sus toques de humor y su ironía, que a veces llega a rozar lo caricaturesco. Emplea variados recursos estilísticos, pero siempre al servicio del contenido, que es lo que realmente le interesa.

sábado, 15 de febrero de 2014

El Romanticismo

El Romanticismo es un movimiento literario y cultural que se desarrolla en la primera mitad del siglo XIX, aunque tiene precedentes a finales del siglo XVIII.

Goethe (1749 - 1832)
Su origen puede situarse en la aparición de un grupo alemán, llamado Sturn und Drang (Tempestad y pasión), que con su anhelo de libertad, su rechazo de toda norma literaria, instala el subjetivismo, acabando con la Ilustración y el predominio de la razón.
La influencia alemana se manifestó sobre todo a través de Goethe, uno de los mejores poetas alemanes, autor de la novela Werther, cuyo protagonista, tras experimentar violentas emociones, se suicida por amor. También obtuvo un gran éxito otra de sus obras, Fausto -drama en el que Fausto vende su alma al diablo, aunque al final de su vida logra el perdón gracias a la Virgen y a su amada Margarita-. En esta última obra se equilibran mejor lo "romántico" y lo clásico.
La nueva sensibilidad se extiende por toda Europa, caracterizándose por:

  • Atracción por lo misterioso, extraño y exótico, por lo que saca al hombre de lo cotidiano tanto en el tiempo como en el espacio, de ahí la presencia continua de la Edad Media y el mundo oriental.
  • Entusiasmo por la libertad, predominando lo individual sobre lo social.
  • Amor al paisaje natural captado sentimentalmente, que refleja el estado interior de los personajes. Destacan los paisajes ruinosos, nocturnos y los cementerios.
  • Predominio del sentimiento personal, la imaginación, la intuición, sobre la razón.
  • Pesimismo ante cualquier situación político-social, que se convierte en personal al ensancharse la distancia entre el ideal inmenso y la realización pobre. Esta actitud melancólica, angustiada, llamada el "mal del siglo", lleva a despreciar la vida como valor en sí misma y a ver el suicidio como una liberación.
  • Uso de un lenguaje plagado de frases exclamativas y de un vocabulario lúgubre; predominan las palabras esdrújulas, por su sonoridad, las preguntas retóricas...
Romanticismo español
Como ha ocurrido en otros momentos de cambio de sensibilidad estética, el Romanticismo entra en España más tarde que en otros países, y de un modo menos virulento. Se queda más en la forma que en una influencia ideológica profunda.
Es común distinguir tres etapas de penetración del Romanticismo:

 a)  Etapa de contacto y difusión a través de traducciones.
 b)  Etapa de producción original, entre 1835 y 1844, y aparición de las manifestaciones románticas liberales (Larra, Espronceda...).
 c)  Etapa de nacionalización del Romanticismo español, con ciertos matices conservadores.

En general, fueron unos años ricos en creaciones literarias, en comparación con la etapa neoclasicista anterior, tal vez porque algunos rasgos románticos han sido una constante en nuestra historia literaria: el interés por lo fantástico, lo sentimental, lo misterioso...

sábado, 8 de febrero de 2014

Decálogo del escritor, por Ana Mª Matute

1)
El escritor nace, no se hace: es una cuestión de ser o no ser.

2)
Escribir es también una forma de protesta. Casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo.

3)
Mientras haya un poeta, la poesía existirá.

4)
Maestros, modelos, estudios nunca estorban y pueden ayudar; pero no crean.

5)
Escribir es siempre muy difícil, sobre todo hacerlo de forma aparentemente sencilla.

6)
Lo "políticamente correcto" casi nunca es literario.

7)
Para un escritor, no hay universidad ni escuela que enseñe lo que enseña la vida.

8)
Escribir no es solamente una profesión y una vocación: es una forma de ser y de estar.

9)
Un libro no existe en tanto alguien no lo lea. Y nunca nadie lee el mismo libro.

10)
El día que yo piense que he escrito algo perfecto, estaré muerta (como escritora).

domingo, 5 de enero de 2014

Cadalso: del neoclasicismo al prerromanticismo

Cadalso escribió poesía y teatro, pero lo mejor de su producción son sus obras en prosa: Los eruditos a la violeta, Noches lúgubres y Cartas marruecas.

1. Los eruditos a la violeta
Los eruditos a la violeta es una sátira contra la educación superficial y contra los pedantes, que con sólo tener un ligero barniz cultural, se consideran sabios y pretenden opinar de todo. Se trata de una obra ingeniosa -la más famosa en vida del autor- en la que Cadalso explica en forma burlesca cómo se puede adquirir en pocos días esa falsa cultura.

2. Noches lúgubres
La muerte de su amada, la actriz María Ignacia Ibáñez, produjo en Cadalso una honda desesperación. Fruto de este estado emocional son sus Noches lúgubres, obra que preludia el Romanticismo.
Noches lúgubres es una obra estructurada en tres actos o "noches" dialogadas. En ella, un enamorado, Tediato, acude al cementerio donde reposan los restos de su amada y allí, en un ambiente sombrío, amenazador, dialoga con el sepulturero. Llevado por la desesperación, Tediato intenta desenterrar el cadáver de su amada; después desiste de su empeño y se duele del triste destino de los mortales y ansía la muerte.
Las reflexiones pesimistas sobre el destino del ser humano habían sido expresadas ya por muchos poetas del Siglo de Oro, como Quevedo, por ejemplo. La novedad de las Noches lúgubres reside en enmarcar estas reflexiones en un escenario sepulcral y nocturno.

TEDIATO.-¡Qué noche!La oscuridad, el silencio pavoroso, interrumpido por los lamentos que se oyen en la vecina cárcel, completan la tristeza de mi corazón. El cielo también se conjura contra mi quietud, si alguna me quedara. El nublado crece. La luz de esos relámpagos..., ¡qué horroroso! Ya truena. Cada trueno es mayor que el que le antecede, y parece producir otro más cruel. El sueño, dulce intervalo en las fatigas de los hombres, se turba. El lecho conyugal, teatro de las delicias; la cuna en que se cría la esperanza de las casas; la descansada cama de los ancianos venerables; todo se inunda en llanto..., todo tiembla. No hay hombre que no se crea mortal en este instante... ¡Ay, si fuese el último de mi vida, cuán grato sería para mí! ¡Cuán horrible ahora! ¡Cuán horrible!

Noches lúgubres se caracteriza por la expresión desbordada del sentimiento, que se traduce en un lenguaje cargado de emotividad y lleno de frases entrecortadas, exclamaciones e interrogaciones retóricas.

3. Cartas marruecas
Cadalso presenta sus Cartas marruecas como un manuscrito árabe que un amigo suyo había encontrado y que, a la muerte de éste, fue a parar a sus manos. El título del supuesto manuscrito era éste:

Cartas escritas por un moro llamado Gazel Ben-Aly, a Ben-Beley, amigo suyo, sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, con algunas respuestas de Ben-Beley, y otras cartas relativas a éstas.

La obra está estructurada como un conjunto de noventa cartas que se cruzan dos marroquíes y un español. El asunto es como sigue: el joven marroquí Gazel viaja a España como miembro de una embajada de su país y transmite por carta sus impresiones a su anciano maestro Ben-Beley, que permanece en Marruecos. También participa en la correspondencia Nuño, un español amigo de Gazel, que le ayuda a interpretar la realidad española. Nuño representa en la obra al propio Cadalso.
En sus Cartas, Cadalso persigue un objetivo crítico. Según él mismo dice en la introducción, se propone hacer "la crítica de una nación". En efecto, a través de las cartas, el autor presenta un amplio panorama de la vida nacional en el que se ponen de relieve los errores y defectos causantes de la decadencia española con el fin de erradicarlos. El autor muestra así una actitud reformadora acorde con los ideales de la Ilustración: hay que conocer bien la necesidad nacional para poder mejorarla.
Las Cartas marruecas de Cadalso tienen como precedente las Cartas persas, escritas en 1721 por el filósofo y escritor francés Montesquieu. En estas últimas, son dos persas los que intercambian sus impresiones de viaje sobre varios países europeos que visitan. Ambas obras utilizan el género epistolar para hacer una crítica de la realidad y ambas se valen de un extranjero como medio de dar objetividad a las críticas.

Temas de las Cartas: las preocupaciones de la Ilustración
Los temas tratados en las Cartas marruecas son muy variados: la historia de España, la corrupción política y administrativa, los ideales de la Ilustración, el atraso científico, la educación de la juventud, los vicios sociales, los defectos del carácter español, etc. Todos ellos pueden agruparse en torno a tres ejes temáticos: la crítica de la nación, la crítica social y la moral individual.
  • Las cartas de crítica de la nación estudian un problema, generalmente en forma histórica, con el fin de analizar mejor la situación presente.
No me parece que mi nación esté en el estado que infieres de las cartas de Gazel, y según él mismo lo ha colegido de las costumbres de Madrid y alguna otra ciudad capital. Deja que él mismo te escriba lo que notare en las provincias, y verás cómo de ellas deduces que la nación es hoy la misma que era tres siglos ha. La multitud y variedad de trajes, costumbres, lenguas y usos es igual en todas las cortes por el concurso de extranjeros que acuden a ellas; pero las provincias interiores de España, que por su poco comercio, malos caminos y ninguna diversión no tienen igual concurrencia, producen hoy unos hombres compuestos de los mismos vicios y virtudes que sus quintos abuelos. Si el carácter español, en general, se compone de religión, valor y amor a su soberano por una parte, y por otra de vanidad, desprecio a la industria (que los extranjeros llaman pereza) y demasiada propensión al amor; si este conjunto de buenas y malas calidades componían el corazón nacional de los españoles siglos ha, el mismo compone el de los actuales.
La crítica a la ignorancia y al saber superficial es
frecuente entre los ilustrados. En la imagen, Capricho,
de Francisco de Goya.
  • Las cartas de crítica social tratan las virtudes y defectos sociales característicos de los españoles o de la época del autor. El orgullo, el lujo, la frivolidad de las modas, la consideración en que se tiene a las mujeres son algunos de los aspectos tratados.
Instando a mi amigo cristiano a que me explicase qué es nobleza hereditaria, después de decirme mil cosas que yo no entendí, mostrarme estampas que me parecieron de magia, y figuras que tuve por capricho de algún pintor demente, y después de reírse conmigo de muchas cosas que decía ser muy respetables en el mundo, concluyó con estas voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa:
- Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo.
  • Las cartas centradas en la moral individual tratan cuestiones éticas de carácter general sobre la amistad, el amor a los padres, la "hombría de bien"... En el siguiente fragmento, Cadalso define su ideal humano, que consiste no sólo en la bondad, sino en el servicio a la comunidad: no se trata simplemente de ser bueno, sino de ser buen ciudadano.
¿No crees que todo individuo está obligado a contribuir al bien de su patria con todo esmero? Apártense del bullicio los inútiles y decrépitos: son de más estorbo que servicio; pero tu huésped y sus semejantes están en la edad de servirla, y deben buscar las ocasiones de ello aun a costa de toda especie de disgustos. No basta ser buenos para sí y para otros pocos; es preciso serlo o procurar serlo para el total de la nación. Es verdad que no hay carrera en el estado que no esté sembrada de abrojos; pero no deben espantar al hombre que camina con firmeza y valor.

Un estilo depurado
Como convenía a su propósito didáctico, Cadalso utiliza un lenguaje claro y preciso, libre de todo artificio. Su ideal estético es, como en el Renacimiento, el de la naturalidad, por oposición a los excesos del Barroco.
Sus Cartas marruecas están construidas con gran agilidad expresiva. El autor combina en ellas la exposición propia del ensayo, con narraciones de sucesos o anécdotas y con sustanciosos diálogos, lo cual las hace muy amenas. La variedad de registros según cuál sea el emisor de la carta y la ironía son otros de los recursos presentes en las Cartas.

El tema de España en la literatura
Cadalso se muestra en Cartas marruecas como una persona preocupada por los problemas de España y deseosa de contribuir con su crítica al progreso de su país. Su obra es, por tanto, manifestación de una actitud patriótica que no es infrecuente en la literatura.
En efecto, el tema de España, centro de la preocupación de los ilustrados, ya había sido tratado por otros autores, y especialmente por Quevedo. Y más tarde, en el siglo XIX, será retomado por Larra y los escritores regeneracionistas, que deseaban solucionar los problemas del país. El mismo impulso movió a los escritores de la Generación del 98 -a quienes "les dolía España"- y a los poetas de la llamada "literatura social" de los años sesenta.

martes, 31 de diciembre de 2013

La delicadeza

El año 2013 ha terminado con la lectura de esta delicadeza, un libro escrito con elegancia, con suavidad. Una historia que mientras leía me recordaba insistentemente a una amiga mía que acaba de enterrar a su marido.
Este libro lo compré el verano pasado en una papelería de Isla Cristina, y lo he empezado ahora, pero ha sido una casualidad el que la historia real de esta amiga mía haya coincidido con su lectura. Esto ha hecho que valore más el trabajo de su escritor, David Foenkinos, ya que ha incluido muchos sentimientos que se pueden comparar con los que mi amiga vive: la culpabilidad, la fuerza y la fragilidad a un mismo tiempo, la necesidad y la incapacidad de recomponer toda una vida tras la muerte de la pareja.
Me ha hecho disfrutar tanto que no he dudado en regalarlo estas navidades a mi hermana y en recomendarlo a los amigos.

jueves, 26 de diciembre de 2013

José Cadalso, una vida desengañada

A Cadalso, como después a los escritores de la Generación del 98, "le dolía España". Movido por una honda preocupación por los asuntos de su país, Cadalso realizó en sus Cartas marruecas un fino análisis crítico de la sociedad española. Como él mismo decía, "he dado a luz un papel, que me ha parecido muy imparcial, sobre el asunto más delicado que hay en el mundo, cual es la crítica de una nación".

1. Biografía
Nacido en Cádiz en 1741, José Cadalso perteneció a una familia acomodada. Tuvo, sin embargo, una niñez desgraciada, puesto que, muerta su madre cuando él tenía dos años y ausente su padre por cuestiones de negocios, el niño quedó al amparo de su familia materna. Él mismo se lamentaría después de "la desgracia que me acompaña desde la niñez".
Cadalso fue militar de carrera desde los 21 años y simultaneó esta actividad con la de escritor. Y fue el ejercicio de las armas lo que acabó con su vida cuando tenía cuarenta años, ya que murió por una herida de granada en el asedio de Gibraltar el año 1782.
Una circunstancia de la vida de Cadalso que tuvo una importancia decisiva para su obra fue la esmerada educación que recibió tanto en España como en Francia. Esta formación se vio ampliada con diversos viajes por Europa. En ellos tuvo ocasión de conocer otras culturas que le proporcionaron los elementos de comparación necesarios para poder analizar su propio país, tal como hizo en sus Cartas marruecas.
Otra circunstancia vital que influyó en su obra fue su amor hacia la actriz María Ignacia Ibáñez, un amor muy breve y desdichado, ya que la joven murió un año después de que ambos se conocieran. Esta desgracia sumió a Cadalso en una profunda desesperación. Fue entonces cuando escribió sus Noches lúgubres, obra en la que el autor se muestra como precursor del Romanticismo.
La orfandad, el amor frustrado y algunas otras vivencias negativas fueron perfilando una personalidad pesimista. El propio Cadalso se ve como una persona que ha madurado prematuramente cuando, refiriéndose a sí mismo, dice:

Desde niño tuvo lances de hombre, y de joven desengaños de viejo.

2. La crítica de la realidad
De acuerdo con los principios de la Ilustración, muchos escritores del siglo XVIII adoptaron en sus obras una actitud crítica y didáctica, con el fin de contribuir a mejorar la sociedad en la que vivían. Así lo hicieron, entre otros, Feijoo y Jovellanos en sus ensayos, Moratín en su teatro o Iriarte y Samaniego en sus fábulas. También Cadalso adoptó esta actitud crítica ante la España del momento. Y a diferencia de otros autores, su educación en Francia y sus viajes por Europa le dieron la oportunidad de contrastar la realidad y las costumbres españolas con las de otros países europeos.
En el siglo XVIII se desarrolla además un subgénero narrativo muy adecuado para analizar la realidad social y las costumbres de un país: los libros de viajes. El viajero que recorre con detenimiento un país que no es el suyo percibe con mayor objetividad los vicios y las virtudes de las gentes, y ello le permite alabar lo bueno y denunciar o censurar lo malo sin ningún apasionamiento. Cadalso se inscribe en esta tradición y adopta el libro de viaje como un procedimiento. Así, en su obra Cartas marruecas ofrece el análisis de la sociedad española desde la óptica de un extranjero que recorre el país.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Lo que esconde tu nombre

Este libro fue el regalo de Reyes de las pasadas navidades. Pero no lo he empezado hasta octubre, y me ha llevado dos meses. No me ha entusiasmado, la verdad, más bien me ha resultado largo para contar tan poca cosa.
Se trata de un libro lento, cuyos personajes no están suficientemente bien definidos, digamos que no se les coge aprecio como para interesarse por sus historias.
Para mí, a este libro le falta corazón, tensión, energía... 
Cuando le dieron el Premio Planeta 2013 a Clara Sánchez por su novela El cielo ha vuelto, en esa noche yo estaba leyendo ésta, y me alegró mucho el premio en ese momento. Permitió que confiara en esta autora y en este Lo que esconde tu nombre.
Pero ahora que lo he terminado, no encuentro criterios positivos para recomendarlo.
En fin, pasaremos a otra cosa.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El teatro neoclásico

En los primeros años del siglo XVIII, el teatro siguió la senda marcada por Lope y Calderón. Pero pronto surgió la polémica entre los defensores del teatro popular barroco y quienes exigían una renovación de la escena. Así, el propio Luzán atacó en su Poética el teatro barroco, del que censuraba entre otras cosas que mezclara lo trágico y lo cómico y no respetara la unidad de lugar, la unidad de tiempo y la unidad de acción. Frente a este tipo de obras, Luzán propugnaba un nuevo teatro sujeto a normas, con obras verosímiles escritas con una finalidad didáctica.
Algunos dramaturgos intentaron revitalizar la tragedia de corte clásico, pero no contaron con el fervor del público. Más éxito tuvo, en cambio, la comedia neoclásica, creada por Leandro Fernández de Moratín, quien durante la segunda mitad del siglo XVIII dio vida a un teatro neoclásico cuyos rasgos básicos son los definidos por Luzán.

 Leandro Fernández de Moratín 

Leandro Fernández de Moratín es el máximo representante del teatro neoclásico. Nacido en Madrid el año 1760, era hijo de otro escritor neoclásico, Nicolás Fernández de Moratín, a quien debió su afición literaria. Fue traductor del gran dramaturgo francés Molière y admirador de las corrientes procedentes de Francia. En la guerra de la Independencia española, Moratín colaboró con el régimen de José Bonaparte, por lo que fue desterrado al finalizar la guerra. Murió en París el año 1828.

El nuevo teatro
Aunque cultivó distintos géneros, la verdadera vocación de Moratín era el teatro. Escribió cinco comedias, de las cuales destacan La comedia nueva o El café y El sí de las niñas. En ellas Moratín fija la fórmula de la comedia neoclásica.
  • La comedia nueva o El café es una sátira en la que, a través de un sencillo argumento, el autor critica las obras teatrales en boga y propone la reforma del teatro.
  • El sí de las niñas plantea el problema de los jóvenes a quienes sus padres casan sin tener en cuenta sus sentimientos. Doña Irene decide casar a su hija Francisca, de 19 años, con un anciano rico llamado don Diego. Sin embargo, la joven ama a Carlos, sobrino de don Diego. Después de acordada la boda, el tío se entera del amor entre los dos jóvenes, renuncia a su matrimonio, censura la costumbre de imponer una boda a los hijos contra su voluntad y decide proteger a la pareja.
Técnica y estilo: enseñar deleitando
El propio Moratín define la función que tiene la comedia nueva que él cultiva:

Ésta [la comedia] imita a los hombres como son, imita las costumbres nacionales, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica. Expone a los ojos del espectador las costumbres populares que hoy existen, no las que pasaron ya; las nacionales, no las extranjeras; y de esta imitación dispuesta con inteligencia, resulta necesariamente la instrucción y el placer.

El teatro de Moratín se ajusta perfectamente al modelo de Luzán. La sujeción a las normas, el carácter didáctico, la acertada caracterización de los personajes y un lenguaje sobrio y natural son sus rasgos más destacados.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La prosa en la Ilustración: el ensayo

Los ilustrados encontraron en el ensayo el cauce más adecuado para la exposición de sus ideas. Por eso, este género se impuso con fuerza en el siglo de la Ilustración.
El ensayo es un género de exposición nacido en Francia en el siglo XVI. En él cabe cualquier tema: ciencia, filosofía, arte, costumbres... Ahora bien, a diferencia de la exposición científica, el ensayo suele ser breve, no trata los temas de forma exhaustiva y supone un enfoque personal del autor.
En el siglo XVIII hubo importantes ensayistas pero entre otros destacaron dos: Gaspar Melchor de Jovellanos, autor de diversas obras de contenido político, económico y didáctico escritas con el afán de mejorar las condiciones del país, y el Padre Feijoo.

Padre Feijoo (1676 - 1764)
 Feijoo 
Nacido en 1676 en Casdemiro (Orense), Benito Jerónimo Feijoo fue un fraile benedictino que dedicó su vida al estudio y la reflexión. Fue profesor de Teología y de Sagradas Escrituras en la ciudad de Oviedo y ejerció como consejero real. Sin embargo, renunció a desempeñar diversos cargos públicos, entre ellos el de obispo, para dedicarse por entero a su obra.

Una obra enciclopédica
Feijoo es autor de una extensa obra, que está reunida en los ocho volúmenes de su Teatro crítico universal y en los cinco de sus Cartas eruditas y curiosas.
El Teatro crítico universal es un conjunto de ensayos de temas variadísimos: filosofía, economía, política, religión, medicina, pedagogía, ciencias naturales... La palabra teatro alude simplemente al hecho de dirigirse a un público amplio; crítico, se refiere al enfoque del autor; y universal, al intento de realizar una obra totalizadora, enciclopédica, de los conocimientos disponibles en la época.
En sus obras, Feijoo divulgó los adelantos científicos y culturales de su época y atacó las supersticiones y prejuicios arraigados en el pueblo. Así censuró la creencia en los duendes o en la astrología, los temores que despiertan los fenómenos naturales, etc. Y, por el contrario, defendió el estudio de las ciencias que, como la Física, la Química, las Matemáticas o la Medicina, están basadas en la experimentación y pueden llegar a resultados seguros y fiables.

Un racionalista cristiano
Feijoo investigaba, consultaba a las autoridades sobre cada tema y analizaba cuidadosamente las ideas para finalmente aceptarlas, negarlas o suspender el juicio. Sus herramientas de trabajo eran la razón y la experimentación. Racionalista convencido, supo conciliar la razón y la fe, el espíritu de la Ilustración y los valores tradicionales cristianos.
El objetivo primordial que Feijoo perseguía con sus ensayos era modernizar ideológicamente el país, desterrando los errores nacidos de la superstición y la ignorancia. El público que realmente le interesaba no era la minoría selecta de intelectuales, sino la población en general, cuyas formas de vida quería mejorar mediante la educación y la erradicación de la incultura.

Creador del lenguaje del ensayo
Como corresponde a su finalidad didáctica, el estilo de Feijoo es claro y natural, libre de toda afectación o artificio, un lenguaje que sentó las bases del lenguaje ensayístico posterior. Su estilo es ágil y desenfadado y sabe dar vida a cualquier idea mediante el uso de ejemplos, analogías de hechos cotidianos, imágenes... De su estilo dijo Azorín:

La prosa estaba entumecida, anquilosada, fosilizada, y Feijoo ha venido a reavivarla.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El didactismo: la fábula

La fábula es una composición breve, generalmente en verso, en la que del comportamiento de animales o seres inanimados se extrae una enseñanza o moraleja. Este género, por su carácter didáctico, es representativo del siglo XVIII, pero tiene antecedentes en Grecia y Roma, donde lo cultivaron Esopo y Fedro, respectivamente, y en Francia, con La Fontaine, el gran fabulista del siglo XVII. En la Edad Media, también caracterizada por el didactismo, autores como el Arcipreste de Hita recurren a la fábula.
Los grandes fabulistas del siglo XVIII español son Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego. Las fábulas de Iriarte, llamadas Fábulas literarias, contienen una serie de enseñanzas sobre la creación literaria; las de Samaniego, llamadas Fábulas morales, versan sobre asuntos varios, muchos de ellos tomados de los fabulistas de la antigüedad. He aquí una breve fábula de Samaniego sobre el sinsentido de atacar al más poderoso:

En casa de un cerrajero
entró la Serpiente un día,
y la insensata mordía
en una Lima de acero.
Díjole la Lima: "El mal,
necia, será para ti;
¿cómo has de hacer mella en mí,
que hago polvos el metal?"
Quien pretende sin razón
al más fuerte derribar,
no consigue sino dar
coces contra el aguijón.

Tomás de Iriarte, de origen canario, es uno de los escritores más representativos de la época. Aunque cultivó la lírica y el teatro, debe su fama a sus Fábulas literarias, a través de las cuales presenta una serie de enseñanzas de tipo literario o moral. Se trata de setenta y seis fábulas compuestas en metros variados, notables por su originalidad y su cuidada elaboración. Entre ellas hay algunas tan conocidas como El lobo y el pastor, La mona, Los dos conejos...


Las Fábulas literarias de Iriarte constituyen una preceptiva en la que el autor plasmó las ideas estéticas del momento: el clasicismo, la sencillez en el lenguaje, la conveniencia de aunar lo útil y lo bello o la necesidad de someter el arte a reglas. Esta última idea es la que defiende en una de sus más conocidas fábulas, El burro flautista, en cuya moraleja concluye:

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

miércoles, 30 de octubre de 2013

La poesía neoclásica

Durante el siglo XVIII, la poesía fue un género en franca decadencia, entre otras causas por el didactismo y el espíritu práctico y prosaico que impregnaba la sociedad de esta época. Del escaso valor que se concedía a este género da idea la respuesta que dio Jovellanos a un amigo que le manifestó su deseo de escribir un poema dedicado a España:

Haga usted cosas más útiles: unas memorias agrícolas, comerciales o artísticas de Sevilla, por ejemplo.

La poesía neoclásica huye de los excesos del Barroco y busca sus fuentes en el Renacimiento y la antigüedad grecolatina. Sus temas predominantes fueron la naturaleza, considerada como modelo de sencillez y armonía, y los temas sociales propios de la Ilustración: la amistad, la filantropía, el progreso...
Los poetas más destacados de la época pertenecen a la llamada escuela salmantina, que entroncó con la poesía tradicional castellana, especialmente con Garcilaso y Fray Luis de León. Los poetas de la escuela salmantina buscaron el equilibrio entre la expresión y el contenido y trataron temas bucólicos y campesinos. El poeta más destacado de esta escuela y de toda la centuria es Meléndez Valdés.


Juan Meléndez Valdés
(1754 - 1817)
 Meléndez Valdés 
Juan Meléndez Valdés nació en Ribera del Fresno (Badajoz) en el año 1754. Estudió leyes en Salamanca, de cuya universidad fue después catedrático. Su carácter débil e indeciso le llevó a aceptar un cargo durante la invasión napoleónica, motivo por el que tuvo que emigrar a Francia después de la guerra. Murió en Montpellier en 1817.
En su poesía, dotada de una gran perfección formal, se distinguen dos épocas, que reflejan las dos tendencias poéticas del momento:
  • En su primera época cultivó la poesía amorosa de tono ligero y sensual. Se trata de una poesía pastoril en la que el amor de pastoras y pastores transcurre en un ambiente de fiesta, enmarcado en una naturaleza amable y armoniosa. Los poemas, de tono sensorial, leve y juguetón, están escritos en metros cortos, lo que les confiere una gran fluidez y un ritmo ágil.
La blanda primavera
derramando aparece
sus tesoros y galas
por prados y vergeles...
  • En su segunda época, el poeta aborda temas ideológicos, bien sean las ideas filantrópicas de la Ilustración -como la defensa de los desvalidos, la mejora de la agricultura o la protección de las ciencias-, bien sean ideas filosóficas y religiosas en la línea de Fray Luis.
... Y la mente que no vía
sino sueños fantásticos, ahincada
corre a ti, ¡oh celestial filosofía!,
y en el retiro y soledad se agrada.

En la poesía de esta segunda época, lo sensorial cede paso al sentimiento y al sentimentalismo, con lo que preludia el Romanticismo. La naturaleza, especialmente los paisajes nocturnos o invernales, se toma como punto de partida para las grandes reflexiones y el estilo se hace más solemne y declamatorio. Se gana en profundidad en los temas pero se pierde en espontaneidad y frescura.

viernes, 25 de octubre de 2013

La literatura del siglo XVIII

 El Siglo de las Luces 
El siglo XVIII fue una época en la que se produjeron grandes cambios tanto en lo político, lo social y lo religioso como en el ámbito del pensamiento y de las actitudes vitales. De hecho, el rasgo característico de esta época es la confianza en la razón y, por tanto, la recuperación de la fe en el ser humano. La razón, en efecto, es el valor supremo, la luz que guía a los seres humanos en la búsqueda del saber. Por ese motivo a esta época se la conoce como Ilustración o Siglo de las Luces.

Fundación de la Biblioteca Nacional y de la Real
Academia Española (1712-1713)
En materia artística, los excesos del Barroco condujeron a un nuevo clasicismo; de ahí el nombre de Neoclasicismo, que se aplica a la corriente artística que domina en este periodo.
Así como el Renacimiento nació en Italia y de allí se extendió a toda Europa, en el siglo XVIII fue Francia el foco de donde irradiaron las nuevas tendencias.

 La Ilustración 
La Ilustración es un movimiento ideológico procedente de Francia que se caracteriza por la confianza en la razón como fuente de conocimiento y en la educación como única vía posible para lograr el bienestar individual y social. En materia religiosa, la Ilustración propugna la tolerancia, por oposición al fanatismo y la intolerancia de la época precedente.
Para los ilustrados, la raíz de todos los males sociales e individuales está en la ignorancia. Por ello se concede gran importancia a la educación, como podemos ver en estas palabras de Jovellanos:

Las fuentes de la prosperidad social son muchas; pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública. Ella es la que las descubrió, y a ella todas están subordinadas. La instrucción dirige sus raudales para que corran por varios rumbos a su término; la instrucción remueve los obstáculos que pueden obstruirlos o extraviar sus aguas. Ella es la matriz, el primer manantial que abastece estas fuentes... Con la instrucción todo se mejora y florece; sin ella, todo decae y se arruina en un estado.

Las ideas de la Ilustración no se quedaron en el ámbito de los intelectuales, sino que también guiaron la actuación de los gobernantes. La política oficial propició la creación de numerosas instituciones culturales, entre ellas, la Real Academia de la Lengua, fundada en 1713 con el fin de estudiar y fijar los usos correctos del castellano. Para conseguir este objetivo, la Academia publicó a lo largo del siglo XVIII el Diccionario de Autoridades, la Ortografía, la Gramática y el Diccionario usual.

 El triunfo de la razón 
Felipe V de Borbón reinó en España
entre 1700 y 1746
El siglo XVIII aportó una forma distinta de gobernar, atenta a las necesidades de la población; una modernización de la sociedad; un concepto del ser humano como ser libre pero necesitado de la educación para usar de la libertad; un nuevo modo, racional y experimental, de enfrentarse al conocimiento.
La literatura de la época no sólo refleja estas ideas, sino que se convirtió en agente de las reformas, en un instrumento capaz de educar a la población con el fin de lograr su bienestar.
  • La instauración de la casa de Borbón en España tras la guerra de Sucesión (1700-1713), supuso un cambio en las tradicionales formas de gobierno. Los Borbones propiciaron el llamado despotismo ilustrado, una forma de gobierno que responde al lema "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Aconsejados por una minoría culta, estos reyes se propusieron como objetivo básico el progreso material y cultural del país, y para lograrlo promovieron la educación y la cultura. La importancia concedida a la educación se refleja en el carácter didáctico de la literatura de la época, lo cual explica el florecimiento de la fábula y el cultivo de un teatro concebido como un medio para ilustrar y moralizar al público.
  • En el plano ideológico, los ilustrados sometieron a crítica el saber tradicional: había que dudar de todo, revisarlo todo, someterlo todo a la luz de la razón. La literatura también respondió a este afán crítico; por este motivo, el ensayo fue el género más cultivado.
 Una literatura de ideas 
En la literatura del siglo XVIII existen al menos tres corrientes:
  • El posbarroquismo, que pretende continuar el Barroco, ya gastado.
  • El neoclasicismo, que aplica los principios de la Ilustración y busca un regreso a lo clásico. Es la corriente más característica de este período.
  • El prerromanticismo, que preludia el Romanticismo al anteponer el sentimiento a la razón.
El Neoclasicismo se impuso como reacción al Barroco y, frente a lo que consideraban excesos barrocos, opuso el ideal de búsqueda de la claridad y armonía clásicas. El retorno a los principios que inspiraron las obras de Grecia y Roma hizo que se impusieran una serie de normas o preceptos a los que debía sujetarse la obra literaria. Frente a la libertad del escritor barroco, el autor neoclásico debe someterse a la autoridad de los preceptistas, entre los que destaca, en España, Ignacio Luzán. He aquí algunos de los preceptos que Luzán establece en su Poética, publicada el año 1737:
- La obra debe tener un carácter universal y genérico, y debe reflejar la realidad, ser verosímil.
- Se deben delimitar los géneros, de modo que no se mezcle lo trágico y lo cómico, el verso y la prosa, el tono elevado y el tono familiar.
- La finalidad de la obra literaria debe ser moral o educativa.
Se propone, pues, una literatura verosímil, racional y didáctica que ejerza una función formativa. De este modo, la literatura se convierte en transmisora de ideas y de pautas de conducta. 
A esta excesiva rigidez iban a oponerse a principios del siglo siguiente los románticos, proclamando la libertad del escritor.