viernes, 14 de agosto de 2015

Estoy mucho mejor

David Foenkinos es una apuesta segura. Por eso cuando encontré en edición de bolsillo Estoy mucho mejor, me lo compré como lectura de verano. No sólo me ha acompañado en las tardes de piscina, sino también en las noches calurosas de este agosto.
En diversos pasajes tenía la sensación de que Foenkinos estaba hablando de mí: creo que éste es el acierto de la novela, que nos podemos sentir todos identificados con su protagonista y con esos sentimientos de querer terminar con todo y empezar de cero, o con ese momento de la vida en que sientes que tus hijos ya no te necesitan y te dejan abandonado...
Por otro lado, hay al mismo tiempo otras situaciones en la historia especialmente divertidas que permiten distanciarte de ti mismo y volver a encontrarte que están hablando de un personaje de ficción. 

martes, 11 de agosto de 2015

El vasco

El vasco es la única lengua no indoeuropea de la Península Ibérica. Sus orígenes no han sido explicados satisfactoriamente, aunque son dos las teorías más barajadas: que posea un origen común con las lenguas caucásicas o que pertenezca al grupo de las lenguas camíticas africanas.
En la actualidad el euskera se habla en Vizcaya y Guipúzcoa, en una pequeña parte de Álava, en el noroeste de Navarra y en una zona del departamento francés de los Bajos Pirineos. El número de hablantes es de unos seiscientos mil, y casi todos son bilingües.

1. Evolución histórica
Desde sus orígenes, y debido a sus peculiaridades, el vasco ha sido una lengua circunscrita prácticamente al ámbito familiar. A partir del siglo XIX, los especialistas, entre los que cabe destacar a Koldo Michelena, han intentado una cierta sistematización y organización de la lengua que permitiera su estudio. De este intento nació el batúa, forma normativa delimitada a partir de los distintos dialectos, que se estudia en las escuelas y se utiliza habitualmente en la vida pública. Después de una etapa de prohibición tras la Guerra Civil, la Constitución de 1978 garantiza su uso y respeto. Gracias a las políticas de normalización, al conocimiento que del idioma disfrutan los jóvenes y al cultivo literario que han llevado a cabo autores como Xavier de Lizardi o Gabriel Aresti, el euskera va adquiriendo una creciente estimación social como seña de identidad del pueblo vasco.

2. El vasco y sus dialectos
El vasco es un idioma aglutinante, esto es, posee morfemas para expresar las relaciones fundacionales y semánticas de la lengua. De sus características destacaremos:
  • Sistema vocálico similar al castellano.
  • Sistema consonántico similar al castellano, con algunos fonemas diferentes (b- aspirada; dos palatales: x, tx, etc.).
  • Acento variable, según la estructura e intención de la frase (excepto en el suletino).
  • Presencia de catorce casos en la declinación y aglutinación de sufijos para establecer las relaciones gramaticales: etxe (casa), etxea (la casa); etxe berri (casa nueva), etxe berria (la casa nueva).
En el léxico, ha recibido un notable influjo de las lenguas romances, si bien él mismo ha dejado restos en el castellano (izquierda, chabola, etc.).
Las variedades dialectales del vasco son, según descubrió en 1863 Luis Luciano Bonaparte, las siguientes:
- En España, vizcaíno, guipuzcoano, alto-navarro septentrional y alto-navarro meridional.
- En Francia, labortano (San Juan de Luz), bajo-navarro occidental, bajo-navarro oriental (en la Navarra francesa, perteneciente al departamento de los Bajos Pirineos) y suletino (en Mauleon y alrededores).

lunes, 10 de agosto de 2015

El gallego

Tanto el gallego como el portugués moderno proceden del gallego-portugués, lengua románica que se formó en el noroeste peninsular. En la actualidad se habla gallego en Galicia, una pequeña franja de Asturias, el Bierzo (León) y Sanabria (Zamora). Teniendo en cuenta a los emigrantes que aún lo conservan, el número de hablantes del gallego ronda los tres millones, la mayor parte de los cuales es bilingüe.

1. Evolución histórica
Durante la dominación árabe, este primitivo dialecto latino se aisló del resto de la península y mantuvo un fuerte influjo de las lenguas celtas que se hablaban en su territorio. En la época de la Reconquista extendió su dominio hacia el sur (hasta Coimbra y Lisboa), donde confluyó con los dialectos mozárabes: surgió así el denominado gallego-portugués, que se mantendría unitario hasta fines del siglo XIV.
De estos siglos (del XI al XV) data la lírica gallego-portuguesa, cultivada por infinidad de autores (Martín Códax, Macías, Alfonso X, Juan II) y recogida en los Cancioneros (d'Ajuda, da Vaticana, de Baena...).
A partir del siglo XV deja de cultivarse la literatura en gallego-portugués por la diferenciación en dos lenguas de este primer dialecto lativo (el gallego y el portugués); las razones son fundamentalmente políticas, pero también sociales: Portugal se siente, desde entonces, independiente. Poco después de conseguir esta independencia, Portugal acometerá la difícil empresa de la conquista de los nuevos territorios americanos, lo que le permitirá en el siglo XVI colonizar el actual Brasil.
El gallego, entre tanto, sufre la dominación castellana: la lengua autóctona se circunscribe al uso popular mientras que el español se convierte en lengua de prestigio.
Esta situación se mantiene hasta el siglo XIX, cuando el movimiento nacionalista denominado Rexurdimento anima al uso del gallego como lengua culta y literaria. Si a esto se añaden la celebración de los Juegos Florales (1861) y el interés de autores como Eduardo Pombal, Rosalía de Castro o Curros Enríquez, se entenderá este renacer de la lengua gallega.
La Real Academia Galega y el Instituto da Lengua Galega de la Universidad de Santiago, además de la labor de autores como Castelao, Celso Emilio Ferreiro o Álvaro Cunqueiro, garantizan el proceso de normalización lingüística y cultural que la Constitución española recoge en varios de sus artículos.

 2. El gallego y sus dialectos


Algunas de las características fundamentales del gallego son:
  • Conservación de  f- inicial latina: figueira (higuera).
  • No diptongación de e, o latinas: pedra (piedra).
  • Permanencia de diptongos latinos ai, ei, ou: touro (toro).
  • Palatalización de ll-: chama (llama).
  • Caída de -l-, -n- intervocálicas: lua (luna).
  • Geada o pronunciación de g como j: "crejo" por crego (clérigo).

sábado, 8 de agosto de 2015

El catalán

El catalán surgió por evolución del latín vulgar en el antiguo Principado de Cataluña. Durante la Reconquista extendió sus dominios hacia el sur (antiguo reino de Valencia) y hacia el este mediterráneo (Islas Baleares). Fruto de esta expansión aún perdura un núcleo de lengua catalana en la isla de Cerdeña (el Alguer). Por tanto, el catalán se habla actualmente en Cataluña (exceptuando el Valle de Arán, donde se habla el aranés), en los valles de Andorra, en el Rosellón (Francia), en la zona oriental de Aragón, en el País Valenciano, en las Islas Baleares y en el Alguer. El número total de hablantes se calcula en siete millones y medio, la mayor parte de ellos bilingües.

1. Evolución histórica del catalán
Desde el asentamiento romano, el latín vulgar fue evolucionando en esta zona de forma paralela a como lo hizo en los demás territorios de conquista romana; entre los siglos VI y XI el originario territorio catalán sufre el dominio carolingio y, años más tarde, después de su independencia, se extiende por el sudeste peninsular y por el Mediterráneo siguiendo una política de expansión territorial propia de los comienzos de la Edad Moderna.
Desde el siglo XV y hasta el XVII, el catalán es lengua oficial de la Confederación Catalano-Aragonesa, si bien aparece un incipiente influjo castellano en la vida administrativa a partir del siglo XVI en el antiguo reino de Valencia que va menguando la libertad del catalán como lengua institucional.
Con la llegada al trono de España de Felipe V después de la Guerra de Sucesión, las posibilidades de igualdad lingüística entre castellano y catalán se reducen: el Decreto de Nueva Planta es el comienzo de una fuerte represión contra el pueblo y contra su idioma. El catalán deja de ser lengua oficial y el castellano se impone en estos territorios a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
En la segunda mitad del XIX, y gracias al movimiento cultural denominado Renaixença, se inicia un proceso de normalización lingüística que culminará con las modernas normas de Pompeu Fabra (Normes ortogràfiques, Gramática normativa, 1918) y con el Diccionari general de la llengua catalana (1932).
Al finalizar la Guerra Civil (1936-1939) el franquismo prohibió el uso de las lenguas autóctonas, por lo que el catalán y su cultura sufrieron un serio revés. Hasta la promulgación de la actual Constitución (1978) no se normalizó nuevamente su uso: hoy en día está reconocida como oficial, del mismo modo que las demás lenguas, en las Comunidades donde su uso es mayoritario.
Son numerosos los autores que han dado al catalán obras fundamentales. Desde Ausias March en la lírica, o Joanot Martorell y Martí Joan de Galba, autores del Tirant lo Blanc, y Raimon Llull en la prosa medievales; hasta Joan Maragall, Costa i Llobera, Salvador Espriu, Pere Gimferrer o Mercè Rodoreda -por poner sólo unos ejemplos-, la literatura catalana ha mantenido siempre su vigor y calidad.

2. El catalán y sus dialectos
Los dialectos del catalán son dos: el catalán oriental (Girona, Barcelona, noreste de Tarragona, Islas Baleares, Rosellón y Alguer) y el catalán occidental (Lleida, Andorra, este de Aragón, este de Tarragona y País Valenciano).
Algunas de las características de esta lengua son:
- Sistema con vocales breves y largas que diferencian significados: dona / dóna (da -del verbo "dar" / señora).
- Ausencia de diptongación de vocales breves tónica e, o latinas: terra (tierra); bona (buena).
- Conservación de f- inicial latina: ferida (herida).
- Conservación de pl-, cl-, fl-: plorar, clau, flama (llorar, llave, llama).
- Palatalización de l- > ll-: lluna, llum (luna, luz).
- Mantenimiento de oclusivas sordas: veritat (verdad).

jueves, 23 de julio de 2015

Los dialectos leonés y aragonés

El castellano en su expansión fue reduciendo las áreas de dos dialectos del latín: el astur-leonés y el aragonés. En la actualidad su extensión es aún menor.

1. El leonés
De entre las diferentes hablas con que cuenta el dialecto leonés, destaca por su vitalidad el bable (o asturiano). El bable se localiza, además de Asturias, en el occidente de Cantabria y en las provincias de León, Zamora, Salamanca y Cáceres.
Destacaremos algunos de sus rasgos:
  • Diptongación de vocales breves latinas e, o en condiciones en las que el castellano no diptonga: fueya (hoja).
  • Conservación de los diptongos ei, ou: carreira, cousa (carrera, cosa).
  • Cierre de las vocales finales e > i, o > u: pradu, esi (prado, ese).
  • Conservación de f- inicial latina: forno (horno).
  • Conservación del sonido /y/ ante e átona, proveniente de g- latina: yermanu (hermano).
  • Evolución de pl-, kl-, fl- latinas a ch-: chave, chama, chumbo (llave, llama, plomo).
  • Conservación de pl-, fl- y kl- latinas: plan, flama, clamar (llano, llama, llamar).
  • Conservación de consonantes sordas intervocálicas: napo, espata, lacuna (nabo, espada, laguna).
 2. El aragonés 
Este dialecto se habla en los valles oscenses de Ansó, Hecho, Lanuza, Biescas, en Sobrarbe y en Ribagorza. Algunas de sus características son paralelas al leonés:
  • Diptongación de vocales breves latinas e, o: güello (ojo).
  • Conservación de f- inicial latina: forca (horca).
  • Conservación de -mb-: plombo (plomo). 

domingo, 19 de julio de 2015

Principales etapas en el desarrollo del castellano


1. Los primeros momentos de formación
Castilla se independiza de León en el 1035, año en el que Sancho el Mayor de Navarra convierte en sendos reinos los antiguos condados de Castilla (que entrega a su hijo Fernando) y Aragón (que otorga a Ramiro). A partir de entonces, el castellano se difunde hacia el sur y va adquiriendo, durante los siglos XI y XII, un puesto hegemónico.
Las primeras manifestaciones escritas en castellano datan del siglo X, las Glosas silenses y las Glosas emilianenses (anotaciones en castellano al margen de los textos latinos), y muestran todas las vacilaciones de una lengua en formación. Paulatinamente, se irá afianzando y estabilizando como lengua de uso común y literario. No será, sin embargo, hasta el reinado de Alfonso X (1252-1284) cuando se produzca el primer intento de fijación de la lengua. Este monarca, muy interesado por la cultura y promotor de las letras, intenta para el castellano la primera representación fija de cada sonido mediante una grafía, enriquece el vocabulario y establece las bases de la lengua escrita (uso de conjunciones, ordenación de períodos sintácticos, etc.).

2. Expansión y consolidación del idioma
Durante los siglos XIV y XV el castellano continúa su consolidación como lengua de cultura -no sin vacilaciones en la representación escrita- y se va enriqueciendo con la entrada de palabras de otras lenguas (portugués, francés, italiano). A fines del XV, un humanista, Antonio de Nebrija, publica su Gramática (1492), primera obra de estas características en una lengua romance, con la intención de definir y ordenar su uso, además de facilitar el aprendizaje del latín. Este mismo año, la lengua castellana abrirá sus horizontes hacia nuevas tierras: la conquista de América convertirá al español en una de las lenguas más habladas del mundo. El castellano, a principios del siglo XVI, ha conseguido asentarse en gran parte de la zona norte peninsular -a expensas de otros dialectos románicos, como el aragonés o el astur-leonés-, y va consolidándose en el sur, en Canarias y en América.

3. El reajuste fonológico de los Siglos de Oro
A lo largo de todo el siglo XVI y parte del XVII, y a la par que produce algunas de sus mejores obras literarias, el castellano sufre la mayor reorganización del sistema fonológico en su historia: algunos sonidos, que habían surgido por evolución del latín y que se habían consolidado en el sistema, sufren un reajuste vigente hasta nuestros días. Nos referimos, entre otras, a la reducción de los pares de sonidos sibilantes en subsistema consonántico. La evolución, muy simplificada, sería la siguiente:

a) Ensordecimiento de sibilantes:
  • -s- y -ss- intervocálicas convergen en -s- sorda (fuesse > fuese)
  • z y ç -pronunciadas ds y ts respectivamente- evolucionan hasta las actuales c (ante e i) y z (abraçar > abrazar; dizía > decía) 
b) Velarización:
  • -g-, -j- y -x- intervocálicas -pronunciadas como sh las dos primeras, como y la última- confluyen en las actuales g (ante e i) y j (dixo > dijo; muger > mujer)
 c) Fricatización:
  • -b- intervocálica (que sonaba como oclusiva) y -v- intervocálica (que sonaba como fricativa) convergen en la fricativa, a veces con grafía b
d) Enmudecimiento:
  • h- inicial (originaria de f- latina) va perdiendo la aspiración hasta desaparecer.

4. El siglo XVIII y la Real Academia
Durante el siglo XVIII, y gracias a las ideas ilustradas, se producen dos fenómenos contrarios por lo que se refiere a la lengua. Por un lado, la influencia francesa introduce gran cantidad de galicismos en el español; por otro, y en buena parte como respuesta a esta circunstancia, surge un gran interés por fijar y ordenar el idioma. Con la creación en 1713 de la Real Academia Española, comienzan las actividades de organización del léxico (Diccionario de Autoridades, 1726-1739), de representación de los sonidos (Ortografía, 1741) y de estructuración de normas gramaticales (Gramática de la lengua castellana, 1771).
La labor académica fu, además de ingente, fundamental, pues se terminó con ciertas vacilaciones en la escritura y, adoptando a veces audaces medidas, se consiguió una fijación apenas corregida hasta hoy. Por entonces se reducen las múltiples representaciones gráficas de cada sonido a una o dos grafías; se regula el uso exclusivo de u, i para los sonidos vocálicos respectivos; se estabiliza el uso de c, z; se suprime el uso de ç, así como la distinción gráfica de ss-, s-; se establece el uso de b, v según criterios etimológicos; y, por fin, se simplifican las grafías de origen griego y latino ph-, th-, etc. (phisica > física; thesoro > tesoro).

lunes, 13 de julio de 2015

La formación de las lenguas peninsulares

Dos son los momentos culminantes en la formación lingüística peninsular: la romanización y el asentamiento árabe.

1. La romanización
La llegada de los romanos a la Península Ibérica (218 a.C.) significó la anulación paulatina de otras lenguas que aquí se hablaban, como el íbero, el celta, etc. La única que subsistió fue el vasco, cuyos orígenes inicientos han sido largamente debatidos por los expertos.
Además de algunos restos léxicos que se han mantenido (perro, barro, etc.), las lenguas prerromanas en general y el vasco en particular han dejado ciertos rasgos en el castellano que lo diferencian de las otras lenguas romances peninsulares:
- Aspiración y posterior desaparición de f- inicial latina: del latín farina, surge farina en catalán, farina en gallego, pero harina en castellano.
- Desaparición de /v/ labiodental, de manera que en castellano no hay diferencia de pronunciación entre vasto y basto, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en inglés (voice, boys).
Los romanos, desde los primeros momentos, llevaron a cabo una política lingüística y cultural profunda y compleja: enseñaron su idioma a la población, a la vez que establecían los vínculos necesarios para que todos asumieran como propia la nueva lengua. En época de Augusto (19 a.C.) puede decirse que el proceso de consolidación se ha completado: el latín es el idioma del Imperio.
La descomposición y fragmentación de los dominios imperiales desemboca, a partir del siglo III principalmente, en una nueva realidad política y cultural que se conocerá con el nombre de Romania. La Romania es el conjunto de pueblos cuya característica común es haber recibido la civilización romana. Sus lenguas, las lenguas romances, surgen de la evolución del latín común o vulgar en cada uno de los territorios dominados por Roma.

2. Los visigodos y la posterior influencia árabe
En el siglo V, los pueblos bárbaros (suevos, vándalos y alanos) llegan a la Península Ibérica y se dispersan por ella, lo que facilita aún más la incipiente fragmentación lingüística. Los visigodos, de origen germano, ocuparon inicialmente la Galia romana e instalaron su capital en la Tolosa francesa; más tarde, durante el reinado de Leovigildo (568-586), trasladaron la capital a Toledo. Adoptan como credo el catolicismo, asumen las tradiciones locales y asimilan mayoritariamente como lengua propia el latín (siglo VII): comienza así una etapa de consolidación política, jurídica y social que coincide con la aceleración evolutiva del latín hacia las nuevas lenguas. Perduran de esta época algunas palabras de uso general (espía, adrede, guiar, rico, galardón, guerra, ropa, tapa), ciertos topónimos (Burgos, Castrogeriz) y varios nombres de persona (Enrique, Fernando, Adolfo).


En 711 desembarcan los musulmanes en el sur de la Península y, con ellos, otras costumbres, otras tradiciones, una nueva lengua y un concepto diferente de la cultura y de la organización social. Su influjo fue tan determinante para las lenguas peninsulares, que las ha dotado -sobre todo al castellano- de unas características peculiares que las diferencian del resto de la Romania.
El castellano adopta multitud de vocablos árabes (se calculan unos cuatro mil), muchos de los cuales se asimilan fonéticamente al léxico patrimonial (el originado del latín por evolución natural), por ejemplo, del árabe al-'aib surge aleve. La inmensidad de saberes que los árabes aportaron a la vida hispana, unida a su prolongada estancia en la Península permitió la entrada de palabras pertenecientes a campos tan variados como el agrícola (berenjena, aceite, azahar, azúcar, azafrán, albaricoque), el doméstico (almohada, alcuza, ajuar), el de la construcción (albañil, azulejo, adobe, alcantarilla), el de la medicina (alcohol, jaqueca, jarabe, alcanfor), el del comercio (almacén, arancel, zoco), el de las matemáticas (cero, cifra, álgebra, guarismo) o el de los juegos (azar, ajedrez).
Son también muchos los topónimos de origen árabe que han sobrevivido (Alcudia, Benicarló, Alcalá, Binisalem), así como los nombres de ríos (de wadi = río, provienen Guadiana, Guadalquivir, Guadalhorce, Guadarrama).
En los territorios sometidos por los musulmanes sobrevivió un dialecto románico -el mozárabe- arcaizante y literariamente productivo, como lo demuestran las jarchas, cancioncillas populares en mozárabe que se añadían a las moaxajas (poemas líricos en árabe o hebreo cultos). La evolución de las demás formas románicas -y sobre todo la continuada expansión castellana- haría morir este dialecto años más tarde.

3. La Reconquista y la diversidad dialectal
Mientras duró la presencia árabe (desde 711 hasta 1492), los cristianos y los musulmanes pugnaban por el dominio de los distintos territorios: sucedían a las etapas de paz momentos de enconada lucha. Tanto en las zonas de dominio musulmán como en las de control cristiano, las sociedades se organizaban según el modelo de señoríos: ducados, condados y reinos afianzan la estructura medieval y, como consecuencia, comienzan a cimentar las bases de los nuevos estados.
En cada reino, en cada comunidad cristiana, el latín vulgar va alcanzando un grado de evolución que nos permite hablar ya de dialectos romances. Se distinguen, de oeste a este peninsular, el gallego, el astur-leonés, el castellano, el aragonés y el catalán. De todos ellos, solo el astur-leonés y el aragonés no llegaron a constituirse en lenguas, por lo que en la actualidad se siguen denominando dialectos.   

domingo, 5 de julio de 2015

Las lenguas romances

El grupo de las llamadas lenguas romances tiene su origen en el latín, idioma hablado en la antigua Roma que se constituyó en lengua del Imperio Romano; se utilizó en todos los territorios dominados y desplazó a otras hablas propias de la Galia o de Hispania. Todavía en la Edad Media, cuando ya hacía tiempo que el Imperio había desaparecido, seguía siendo la lengua universal de la cultural occidental.




Dentro de las lenguas originarias del latín, o lenguas romances, se distinguen las siguientes:

1. Lenguas romances orientales
La lengua fundamental de este grupo es el rumano, que se habla en Rumanía y en parte de Hungría y de Ucrania. Cuenta con unos 19.350.000 hablantes. Muestra influencia del turco, tano en su léxico como en su fonética o en su morfología.

2. Lenguas romances occidentales
Se distinguen a su vez los siguientes subgrupos:
  • Italo-romance: La lengua más importante de este subgrupo es el italiano. Se habla en Italia, en parte de Suiza y, como dialecto, en Cerdeña (sardo). El italiano posee una fonética muy sencilla y, entre otras, la característica de formar el plural masculino en -i y el femenino en -e, lo que la diferencia de las demás lenguas romances occidentales, que realizan el plural en -s. Su literatura es enormemente rica e interesante; a ella pertenecen algunas figuras fundamentales para la cultura occidental como Dante, Petrarca o Boccaccio. En la actualidad hablan esta lengua unos 57 millones de individuos.
  • Galo-romance: Pertenecen a este subgrupo el provenzal y el francés. El provenzal, hablado por unos 8.200.000 individuos en Francia, en algunas zonas del norte de Italia y Mónaco, fue lengua literaria de primer orden durante la Edad Media: los trovadores la utilizaban en sus composiciones líricas y cortesanas. El francés se habla en Francia, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Mónaco, Italia, y países no europeos de antigua dominación francesa (Burundi, Camerún, Canadá, Chad, Guinea, Haití, Madagascar, Mozambique, Níger, Zaire o Vietnam). Es, además, vehículo de comunicación y de cultura entre hablantes de otras lenguas. Cuenta con unos 72.300.000 habitantes. Su cultura es de las más ricas e influyentes del mundo. La literatura francesa resulta fundamental, en muchas de sus etapas, para comprender la evolución literaria occidental: Molière, Racine, Voltaire, Baudelaire, Sthendal, Flaubert o Albert Camus son sólo unos pocos nombres de escritores franceses universales.
  • Ibero-romance: En este subgrupo está el portugués y todos los idiomas del Estado español, excepto el vasco: gallego, castellano y catalán. El portugués se habla, además de en Portugal, en Angola, Brasil, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Macao, Madeira, Mozanbique, Sao Tomé y Príncipe, y Timor Este. Lo utilizan más de 138 millones de hablantes. Algunos representantes de su literatura, aparte los cultivadores de la antigua lírica gallego-portuguesa, son Camoens, Machado de Assís, Fernando Pessoa, José Saramago o Jorge Amado.

jueves, 2 de julio de 2015

San Manuel Bueno, mártir

San Manuel Bueno, mártir fue una lectura de mis clases de Religión en el curso 1983-1984. Efectivamente, han pasado demasiados años hasta reencontrarme con esta novela de Miguel de Unamuno. He utilizado para las últimas entradas a este blog la edición de Mario J. Valdés para Cátedra de 1982.
Resulta muy interesante el estudio introductorio realizado por Valdés, especialmente el apartado dedicado a las ideas filosóficas de Unamuno, puesto que sus esquemas sobre el sentimiento trágico de la vida es una constante en sus novelas y está, como no podría ser de otra manera, en su San Manuel Bueno, mártir.

domingo, 28 de junio de 2015

Las lenguas de Europa

1. Nociones preliminares
La distinción lingüística entre lengua y dialecto se basa en un principio genético: se aplica el término dialecto a aquella forma de hablar que proviene o se deriva de una lengua (el castellano es, genéticamente, un dialecto del latín, como lo son el francés, el italiano, el catalán, el rumano...). Si se abandona esta perspectiva genética y se observan de forma independiente estas formas lingüísticas, se denomina lengua o idioma a la manera de hablar compartida por un amplio grupo de personas, con una cultura propia, común e históricamente documentada, y una norma ideas aceptada por todos para comunicarse, que se diferencia sustancialmente de otras en un momento histórico dado. Cada lengua (el rumano, el italiano, el catalán, el castellano o el gallego) posee, además, unos dialectos, lo que no dificulta en absoluto el entendimiento y la comprensión mutua entre los hablantes de una misma lengua, ni la unidad de la misma, sino que la enriquecen y la matizan.
Las lenguas de Europa son muchas y variadas; sin embargo, una buena parte de ellas provienen de un mismo tronco. En la segunda mital del siglo XIX, los lingüistas postularon la llamada hipótesis indoeuropea, según la cual la mayoría de las lenguas europeas se emparentarían con alguna de las lenguas de la India (hindí, por ejemplo) y con el persa.

2. Las lenguas indoeuropeas
A este gran grupo indoeuropeo pertenecen, además del armenio, del albanés y del griego, las siguientes familias:
- Familia romance: rumano, italiano, francés, provenzal, catalán, castellano, gallego, portugués.
- Familia céltica: irlandés, gaélico, bretón, galés.
- Familia germánica: inglés, alemán, danés, noruego, islandés, neerlandés.
- Familia báltica: letón, lituano.
- Familia eslava: ruso, ucraniano, polaco, checo, eslovaco, esloveno, serbocroata, macedonio, búlgaro.

 
3. Otras lenguas del continente
- El urálico es un grupo de lenguas diferente del indoeuropeo y a él pertenecen, entre otras, el húngaro, el finés, el estonio, el lapón, el samoyedo, y varias de las lenguas habladas en la antigua Unión Soviética.
- Las lenguas caucásicas (georgiano, abjaso, checheno, circasiano, etc.) se hablan en las tierras del Cáucaso y son muy numerosas. En algunos territorios de la antigua URSS también se encuentran las lenguas túrcicas (azajo, uzbeco, tártaro, acerí, etc.), grupo al que pertenece asimismo el turco.
- Hay que reseñar la existencia de una lengua que no pertenece a ninguno de los grupos citados, el vasco o euskera, cuyo origen aún no ha sido demostrado.

domingo, 21 de junio de 2015

Interpretación de San Manuel Bueno, mártir

La expresión literaria comprende una ambigüedad creativa que la separa de la prosa discursiva. El crítico literario se acerca al texto que comentará armado con una serie de nociones -explícita o implícitamente elaboradas- que desfigurarán el texto, puesto que toda interpretación tiene que escoger y fijar y, por consiguiente, reducir la ambigüedad, que en cierto sentido significa reducir el texto. Podemos, por tanto, preguntarnos así, públicamente, qué valor tiene escribir una interpretación más de San Manuel Bueno, mártir. La respuesta a esta paradoja nos la ha dado el mismo Unamuno.
Unamuno ha insistido en la existencia propia de la obra literaria y ha expuesto la única situación lícita para el lector que hace texto de su lectura, es decir, el crítico. Si el crítico reconoce la autonomía del texto, llegará a descubrir que su función es la de un dialogante. Cuando uno de nosotros entabla un diálogo interesante y agitado con otra persona no caemos en la simpleza de pensar que podemos saber lo que el otro está pensando. Tenemos que recibir, comprender y contestar a sus palabras, pero no a su mente, que se mantiene inaccesible. Un texto literario, bien lo comprendió Unamuno, es la creación más rica del hombre, ya que tiene la capacidad creativa del diálogo con los lectores distantes y separados por espacio y tiempo. El único papel que puede cumplir el crítico que no reduzca la realidad creativa del texto es la de un dialogante.
Empezamos la lectura de San Manuel Bueno, mártir con el encuentro de una voz narrativa clara y fuerte que expone su situación existecial. Pero su propósito no es presentarse a sí misma como objeto de consideración. Ángela Carballino se presenta como el evangelista cuya misión es dar a conocer a otro que ha venido, ha vivido y ya no está presente. Ángela Carballino ha optado por la palabra escrita y no la hablada; la terrible palabra escrita, que no se puede controlar una vez entregada al lector. La palabra escrita, que "sólo Dios sabe con qué destino" obrará, es un riesgo mortal que tiene que tomar Ángela. Aunque el obispo de Renada y las autoridades eclesiásticas se valgan de este texto para condenar a su adorado San Manuel, Ángela tiene que "dejar consignado, a modo de confesión", todo lo que sabe y lo que recuerda de aquel varón matriarcal. Esta obligación, que la llena de terror, tiene que cumplirse porque es su misión transmitir la historia del santo para que pueda ser recreado por otros en su lectura. El Evangelio es la palabra encarnada, e igual que Juan, tiene que fijar las palabras de Manuel y transmitirlas sea cual fuere el riesgo. 
Ángela le da el nombre de "varón matriarcal"; también nombrará al nogal matriarcal. Estamos ante la tradición más antigua, en la que a toda potencia creadora y recreadora se le denominaba mater. Como los reyes preclásicos de la antigua Grecia, Don Manuel cumple con el oficio y el deber de garantizar la continuidad de la vida y vencimiento de la muerte. Ángela nos dice que Don Manuel es su padre espiritual, lo cual no significa que sea su confesor, sino el padre de su espíritu. Por tanto, es significativo que para la tercera sección del texto Ángela nos confiese que "empezaba yo a sentir una especie de afecto maternal hacia mi padre espiritual". Este cambio gradual no solamente se expresa como un estado de ánimo en el tiempo narrativo (el pasado del relato), sino también en el tiempo de la narración, puesto que ya ha escrito Ángela 410 líneas de su evangelio. Como sus precursores bíblicos, Ángela decide aceptar el mandato espiritual de escribir el evangelio sólo después de la muerte del santo, y, concretamente, acepta su papel cuando su hermano Lázaro está muriendo y le dice:

No siento tanto tener que morir... como que conmigo se muere otro pedazo del alma de don Manuel.

Lázaro había tomado apuntes de la vida, obra y, especialmente, palabras del santo, pero no las había consagrado como texto narrativo. El olvido es la terrible amenaza que más teme: la pérdida completa de la realidad que fue San Manuel.
Ángela Carballino repite al final de su memoria lo que nos anticipa al principio. No ha escrito esta confesión por razones reconocibles como prudentes, pues con buena razón desea que su manuscrito no llegue al conocimiento de las autoridades eclesiásticas, cuya doctrina condenaría al santo de Valverde de Lucerna. Si no ha escrito por razones corrientes, ¿cuál ha sido su motivación? Escribe bajo la inspiración de su experiencia con Manuel y siguiendo su misión extrarracional del evangelista.
El lugar-ambiente en esta novela no es descriptivo, aunque tenga el fondo implícito del León de los Paisajes. El espacio narrativo en este texto es simbólico. Hay una aldea remota situada entre la montaña y el lago. Aldea, montaña y lago representan los tres símbolos de la novela. La aldea de Valverde de Lucerna se identifica en el texto con un grupo selecto de nombres: aldea, villa, pueblo, monasterio y convento. En cambio, lago se suele usar en combinación con montaña. El sistema creativo de Unamuno se basa en tres tropos tradicionales empleados en el contexto de estos tres símbolos.
Valverde de Lucerna se extiende, por uso de metonimia, a identificar el lugar con la población para elevarlo al significado de la humanidad en la intrahistoria. En cambio, con lago y montaña, Unamuno emplea el símil y la metáfora para crear el significado más profundo de su obra: la dicotomía dialéctica entre la fe y la duda y su personificación en el protagonista Manuel - Cristo.

Examinemos estas observaciones más detenidamente. La metonimia, que logra identificar entrañablemente a la aldea Valverde de Lucerna y su población, parte principalmente del doble uso de pueblo. En unas líneas es "todo el pueblo", refiriéndose a la población. En otras es "cuando vuelvas a tu pueblo", haciendo referencia al lugar. Igualmente leemos "hubiera en el pueblo", o "en el pueblo", o "de nuestro pueblo"; pueblo es ya una voz metonímica donde se puede leer tanto lugar como población, y cabe decir se lee mejor con ambas referencias presentes a la vez. En este doble significado sigue "que el pueblo esté contento". Sin duda alguna, es importante que se continúe esta relación, pues en un párrafo se utiliza pueblo como lugar y en seguida como población.
Una vez preparado el terreno por la identificación metonímica, Unamuno añade los nombres de significado simbólico:

Mi monasterio es Valverde de Lucerna. Yo no debo vivir solo; yo no debo morir solo. Debo vivir para mi pueblo, morir para mi pueblo. ¿Cómo voy a salvar mi alma si no salvo la de mi pueblo?

Pasamos de la referencia del lugar a la de la población para establecer el símbolo unitario de intrahistoria. En seguida Unamuno refuerza la referencia: "a nuestro monasterio de Valverde de Lucerna" y "en el pueblo, que es mi convento", y, también, "en nombre del pueblo, me absuelves". Finalmente, Unamuno extiende el símbolo a su significado último:

Recordaréis que cuando rezábamos todos en uno, en unanimidad de sentido, hechos pueblo...

Y:

... en el alma del pueblo de la aldea, a perdernos en ellas para quedar en ellas. Él me enseñó con su vida a perderme en la vida del pueblo de mi aldea.

Aquí pueblo lleva ya el significado de intrahistoria como concepto ontológico de realidad histórica.
Los símbolos dialécticos de montaña (fe) y lago (duda), como hemos dicho, se desarrollan, a través de la obra, primero como símil que personifica a Don Manuel como la encarnación de esta oposición, y luego como metáfora que plantea el sentimiento trágico de la vida cuyo mayor delito es haber nacido.
Como símil los encontramos casi al empezar la novela:

... llevaba la cabeza como nuestra Peña del Buitre lleva la cresta y había en sus ojos la hondura azul de nuestro lago.

O aún más notable:

... y no era un coro, sino una sola voz, una voz simple y unida, fundidas todas en una y haciendo como una montaña, cuya cumbre, perdida a las veces en nubes, era don Manuel. Y al llegar a lo de "creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable", la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba.

En esta última cita el símil compara a la voz del pueblo rezando con la montaña y el silencio, o la ausencia de voz de Don Manuel, al llegar a las palabras indicadas, se explica como zambullido en un lago. Por tanto, la voz del pueblo todo (en un sentido intrahistórico), en su proclamación de la fe, se compara a la montaña, y el silencio o la ausencia de la voz de Don Manuel, que demuestra la falta de fe, se compara al lago. Pero aquí no termina el desarrollo simbólico; falta la metáfora de la nieve. Cuando Don Manuel le dice a Lázaro:

¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo en el lago y muriendo en él mientras cubre con su toca a la montaña?

Aquí se añade el elemento más profundo de la novela. La nieve, como la vida misma, es transitoria, pero los copos de nieve que caen sobre la montaña se unen y forman una toca que da la apariencia de perdurar. En contraste, los copos que caen sobre el lago se disuelven inmediatamente sin huella. Así es la vida del pueblo: con fe forma una montaña en su colectividad, sin fe los hombres se pierden aislados en la muerte sin huella de haber sido. Sigue la metáfora Unamuno un paso más:

... está nevando, nevando sobre el lago, nevando sobre la montaña, nevando sobre las memorias de mi padre, el forastero; de mi madre, de mi hermano Lázaro, de mi pueblo, de mi san Manuel, y también sobre la memoria del pobre Blasillo, de mi san Blasillo, y que él me ampare desde el cielo. Y esta nieve borra esquinas y borra sombras, pues hasta de noche la nieve alumbra.

La nieve es la gran niveladora, junta lo recto con lo circular, lo pobre con lo rico, y hasta lo vivo con lo muerto, pero tiene que caer en tierra para mantenerse, pues en el largo se disuelve al hacer contacto. El misterio de la nieve es el misterio de la fe. La fe puede vencer hasta a la amenaza de la muerte. La vida sigue su curso, hombres y mujeres nacen y mueren, por unos años viven y algunos viven con la fe y la esperanza de la resurrección, y otros viven hostigados por la duda. Por tanto, la pregunta fundamental es cómo puede sobrevivir el agonista y no sucumbir al suicidio. La respuesta se ofrece también metafóricamente. Veíamos anteriormente que la aldea de Valverde de Lucerna, perdida como un broche entre el lago y la montaña, representa toda una población colectiva situada entre la fe y la duda, pero mantenida en la fe por San Manuel Bueno. Pero también hay otra Valverde de Lucerna sumergida en el lago según la leyenda. Ésta es la Valverde de Lucerna que Lázaro descubre en Don Manuel:

... creo que en el fondo del alma de nuestro don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas.

La villa sumergida es la plena conciencia de la intrahistoria. Manuel, y luego Lázaro, su discípulo, al dedicarse completamente a la colectividad del pueblo, encuentran que aquí está la actualidad de la verdadera historia y que hay un fondo de esta superficie que es el cementerio de las almas de sus abuelos, y los abuelos de éstos y los de éstos. En uno de sus momentos lúcidos, antes de su encuentro con Unamuno, Augusto Pérez, personaje de Niebla, lo expresa con claridad:

Por debajo de esta corriente de nuestra existencia, por dentro de ella hay otra corriente en sentido contrario: aquí vamos del ayer al mañana, allí se va del mañana al ayer.

Don Manuel personifica la cruz del nacimiento al estar situado entre la fe y la duda de su pueblo. Esta personificación le hace no solamente santo, sino mártir, porque toma la duda y la sufre por todos. Así lo ve Ángela Carballino y así nos lo presenta en su memoria. La narración de Ángela está estructurada como un evangelio, y el paralelo con Cristo, salpicado de numerosas citas y alusiones bíblicas, va creciendo hasta el climax del descubrimiento de la tragedia íntima de Don Manuel. Por consiguiente, se entiende que Cristo también duda en la resurrección y el "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?" de los dos Cristos, el bíblico y el de Valverde de Lucerna, son gritos de verdadera angustia.
La cronología de la memoria, por tanto, nos lleva de los recuerdos de niñez a la experiencia angustiosa y la muerte de Manuel. Ángela, como narradora evangelista, es a la vez hija espiritual de Manuel y madre de su victoria sobre el olvido. Su evangelio, sus palabras escritas, ganarán la inmortalidad para Manuel, y por esta razón pueden crecer sus sentimientos maternales al paso que progresa la narrativa. Ángela es la virgen madre como la tía Tula, pero su maternidad se debe a la palabra escrita: el testimonio de santidad que nos deja.
Al margen de la personificación hecha por Ángela hay otro paralelo, éste hecho por el mismo Manuel. Él no se ve como Cristo, sino como Moisés. Él sabe que no trae la redención de la muerte, pero cree firmemente que lleva la ilusión de la tierra prometida. Don Manuel se caracteriza en sus comentarios a Ángela y Lázaro como el guía de su pueblo que está condenado a no ver la tierra prometida por haberle vista la cara a Dios. La promesa que protege y fecunda es para su pueblo y no para él, y así muere pidiéndole a Lázaro, el hombre nuevo de Cristo, que sea su Josué y que siga la trayectoria. El conflicto interno de Manuel representa el arquetipo bíblico de la lucha de opuestos sin resolución. En vez de ser la lucha entre el bien y el mal, aquí se concentra como la lucha entre la fe y la duda. Y es ésta la que hace a Unamuno entrar otra vez en sus textos con voz directa que implica al lectos en la lucha.
El diablo, el fiscal racional, quiere condenar a Don Manuel a los infiernos de la mentira, pero Unamuno, como el archimensajero San Miguel Arcángel, clama: "El Señor te reprenda". La verdad de Don Manuel y la verdad tan ardientemente buscada por Pachico en Paz en la guerra es la misma. La vida es una lucha, una guerra que no tiene más resolución que la muerte. Pero hay una colectividad que es la comunión del pueblo, y esta unidad está basada en las numerosas generaciones que han originado colectivamente en su creación de la lengua común la comunidad. Por tanto, la santa cruzada de Pachico de provocar se convierte en la santa misión de proteger y nutrir la fe, que es lo que tiene en común la comunidad.