Cuando estudiaba "Literatura" e "Historia del Mundo Contemporáneo", allá por el año 1984, en el viejo COU, se nombraba esta obra de Albert Camus como representativa del existencialismo literario del periodo entreguerras. Y fue entonces cuando compraba y leía esta novela.
Ahora ha salido de la estantería, ya que al hijo de un amigo se la han pedido como lectura en el nuevo 2º Bachillerato. Después de devolmérmelo, he decido disfrutarlo de nuevo, o incluso mejor leerlo como si fuera una novedad, ya que en verdad apenas lo recordaba.
Para todos es conocida la historia: el señor Meursault comete un desafortunado asesinato, pero en lugar de defenderse o mostrar su arrepentimiento, se muestra durante el juicio con la misma pasividad y falta de sentimientos que tuvo durante el funeral de su madre. Así, nos viene a decir que esta sociedad condenará a muerte, sin pretender siquiera buscar un alegato de defensa, a aquel que no llore en el funeral de su madre.
Por otro lado, hoy me gustaría señalar aquí otra cuestión: la renuncia al perdón de Dios, la falta de valores y principios morales colectivos, convierten al hombre en un extranjero dentro de su propia comunidad, y como tal lo tratará, sin buscar la comprensión de sus actos, con intolerancia, con la exclusión social propia de sociedades racistas.
viernes, 11 de diciembre de 2015
lunes, 7 de diciembre de 2015
Variedades diafásicas
1. Concepto
Las diferentes situaciones en que se puede producir un proceso de comunicación condicionan al hablante para utilizar la lengua de diferente forma. Un estudiante no habla del mismo modo, no utiliza el mismo léxico, ni siquiera la misma entonación o sintaxis, cuando tiene que exponer un tema en clase, cuando está charlando con sus padres durante la comida o cuando habla de fútbol con sus amigos. A esas modalidades expresivas adaptadas por el hablante a situaciones determinadas las llamamos variedades diafásicas o situacionales, o, más sencillamente, registros.
El dominio o nivel de conocimiento de una lengua consiste fundamentalmente en la capacidad del hablante para cambiar de registro, adoptando en cada situación el más adecuado de acuerdo al tipo de comunicación que se efectúe. Así, la diferencia fundamental entre los hablantes del nivel culto y los del nivel vulgar no es tanto que los dos grupos se expresen siempre de forma diferente, sino que mientras los hablantes menos instruidos sólo son capaces de utilizar el código restringido del idioma, los de mayor nivel sociocultural manejan el restringido y también el culto, lo que les permite cambiar de registro cuando la situación lo requiere.
Las circunstancias que exigen variedades lingüísticas más o menos diferenciadas pueden ser múltiples; generalmente, sin embargo, hablamos sólo de un cierto número de registros establecidos por la costumbre: registro político, profesional, deportivo, familiar, coloquial... Este último comparte los rasgos lingüísticos para el nivel de uso popular o vulgar, hasta el punto de que esa variedad diastrática se denomina también en ocasiones nivel coloquial o familiar. Añade además la característica esencial de la presencia física de uno o más oyentes, con cuya atención, reacciones y gestos puede contar el hablante.
Un caso particular de registros opuestos, aunque complementarios, es el de la lengua oral y la lengua escrita.
2. Las lenguas especiales
Podemos encuadrar dentro de los registros los distintos subsistemas de la lengua común que se distinguen principalmente por un léxico propio y que se utilizan en un ámbito sociocultural o profesional determinado. El filólogo Emilio Alarcos los denomina lenguas especiales y distingue tres tipos:
- Jergas o argots: Generalmente, son variedades con finalidad críptica, es decir, el uso de un léxico especial se debe a un intento de impedir la comprensión a los no pertenecientes al grupo. El uso de la jerga refuerza la sensación de unidad de los miembros del grupo. Son ejemplos típicos las jergas estudiantiles o juveniles, la de la delincuencia, la del mundo de la droga, etc.
- Lenguajes sectoriales: Otros lingüistas los consideran también jergas. Pertenecen a distintas actividades o profesiones y no tienen finalidad críptica, aunque su comprensión es difícil para los no iniciados. Podemos hablar de las jergas o lenguajes de los distintos deportes, del lenguaje taurino, del político, del jurídico-administrativo...
- Lenguajes científico-técnicos: Son los empleados en la descripción científica propia de las distintas ramas del saber. En ocasiones, presentan intención didáctica, es decir, de hacerse entender por los no especialistas. Variedades diversas son el lenguaje de la Medicina o de la Física, el de las disciplinas humanísticas como la Filosofía o la Historia, etc.
Las diferentes situaciones en que se puede producir un proceso de comunicación condicionan al hablante para utilizar la lengua de diferente forma. Un estudiante no habla del mismo modo, no utiliza el mismo léxico, ni siquiera la misma entonación o sintaxis, cuando tiene que exponer un tema en clase, cuando está charlando con sus padres durante la comida o cuando habla de fútbol con sus amigos. A esas modalidades expresivas adaptadas por el hablante a situaciones determinadas las llamamos variedades diafásicas o situacionales, o, más sencillamente, registros.
El dominio o nivel de conocimiento de una lengua consiste fundamentalmente en la capacidad del hablante para cambiar de registro, adoptando en cada situación el más adecuado de acuerdo al tipo de comunicación que se efectúe. Así, la diferencia fundamental entre los hablantes del nivel culto y los del nivel vulgar no es tanto que los dos grupos se expresen siempre de forma diferente, sino que mientras los hablantes menos instruidos sólo son capaces de utilizar el código restringido del idioma, los de mayor nivel sociocultural manejan el restringido y también el culto, lo que les permite cambiar de registro cuando la situación lo requiere.
Las circunstancias que exigen variedades lingüísticas más o menos diferenciadas pueden ser múltiples; generalmente, sin embargo, hablamos sólo de un cierto número de registros establecidos por la costumbre: registro político, profesional, deportivo, familiar, coloquial... Este último comparte los rasgos lingüísticos para el nivel de uso popular o vulgar, hasta el punto de que esa variedad diastrática se denomina también en ocasiones nivel coloquial o familiar. Añade además la característica esencial de la presencia física de uno o más oyentes, con cuya atención, reacciones y gestos puede contar el hablante.
Un caso particular de registros opuestos, aunque complementarios, es el de la lengua oral y la lengua escrita.
2. Las lenguas especiales
Podemos encuadrar dentro de los registros los distintos subsistemas de la lengua común que se distinguen principalmente por un léxico propio y que se utilizan en un ámbito sociocultural o profesional determinado. El filólogo Emilio Alarcos los denomina lenguas especiales y distingue tres tipos:- Jergas o argots: Generalmente, son variedades con finalidad críptica, es decir, el uso de un léxico especial se debe a un intento de impedir la comprensión a los no pertenecientes al grupo. El uso de la jerga refuerza la sensación de unidad de los miembros del grupo. Son ejemplos típicos las jergas estudiantiles o juveniles, la de la delincuencia, la del mundo de la droga, etc.
- Lenguajes sectoriales: Otros lingüistas los consideran también jergas. Pertenecen a distintas actividades o profesiones y no tienen finalidad críptica, aunque su comprensión es difícil para los no iniciados. Podemos hablar de las jergas o lenguajes de los distintos deportes, del lenguaje taurino, del político, del jurídico-administrativo...
- Lenguajes científico-técnicos: Son los empleados en la descripción científica propia de las distintas ramas del saber. En ocasiones, presentan intención didáctica, es decir, de hacerse entender por los no especialistas. Variedades diversas son el lenguaje de la Medicina o de la Física, el de las disciplinas humanísticas como la Filosofía o la Historia, etc.
martes, 1 de diciembre de 2015
El peso de las sombras
Ángeles Caso es una de mis escritoras favoritas. Y empecé con El peso de las sombras a sentir esta devoción, hace ya mucho tiempo, imagino que alrededor de 1994 cuando quedó finalista en el Premio Planeta por esta novela.
Me apetecía su relectura y reunía esos detalles que busco ahora: novela breve, libro de poco peso, letras grandes... para leer en la cama, sin gafas, unos minutos antes de cerrar los ojos.
Nos habla del amor y de la soledad, dos sentimientos universales que pueden coexistir a un mismo tiempo: el lecho vacío y aún caliente del amante que se ha ido, el peso de la ausencia de los seres queridos o la búsqueda de compañía a cambio de dinero.
Pero Caso da un giro con un nuevo aspecto: la presencia de una sombra que se instala en nosotros y que nos hace ser otro, con otra mirada en los ojos. Una sombra que nos llevará a cometer actos aborrecibles sobre los que tendremos que pegar un alto precio.
Me apetecía su relectura y reunía esos detalles que busco ahora: novela breve, libro de poco peso, letras grandes... para leer en la cama, sin gafas, unos minutos antes de cerrar los ojos.
Nos habla del amor y de la soledad, dos sentimientos universales que pueden coexistir a un mismo tiempo: el lecho vacío y aún caliente del amante que se ha ido, el peso de la ausencia de los seres queridos o la búsqueda de compañía a cambio de dinero.
Pero Caso da un giro con un nuevo aspecto: la presencia de una sombra que se instala en nosotros y que nos hace ser otro, con otra mirada en los ojos. Una sombra que nos llevará a cometer actos aborrecibles sobre los que tendremos que pegar un alto precio.
jueves, 19 de noviembre de 2015
No puedo olvidar tu rostro
Justamente al terminar de leer La princesa de hielo, de Camilla Läckberg, tuvimos una reunión de amigos y les recomendé su lectura. Y una de mis amigas me dijo que si me gustaban las historias de misterio, que leyera No puedo olvidar tu rostro, de Mary Higgins Clark. Este género narrativo no es precisamente de mi devoción, pero como resultaba que este libro lo tenía en casa, me lo apunté. Fue un regalo que me hizo mi cuñada hace ya varios años.
Así, he estado entretenido estas últimas semanas con sus páginas. Comienza planteando una situación enigmática interesante, pero poco a poco se va llenando de diferentes historias cruzadas y de muchos personajes secundarios que despistan bastante. Cuando todo este engranaje va tomando forma, el misterio inicial se queda en un segundo plano y todo se centra en cuestiones de luchas de poder por parte de las instituciones de justicia. Jueces, fiscales y abogados procuran mantener sus estructuras y sus posiciones políticas, aún a costa de que precisamente no sea la justicia lo que prevalezca.
Así, he estado entretenido estas últimas semanas con sus páginas. Comienza planteando una situación enigmática interesante, pero poco a poco se va llenando de diferentes historias cruzadas y de muchos personajes secundarios que despistan bastante. Cuando todo este engranaje va tomando forma, el misterio inicial se queda en un segundo plano y todo se centra en cuestiones de luchas de poder por parte de las instituciones de justicia. Jueces, fiscales y abogados procuran mantener sus estructuras y sus posiciones políticas, aún a costa de que precisamente no sea la justicia lo que prevalezca.
domingo, 8 de noviembre de 2015
El lenguaje proverbial
1. Concepto e introducción
Uno de los rasgos específicos del código restringido es el uso frecuente de refranes. Podemos definir refrán como frase completa e independiente que expresa de manera sentenciosa un pensamiento de carácter didáctico o moral, generalmente aceptado como indiscutible por la comunidad de hablantes que lo usa. Su uso, facilitado por la fórmula fija e invariable que permite memorizarlos sin esfuerzo, impide la expresión personal, original, individualizada (ahorra esfuerzo idiomático y, por tanto, mental). Al igual que las comparaciones tópicas (listo como un lince), las metáforas excesivamente repetidas (no tiene muchas luces) y otras fórmulas rimadas (ni chicha ni limoná), tienden a uniformar el lenguaje, impiden la creación personal de oraciones o pensamientos originales. Son, por tanto, recursos que empobrecen la expresión, propios del código restringido y poco habituales en el elaborado. Su medio de transmisión es, generalmente, la lengua oral.
En la literatura, los refranes aparecen como elementos caracterizadores del habla de los personajes populares. Dos casos específicamente significativos en este sentido son la Celestina y Sancho Panza. En ambos casos, los respectivos autores contrastan el lenguaje vulgar de siervos y criados con el código elaborado utilizado por los señores, especialmente Calisto y Don Quijote, que a su condición social unen su afición literaria.

En la actualidad, el uso de refranes sufre un retroceso apreciable, sobre todo entre los más jóvenes, aunque no provocado por un enriquecimiento del nivel expresivo, sino por su sustitución por otro tipo de fórmulas con menos sabor arcaico o rural.
2. Características del lenguaje proverbial
Existe en español una gran cantidad de refranes, que presentan algunas características comunes:
- Sentido figurado, es decir, aparte de su significado literal, denotativo, el oyente extrae una significación aplicable a circunstancias habituales de la vida. Por ejemplo, "Más vale pájaro en mano que ciento volando", no tiene para nosotros sentido por su referencia a las aves, sino por la enseñanza que se deduce de ello: es mejor lo seguro, aunque escaso, que lo posible, por abundante o tentador que resulte.
- Estructura mimembre, con dos partes bien diferenciadas por la entonación , con ritmo muy marcado que facilita la memorización. Abundan los elementos correlativos y los paralelismos.
- Rima consonante o asonante, ritmo producido por repeticiones de todo tipo (fónicas, léxicas).
- Brevedad; en muchas ocasiones ni siquiera se enuncia entero, por su carácter consabido.
- Elipsis de algunos elementos, como el verbo, el artículo, etc. Ejemplo: "Perro ladrador, poco mordedor".
- Entonación autónoma dentro del discurso, son como un aparte explicativo dentro de la conversación.
- Arcaísmos; por su pertenencia al folclore, a la "sabiduría popular" de una comunidad, perviven a través de los siglos, por lo que a veces presentan palabras que ya no son de uso común. Ejemplo: "En los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño".
Uno de los rasgos específicos del código restringido es el uso frecuente de refranes. Podemos definir refrán como frase completa e independiente que expresa de manera sentenciosa un pensamiento de carácter didáctico o moral, generalmente aceptado como indiscutible por la comunidad de hablantes que lo usa. Su uso, facilitado por la fórmula fija e invariable que permite memorizarlos sin esfuerzo, impide la expresión personal, original, individualizada (ahorra esfuerzo idiomático y, por tanto, mental). Al igual que las comparaciones tópicas (listo como un lince), las metáforas excesivamente repetidas (no tiene muchas luces) y otras fórmulas rimadas (ni chicha ni limoná), tienden a uniformar el lenguaje, impiden la creación personal de oraciones o pensamientos originales. Son, por tanto, recursos que empobrecen la expresión, propios del código restringido y poco habituales en el elaborado. Su medio de transmisión es, generalmente, la lengua oral.
En la literatura, los refranes aparecen como elementos caracterizadores del habla de los personajes populares. Dos casos específicamente significativos en este sentido son la Celestina y Sancho Panza. En ambos casos, los respectivos autores contrastan el lenguaje vulgar de siervos y criados con el código elaborado utilizado por los señores, especialmente Calisto y Don Quijote, que a su condición social unen su afición literaria.

En la actualidad, el uso de refranes sufre un retroceso apreciable, sobre todo entre los más jóvenes, aunque no provocado por un enriquecimiento del nivel expresivo, sino por su sustitución por otro tipo de fórmulas con menos sabor arcaico o rural.
2. Características del lenguaje proverbial
Existe en español una gran cantidad de refranes, que presentan algunas características comunes:
- Sentido figurado, es decir, aparte de su significado literal, denotativo, el oyente extrae una significación aplicable a circunstancias habituales de la vida. Por ejemplo, "Más vale pájaro en mano que ciento volando", no tiene para nosotros sentido por su referencia a las aves, sino por la enseñanza que se deduce de ello: es mejor lo seguro, aunque escaso, que lo posible, por abundante o tentador que resulte.
- Estructura mimembre, con dos partes bien diferenciadas por la entonación , con ritmo muy marcado que facilita la memorización. Abundan los elementos correlativos y los paralelismos.
- Rima consonante o asonante, ritmo producido por repeticiones de todo tipo (fónicas, léxicas).
- Brevedad; en muchas ocasiones ni siquiera se enuncia entero, por su carácter consabido.
- Elipsis de algunos elementos, como el verbo, el artículo, etc. Ejemplo: "Perro ladrador, poco mordedor".
- Entonación autónoma dentro del discurso, son como un aparte explicativo dentro de la conversación.
- Arcaísmos; por su pertenencia al folclore, a la "sabiduría popular" de una comunidad, perviven a través de los siglos, por lo que a veces presentan palabras que ya no son de uso común. Ejemplo: "En los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño".
domingo, 25 de octubre de 2015
Variedades diastráticas
1. Concepto
En todas las sociedades humanas existen diferentes grupos o clases sociales, y esta articulación de la sociedad en grupos es la responsable de ciertas variaciones lingüísticas, a las que llamamos variedades diastráticas o sociolectos, es decir, las relacionadas con la estratificación social de los hablantes.
La sociolingüística ha intentado desde sus inicios sistematizar las causas sociales y culturales que provocan la diversificación. Podemos señalar algunas de las fundamentales de modo esquemático:
2. Niveles en el uso lingüístico
Teniendo en cuenta los factores anteriormente señalados se pueden determinar tres niveles de uso con características lingüísticamente diferenciadas:
a - Nivel culto o lenguaje formal: Se caracteriza por el uso de una mayor cantidad y variedad de recursos léxicos y gramaticales, mayor precisión y riqueza, más originalidad, lo que permite aumentar la posibilidad de matización en los mensajes, orales o escritos.
Funciona sobre todo en el registro escrito, como modelo de lengua para el resto de la sociedad: admite menos cambios y es más preciso y estructurado.
El conjunto de recursos lingüísticos propios de este nivel se denomina código elaborado, por oposición al código restringido propio del nivel vulgar.
b - Nivel medio o estándar: Aunque algunos lingüistas distinguen sólo que hemos llamado código elaborado y código restringido, parece claro que existe un numeroso grupo de hablantes que emplean habitualmente una variedad intermedia, correcta pero no excesivamente formal ni cuidada, que correspondería a un estrato sociocultural medio, y cuya expresión más evidente sería el empleo del idioma en los medios de comunicación de masas.
c - Nivel o lenguaje vulgar: Corresponde a lo que hemos llamado código restringido, es decir, aquel en el que los recursos lingüísticos del hablante son menores, más limitados. El término "vulgar" se reserva en ocasiones para aquellos mensajes en los que aparecen frecuentes incorrecciones o vulgarismos, pero aquí lo utilizaremos en el sentido más amplio que comúnmente se le da, englobando toda una serie de características comunes a amplios sectores sociales, no exclusivamente errores en el uso del idioma. Muchas de estas características coinciden con lo que se denomina registro coloquial o familiar. Para describir este nivel, partiremos de cuatro aspectos básicos:
- Pobreza idiomática generalizada, tanto en lo que se refiere al léxico como a la morfología y la sintaxis.
- Apelaciones directas al receptor, requiriendo su atención y aprobación (función conativa del lenguaje).
- Presencia constante de la subjetividad y expresividad del hablante (función expresiva o emotiva).
- Economía de medios lingüísticos: se consigue transmitir la mayor cantidad de información posible con el menor número de elementos.
Algunos rasgos muy comunes que tienen que ver con uno o varios de los aspectos que acabamos de señalar son éstos:
- Caudal léxico o número de vocablos muy limitado. Especialmente escasos los adjetivos y adverbios, lo que provoca una mínima precisión expresiva. Pocos sinónimos para cada concepto.
- Sintaxis pobre y muy simple, es decir, oraciones breves, con escasa subordinación y, con frecuencia, inacabadas. El receptor no necesita la oración completa para entender el mensaje.
- Repetición de los mismos enlaces (o sea, así que, pero, entonces...), empleo de "muletillas" (y tal y tal, etcétera...) y otras muchas muestras de dificultad expresiva.
- Desorganización generalizada de la información.
- Uso de vocativos, interjecciones, imperativos (tía, macho, colega, ¡eh!, ¿vale?...).
- Alteraciones expresivas en el orden habitual de las oraciones (¡El muy canalla! ¡Me las va a pagar!).
- Preguntas retóricas que no esperan respuestas. Equivalen a oraciones exclamativas: ¿Será tonto?
- Utilización de sufijos que expresan valores afectivos y no tamaño (papaíto, mi casita...).
- Empleo de refranes, frases hechas (estoy hasta las narices) o metáforas de uso continuado (estar colgado, estar de morros...).
En los niveles sociales con menor instrucción se añaden a estos caracteres generales incorrecciones más o menos frecuentes que conocemos como vulgarismos. Entre los más extendidos podemos señalar:
En todas las sociedades humanas existen diferentes grupos o clases sociales, y esta articulación de la sociedad en grupos es la responsable de ciertas variaciones lingüísticas, a las que llamamos variedades diastráticas o sociolectos, es decir, las relacionadas con la estratificación social de los hablantes.
La sociolingüística ha intentado desde sus inicios sistematizar las causas sociales y culturales que provocan la diversificación. Podemos señalar algunas de las fundamentales de modo esquemático:
- Edad: Aparte de lo que conocemos como jerga juvenil, en general se puede concluir que en los grupos de edad más avanzada la capacidad de innovación y de adaptación a los cambios lingüísticos es menor que en los más jóvenes.
- Raza: Aunque es una variable escasamente significativa hasta ahora en nuestro país, en sociedades históricamente multirraciales se han podido establecer relaciones entre ciertos fenómenos lingüísticos y diferentes grupos étnicos. Indiscutiblemente, el factor racial aparece también estrechamente ligado a las diferencias socioeconómicas.
- Sexo: En las sociedades modernas, esta variable tiende a resultar cada vez más irrelevante desde el punto de vista lingüístico, si bien en ciertos medios sociales, la permanencia de la discriminación laboral o educativa todavía hace que perviva algún tipo de variaciones entre el habla de mujeres y hombres.
- Entorno rural o urbano: Las comunidades más pequeñas y más alejadas de los grandes centros urbanos suelen presentar rasgos lingüísticos más conservadores, mientras que las variedades urbanas son más sensibles a cualquier tipo de innovación, incluso a "modas" léxicas o sintácticas más o menos pasajeras.
- Nivel socioeconómico o sociocultural: Es el aspecto fundamental en la diferenciación diastrática del idioma. Se suelen considerar tres factores interrelacionados a la hora de determinar los distintos estratos sociales lingüísticamente pertinentes: tipo de ocupación, ingresos económicos y nivel de instrucción. Capacidad económica y nivel cultural no van necesariamente unidos, pero en líneas generales la pertenencia a una clase más alta facilita el acceso a un nivel educativo superior, además de inculcar en el hablante mayor aprecio por la calidad de la lengua utilizada, bastante escaso en los estratos sociales inferiores.
2. Niveles en el uso lingüístico
Teniendo en cuenta los factores anteriormente señalados se pueden determinar tres niveles de uso con características lingüísticamente diferenciadas:
a - Nivel culto o lenguaje formal: Se caracteriza por el uso de una mayor cantidad y variedad de recursos léxicos y gramaticales, mayor precisión y riqueza, más originalidad, lo que permite aumentar la posibilidad de matización en los mensajes, orales o escritos.
Funciona sobre todo en el registro escrito, como modelo de lengua para el resto de la sociedad: admite menos cambios y es más preciso y estructurado.
El conjunto de recursos lingüísticos propios de este nivel se denomina código elaborado, por oposición al código restringido propio del nivel vulgar.
b - Nivel medio o estándar: Aunque algunos lingüistas distinguen sólo que hemos llamado código elaborado y código restringido, parece claro que existe un numeroso grupo de hablantes que emplean habitualmente una variedad intermedia, correcta pero no excesivamente formal ni cuidada, que correspondería a un estrato sociocultural medio, y cuya expresión más evidente sería el empleo del idioma en los medios de comunicación de masas.
c - Nivel o lenguaje vulgar: Corresponde a lo que hemos llamado código restringido, es decir, aquel en el que los recursos lingüísticos del hablante son menores, más limitados. El término "vulgar" se reserva en ocasiones para aquellos mensajes en los que aparecen frecuentes incorrecciones o vulgarismos, pero aquí lo utilizaremos en el sentido más amplio que comúnmente se le da, englobando toda una serie de características comunes a amplios sectores sociales, no exclusivamente errores en el uso del idioma. Muchas de estas características coinciden con lo que se denomina registro coloquial o familiar. Para describir este nivel, partiremos de cuatro aspectos básicos:
- Pobreza idiomática generalizada, tanto en lo que se refiere al léxico como a la morfología y la sintaxis.
- Apelaciones directas al receptor, requiriendo su atención y aprobación (función conativa del lenguaje).
- Presencia constante de la subjetividad y expresividad del hablante (función expresiva o emotiva).
- Economía de medios lingüísticos: se consigue transmitir la mayor cantidad de información posible con el menor número de elementos.
Algunos rasgos muy comunes que tienen que ver con uno o varios de los aspectos que acabamos de señalar son éstos:
- Caudal léxico o número de vocablos muy limitado. Especialmente escasos los adjetivos y adverbios, lo que provoca una mínima precisión expresiva. Pocos sinónimos para cada concepto.
- Sintaxis pobre y muy simple, es decir, oraciones breves, con escasa subordinación y, con frecuencia, inacabadas. El receptor no necesita la oración completa para entender el mensaje.
- Repetición de los mismos enlaces (o sea, así que, pero, entonces...), empleo de "muletillas" (y tal y tal, etcétera...) y otras muchas muestras de dificultad expresiva.
- Desorganización generalizada de la información.
- Uso de vocativos, interjecciones, imperativos (tía, macho, colega, ¡eh!, ¿vale?...).
- Alteraciones expresivas en el orden habitual de las oraciones (¡El muy canalla! ¡Me las va a pagar!).
- Preguntas retóricas que no esperan respuestas. Equivalen a oraciones exclamativas: ¿Será tonto?
- Utilización de sufijos que expresan valores afectivos y no tamaño (papaíto, mi casita...).
- Empleo de refranes, frases hechas (estoy hasta las narices) o metáforas de uso continuado (estar colgado, estar de morros...).
En los niveles sociales con menor instrucción se añaden a estos caracteres generales incorrecciones más o menos frecuentes que conocemos como vulgarismos. Entre los más extendidos podemos señalar:
- Dequeísmo (pienso de que no vendrán).
- Metátesis (cocreta).
- Laísmo, leísmo, loísmo (la dije que viniera; el libro me le dio ayer).
- Concordancia errónea del verbo "haber" en construcción impersonal (hubieron muchas ocasiones de gol).
- Confusión o cambio de diferentes fonemas (agüelo) y desaparición de otros (m'acuerdo).
- Errores en las formas verbales (vinistes; callaros).
- Discordancias (el gol lo metió el extremo izquierda).
sábado, 24 de octubre de 2015
La casa de Riverton
Tras leer El jardín olvidado (ver entrada), hace ya más de tres años, compramos La casa de Riverton y el libro se quedó en un rincón de la estantería. Mi mujer fue la primera que lo leyó, sin despertarle demasiado interés, pero me insistía que a mí me gustaría, por las descripciones de la vida de la época.
En estas semanas en que me he centrado en diferentes novelas de bolsillo que no fueran demasiado largas, tropezaron mis ojos con esta novela, un tanto escondida en mi librería, y me pareció el momento adecuado para resucitarla.
Hoy la he finalizado. Me ha acompañado casi un mes y medio, en diferentes viajes en tren a Toledo y a Madrid por cuestiones de trabajo, haciendo más llevaderos los trayectos en el AVE y las noches de hoteles.
Ahora he buscado en internet opiniones de los lectores, todas bastante dispares. Efectivamente la valoran como una novela que repite clichés y que apenas aporta nada nuevo; pero también destacan su final como sorprendente, un final que salva una novela lenta y algo aburrida.
Para mí, un poco como me pasó con El jardín olvidado, destaco lo bien que escribe Kate Morton, ese lenguaje elaborado, elegante y al mismo tiempo sencillo, eficaz para mantener el suspense implícito en la novela. Como decía mi mujer, me ha gustado durante toda la lectura por sus descripciones de la época, más que por la historia misma, y desde luego, tampoco me permito decir que el final salva la historia, sino más bien lo contrario. El final me parece un tanto "cogido con alfileres", y es la novela la que salva un desenlace casual.
En estas semanas en que me he centrado en diferentes novelas de bolsillo que no fueran demasiado largas, tropezaron mis ojos con esta novela, un tanto escondida en mi librería, y me pareció el momento adecuado para resucitarla.
Hoy la he finalizado. Me ha acompañado casi un mes y medio, en diferentes viajes en tren a Toledo y a Madrid por cuestiones de trabajo, haciendo más llevaderos los trayectos en el AVE y las noches de hoteles.
Ahora he buscado en internet opiniones de los lectores, todas bastante dispares. Efectivamente la valoran como una novela que repite clichés y que apenas aporta nada nuevo; pero también destacan su final como sorprendente, un final que salva una novela lenta y algo aburrida.
Para mí, un poco como me pasó con El jardín olvidado, destaco lo bien que escribe Kate Morton, ese lenguaje elaborado, elegante y al mismo tiempo sencillo, eficaz para mantener el suspense implícito en la novela. Como decía mi mujer, me ha gustado durante toda la lectura por sus descripciones de la época, más que por la historia misma, y desde luego, tampoco me permito decir que el final salva la historia, sino más bien lo contrario. El final me parece un tanto "cogido con alfileres", y es la novela la que salva un desenlace casual.
sábado, 10 de octubre de 2015
Los dialectos meridionales del español peninsular
El antiguo castellano se extendió hacia el sur peninsular durante la época de la Reconquista. Ya en el siglo XV, y sobre todo a partir del XVI, el español llega a Canarias, desde donde se extenderá por la América española. A todas estas modalidades, o dialectos, de la misma lengua es a lo que los especialistas llaman español meridional, o dialectos meridionales del español, sobre todo porque poseen numerosos rasgos comunes.
1. Características comunes de los dialectos meridionales
Las fundamentales son las que exponemos a continuación:
- Seseo, es decir, pronunciación de z y de c ante e, i como s (resibir por recibir).
- Aspiración de -s final ante consonante o ante pausa (míhmo por mismo; pérroh por perros).
- Yeísmo, o pronunciación de ll como y (beyo por bello).
- Cambios de r y l en posición implosiva (cuelpo por cuerpo; arma por alma).
- Pérdida de -d- intervocálica o ante -r (sentío por sentido).
Aunque, como hemos dicho, todos los dialectos meridionales presentan en mayor o menor medida estas características, cada uno de ellos posee, además, otros rasgos.
2. El andaluz
El andaluz es el producto de la evolución del castellano en las tierras meridionales de la península desde el siglo XIII, época de las primeras colonizaciones cristianas, hasta principios del siglo XVI. Como características fundamentales, además de las propias de los dialectos meridionales (seseo, aspiración de -s final...), cabe citar las siguientes:
- Distinción del plural en sustantivos y adjetivos mediante la abertura de la vocal. El andaluz cierra la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si ésta es singular (perro), mientras que abre la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si es plural (pérroh).
- Mayor riqueza de timbre vocálico que el castellano, como consecuencia de lo anterior. En andaluz existen, además de i, u, tres vocales cerradas (a, e, o) y tres vocales abiertas (a, e, o).
- Aspiración de h- inicial (jarto por harto).
- Ceceo en algunas zonas de Andalucía, esto es, pronunciación de s como c ante e, i (cilla por silla).
El léxico andaluz muestra abundancia de arcaísmos (afuciar, ofender; casapuerta, zaguán; de juro, ciertamente), mozarabismos (cauchil, registro de agua), arabismos (aljofar, fregar), restos aragoneses y levantinos (falsa, desván;
baladre, adelfa) y numerosas creaciones populares (fuguillas, persona vivaracha que se enfada fácilmente; cañear, tomar cañas).
En la sintaxis no aparece, más que en casos aislados, el leísmo (le, les, por lo, los).
3. El canario
Tras la conquista de las Islas Canarias en el siglo XV, se pobló el territorio desde Andalucía, de manera que el fondo patrimonial idiomático canario posee los rasgos meridionales que ya se han descrito. Además, pueden añadirse las siguientes características:
- Aspiración de -s final de sílaba o de palabra (áhco por asco).
- Presencia de un yeísmo articulado como mediopalatal, algo distinto, por tanto, al del andaluz (cayar por callar).
En cuanto a la morfología, en canario ha desaparecido la forma vosotros en favor de ustedes (tú tienes/ustedes tienen), rasgo presente en el andaluz, si bien no tan generalizado. También es destacable el uso del verbo ser con valores intransitivos (soy nacida en...).
El léxico canario muestra influjos varios, debidos tanto a los antiguos moradores de las islas, los guanches (gofio, alimento canario; baifo, cabrito), como a los que por allí pasaron a lo largo de los siglos: gallego-portugueses (andoriña, golondrina; bucio, caracol marino; jeito, maña, habilidad), leoneses (bago, grano de uva; sachar, cavar), andaluces (burgado, caracol; casapuerta, zaguán), americanos (cucuyo, luciérnaga; guagua, autobús). Aparecen, igualmente, arcaismos castellanos (gago, tartamudo; asmado, asustado). El canario, en su léxico, como el español de América, está influido por el habla marinera, de ahí expresiones como bígaro por "enclenque" o ser de la raya verde para afuera por "forastero".
4. Extremeño y murciano
El extremeño posee, junto a algunas de las características meridionales (yeísmo, seseo), un fuerte influjo del leonés, por ejemplo, en el cierre de las vocales finales (abaju por abajo).
El murciano, que además de hablarse en Murcia se extiende por tierras de Alicante, por el nordeste de Jaén y Granada y por el norte de Almería, presenta rasgos meridionales (yeísmo, seseo) junto a una fuerte influencia aragonesa y valenciana. Algunas de sus características fundamentales son el mantenimiento de ciertas consonantes oclusivas sordas intervocálicas (acachar por agachar) y la palatalización de la l- inicial (llampar por lampar).
5. El judeo-español o sefardí
Se conoce como judeo-español o sefardí el español que los judíos expulsados de España en el siglo XV llevaron a otras tierras. Estos judíos, que se referían a España como Sefarad, se extendieron en su diáspora por diversos lugares (Bosnia, Serbia, Grecia, Palestina, Marruecos); ya en época moderna y tras el establecimiento del estado de Israel, muchos de ellos se establecieron allí y crearon una importante e influyente colonia. De forma general, puede decirse que las características de este dialecto son las mismas que poseía el español a finales del siglo XV, esto es, las del castellano que describe Nebrija en su Gramática.
1. Características comunes de los dialectos meridionales
Las fundamentales son las que exponemos a continuación:
- Seseo, es decir, pronunciación de z y de c ante e, i como s (resibir por recibir).
- Aspiración de -s final ante consonante o ante pausa (míhmo por mismo; pérroh por perros).
- Yeísmo, o pronunciación de ll como y (beyo por bello).
- Cambios de r y l en posición implosiva (cuelpo por cuerpo; arma por alma).
- Pérdida de -d- intervocálica o ante -r (sentío por sentido).
Aunque, como hemos dicho, todos los dialectos meridionales presentan en mayor o menor medida estas características, cada uno de ellos posee, además, otros rasgos.
2. El andaluz
El andaluz es el producto de la evolución del castellano en las tierras meridionales de la península desde el siglo XIII, época de las primeras colonizaciones cristianas, hasta principios del siglo XVI. Como características fundamentales, además de las propias de los dialectos meridionales (seseo, aspiración de -s final...), cabe citar las siguientes:
- Distinción del plural en sustantivos y adjetivos mediante la abertura de la vocal. El andaluz cierra la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si ésta es singular (perro), mientras que abre la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si es plural (pérroh).
- Mayor riqueza de timbre vocálico que el castellano, como consecuencia de lo anterior. En andaluz existen, además de i, u, tres vocales cerradas (a, e, o) y tres vocales abiertas (a, e, o).- Aspiración de h- inicial (jarto por harto).
- Ceceo en algunas zonas de Andalucía, esto es, pronunciación de s como c ante e, i (cilla por silla).
El léxico andaluz muestra abundancia de arcaísmos (afuciar, ofender; casapuerta, zaguán; de juro, ciertamente), mozarabismos (cauchil, registro de agua), arabismos (aljofar, fregar), restos aragoneses y levantinos (falsa, desván;
baladre, adelfa) y numerosas creaciones populares (fuguillas, persona vivaracha que se enfada fácilmente; cañear, tomar cañas).
En la sintaxis no aparece, más que en casos aislados, el leísmo (le, les, por lo, los).
3. El canario
Tras la conquista de las Islas Canarias en el siglo XV, se pobló el territorio desde Andalucía, de manera que el fondo patrimonial idiomático canario posee los rasgos meridionales que ya se han descrito. Además, pueden añadirse las siguientes características:
- Aspiración de -s final de sílaba o de palabra (áhco por asco).
- Presencia de un yeísmo articulado como mediopalatal, algo distinto, por tanto, al del andaluz (cayar por callar).
En cuanto a la morfología, en canario ha desaparecido la forma vosotros en favor de ustedes (tú tienes/ustedes tienen), rasgo presente en el andaluz, si bien no tan generalizado. También es destacable el uso del verbo ser con valores intransitivos (soy nacida en...).
El léxico canario muestra influjos varios, debidos tanto a los antiguos moradores de las islas, los guanches (gofio, alimento canario; baifo, cabrito), como a los que por allí pasaron a lo largo de los siglos: gallego-portugueses (andoriña, golondrina; bucio, caracol marino; jeito, maña, habilidad), leoneses (bago, grano de uva; sachar, cavar), andaluces (burgado, caracol; casapuerta, zaguán), americanos (cucuyo, luciérnaga; guagua, autobús). Aparecen, igualmente, arcaismos castellanos (gago, tartamudo; asmado, asustado). El canario, en su léxico, como el español de América, está influido por el habla marinera, de ahí expresiones como bígaro por "enclenque" o ser de la raya verde para afuera por "forastero".
4. Extremeño y murciano
El extremeño posee, junto a algunas de las características meridionales (yeísmo, seseo), un fuerte influjo del leonés, por ejemplo, en el cierre de las vocales finales (abaju por abajo).
El murciano, que además de hablarse en Murcia se extiende por tierras de Alicante, por el nordeste de Jaén y Granada y por el norte de Almería, presenta rasgos meridionales (yeísmo, seseo) junto a una fuerte influencia aragonesa y valenciana. Algunas de sus características fundamentales son el mantenimiento de ciertas consonantes oclusivas sordas intervocálicas (acachar por agachar) y la palatalización de la l- inicial (llampar por lampar).
5. El judeo-español o sefardí
Se conoce como judeo-español o sefardí el español que los judíos expulsados de España en el siglo XV llevaron a otras tierras. Estos judíos, que se referían a España como Sefarad, se extendieron en su diáspora por diversos lugares (Bosnia, Serbia, Grecia, Palestina, Marruecos); ya en época moderna y tras el establecimiento del estado de Israel, muchos de ellos se establecieron allí y crearon una importante e influyente colonia. De forma general, puede decirse que las características de este dialecto son las mismas que poseía el español a finales del siglo XV, esto es, las del castellano que describe Nebrija en su Gramática.
viernes, 18 de septiembre de 2015
El español actual
1. Castellano o español: cuestión de nombre
La denominación de nuestro idioma no es un asunto nuevo, sino que se remonta a la época en que España se convierte en un estado moderno. A partir del siglo XVI se prefirió el nombre de lengua española al de lengua castellana, en primer lugar porque se refería al idioma de una nación recién unificada y, en segundo lugar, porque dentro de España ni aragoneses ni andaluces se sentían partícipes del adjetivo castellano y sí de español.
Desde su fundación, la Real Academia de la Lengua prefirió el calificativo castellano, pero en 1923 optó por denominar al idioma español. La Constitución de 1978 se refiere a él como castellano; en algunos países de Hispanoamérica lo llaman castellano, en otros español, e incluso idioma nacional. No existe, en fin, unanimidad.
A veces en España se prefiere el término castellano si se habla de todas las lenguas del Estado (castellano-catalán-gallego-vasco) y español si se compara con las lenguas de otros países.
En cualquier caso, no debería ser más que una cuestión de nombre: puede hablarse de español o de castellano, indistintamente.
2. El español actual y las convenciones ortográficas
El sistema fonológico español consta de veinticuatro fonemas ordenados en dos subsistemas, el vocálico y el consonántico, cuya representación viene dada por medio de veintisiete letras. A simple vista puede observarse que prácticamente existe una letra por cada fonema. Aunque esto no sea exacto, sí es bastante aproximado, como veremos a continuación:
- El español posee cinco vocales que se representan con otras tantas letras: a, e, i, o, u. La letra y tiene valor vocálico al final de palabra (rey) o cuando va sola (conjunción y).
- Existen diecinueve fonemas consonánticos y sus equivalentes gráficos son los que siguen:
La denominación de nuestro idioma no es un asunto nuevo, sino que se remonta a la época en que España se convierte en un estado moderno. A partir del siglo XVI se prefirió el nombre de lengua española al de lengua castellana, en primer lugar porque se refería al idioma de una nación recién unificada y, en segundo lugar, porque dentro de España ni aragoneses ni andaluces se sentían partícipes del adjetivo castellano y sí de español.
Desde su fundación, la Real Academia de la Lengua prefirió el calificativo castellano, pero en 1923 optó por denominar al idioma español. La Constitución de 1978 se refiere a él como castellano; en algunos países de Hispanoamérica lo llaman castellano, en otros español, e incluso idioma nacional. No existe, en fin, unanimidad.
A veces en España se prefiere el término castellano si se habla de todas las lenguas del Estado (castellano-catalán-gallego-vasco) y español si se compara con las lenguas de otros países.
En cualquier caso, no debería ser más que una cuestión de nombre: puede hablarse de español o de castellano, indistintamente.
2. El español actual y las convenciones ortográficas
El sistema fonológico español consta de veinticuatro fonemas ordenados en dos subsistemas, el vocálico y el consonántico, cuya representación viene dada por medio de veintisiete letras. A simple vista puede observarse que prácticamente existe una letra por cada fonema. Aunque esto no sea exacto, sí es bastante aproximado, como veremos a continuación:
- El español posee cinco vocales que se representan con otras tantas letras: a, e, i, o, u. La letra y tiene valor vocálico al final de palabra (rey) o cuando va sola (conjunción y).
- Existen diecinueve fonemas consonánticos y sus equivalentes gráficos son los que siguen:
- b, v, equivalen en la escritura a un mismo fonema, el bilabial oclusivo sonoro (basto, vasto; baca, vaca); también representa a este fonema la w en vocablos de origen germánico (Wenceslao, Wagner, Wamba).
- c ante -e,-i, al igual que z a final de sílaba o ante -a, -o, -u, representa gráficamente el fonema interdental fricativo sordo (cesta, cima; zarza, zorro, zumo).
- c ante -a, -o, -u, al igual que qu ante -e,-i, y también la letra k, representan el fonema velar oclusivo sordo (caso, cosa, curso; queso, quiso; kilo).
- c seguida de h (ch) equivale al fonema palatal africado sordo (chato).
- d equivale siempre al fonema dental oclusivo sonoro (dedo).
- f representa siempre el fonema labiodental fricativo sordo (falso; feo; fino).
- g delante de -e, -i, representa, al igual que j, el fonema velar fricativo sordo (general, gimnasio; jota, jerga, jarra).
- g unida a u en las combinaciones gue, gui, o delante de -a, -o, -u, equivale al fonema velar oclusivo sonoro (guerra, guiso; ganso, gorra, guapo); también representa a las combinaciones gua, güi la w en vocablos de origen inglés (Washington).
- la h aislada es muda (hacer, rehacer).
- l sola equivale al fonema líquido alveolar lateral (lado, alto); combinada con otra l (ll) equivale al fonema líquido lateral palatal (llama, hallé).
- m equivale al fonema nasal bilabial (amo); n equivale al nasal alveolar (nota); y ñ al nasal palatal (paño).
- p siempre representa al fonema bilabial oclusivo sordo (punto).
- dos r (rr), o una r al principio de palabra o detrás de l o de n, equivalen al fonema líquido alveolar vibrante múltiple (carro, reto, alrededor, sonríe).
- una r en los casos no indicados antes equivale al fonema líquido alveolar vibrante simple (era, brazo, cantar).
- s equivale al fonema alveolar fricativo sordo (casa, asno).
- t representa al fonema dental oclusivo sordo (tapa, ente).
- y equivale, siempre que no represente vocal, al fonema palatal africado sonoro (ya, buyó).
- la letra x representa dos fonemas unidos: equivale en la escritura a la combinación ks, aunque a veces se pronuncia como s (éxito, extenso).
jueves, 10 de septiembre de 2015
Los puentes de Madison County
Necesitaba un libro de poco peso para estos días. Y me decidí por esta edición de Los puentes de Madison County, que reposaba en las estanterías desde 1997 cuando ABC entregaba con el periódico de los domingos la colección "Libros de película".
Esta historia de amor es bien conocida por todos gracias a la película realizada por Clint Eastwood y protagonizada por él mismo y Meryl Streep. Su autor, Robert James Waller, obtuvo un considerable éxito en Estados Unidos con su publicación en 1992, y tres años después fue llevada a la pantalla.
Interpreto que es una novela agradable de leer y con bellos momentos de verdadera emotividad, pero tiene calificativos, ideas y descripciones de los personajes que se repiten una y otra vez, por lo que, conforme avanzaba en la lectura, me iba "cansando". No puedo decir que no me haya gustado, pero esas mismas retahílas en tan pocas páginas le restan brillo.
Esta historia de amor es bien conocida por todos gracias a la película realizada por Clint Eastwood y protagonizada por él mismo y Meryl Streep. Su autor, Robert James Waller, obtuvo un considerable éxito en Estados Unidos con su publicación en 1992, y tres años después fue llevada a la pantalla.
Interpreto que es una novela agradable de leer y con bellos momentos de verdadera emotividad, pero tiene calificativos, ideas y descripciones de los personajes que se repiten una y otra vez, por lo que, conforme avanzaba en la lectura, me iba "cansando". No puedo decir que no me haya gustado, pero esas mismas retahílas en tan pocas páginas le restan brillo.
jueves, 3 de septiembre de 2015
Almudena Grandes: El lector de Julio Verne
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En estos días de verano, de piscina y de viajes, elijo libros de bolsillo, por su peso menor. Así, me he encontrado con este sobrecogedor relato, repleto de "vidas de mierda", de humillaciones y de miedos, para los vencidos y para los vencedores.
Pero además de sentimientos y de historias conmovedoras, me encuentro con un libro escrito, a mi juicio, de un modo muy bonito, sin decir del todo las cosas, entremezclando tiempos e intenciones comunicativas de narración y diálogo, lo que ha hecho que quede atrapado en una lectura casi compulsiva.
Acabadas ya las vacaciones, las últimas páginas del libro las he disfrutado en el tren, camino del trabajo. No es la primera vez que las lágrimas me afloran en el tren, delante de desconocidos, por culpa de un libro; pero en esta ocasión, sin demasiado pudor, me dejaba ver y dejaba bien a la vista la portada de El lector de Julio Verne, para que, si alguna vez alguno de aquellos viajeros anónimos se decidiera a leerlo, pudiera comprender mi emoción.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Bilingüismo y diglosia
España posee, según la Constitución de 1978 (art. 3), como idioma oficial común el castellano y las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas. Esta situación política refleja una realidad lingüística que se conoce con el nombre de bilingüismo. Fernando Lázaro Carreter define bilingüismo en su Diccionario de términos filológicos como la capacidad que posee un individuo o una comunidad de poder usar normalmente dos idiomas. Es decir, será bilingüe aquella persona que pueda expresarse sin dificultades y apropiadamente en dos lenguas. Éste es el caso, en España, de la mayoría de los hablantes catalanes, gallegos y vascos; y en Europa, de buena parte de sus habitantes (lapones, escoceses, irlandeses, flamencos, suizos, provenzales, etc.). Lingüísticamente hablando, es un privilegio el conocer y utilizar con normalidad dos lenguas, porque permite el acceso a dos culturas y, por tanto, contribuye al enriquecimiento personal del individuo.
Sin embargo, esta situación, que sería la deseable, no siempre se ha producido a lo largo de nuestra historia: en ciertas épocas, y alguna de ellas reciente, la intransigencia política o social de ciertos dirigentes se ha reflejado en la lengua produciendo el fenómeno conocido como diglosia. Existe diglosia cuando, por circunstancias políticas o sociales, una lengua goza de privilegios superiores a los de otra y, como consecuencia, esta última se encuentra en desventaja sobre la primera.
Sin embargo, esta situación, que sería la deseable, no siempre se ha producido a lo largo de nuestra historia: en ciertas épocas, y alguna de ellas reciente, la intransigencia política o social de ciertos dirigentes se ha reflejado en la lengua produciendo el fenómeno conocido como diglosia. Existe diglosia cuando, por circunstancias políticas o sociales, una lengua goza de privilegios superiores a los de otra y, como consecuencia, esta última se encuentra en desventaja sobre la primera.
viernes, 14 de agosto de 2015
Estoy mucho mejor
David Foenkinos es una apuesta segura. Por eso cuando encontré en edición de bolsillo Estoy mucho mejor, me lo compré como lectura de verano. No sólo me ha acompañado en las tardes de piscina, sino también en las noches calurosas de este agosto.
En diversos pasajes tenía la sensación de que Foenkinos estaba hablando de mí: creo que éste es el acierto de la novela, que nos podemos sentir todos identificados con su protagonista y con esos sentimientos de querer terminar con todo y empezar de cero, o con ese momento de la vida en que sientes que tus hijos ya no te necesitan y te dejan abandonado...
Por otro lado, hay al mismo tiempo otras situaciones en la historia especialmente divertidas que permiten distanciarte de ti mismo y volver a encontrarte que están hablando de un personaje de ficción.
En diversos pasajes tenía la sensación de que Foenkinos estaba hablando de mí: creo que éste es el acierto de la novela, que nos podemos sentir todos identificados con su protagonista y con esos sentimientos de querer terminar con todo y empezar de cero, o con ese momento de la vida en que sientes que tus hijos ya no te necesitan y te dejan abandonado...
Por otro lado, hay al mismo tiempo otras situaciones en la historia especialmente divertidas que permiten distanciarte de ti mismo y volver a encontrarte que están hablando de un personaje de ficción.
martes, 11 de agosto de 2015
El vasco
El vasco es la única lengua no indoeuropea de la Península Ibérica. Sus orígenes no han sido explicados satisfactoriamente, aunque son dos las teorías más barajadas: que posea un origen común con las lenguas caucásicas o que pertenezca al grupo de las lenguas camíticas africanas.En la actualidad el euskera se habla en Vizcaya y Guipúzcoa, en una pequeña parte de Álava, en el noroeste de Navarra y en una zona del departamento francés de los Bajos Pirineos. El número de hablantes es de unos seiscientos mil, y casi todos son bilingües.
1. Evolución histórica
Desde sus orígenes, y debido a sus peculiaridades, el vasco ha sido una lengua circunscrita prácticamente al ámbito familiar. A partir del siglo XIX, los especialistas, entre los que cabe destacar a Koldo Michelena, han intentado una cierta sistematización y organización de la lengua que permitiera su estudio. De este intento nació el batúa, forma normativa delimitada a partir de los distintos dialectos, que se estudia en las escuelas y se utiliza habitualmente en la vida pública. Después de una etapa de prohibición tras la Guerra Civil, la Constitución de 1978 garantiza su uso y respeto. Gracias a las políticas de normalización, al conocimiento que del idioma disfrutan los jóvenes y al cultivo literario que han llevado a cabo autores como Xavier de Lizardi o Gabriel Aresti, el euskera va adquiriendo una creciente estimación social como seña de identidad del pueblo vasco.
2. El vasco y sus dialectos
El vasco es un idioma aglutinante, esto es, posee morfemas para expresar las relaciones fundacionales y semánticas de la lengua. De sus características destacaremos:
- Sistema vocálico similar al castellano.
- Sistema consonántico similar al castellano, con algunos fonemas diferentes (b- aspirada; dos palatales: x, tx, etc.).
- Acento variable, según la estructura e intención de la frase (excepto en el suletino).
- Presencia de catorce casos en la declinación y aglutinación de sufijos para establecer las relaciones gramaticales: etxe (casa), etxea (la casa); etxe berri (casa nueva), etxe berria (la casa nueva).
Las variedades dialectales del vasco son, según descubrió en 1863 Luis Luciano Bonaparte, las siguientes:
- En España, vizcaíno, guipuzcoano, alto-navarro septentrional y alto-navarro meridional.
- En Francia, labortano (San Juan de Luz), bajo-navarro occidental, bajo-navarro oriental (en la Navarra francesa, perteneciente al departamento de los Bajos Pirineos) y suletino (en Mauleon y alrededores).
lunes, 10 de agosto de 2015
El gallego
Tanto el gallego como el portugués moderno proceden del gallego-portugués, lengua románica que se formó en el noroeste peninsular. En la actualidad se habla gallego en Galicia, una pequeña franja de Asturias, el Bierzo (León) y Sanabria (Zamora). Teniendo en cuenta a los emigrantes que aún lo conservan, el número de hablantes del gallego ronda los tres millones, la mayor parte de los cuales es bilingüe.
1. Evolución histórica
Durante la dominación árabe, este primitivo dialecto latino se aisló del resto de la península y mantuvo un fuerte influjo de las lenguas celtas que se hablaban en su territorio. En la época de la Reconquista extendió su dominio hacia el sur (hasta Coimbra y Lisboa), donde confluyó con los dialectos mozárabes: surgió así el denominado gallego-portugués, que se mantendría unitario hasta fines del siglo XIV.
De estos siglos (del XI al XV) data la lírica gallego-portuguesa, cultivada por infinidad de autores (Martín Códax, Macías, Alfonso X, Juan II) y recogida en los Cancioneros (d'Ajuda, da Vaticana, de Baena...).
A partir del siglo XV deja de cultivarse la literatura en gallego-portugués por la diferenciación en dos lenguas de este primer dialecto lativo (el gallego y el portugués); las razones son fundamentalmente políticas, pero también sociales: Portugal se siente, desde entonces, independiente. Poco después de conseguir esta independencia, Portugal acometerá la difícil empresa de la conquista de los nuevos territorios americanos, lo que le permitirá en el siglo XVI colonizar el actual Brasil.
El gallego, entre tanto, sufre la dominación castellana: la lengua autóctona se circunscribe al uso popular mientras que el español se convierte en lengua de prestigio.
Esta situación se mantiene hasta el siglo XIX, cuando el movimiento nacionalista denominado Rexurdimento anima al uso del gallego como lengua culta y literaria. Si a esto se añaden la celebración de los Juegos Florales (1861) y el interés de autores como Eduardo Pombal, Rosalía de Castro o Curros Enríquez, se entenderá este renacer de la lengua gallega.
La Real Academia Galega y el Instituto da Lengua Galega de la Universidad de Santiago, además de la labor de autores como Castelao, Celso Emilio Ferreiro o Álvaro Cunqueiro, garantizan el proceso de normalización lingüística y cultural que la Constitución española recoge en varios de sus artículos.
2. El gallego y sus dialectos
Algunas de las características fundamentales del gallego son:
1. Evolución histórica
Durante la dominación árabe, este primitivo dialecto latino se aisló del resto de la península y mantuvo un fuerte influjo de las lenguas celtas que se hablaban en su territorio. En la época de la Reconquista extendió su dominio hacia el sur (hasta Coimbra y Lisboa), donde confluyó con los dialectos mozárabes: surgió así el denominado gallego-portugués, que se mantendría unitario hasta fines del siglo XIV.
De estos siglos (del XI al XV) data la lírica gallego-portuguesa, cultivada por infinidad de autores (Martín Códax, Macías, Alfonso X, Juan II) y recogida en los Cancioneros (d'Ajuda, da Vaticana, de Baena...).
A partir del siglo XV deja de cultivarse la literatura en gallego-portugués por la diferenciación en dos lenguas de este primer dialecto lativo (el gallego y el portugués); las razones son fundamentalmente políticas, pero también sociales: Portugal se siente, desde entonces, independiente. Poco después de conseguir esta independencia, Portugal acometerá la difícil empresa de la conquista de los nuevos territorios americanos, lo que le permitirá en el siglo XVI colonizar el actual Brasil.
El gallego, entre tanto, sufre la dominación castellana: la lengua autóctona se circunscribe al uso popular mientras que el español se convierte en lengua de prestigio.
Esta situación se mantiene hasta el siglo XIX, cuando el movimiento nacionalista denominado Rexurdimento anima al uso del gallego como lengua culta y literaria. Si a esto se añaden la celebración de los Juegos Florales (1861) y el interés de autores como Eduardo Pombal, Rosalía de Castro o Curros Enríquez, se entenderá este renacer de la lengua gallega.
La Real Academia Galega y el Instituto da Lengua Galega de la Universidad de Santiago, además de la labor de autores como Castelao, Celso Emilio Ferreiro o Álvaro Cunqueiro, garantizan el proceso de normalización lingüística y cultural que la Constitución española recoge en varios de sus artículos.
2. El gallego y sus dialectos
Algunas de las características fundamentales del gallego son:
- Conservación de f- inicial latina: figueira (higuera).
- No diptongación de e, o latinas: pedra (piedra).
- Permanencia de diptongos latinos ai, ei, ou: touro (toro).
- Palatalización de ll-: chama (llama).
- Caída de -l-, -n- intervocálicas: lua (luna).
- Geada o pronunciación de g como j: "crejo" por crego (clérigo).
sábado, 8 de agosto de 2015
El catalán
El catalán surgió por evolución del latín vulgar en el antiguo Principado de Cataluña. Durante la Reconquista extendió sus dominios hacia el sur (antiguo reino de Valencia) y hacia el este mediterráneo (Islas Baleares). Fruto de esta expansión aún perdura un núcleo de lengua catalana en la isla de Cerdeña (el Alguer). Por tanto, el catalán se habla actualmente en Cataluña (exceptuando el Valle de Arán, donde se habla el aranés), en los valles de Andorra, en el Rosellón (Francia), en la zona oriental de Aragón, en el País Valenciano, en las Islas Baleares y en el Alguer. El número total de hablantes se calcula en siete millones y medio, la mayor parte de ellos bilingües.
1. Evolución histórica del catalán
Desde el asentamiento romano, el latín vulgar fue evolucionando en esta zona de forma paralela a como lo hizo en los demás territorios de conquista romana; entre los siglos VI y XI el originario territorio catalán sufre el dominio carolingio y, años más tarde, después de su independencia, se extiende por el sudeste peninsular y por el Mediterráneo siguiendo una política de expansión territorial propia de los comienzos de la Edad Moderna.
Desde el siglo XV y hasta el XVII, el catalán es lengua oficial de la Confederación Catalano-Aragonesa, si bien aparece un incipiente influjo castellano en la vida administrativa a partir del siglo XVI en el antiguo reino de Valencia que va menguando la libertad del catalán como lengua institucional.
Con la llegada al trono de España de Felipe V después de la Guerra de Sucesión, las posibilidades de igualdad lingüística entre castellano y catalán se reducen: el Decreto de Nueva Planta es el comienzo de una fuerte represión contra el pueblo y contra su idioma. El catalán deja de ser lengua oficial y el castellano se impone en estos territorios a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
En la segunda mitad del XIX, y gracias al movimiento cultural denominado Renaixença, se inicia un proceso de normalización lingüística que culminará con las modernas normas de Pompeu Fabra (Normes ortogràfiques, Gramática normativa, 1918) y con el Diccionari general de la llengua catalana (1932).
Al finalizar la Guerra Civil (1936-1939) el franquismo prohibió el uso de las lenguas autóctonas, por lo que el catalán y su cultura sufrieron un serio revés. Hasta la promulgación de la actual Constitución (1978) no se normalizó nuevamente su uso: hoy en día está reconocida como oficial, del mismo modo que las demás lenguas, en las Comunidades donde su uso es mayoritario.
Son numerosos los autores que han dado al catalán obras fundamentales. Desde Ausias March en la lírica, o Joanot Martorell y Martí Joan de Galba, autores del Tirant lo Blanc, y Raimon Llull en la prosa medievales; hasta Joan Maragall, Costa i Llobera, Salvador Espriu, Pere Gimferrer o Mercè Rodoreda -por poner sólo unos ejemplos-, la literatura catalana ha mantenido siempre su vigor y calidad.
2. El catalán y sus dialectos
Los dialectos del catalán son dos: el catalán oriental (Girona, Barcelona, noreste de Tarragona, Islas Baleares, Rosellón y Alguer) y el catalán occidental (Lleida, Andorra, este de Aragón, este de Tarragona y País Valenciano).
Algunas de las características de esta lengua son:
- Sistema con vocales breves y largas que diferencian significados: dona / dóna (da -del verbo "dar" / señora).
- Ausencia de diptongación de vocales breves tónica e, o latinas: terra (tierra); bona (buena).
- Conservación de f- inicial latina: ferida (herida).
- Conservación de pl-, cl-, fl-: plorar, clau, flama (llorar, llave, llama).
- Palatalización de l- > ll-: lluna, llum (luna, luz).
- Mantenimiento de oclusivas sordas: veritat (verdad).
1. Evolución histórica del catalán
Desde el asentamiento romano, el latín vulgar fue evolucionando en esta zona de forma paralela a como lo hizo en los demás territorios de conquista romana; entre los siglos VI y XI el originario territorio catalán sufre el dominio carolingio y, años más tarde, después de su independencia, se extiende por el sudeste peninsular y por el Mediterráneo siguiendo una política de expansión territorial propia de los comienzos de la Edad Moderna.
Desde el siglo XV y hasta el XVII, el catalán es lengua oficial de la Confederación Catalano-Aragonesa, si bien aparece un incipiente influjo castellano en la vida administrativa a partir del siglo XVI en el antiguo reino de Valencia que va menguando la libertad del catalán como lengua institucional.
Con la llegada al trono de España de Felipe V después de la Guerra de Sucesión, las posibilidades de igualdad lingüística entre castellano y catalán se reducen: el Decreto de Nueva Planta es el comienzo de una fuerte represión contra el pueblo y contra su idioma. El catalán deja de ser lengua oficial y el castellano se impone en estos territorios a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
En la segunda mitad del XIX, y gracias al movimiento cultural denominado Renaixença, se inicia un proceso de normalización lingüística que culminará con las modernas normas de Pompeu Fabra (Normes ortogràfiques, Gramática normativa, 1918) y con el Diccionari general de la llengua catalana (1932).
Al finalizar la Guerra Civil (1936-1939) el franquismo prohibió el uso de las lenguas autóctonas, por lo que el catalán y su cultura sufrieron un serio revés. Hasta la promulgación de la actual Constitución (1978) no se normalizó nuevamente su uso: hoy en día está reconocida como oficial, del mismo modo que las demás lenguas, en las Comunidades donde su uso es mayoritario.
Son numerosos los autores que han dado al catalán obras fundamentales. Desde Ausias March en la lírica, o Joanot Martorell y Martí Joan de Galba, autores del Tirant lo Blanc, y Raimon Llull en la prosa medievales; hasta Joan Maragall, Costa i Llobera, Salvador Espriu, Pere Gimferrer o Mercè Rodoreda -por poner sólo unos ejemplos-, la literatura catalana ha mantenido siempre su vigor y calidad.
2. El catalán y sus dialectosLos dialectos del catalán son dos: el catalán oriental (Girona, Barcelona, noreste de Tarragona, Islas Baleares, Rosellón y Alguer) y el catalán occidental (Lleida, Andorra, este de Aragón, este de Tarragona y País Valenciano).
Algunas de las características de esta lengua son:
- Sistema con vocales breves y largas que diferencian significados: dona / dóna (da -del verbo "dar" / señora).
- Ausencia de diptongación de vocales breves tónica e, o latinas: terra (tierra); bona (buena).
- Conservación de f- inicial latina: ferida (herida).
- Conservación de pl-, cl-, fl-: plorar, clau, flama (llorar, llave, llama).
- Palatalización de l- > ll-: lluna, llum (luna, luz).
- Mantenimiento de oclusivas sordas: veritat (verdad).
martes, 28 de julio de 2015
jueves, 23 de julio de 2015
Los dialectos leonés y aragonés
El castellano en su expansión fue reduciendo las áreas de dos dialectos del latín: el astur-leonés y el aragonés. En la actualidad su extensión es aún menor.
1. El leonés
De entre las diferentes hablas con que cuenta el dialecto leonés, destaca por su vitalidad el bable (o asturiano). El bable se localiza, además de Asturias, en el occidente de Cantabria y en las provincias de León, Zamora, Salamanca y Cáceres.
Destacaremos algunos de sus rasgos:
Este dialecto se habla en los valles oscenses de Ansó, Hecho, Lanuza, Biescas, en Sobrarbe y en Ribagorza. Algunas de sus características son paralelas al leonés:
1. El leonésDe entre las diferentes hablas con que cuenta el dialecto leonés, destaca por su vitalidad el bable (o asturiano). El bable se localiza, además de Asturias, en el occidente de Cantabria y en las provincias de León, Zamora, Salamanca y Cáceres.
Destacaremos algunos de sus rasgos:
- Diptongación de vocales breves latinas e, o en condiciones en las que el castellano no diptonga: fueya (hoja).
- Conservación de los diptongos ei, ou: carreira, cousa (carrera, cosa).
- Cierre de las vocales finales e > i, o > u: pradu, esi (prado, ese).
- Conservación de f- inicial latina: forno (horno).
- Conservación del sonido /y/ ante e átona, proveniente de g- latina: yermanu (hermano).
- Evolución de pl-, kl-, fl- latinas a ch-: chave, chama, chumbo (llave, llama, plomo).
- Conservación de pl-, fl- y kl- latinas: plan, flama, clamar (llano, llama, llamar).
- Conservación de consonantes sordas intervocálicas: napo, espata, lacuna (nabo, espada, laguna).
Este dialecto se habla en los valles oscenses de Ansó, Hecho, Lanuza, Biescas, en Sobrarbe y en Ribagorza. Algunas de sus características son paralelas al leonés:
- Diptongación de vocales breves latinas e, o: güello (ojo).
- Conservación de f- inicial latina: forca (horca).
- Conservación de -mb-: plombo (plomo).
domingo, 19 de julio de 2015
Principales etapas en el desarrollo del castellano
1. Los primeros momentos de formación
Castilla se independiza de León en el 1035, año en el que Sancho el Mayor de Navarra convierte en sendos reinos los antiguos condados de Castilla (que entrega a su hijo Fernando) y Aragón (que otorga a Ramiro). A partir de entonces, el castellano se difunde hacia el sur y va adquiriendo, durante los siglos XI y XII, un puesto hegemónico.
Las primeras manifestaciones escritas en castellano datan del siglo X, las Glosas silenses y las Glosas emilianenses (anotaciones en castellano al margen de los textos latinos), y muestran todas las vacilaciones de una lengua en formación. Paulatinamente, se irá afianzando y estabilizando como lengua de uso común y literario. No será, sin embargo, hasta el reinado de Alfonso X (1252-1284) cuando se produzca el primer intento de fijación de la lengua. Este monarca, muy interesado por la cultura y promotor de las letras, intenta para el castellano la primera representación fija de cada sonido mediante una grafía, enriquece el vocabulario y establece las bases de la lengua escrita (uso de conjunciones, ordenación de períodos sintácticos, etc.).
2. Expansión y consolidación del idioma
Durante los siglos XIV y XV el castellano continúa su consolidación como lengua de cultura -no sin vacilaciones en la representación escrita- y se va enriqueciendo con la entrada de palabras de otras lenguas (portugués, francés, italiano). A fines del XV, un humanista, Antonio de Nebrija, publica su Gramática (1492), primera obra de estas características en una lengua romance, con la intención de definir y ordenar su uso, además de facilitar el aprendizaje del latín. Este mismo año, la lengua castellana abrirá sus horizontes hacia nuevas tierras: la conquista de América convertirá al español en una de las lenguas más habladas del mundo. El castellano, a principios del siglo XVI, ha conseguido asentarse en gran parte de la zona norte peninsular -a expensas de otros dialectos románicos, como el aragonés o el astur-leonés-, y va consolidándose en el sur, en Canarias y en América.
3. El reajuste fonológico de los Siglos de Oro
A lo largo de todo el siglo XVI y parte del XVII, y a la par que produce algunas de sus mejores obras literarias, el castellano sufre la mayor reorganización del sistema fonológico en su historia: algunos sonidos, que habían surgido por evolución del latín y que se habían consolidado en el sistema, sufren un reajuste vigente hasta nuestros días. Nos referimos, entre otras, a la reducción de los pares de sonidos sibilantes en subsistema consonántico. La evolución, muy simplificada, sería la siguiente:
a) Ensordecimiento de sibilantes:
- -s- y -ss- intervocálicas convergen en -s- sorda (fuesse > fuese)
- z y ç -pronunciadas ds y ts respectivamente- evolucionan hasta las actuales c (ante e i) y z (abraçar > abrazar; dizía > decía)
- -g-, -j- y -x- intervocálicas -pronunciadas como sh las dos primeras, como y la última- confluyen en las actuales g (ante e i) y j (dixo > dijo; muger > mujer)
- -b- intervocálica (que sonaba como oclusiva) y -v- intervocálica (que sonaba como fricativa) convergen en la fricativa, a veces con grafía b
- h- inicial (originaria de f- latina) va perdiendo la aspiración hasta desaparecer.
4. El siglo XVIII y la Real Academia
Durante el siglo XVIII, y gracias a las ideas ilustradas, se producen dos fenómenos contrarios por lo que se refiere a la lengua. Por un lado, la influencia francesa introduce gran cantidad de galicismos en el español; por otro, y en buena parte como respuesta a esta circunstancia, surge un gran interés por fijar y ordenar el idioma. Con la creación en 1713 de la Real Academia Española, comienzan las actividades de organización del léxico (Diccionario de Autoridades, 1726-1739), de representación de los sonidos (Ortografía, 1741) y de estructuración de normas gramaticales (Gramática de la lengua castellana, 1771).
La labor académica fu, además de ingente, fundamental, pues se terminó con ciertas vacilaciones en la escritura y, adoptando a veces audaces medidas, se consiguió una fijación apenas corregida hasta hoy. Por entonces se reducen las múltiples representaciones gráficas de cada sonido a una o dos grafías; se regula el uso exclusivo de u, i para los sonidos vocálicos respectivos; se estabiliza el uso de c, z; se suprime el uso de ç, así como la distinción gráfica de ss-, s-; se establece el uso de b, v según criterios etimológicos; y, por fin, se simplifican las grafías de origen griego y latino ph-, th-, etc. (phisica > física; thesoro > tesoro).
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