martes, 16 de febrero de 2016

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

He etiquetado este libro como novela juvenil porque entiendo que puede resultar una lectura atractiva para adolescentes. Su autora consiguió a su vez diferentes premios de literatura para niños con ésta su primera novela. Cuenta una tragedia familiar desde la visión del más pequeño, Jamie, un chico de diez años. La muerte de una de sus hermanas en un atentado terrorista condena a sus padres a un estado tal de tristeza que conlleva el abandono de sus otros hijos vivos. Así, Jamie mantiene con su hermana mayor Jasmine un estrecho vínculo y una mutua dependencia afectiva. Cuando los niños se trasladan con su padre a una localidad más pequeña, Jamie comienza nuevas relaciones con los compañeros del colegio, que no siempre son positivas. Excepto con su amiga Sunya, quien le apoya en sus problemas. Lo malo es que cuando su padre se entere que su mejor amiga es una chica musulmana, esto provocará una nueva tormenta: fueron terroristas islámicos los que mataron a su hermana Rose. La familia irá evolucionando pues a lo largo de la novela porque Jamie va a buscar cómo recuperar la atención y el amor de sus padres. Con diferentes momentos realmente divertidos, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea es una lectura recomendable, en la que hay que inferir, interpretar y descubrir los sentimientos profundos que hay detrás de la mirada infantil de sus protagonistas.

jueves, 28 de enero de 2016

Extraños en un tren

Ufff. Este libro ha salido de lo más recóndito de la estantería. Lo compré en la librería de Juanito Becerra en 1984  y el pobre estaba desde entonces allí aparcado (...bueno, he tenido varias mudanzas, así que habrá pasado por diversas estanterías).
Ahora que lo he terminado me entero que Hitchcock, en 1951, dirigió una película basada en esta novela de Patricia Highsmith, publicada un año antes, en 1950.
Cuenta un macabro pacto entre dos desconocidos que comparten un viaje en el tren. Está construida como una novela policíaca, pero aborda cuestiones interesantes propias de la moral: por un lado, la culpa y la mala conciencia, y por otro, el desprecio por la vida humana en una sociedad sin límites cercana a la locura. Porque la presión o la manipulación que ejerce Bruno sobre Guy no es explicación suficiente para entender sus actos, sino más bien que cada uno de nosotros somos asesinos en potencia. Y sólo nos sentiríamos aliviados de nuestros crímenes cuando los confesemos. 

viernes, 1 de enero de 2016

Cielos de barro

Imagino que sería en el año 2000, al ganar Dulce Chacón el Premio Azorín y Planeta publicar su novela, cuando lo leí por primera vez. Recuerdo que mis hijos eran pequeños y pasamos unos días en Marbella, en casa de unos familiares. A los pies de la escalera de la terraza, buscando el fresco de la mañana, me sentaba a leer sus páginas. Después, fue una de mis lecturas recomendadas durante bastante tiempo.
En este mes de diciembre, me he sentado otra vez con el libro en las manos, reviviendo las viejas penas de este cortijo extremeño en aquellos años de guerras y miserias.
En realidad lo he leído nuevamente dos veces, porque me he liado un poco con tantos personajes y porque terminé la lectura con una duda. Así, en la relectura he estado más centrado, con largos ratos por delante. He disfrutado también más del estilo literario y del lenguaje utilizado para dar cuerpo al personaje de Antonio, el alfarero, y he reconstruido las historias que nos cuenta.
En cierto modo, es una novela con una estructura compleja, con dos voces diferentes que narran la misma historia, por un lado está la narración desordenada, propia de una persona mayor, en primera persona, del alfarero, pero con una gran belleza y matices, y por otro lado, la voz omnisciente que pone orden cronológico a lo que acontece.
Como señalaba Dulce Chacón en una entrevista, la novela arranca con un crimen múltiple que hay que investigar, pero esto no es más que una excusa para describir la vida de esos años de señoritos y sirvientes, reconstruida a partir de viejas historias contadas en muchas entrevistas que la autora tuvo entre los que sufrieron en sus corazones tantas calamidades.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El extranjero

Cuando estudiaba "Literatura" e "Historia del Mundo Contemporáneo", allá por el año 1984, en el viejo COU, se nombraba esta obra de Albert Camus como representativa del existencialismo literario del periodo entreguerras. Y fue entonces cuando compraba y leía esta novela.
Ahora ha salido de la estantería, ya que al hijo de un amigo se la han pedido como lectura en el nuevo 2º Bachillerato. Después de devolmérmelo, he decido disfrutarlo de nuevo, o incluso mejor leerlo como si fuera una novedad, ya que en verdad apenas lo recordaba.
Para todos es conocida la historia: el señor Meursault comete un desafortunado asesinato, pero en lugar de defenderse o mostrar su arrepentimiento, se muestra durante el juicio con la misma pasividad y falta de sentimientos que tuvo durante el funeral de su madre. Así, nos viene a decir que esta sociedad condenará a muerte, sin pretender siquiera buscar un alegato de defensa, a aquel que no llore en el funeral de su madre.
Por otro lado, hoy me gustaría señalar aquí otra cuestión: la renuncia al perdón de Dios, la falta de valores y principios morales colectivos, convierten al hombre en un extranjero dentro de su propia comunidad, y como tal lo tratará, sin buscar la comprensión de sus actos, con intolerancia, con la exclusión social propia de sociedades racistas.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Variedades diafásicas

1. Concepto
Las diferentes situaciones en que se puede producir un proceso de comunicación condicionan al hablante para utilizar la lengua de diferente forma. Un estudiante no habla del mismo modo, no utiliza el mismo léxico, ni siquiera la misma entonación o sintaxis, cuando tiene que exponer un tema en clase, cuando está charlando con sus padres durante la comida o cuando habla de fútbol con sus amigos. A esas modalidades expresivas adaptadas por el hablante a situaciones determinadas las llamamos variedades diafásicas o situacionales, o, más sencillamente, registros.
El dominio o nivel de conocimiento de una lengua consiste fundamentalmente en la capacidad del hablante para cambiar de registro, adoptando en cada situación el más adecuado de acuerdo al tipo de comunicación que se efectúe. Así, la diferencia fundamental entre los hablantes del nivel culto y los del nivel vulgar no es tanto que los dos grupos se expresen siempre de forma diferente, sino que mientras los hablantes menos instruidos sólo son capaces de utilizar el código restringido del idioma, los de mayor nivel sociocultural manejan el restringido y también el culto, lo que les permite cambiar de registro cuando la situación lo requiere.
Las circunstancias que exigen variedades lingüísticas más o menos diferenciadas pueden ser múltiples; generalmente, sin embargo, hablamos sólo de un cierto número de registros establecidos por la costumbre: registro político, profesional, deportivo, familiar, coloquial... Este último comparte los rasgos lingüísticos para el nivel de uso popular o vulgar, hasta el punto de que esa variedad diastrática se denomina también en ocasiones nivel coloquial o familiar. Añade además la característica esencial de la presencia física de uno o más oyentes, con cuya atención, reacciones y gestos puede contar el hablante.
Un caso particular de registros opuestos, aunque complementarios, es el de la lengua oral y la lengua escrita.

2. Las lenguas especiales
Podemos encuadrar dentro de los registros los distintos subsistemas de la lengua común que se distinguen principalmente por un léxico propio y que se utilizan en un ámbito sociocultural o profesional determinado. El filólogo Emilio Alarcos los denomina lenguas especiales y distingue tres tipos:
- Jergas o argots: Generalmente, son variedades con finalidad críptica, es decir, el uso de un léxico especial se debe a un intento de impedir la comprensión a los no pertenecientes al grupo. El uso de la jerga refuerza la sensación de unidad de los miembros del grupo. Son ejemplos típicos las jergas estudiantiles o juveniles, la de la delincuencia, la del mundo de la droga, etc.
- Lenguajes sectoriales: Otros lingüistas los consideran también jergas. Pertenecen a distintas actividades o profesiones y no tienen finalidad críptica, aunque su comprensión es difícil para los no iniciados. Podemos hablar de las jergas o lenguajes de los distintos deportes, del lenguaje taurino, del político, del jurídico-administrativo...
- Lenguajes científico-técnicos: Son los empleados en la descripción científica propia de las distintas ramas del saber. En ocasiones, presentan intención didáctica, es decir, de hacerse entender por los no especialistas. Variedades diversas son el lenguaje de la Medicina o de la Física, el de las disciplinas humanísticas como la Filosofía o la Historia, etc.

martes, 1 de diciembre de 2015

El peso de las sombras

Ángeles Caso es una de mis escritoras favoritas. Y empecé con El peso de las sombras a sentir esta devoción, hace ya mucho tiempo, imagino que alrededor de 1994 cuando quedó finalista en el Premio Planeta por esta novela.
Me apetecía su relectura y reunía esos detalles que busco ahora: novela breve, libro de poco peso, letras grandes... para leer en la cama, sin gafas, unos minutos antes de cerrar los ojos.
Nos habla del amor y de la soledad, dos sentimientos universales que pueden coexistir a un mismo tiempo: el lecho vacío y aún caliente del amante que se ha ido, el peso de la ausencia de los seres queridos o la búsqueda de compañía a cambio de dinero.
Pero Caso da un giro con un nuevo aspecto: la presencia de una sombra que se instala en nosotros y que nos hace ser otro, con otra mirada en los ojos. Una sombra que nos llevará a cometer actos aborrecibles sobre los que tendremos que pegar un alto precio. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

No puedo olvidar tu rostro

Justamente al terminar de leer La princesa de hielo, de Camilla Läckberg, tuvimos una reunión de amigos y les recomendé su lectura. Y una de mis amigas me dijo que si me gustaban las historias de misterio, que leyera No puedo olvidar tu rostro, de Mary Higgins Clark. Este género narrativo no es precisamente de mi devoción, pero como resultaba que este libro lo tenía en casa, me lo apunté. Fue un regalo que me hizo mi cuñada hace ya varios años.
Así, he estado entretenido estas últimas semanas con sus páginas. Comienza planteando una situación enigmática interesante, pero poco a poco se va llenando de diferentes historias cruzadas y de muchos personajes secundarios que despistan bastante. Cuando todo este engranaje va tomando forma, el misterio inicial se queda en un segundo plano y todo se centra en cuestiones de luchas de poder por parte de las instituciones de justicia. Jueces, fiscales y abogados procuran mantener sus estructuras y sus posiciones políticas, aún a costa de que precisamente no sea la justicia lo que prevalezca.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

El lenguaje proverbial

1. Concepto e introducción
Uno de los rasgos específicos del código restringido es el uso frecuente de refranes. Podemos definir refrán como frase completa e independiente que expresa de manera sentenciosa un pensamiento de carácter didáctico o moral, generalmente aceptado como indiscutible por la comunidad de hablantes que lo usa. Su uso, facilitado por la fórmula fija e invariable que permite memorizarlos sin esfuerzo, impide la expresión personal, original, individualizada (ahorra esfuerzo idiomático y, por tanto, mental). Al igual que las comparaciones tópicas (listo como un lince), las metáforas excesivamente repetidas (no tiene muchas luces) y otras fórmulas rimadas (ni chicha ni limoná), tienden a uniformar el lenguaje, impiden la creación personal de oraciones o pensamientos originales. Son, por tanto, recursos que empobrecen la expresión, propios del código restringido y poco habituales en el elaborado. Su medio de transmisión es, generalmente, la lengua oral.
En la literatura, los refranes aparecen como elementos caracterizadores del habla de los personajes populares. Dos casos específicamente significativos en este sentido son la Celestina y Sancho Panza. En ambos casos, los respectivos autores contrastan el lenguaje vulgar de siervos y criados con el código elaborado utilizado por los señores, especialmente Calisto y Don Quijote, que a su condición social unen su afición literaria.


En la actualidad, el uso de refranes sufre un retroceso apreciable, sobre todo entre los más jóvenes, aunque no provocado por un enriquecimiento del nivel expresivo, sino por su sustitución por otro tipo de fórmulas con menos sabor arcaico o rural.


2. Características del lenguaje proverbial
Existe en español una gran cantidad de refranes, que presentan algunas características comunes:
- Sentido figurado, es decir, aparte de su significado literal, denotativo, el oyente extrae una significación aplicable a circunstancias habituales de la vida. Por ejemplo, "Más vale pájaro en mano que ciento volando", no tiene para nosotros sentido por su referencia a las aves, sino por la enseñanza que se deduce de ello: es mejor lo seguro, aunque escaso, que lo posible, por abundante o tentador que resulte.
- Estructura mimembre, con dos partes bien diferenciadas por la entonación , con ritmo muy marcado que facilita la memorización. Abundan los elementos correlativos y los paralelismos.
- Rima consonante o asonante, ritmo producido por repeticiones de todo tipo (fónicas, léxicas).
- Brevedad; en muchas ocasiones ni siquiera se enuncia entero, por su carácter consabido.
- Elipsis de algunos elementos, como el verbo, el artículo, etc. Ejemplo: "Perro ladrador, poco mordedor".
- Entonación autónoma dentro del discurso, son como un aparte explicativo dentro de la conversación.
- Arcaísmos; por su pertenencia al folclore, a la "sabiduría popular" de una comunidad, perviven a través de los siglos, por lo que a veces presentan palabras que ya no son de uso común. Ejemplo: "En los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño".

domingo, 25 de octubre de 2015

Variedades diastráticas

1. Concepto
En todas las sociedades humanas existen diferentes grupos o clases sociales, y esta articulación de la sociedad en grupos es la responsable de ciertas variaciones lingüísticas, a las que llamamos variedades diastráticas o sociolectos, es decir, las relacionadas con la estratificación social de los hablantes.
La sociolingüística ha intentado desde sus inicios sistematizar las causas sociales y culturales que provocan la diversificación. Podemos señalar algunas de las fundamentales de modo esquemático:
  • Edad: Aparte de lo que conocemos como jerga juvenil, en general se puede concluir que en los grupos de edad más avanzada la capacidad de innovación y de adaptación a los cambios lingüísticos es menor que en los más jóvenes.
  • Raza: Aunque es una variable escasamente significativa hasta ahora en nuestro país, en sociedades históricamente multirraciales se han podido establecer relaciones entre ciertos fenómenos lingüísticos y diferentes grupos étnicos. Indiscutiblemente, el factor racial aparece también estrechamente ligado a las diferencias socioeconómicas.
  • Sexo: En las sociedades modernas, esta variable tiende a resultar cada vez más irrelevante desde el punto de vista lingüístico, si bien en ciertos medios sociales, la permanencia de la discriminación laboral o educativa todavía hace que perviva algún tipo de variaciones entre el habla de mujeres y hombres.
  • Entorno rural o urbano: Las comunidades más pequeñas y más alejadas de los grandes centros urbanos suelen presentar rasgos lingüísticos más conservadores, mientras que las variedades urbanas son más sensibles a cualquier tipo de innovación, incluso a "modas" léxicas o sintácticas más o menos pasajeras.
  • Nivel socioeconómico o sociocultural: Es el aspecto fundamental en la diferenciación diastrática del idioma. Se suelen considerar tres factores interrelacionados a la hora de determinar los distintos estratos sociales lingüísticamente pertinentes: tipo de ocupación, ingresos económicos y nivel de instrucción. Capacidad económica y nivel cultural no van necesariamente unidos, pero en líneas generales la pertenencia a una clase más alta facilita el acceso a un nivel educativo superior, además de inculcar en el hablante mayor aprecio por la calidad de la lengua utilizada, bastante escaso en los estratos sociales inferiores.
No obstante, la extensión generalizada de niveles aceptables de instrucción, el acceso de las clases medias a la enseñanza superior y la labor lingüísticamente niveladora de los medios de comunicación atenúan paulatinamente las diferencias, en otro tiempo mucho más acusadas.

2. Niveles en el uso lingüístico
Teniendo en cuenta los factores anteriormente señalados se pueden determinar tres niveles de uso con características lingüísticamente diferenciadas:
 a  - Nivel culto o lenguaje formal: Se caracteriza por el uso de una mayor cantidad y variedad de recursos léxicos y gramaticales, mayor precisión y riqueza, más originalidad, lo que permite aumentar la posibilidad de matización en los mensajes, orales o escritos.
Funciona sobre todo en el registro escrito, como modelo de lengua para el resto de la sociedad: admite menos cambios y es más preciso y estructurado.
El conjunto de recursos lingüísticos propios de este nivel se denomina código elaborado, por oposición al código restringido propio del nivel vulgar.
 b  - Nivel medio o estándar: Aunque algunos lingüistas distinguen sólo que hemos llamado código elaborado y código restringido, parece claro que existe un numeroso grupo de hablantes que emplean habitualmente una variedad intermedia, correcta pero no excesivamente formal ni cuidada, que correspondería a un estrato sociocultural medio, y cuya expresión más evidente sería el empleo del idioma en los medios de comunicación de masas.
 c  - Nivel o lenguaje vulgar: Corresponde a lo que hemos llamado código restringido, es decir, aquel en el que los recursos lingüísticos del hablante son menores, más limitados. El término "vulgar" se reserva en ocasiones para aquellos mensajes en los que aparecen frecuentes incorrecciones o vulgarismos, pero aquí lo utilizaremos en el sentido más amplio que comúnmente se le da, englobando toda una serie de características comunes a amplios sectores sociales, no exclusivamente errores en el uso del idioma. Muchas de estas características coinciden con lo que se denomina registro coloquial o familiar. Para describir este nivel, partiremos de cuatro aspectos básicos:
- Pobreza idiomática generalizada, tanto en lo que se refiere al léxico como a la morfología y la sintaxis.
- Apelaciones directas al receptor, requiriendo su atención y aprobación (función conativa del lenguaje).
- Presencia constante de la subjetividad y expresividad del hablante (función expresiva o emotiva).
- Economía de medios lingüísticos: se consigue transmitir la mayor cantidad de información posible con el menor número de elementos.



Algunos rasgos muy comunes que tienen que ver con uno o varios de los aspectos que acabamos de señalar son éstos:
- Caudal léxico o número de vocablos muy limitado. Especialmente escasos los adjetivos y adverbios, lo que provoca una mínima precisión expresiva. Pocos sinónimos para cada concepto.
- Sintaxis pobre y muy simple, es decir, oraciones breves, con escasa subordinación y, con frecuencia, inacabadas. El receptor no necesita la oración completa para entender el mensaje.
- Repetición de los mismos enlaces (o sea, así que, pero, entonces...), empleo de "muletillas" (y tal y tal, etcétera...) y otras muchas muestras de dificultad expresiva.
- Desorganización generalizada de la información.
- Uso de vocativos, interjecciones, imperativos (tía, macho, colega, ¡eh!, ¿vale?...).
- Alteraciones expresivas en el orden habitual de las oraciones (¡El muy canalla! ¡Me las va a pagar!).
- Preguntas retóricas que no esperan respuestas. Equivalen a oraciones exclamativas: ¿Será tonto?
- Utilización de sufijos que expresan valores afectivos y no tamaño (papaíto, mi casita...).
- Empleo de refranes, frases hechas (estoy hasta las narices) o metáforas de uso continuado (estar colgado, estar de morros...).
En los niveles sociales con menor instrucción se añaden a estos caracteres generales incorrecciones más o menos frecuentes que conocemos como vulgarismos. Entre los más extendidos podemos señalar:
  • Dequeísmo (pienso de que no vendrán).
  • Metátesis (cocreta).
  • Laísmo, leísmo, loísmo (la dije que vinierael libro me le dio ayer).
  • Concordancia errónea del verbo "haber" en construcción impersonal (hubieron muchas ocasiones de gol).
  • Confusión o cambio de diferentes fonemas (agüelo) y desaparición de otros (m'acuerdo).
  • Errores en las formas verbales (vinistes; callaros).
  • Discordancias (el gol lo metió el extremo izquierda).

sábado, 24 de octubre de 2015

La casa de Riverton

Tras leer El jardín olvidado (ver entrada), hace ya más de tres años, compramos La casa de Riverton y el libro se quedó en un rincón de la estantería. Mi mujer fue la primera que lo leyó, sin despertarle demasiado interés, pero me insistía que a mí me gustaría, por las descripciones de la vida de la época.
En estas semanas en que me he centrado en diferentes novelas de bolsillo que no fueran demasiado largas, tropezaron mis ojos con esta novela, un tanto escondida en mi librería, y me pareció el momento adecuado para resucitarla.
Hoy la he finalizado. Me ha acompañado casi un mes y medio, en diferentes viajes en tren a Toledo y a Madrid por cuestiones de trabajo, haciendo más llevaderos los trayectos en el AVE y las noches de hoteles.
Ahora he buscado en internet opiniones de los lectores, todas bastante dispares. Efectivamente la valoran como una novela que repite clichés y que apenas aporta nada nuevo; pero también destacan su final como sorprendente, un final que salva una novela lenta y algo aburrida.
Para mí, un poco como me pasó con El jardín olvidado, destaco lo bien que escribe Kate Morton, ese lenguaje elaborado, elegante y al mismo tiempo sencillo, eficaz para mantener el suspense implícito en la novela. Como decía mi mujer, me ha gustado durante toda la lectura por sus descripciones de la época, más que por la historia misma, y desde luego, tampoco me permito decir que el final salva la historia, sino más bien lo contrario. El final me parece un tanto "cogido con alfileres", y es la novela la que salva un desenlace casual.

sábado, 10 de octubre de 2015

Los dialectos meridionales del español peninsular

El antiguo castellano se extendió hacia el sur peninsular durante la época de la Reconquista. Ya en el siglo XV, y sobre todo a partir del XVI, el español llega a Canarias, desde donde se extenderá por la América española. A todas estas modalidades, o dialectos, de la misma lengua es a lo que los especialistas llaman español meridional, o dialectos meridionales del español, sobre todo porque poseen numerosos rasgos comunes.

1. Características comunes de los dialectos meridionales
Las fundamentales son las que exponemos a continuación:
- Seseo, es decir, pronunciación de z y de c ante e, i como s (resibir por recibir).
- Aspiración de -s final ante consonante o ante pausa (míhmo por mismo; pérroh por perros).
- Yeísmo, o pronunciación de ll como y (beyo por bello).
- Cambios de r y l en posición implosiva (cuelpo por cuerpo; arma por alma).
- Pérdida de -d- intervocálica o ante -r (sentío por sentido).
Aunque, como hemos dicho, todos los dialectos meridionales presentan en mayor o menor medida estas características, cada uno de ellos posee, además, otros rasgos.

2. El andaluz
El andaluz es el producto de la evolución del castellano en las tierras meridionales de la península desde el siglo XIII, época de las primeras colonizaciones cristianas, hasta principios del siglo XVI. Como características fundamentales, además de las propias de los dialectos meridionales (seseo, aspiración de -s final...), cabe citar las siguientes:
- Distinción del plural en sustantivos y adjetivos mediante la abertura de la vocal. El andaluz cierra la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si ésta es singular (perro), mientras que abre la vocal final y, en general, todas las vocales de la palabra si es plural (pérroh).
- Mayor riqueza de timbre vocálico que el castellano, como consecuencia de lo anterior. En andaluz existen, además de i, u, tres vocales cerradas (a, e, o) y tres vocales abiertas (a, e, o).
- Aspiración de h- inicial (jarto por harto).
- Ceceo en algunas zonas de Andalucía, esto es, pronunciación de s como c ante e, i (cilla por silla).
El léxico andaluz muestra abundancia de arcaísmos (afuciar, ofender; casapuerta, zaguán; de juro, ciertamente), mozarabismos (cauchil, registro de agua), arabismos (aljofar, fregar), restos aragoneses y levantinos (falsa, desván;
baladre, adelfa) y numerosas creaciones populares (fuguillas, persona vivaracha que se enfada fácilmente; cañear, tomar cañas).
En la sintaxis no aparece, más que en casos aislados, el leísmo (le, les, por lo, los).

3. El canario
Tras la conquista de las Islas Canarias en el siglo XV, se pobló el territorio desde Andalucía, de manera que el fondo patrimonial idiomático canario posee los rasgos meridionales que ya se han descrito. Además, pueden añadirse las siguientes características:
- Aspiración de -s final de sílaba o de palabra (áhco por asco).
- Presencia de un yeísmo articulado como mediopalatal, algo distinto, por tanto, al del andaluz (cayar por callar).
En cuanto a la morfología, en canario ha desaparecido la forma vosotros en favor de ustedes (tú tienes/ustedes tienen), rasgo presente en el andaluz, si bien no tan generalizado. También es destacable el uso del verbo ser con valores intransitivos (soy nacida en...).
El léxico canario muestra influjos varios, debidos tanto a los antiguos moradores de las islas, los guanches (gofio, alimento canario; baifo, cabrito), como a los que por allí pasaron a lo largo de los siglos: gallego-portugueses (andoriña, golondrina; bucio, caracol marino; jeito, maña, habilidad), leoneses (bago, grano de uva; sachar, cavar), andaluces (burgado, caracol; casapuerta, zaguán), americanos (cucuyo, luciérnaga; guagua, autobús). Aparecen, igualmente, arcaismos castellanos (gago, tartamudo; asmado, asustado). El canario, en su léxico, como el español de América, está influido por el habla marinera, de ahí expresiones como bígaro por "enclenque" o ser de la raya verde para afuera por "forastero".

4. Extremeño y murciano
El extremeño posee, junto a algunas de las características meridionales (yeísmo, seseo), un fuerte influjo del leonés, por ejemplo, en el cierre de las vocales finales (abaju por abajo).
El murciano, que además de hablarse en Murcia se extiende por tierras de Alicante, por el nordeste de Jaén y Granada y por el norte de Almería, presenta rasgos meridionales (yeísmo, seseo) junto a una fuerte influencia aragonesa y valenciana. Algunas de sus características fundamentales son el mantenimiento de ciertas consonantes oclusivas sordas intervocálicas (acachar por agachar) y la palatalización de la l- inicial (llampar por lampar).

5. El judeo-español o sefardí
Se conoce como judeo-español o sefardí el español que los judíos expulsados de España en el siglo XV llevaron a otras tierras. Estos judíos, que se referían a España como Sefarad, se extendieron en su diáspora por diversos lugares (Bosnia, Serbia, Grecia, Palestina, Marruecos); ya en época moderna y tras el establecimiento del estado de Israel, muchos de ellos se establecieron allí y crearon una importante e influyente colonia. De forma general, puede decirse que las características de este dialecto son las mismas que poseía el español a finales del siglo XV, esto es, las del castellano que describe Nebrija en su Gramática.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El español actual

1. Castellano o español: cuestión de nombre
La denominación de nuestro idioma no es un asunto nuevo, sino que se remonta a la época en que España se convierte en un estado moderno. A partir del siglo XVI se prefirió el nombre de lengua española al de lengua castellana, en primer lugar porque se refería al idioma de una nación recién unificada y, en segundo lugar, porque dentro de España ni aragoneses ni andaluces se sentían partícipes del adjetivo castellano y sí de español.
Desde su fundación, la Real Academia de la Lengua prefirió el calificativo castellano, pero en 1923 optó por denominar al idioma español. La Constitución de 1978 se refiere a él como castellano; en algunos países de Hispanoamérica lo llaman castellano, en otros español, e incluso idioma nacional. No existe, en fin, unanimidad.
A veces en España se prefiere el término castellano si se habla de todas las lenguas del Estado (castellano-catalán-gallego-vasco) y español si se compara con las lenguas de otros países.
En cualquier caso, no debería ser más que una cuestión de nombre: puede hablarse de español o de castellano, indistintamente.

2. El español actual y las convenciones ortográficas
El sistema fonológico español consta de veinticuatro fonemas ordenados en dos subsistemas, el vocálico y el consonántico, cuya representación viene dada por medio de veintisiete letras. A simple vista puede observarse que prácticamente existe una letra por cada fonema. Aunque esto no sea exacto, sí es bastante aproximado, como veremos a continuación:

- El español posee cinco vocales que se representan con otras tantas letras: a, e, i, o, u. La letra y tiene valor vocálico al final de palabra (rey) o cuando va sola (conjunción y).
- Existen diecinueve fonemas consonánticos y sus equivalentes gráficos son los que siguen:
  • b, v, equivalen en la escritura a un mismo fonema, el bilabial oclusivo sonoro (basto, vasto; baca, vaca); también representa a este fonema la w en vocablos de origen germánico (Wenceslao, Wagner, Wamba).
  • c ante -e,-i, al igual que z a final de sílaba o ante -a, -o, -u, representa gráficamente el fonema interdental fricativo sordo (cesta, cima; zarza, zorro, zumo).
  • c ante -a-o-u, al igual que qu ante -e,-i, y también la letra k, representan el fonema velar oclusivo sordo (caso, cosa, curso; queso, quiso; kilo).
  • c seguida de h (ch) equivale al fonema palatal africado sordo (chato).
  • d equivale siempre al fonema dental oclusivo sonoro (dedo).
  • f representa siempre el fonema labiodental fricativo sordo (falso; feo; fino).
  • g delante de -e, -i, representa, al igual que j, el fonema velar fricativo sordo (general, gimnasio; jota, jerga, jarra).
  • g unida a u en las combinaciones gue, gui, o delante de -a-o-u, equivale al fonema velar oclusivo sonoro (guerra, guiso; ganso, gorra, guapo); también representa a las combinaciones gua, güi la w en vocablos de origen inglés (Washington).
  • la h aislada es muda (hacer, rehacer).
  • l sola equivale al fonema líquido alveolar lateral (lado, alto); combinada con otra l (ll) equivale al fonema líquido lateral palatal (llama, hallé).
  • m equivale al fonema nasal bilabial (amo); n equivale al nasal alveolar (nota); y ñ al nasal palatal (paño).
  • p siempre representa al fonema bilabial oclusivo sordo (punto).
  • dos r (rr), o una r al principio de palabra o detrás de l o de n, equivalen al fonema líquido alveolar vibrante múltiple (carro, reto, alrededor, sonríe).
  • una r en los casos no indicados antes equivale al fonema líquido alveolar vibrante simple (era, brazo, cantar).
  • s equivale al fonema alveolar fricativo sordo (casa, asno).
  • t representa al fonema dental oclusivo sordo (tapa, ente).
  • y equivale, siempre que no represente vocal, al fonema palatal africado sonoro (ya, buyó).
  • la letra x representa dos fonemas unidos: equivale en la escritura a la combinación ks, aunque a veces se pronuncia como s (éxito, extenso).


jueves, 10 de septiembre de 2015

Los puentes de Madison County

Necesitaba un libro de poco peso para estos días. Y me decidí por esta edición de Los puentes de Madison County, que reposaba en las estanterías desde 1997 cuando ABC entregaba con el periódico de los domingos la colección "Libros de película".
Esta historia de amor es bien conocida por todos gracias a la película realizada por Clint Eastwood y protagonizada por él mismo y Meryl Streep. Su autor, Robert James Waller, obtuvo un considerable éxito en Estados Unidos con su publicación en 1992, y tres años después fue llevada a la pantalla.
Interpreto que es una novela agradable de leer y con bellos momentos de verdadera emotividad, pero tiene calificativos, ideas y descripciones de los personajes que se repiten una y otra vez, por lo que, conforme avanzaba en la lectura, me iba "cansando". No puedo decir que no me haya gustado, pero esas mismas retahílas en tan pocas páginas le restan brillo.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Almudena Grandes: El lector de Julio Verne

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En el pasado 23 de abril de 2015, imagino que por cuestiones de trabajo, no tuve tiempo para dar vueltas por las librerías con motivo del Día del Libro. De forma precipitada, en el kiosco de prensa de la estación, y con el tiempo justo para no perder mi tren, me compré este libro. Como referencia para la elección tenía el comentario de una amiga que lo recomendaba y que aseguraba que no era necesario haber leído el primer episodio de esa guerra interminable (se refería, claro está, a
Inés y la alegría). Y también tenía como referencia para comprarlo a la autora, de la que he leído diferentes novelas, y siempre me había gustado -de hecho, Los aires difíciles es una de mis lecturas preferidas-.

En estos días de verano, de piscina y de viajes, elijo libros de bolsillo, por su peso menor. Así, me he encontrado con este sobrecogedor relato, repleto de "vidas de mierda", de humillaciones y de miedos, para los vencidos y para los vencedores.
Pero además de sentimientos y de historias conmovedoras, me encuentro con un libro escrito, a mi juicio, de un modo muy bonito, sin decir del todo las cosas, entremezclando tiempos e intenciones comunicativas de narración y diálogo, lo que ha hecho que quede atrapado en una lectura casi compulsiva.
Acabadas ya las vacaciones, las últimas páginas del libro las he disfrutado en el tren, camino del trabajo. No es la primera vez que las lágrimas me afloran en el tren, delante de desconocidos, por culpa de un libro; pero en esta ocasión, sin demasiado pudor, me dejaba ver y dejaba bien a la vista la portada de El lector de Julio Verne, para que, si alguna vez alguno de aquellos viajeros anónimos se decidiera a leerlo, pudiera comprender mi emoción.   

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Bilingüismo y diglosia

España posee, según la Constitución de 1978 (art. 3), como idioma oficial común el castellano y las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas. Esta situación política refleja una realidad lingüística que se conoce con el nombre de bilingüismo. Fernando Lázaro Carreter define bilingüismo en su Diccionario de términos filológicos como la capacidad que posee un individuo o una comunidad de poder usar normalmente dos idiomas. Es decir, será bilingüe aquella persona que pueda expresarse sin dificultades y apropiadamente en dos lenguas. Éste es el caso, en España, de la mayoría de los hablantes catalanes, gallegos y vascos; y en Europa, de buena parte de sus habitantes (lapones, escoceses, irlandeses, flamencos, suizos, provenzales, etc.). Lingüísticamente hablando, es un privilegio el conocer y utilizar con normalidad dos lenguas, porque permite el acceso a dos culturas y, por tanto, contribuye al enriquecimiento personal del individuo.
Sin embargo, esta situación, que sería la deseable, no siempre se ha producido a lo largo de nuestra historia: en ciertas épocas, y alguna de ellas reciente, la intransigencia política o social de ciertos dirigentes se ha reflejado en la lengua produciendo el fenómeno conocido como diglosia. Existe diglosia cuando, por circunstancias políticas o sociales, una lengua goza de privilegios superiores a los de otra y, como consecuencia, esta última se encuentra en desventaja sobre la primera.