domingo, 6 de noviembre de 2011

Lope, autor dramático

Sólo con las obras poéticas y narrativas, Lope habría ocupado un lugar de primer rango en la tradición literaria. Pero su fama se cimenta, sobre todo, en el género dramático, donde llevó a cabo importantes innovaciones. Cervantes, que trazó una breve y clásica historia del teatro español en el prólogo a sus comedias y entremeses, escribe al referirse a Lope:


Entró luego el monstruo de Naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con la monarquía cómica. Avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias propias, felices y bien sazonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos [veinte mil hojas] los que tiene escritos, y todas, que es una de las mayores cosas que pueden decirse, las ha visto representar, u oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito ni a la mitad de lo que él solo.


Los testimonios de la fama de Lope son numerosísimos, hasta el punto de que se utilizó la frase "es de Lope" para ponderar un objeto de gran valor. Un estudiante italiano, que vivió en Salamanca durante cuatro años, anotó las comedias que vio durante su estancia. La media era de unas cincuenta por año, la inmensa mayoría de Lope de Vega. Y, en efecto, se conservan cerca de cuatrocientas comedias de las mil quinientas que se dice llegó a componer.


La tradición dramática
Cuando comienza a escribir sus obras, hacia 1580 -aunque él presume de haberlo hecho ya a los diez años-, conviven varias tradiciones dramáticas: las églogas y autos; el teatro clásico; la comedia nueva italiana; el teatro de colegio; y el teatro que se representaba en los corrales de comedias. Las tres últimas son las más importantes:

  • La comedia nueva italiana adaptaba a los tiempos modernos los personajes y situaciones de las comedias latinas de Plauto y Terencio. Estaban escritas en prosa, en cinco actos. A esta tradición, aunque muy populista, pertenece el famoso representante y autor de entremeses Lope de Rueda.
  • El teatro de universidades y colegios, en particular el de los jesuitas, con quienes estudió Lope y la mayor parte de los dramaturgos de la época, seguía las normas clásicas tanto en tragedias como en comedias. Habitualmente escritas en latín, podían incorporar pasajes en castellano con entremeses y escenas en verso con polimetría (variedad de estrofas). De este teatro procede, en gran medida, el de los corrales de comedias.
  • El teatro representado en corrales de comedias y en casas particulares estaba escrito en cuatro actos y en polimetría. En general no se mantenían las unidades de tiempo, lugar y  acción, salvo en las tragedias, que seguían el modelo de Séneca y se inspiraban en la tradición clásica o en la historia de España.
Naturalmente, Lope, que quería ser famoso y, además, ganar dinero, prefirió seguir la tradición de los corrales de comedias. Pronto, sin embargo, se topó con las críticas de los neoaristotélicos, es decir, de aquellos teóricos -y algún práctico, como Cervantes- que leían la Poética, de Aristóteles, a través del Arte Poética, de Horacio.
Los aristotélicos defendían como reglas a las que necesariamente debía ajustarse cualquier obra dramática las siguientes:
  • Tajante distinción entre tragedia y comedia. La tragedia se caracterizaba por la acción -inicio feliz, final triste-; por los personajes sublimes como protagonistas -dioses, reyes y alta nobleza-; por el grado de realidad -el asunto tenía que ser histórico-; y por la forma -tenía que estar escrita en verso heroico-. En cambio, la acción de la comedia pasaba del conflicto a la felicidad final, habitualmente con boda; la condición social de los personajes tenía que ser media o baja; el asunto no debía ser histórico sino inventado; y la forma utilizada era la prosa, puesto que éste es el modo de expresión propio de la lengua coloquial.
  • Tragedias y comedias tenían que estructurarse, de acuerdo con las normas de Horacio, en cinco actos y mantener las tres unidades: lugar, tiempo y acción.
  • La finalidad de ambas es conseguir una enseñanza deleitable bien por medio del terror o de la risa: mezclar, en frase de Horacio, lo útil con lo dulce.
Dibujo de Comba representando el Teatro del Príncipe de Madrid, en el siglo XVII
La defensa de Lope
Tras una práctica dramática muy dilatada, Lope expuso hacia 1606 su experiencia en el Arte nuevo de hacer comedias de este tiempo.
Compuesto en endecasílabos sueltos, el Arte nuevo no es tanto una preceptiva cuanto una serie de reflexiones sobre el estado de las comedias y de cómo le gustaría al propio autor que se compusieran. Y es, sobre todo, una defensa de la "nueva comedia" española frente a las críticas de los neoaristotélicos tanto españoles como extranjeros.
Los aspectos más importantes del Arte nuevo son los siguientes:

  • El gusto. Se admite, o se concede, que los clásicos siguen mejor las reglas de composición dramática, pero cada época es distinta y los gustos del público varían, tanto más, si tenemos presente el abigarrado público que asiste a los corrales.
  • Los personajes. No importa que aparezcan reyes en las comedias y, por tanto, se pueden mezclar personajes trágicos y cómicos.
  • Unidad de acción. Debe mantenerse, aunque Lope no siempre sigue este precepto y a veces recoge acciones distintas en una misma obra.
  • Unidad de tiempo. Puede no respetarse, si bien se recomienda que la acción abarque el menor tiempo posible.
  • Número de actos. La división será en tres actos de ocho hojas cada uno -unos tres mil versos-, lo que equivale a una duración de tres horas, incluyendo la representación de las piezas que acompañaban a la obra principal: la loa, el entremés y el baile.
  • Métrica. Se ajusta a las situaciones, lo que le permite utilizar la tradición poética anterior que ya había prefijado los géneros o subgéneros de las estrofas:
Las décimas son buenas para quejas;
el soneto está bien en los que aguardan;
las relaciones piden los romances,
aunque en octavas lucen por extremo.
Son los tercetos para cosas graves
y, para las de amor, las redondillas.
  • Finalidad. La finalidad de la comedia es provocar el deleite en el público:
Como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.

Tragicomedias y comedias
La tragedia en estado puro, con las exigencias de los aristotélicos, sólo había existido en el teatro de colegio y en latín. Algunos autores coetáneos de Lope intentaron mantener en lo posible esta poética, pero la tragedia desapareció prácticamente. Su lugar fue ocupado por la tragicomedia, término acuñado por Plauto en el Anfitrión, donde Júpiter puede aparecer en escenas cómicas con final feliz, y que utilizó también Rojas en la segunda redacción de La Celestina, que se cerraba con la muerte de los protagonistas principales.
En el teatro de Lope puede haber tragedias en cuanto al desarrollo de la acción -de la felicidad a la desdicha-, pero sus obras no cumplen las demás reglas que se consideraban insoslayables. Cuando Lope escribe El castigo sin venganza y le pone el marbete de tragedia, lo hace atendiendo al desarrollo de la acción, pero la obra no se corresponde con lo que se llama tragedia en la preceptiva clásica. Es una tragicomedia con desenlace trágico, como ocurre con El caballero de Olmedo o con Fuenteovejuna y Peribáñez. Estas últimas, además, no acaban con la muerte del héroe, sino con la de los antagonistas que han hecho todos los merecimientos para alcanzar ese final desastroso.
La comedia de Lope tampoco se ajustaba a las normas clásicas. Sus protagonistas son habitualmente reyes, altos nobles y caballeros. Estas obras son, en cuanto a los personajes, tragicomedias, pero comedias en cuanto al desenlace, que acaba en bodas, por lo general en tres: las de los protagonistas, los antagonistas y los criados.

Los personajes del teatro de Lope

Al basarse las tragicomedias -en la acepción de tragedias en el desenlace- en asuntos históricos, legendarios o míticos, sus personajes no se corresponden siempre con los de la comedia, pero no se da una división tajante. La comedia, en general, se desarrolla en un ambiente contemporáneo, sin reyes, aunque puedan aparecer monarcas ficticios situados en una época y lugar lejanos. La tipología es, sin embargo, muy parecida en ambos géneros. Los personajes más frecuentes son los siguientes:

  • El rey, que en las tragicomedias impone la justicia final.
  • El galán, que reúne todas las virtudes. Suele ser joven.
  • La dama, con las mismas características que el galán.
  • El antagonista, inferior al galán.
  • Los criados de los tres personajes anteriores. Actúan de confidentes y son graciosos.
  • El padre de la dama (la madre apenas aparece). Como padre es un hombre ejemplar.
La figura del donaire
Una de las aportaciones principales de Lope es la creación de la figura del donaire o gracioso. Frente al bobo del teatro anterior, el gracioso se caracteriza por ser ingenioso y, con frecuencia, el inventor de la traza para que el galán consiga el amor de la dama. Es el amigo y confidente de aquél y, en la mayoría de las ocasiones, el contrapunto en cuanto al carácter. Si el galán vive en un mundo artificial, idealista, el gracioso se mueve en la realidad cotidiana y se preocupa más de los placeres corporales que de los espirituales.

Las obras dramáticas
La Biblia, la mitología, la historia nacional o extranjera, las leyendas, las novelas, los romances, las canciones tradicionales -por las que Lope siente particular predilección- son las fuentes habituales de sus asuntos dramáticos. El amor y el honor son los motivos centrales en el desarrollo de la acción.
En la ingente producción dramática de Lope hay obras que ocupan un lugar privilegiado en la literatura española:
  • Entre las obras que, a pesar de algunas escenas cómicas que rompen la tensión, se encuentran cercanas en espíritu a la tragedia clásica, destacan El caballero de Olmedo y El castigo sin venganza.
  • Entre las tragicomedias hay un grupo que presenta en escena a labradores ricos que, a veces, se enfrentan a un comendador en defensa de su honra. Las más conocidas son Peribáñez y el comendador de Ocaña y Fuenteovejuna.
  • De entre todas las comedias sobresalen Los locos de Valencia, La dama boba, Las bizarrías de Belisa y El perro del hortelano.


Peribáñez y el comendador de Ocaña
Un joven comendador se enamora de Casilda, recién casada con Peribáñez, campesino rico. La obra se cierra con la muerte del comendador -tras intentar violar a Casilda- a manos de Peribáñez, que es perdonado por los reyes.
Probablemente esta obra esté basada en un hecho histórico desconocido que circulaba en canciones, como parece presuponer el romance que se incluye en un momento clave de la obra:

La mujer de Peribáñez
hermosa es a maravilla;
el comendador de Ocaña
de amores la requería.
La mujer es virtuosa
cuando hermosa y cuanto linda;
mientras Pedro está en Toledo
de esta suerte repetía:
"Más quiero yo a Peribáñez
con su capa la pardilla,
que no a vos, Comendador,
con la vuesa guarnecida".

Fuenteovejuna
Esta obra se basa en un suceso histórico que dio lugar a la expresión "Fuenteovejuna, todos a una". En 1476, ante los abusos del comendador Fernán Gómez, todo el pueblo de Fuenteovejuna se levantó contra él, matándolo atrozmente. En el interrogatorio que se realizó posteriormente todos contestaron que el autor de la muerte había sido Fuenteovejuna.


¿Quién mató al comendador?
Fuenteovejuna, señor.


Ante la determinación del pueblo, Fernando el Católico decidió no concluir la causa.


El caballero de Olmedo
En esta obra se relata la pasión amorosa de doña Inés, vecina del pueblo de Medina, en Valladolid, y de don Alonso, caballero de Olmedo. La obra acaba trágicamente con el asesinato de don Alonso llevado a cabo por su rival amoroso.
El suceso es histórico y dio lugar a la siguiente canción, que es la fuente de la obra:


Que de noche le mataron
al caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.


Sombras le avisaron
que no saliese,
y le aconsejaron
que no se fuese
el caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.


Una "acción en prosa"
Ya anciano, Lope compuso una de sus obras más extraordinarias: La Dorotea. Se trata de una obra escrita en prosa y en cinco actos para ser leída, como La Celestina, en la que se inspira. Lope rememora en ella los amores juveniles con Elena Osorio, bajo los pseudónimos de Fernando y Dorotea. En pocas ocasiones se han fusionado de tal manera vida y literatura.


Estilo
Lope defendió siempre una lengua literaria que se ajustara a los temas y géneros, según fueran pasajes épicos, líricos o dramáticos; esto es, una lengua ajustada a la teoría de los estilos, sublime, medio o bajo, aunque en el teatro, según los personajes y la situación, se utilizan todos.
En sus polémicas con los culteranos -Góngora decía de él que era "con razón Vega por lo siempre llano"-, atacó desde una estética más renacentista la oscuridad motivada por la acumulación de metáforas, de cultismos y de construcciones latinizantes. La claridad que defendió Lope es, sin embargo, de raíces cultas tanto en la lengua como en el sutil uso de los conceptos.

martes, 1 de noviembre de 2011

La narrativa de Lope

En el siglo XVI aparecen o se aclimatan diversos géneros narrativos. Lope desechó los libros de caballerías -que sustituyó por los poemas épicos- y la picaresca -que dejó numerosas huellas en su teatro-. En cambio, se sintió atraído por otros géneros narrativos, de los que son muestra La Arcadia, El peregrino en su patria, Pastores de Belén y las Novelas a Marcia Leonarda.

  • La Arcadia es una novela en prosa y verso en la que se relatan los amores de la corte del duque de Alba, de quien era secretario. Tuvo un éxito extraordinario -cerca de veinte ediciones- debido, principalmente, a la variedad de temas que se introducen, además de los líricos y pastoriles: juegos de sociedad, enigmas, discusiones sobre el amor y la poética, las artes liberales, etc. Y también a la inmensa erudición que despliega su autor, de la que se burló Cervantes en el Quijote.
  • El peregrino en su patria es una novela de aventuras en la que se relata el peregrinaje del protagonista Pánfilo por España. La obra comienza, como era habitual en este tipo de novelas, en medio de la acción para suscitar el interés del lector:
Salía sobre las blancas arenas de la famosa playa de Barcelona, entre unas cajas, tablas y rotas jacias de un navío, un bulto de sayal pardo, cubierto de algas y ovas, que visto de unos pescadores y puesto en una barca, con la codicia de que fuese alguna rica presa, fue llevado por la ribera abajo dos largas millas, hasta que entre unos árboles desenvuelto, como las demás cosas, fue conocido por un hombre que entre la vida y la muerte estaba en calma.



  • Pastores de Belén es una novela pastoril a lo divino sobre el mismo tema del título. Se insertan en ella varios villancicos y autos sacramentales.
  • Las Novelas a Marcia Leonarda son cuatro interesantísimas novelas cortas dedicadas a Marcia Leonarda, esto es, a Marta de Nevares. En ellas la acción se interrumpe para dejar paso al propio Lope que reflexiona sobre el acto de escribir. En una de ellas comenta:
Demás que yo he pensado que tienen las novelas los mismos preceptos que las comedias, cuyo fin es haber dado su autor contento al pueblo, aunque se ahorque el arte, y esto, aunque fue dicho al descuido, fue opinión de Aristóteles.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Lope, poeta

Fue Lope, desde muy joven, famosísimo poeta. Compuso numerosos poemas -en su mayoría sonetos- amorosos, sacros o burlescos, que reunió en Rimas (1602), Rimas Sacras (1614), y Rimas humanas y divinas (1634), este último bajo el seudónimo de Tomé de Burguillos.
Su altísima calidad poética hizo posible que su teatro, escrito en variedad de estrofas, alcanzara unas cimas líricas poco frecuentes. En sus comedias, junto a pasajes muy cultos, se hallan numerosos romances imitando al Romancero viejo. Esta atracción por los géneros populares se manifiesta, sobre todo, en el uso muy frecuente de cancioncillas tradicionales. A veces es imposible determinar si se trata de textos tradicionales o recreaciones del propio autor.
Los romances, en general autobiográficos, circularon cantados o en antologías poéticas. Con Góngora, elevó la categoría literaria del género, al insertar en él la lengua poética del endecasílabo. Véase un ejemplo de un romance temprano en donde puede observarse cómo se convierte, salvo en el ritmo, en un poema culto.


El tronco de ovas vestido
de un álamo verde y blanco
entre espadañas y juncos
bañaba el agua del Tajo
y las puntas de su altura
del ardiente sol los rayos
y todo el árbol dos vides
entre racimos y lazos.
Al son del agua y las ramas
hería el céfiro manso
en las plateadas hojas,
tronco, punta, vides, árbol.


El poema siguiente es un soneto, muy del gusto de Lope, en el que se desarrolla lo que él llamaba un "concepto". Se trata de una definición del amor, por contrarios.


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;


no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;


huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;


creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quien lo probó lo sabe.


Casa Museo de Lope de Vega en Madrid
La poesía épica
El género literario más apreciado desde la antigüedad era la épica. Los escolares se formaban leyendo a los poetas épicos Homero y Virgilio, que se comentaban e imitaban en clase. A partir del Renacimiento, numerosos poetas quisieron componer poemas épicos que pudieran alcanzar la fama de sus modelos clásicos, con poca fortuna, en general. Sin embargo, en el siglo XVI dos poemas italianos, el Orlando furioso, de Ludovico Ariosto -que Don Quijote se sabía de memoria-, y la Jerusalén libertada, de Torcuato Tasso, se convirtieron en modélicos.
Lope, que quería pasar a la fama por este prestigioso género, compuso numerosos poemas a lo largo de su vida sobre todo tipo de asuntos, desde la imitación de Ariosto hasta la parodia. Los más importantes son La hermosura de Angélica, La Dragontea, El Isidro, Jerusalén conquistada y La Gatomaquia.

  • La hermosura de Angélica es una continuación del Orlando furioso, cuya acción transcurre en España.
  • La Dragontea narra la derrota del famoso pirata Francis Drake en Panamá.
  • El Isidro relata la vida del santo madrileño. Está compuesto en quintillas como convenía a la condición social del protagonista, el labrador San Isidro. En el prólogo de esta obra, como en otras ocasiones, el escritor hace la defensa del octosílabo como metro nacional, que puede acomodarse a todos los estilos.
  • Jerusalén conquistada es una imitación de Tasso y en ella Lope puso todo su empeño para ser reconocido como el gran poeta heroico de la época.
  • La Gatomaquia parodia el género y, de paso, la vida y costumbres de la corte. Relata el enfrentamiento de los gatos Marramaquiz y Micifuz para conseguir el amor de la bella gata Zapaquilda. Obsérvese en este pasaje, una silva de versos pareados, cómo se mezclan lo culto y lo popular para provocar la parodia:
Asomábase ya la primavera
por un balcón de rosas y alhelíes,
y Flora con dorados borceguíes
alegraba risueña la ribera;
tiestos de Talavera
prevenía el verano,
cuando Marramaquiz, gato romano,
aviso tuvo cierto de Maulero,
un gato de la Mancha, su escudero,
que al sol salía Zapaquilda hermosa,
cual suele amanecer purpúrea rosa
entre las hojas de la verde cama
rubí tan vivo, que parece llama;
y que con una dulce cantilena
en el arte mayor de Juan de Mena,
enamoraba el viento.

domingo, 16 de octubre de 2011

Lope de Vega

Quizás sea Lope de Vega -"Fénix de los Ingenios", como le denominaron en su tiempo- uno de los casos más extraordinarios de la historia literaria tanto por su fecundidad como por su calidad en los más variados géneros. Recogió múltiples tradiciones anteriores y sembró semillas híbridas que produjeron frutos nuevos, en especial en la lírica y en el teatro. También lo es por su agitada vida amorosa, que estimula gran parte de su obra: "porque amar y hacer versos todo es uno".


Vida
Coetáneo del dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616), el perfil biográfico de Félix Lope de Vega Carpio (Madrid, 1562-1635) resulta de sumo interés para el conocimiento de su obra, pues la conexión entre vida y poesía es más marcada que en otros escritores.
Nieto de orfebre e hijo de bordador, Lope, de formación más autodidacta que académica, tuvo por oficio secretario de la alta nobleza. En 1588, autor ya muy famoso, fue desterrado a Valencia por haber escrito unas sátiras contra su amada Elena Osorio ("Zaida", "Filis"), su marido y su familia, que eran conocidos actores. El mismo año, tras raptarla, se casa con Isabel de Urbina ("Belisa"), con quien vive felizmente en Valencia durante el destierro. Viudo y ya en Madrid, volvió a casarse con Juana de Guardo en 1598, aunque mantenía relación con la actriz Micaela de Luján ("Camila Lucinda"), con quien tuvo varios hijos. En 1614 se ordenó sacerdote tras la muerte de su mujer y de su hijo Carlos Félix. No obstante, desde 1616 vivió y tuvo una hija con Marta de Nevares ("Amarilis", "Marcia Leonarda", "Dorotea"), joven casada que murió ciega y loca. Tres años después que ella, falleció el poeta ejemplarmente, según relata su amigo Pérez de Montalbán en la biografía panegírica.


La época de Lope
Lope se encontró con un momento literario extraordinariamente favorable. La lengua poética se había enriquecido con las aportaciones de Fernando de Herrera, que abrían el camino a la compleja poesía gongorina; el romance presentaba numerosas posibilidades de difundir temas nuevos, como los pastoriles y moriscos; la épica era el género más apreciado; en narrativa había una amplia gama de modelos, como la novela picaresca, la bizantina o de aventuras, la pastoril o la novela corta; y el teatro comenzaba a adquirir una función social inusitada gracias a la aparición de los corrales de comedias.
Abordó Lope la práctica totalidad de los géneros literarios de su tiempo. Desde la épica, que tanto admiró, hasta el género epistolar. En todos fue realmente excepcional y, además, abundante, de manera especial en el dramático.

martes, 20 de septiembre de 2011

Los tropos y las figuras más comunes

Tropos

Metáfora: Se produce cuando las cualidades de un objeto real (A) se identifican con las de un objeto irreal (B).

La guitarra es un pozo
con viento en vez de agua.
Gerardo Diego

El término real (A) puede desaparecer. En este caso: "El pozo con viento" = "guitarra". La metáfora es, además, reversible: "La guitarra de agua" = "pozo".

Metonimia: Consiste en dar la causa por el efecto o el continente por el contenido: "compró un Cervantes" (por "compró un libro de Cervantes").

Sinécdoque: Consiste en la sustitución del todo por la parte o la parte por el todo: "tomó el acero" (por "tomó la espada").

Hipérbole: Es una exageración.

Si nos acercamos a un sepulcro gótico observaremos los enormes ríos de figurillas graciosas.
Federico García Lorca

Ironía: Se produce cuando el significado de lo que se dice es contrario de lo que se pretende decir. Depende del tono y del contexto.

En la página 122, el doctor Castro ha enumerado algunos escritores cuyo estilo es correcto; a pesar de la inclusión de mi nombre en este catálogo, no me creo del todo incapacitado para hablar de estilística.
Jorge Luis Borges

Alegoría: Es una metáfora continuada, cuyo sentido puede quedar oculto. En el ejemplo se trata del recuerdo de un primer amor perdido:

Yo iba perdido por la selva oscura,
sólo oía el quebrar de una cadena,
y vi encenderse con medrosa albura,
en la selva, una luz de ánima en pena.
Tuve conciencia. Vi la sombra mía,
negra, sobre el camino de la muerte,
y vi tu sombra blanca que decía
su oración a los tigres de mi suerte.
Ramón del Valle-Inclán

Símbolo: Se produce cuando una palabra deja de tener su significado habitual para pasar a tener otro totalmente distinto.

De flores y esmeraldas
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas...
San Juan de la Cruz

Comenta el autor: "...las flores son las virtudes del alma, y las esmeraldas los dones de Dios".

Perífrasis: Consiste en decir con varias palabras lo que podría decirse con la palabra o las palabras precisas. Por ejemplo, Rubén Darío, que había escrito Azul y Prosas profanas, se presenta así:

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana.

Figuras de dicción

Pleonasmo: Es la adición de palabras que refuerzan una idea sin añadir nada nuevo:

¡Qué persuasión fuera bastante para persuadirme
que hay monos en el mundo que adivinen, como
lo he visto ahora con mis propios ojos!
Cervantes

Anáfora: Es la repetición de una o varias palabras al principio de un verso:

La yacente no sabe.
Se puede tener unos brazos abandonados.
Se puede tener unos oídos pálidos
que no se apliquen a la corteza ya muda.
Se puede aplicar la boca a lo irremediable.
Se puede sollozar sobre el mundo ignorante.
Vicente Aleixandre

Paronomasia: Consiste en la proximidad de palabras parecidas pero de significados distintos:

La verdad padece, pero perece.
Santa Teresa de Jesús

Aliteración: Es la repetición de fonemas en distintas palabras próximas:

¡Qué desdenes rudos lanza bajo el ala,
bajo el ala aleve del leve abanico!
Rubén Darío

Quiasmo o retruécano: Se produce cuando una frase está formada por las mismas palabras que la antecedente, pero con orden inverso:

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Francisco de Quevedo

Epíteto: Es cualquier adjetivo que posee un valor estilístico. El más frecuente es el que pone de relieve las cualidades propias del sustantivo:

Cual queda el blanco cisne cuando pierde
la dulce vida entre la hierba verde.
Garcilaso

Polisíndeton: Consiste en repetir las conjunciones coordinantes en cada miembro de una enumeración. Véase este ejemplo donde la figura realza el esfuerzo de ascender a la cumbre del monte:

Alarga el bien guiado
paso, y la cuesta vence, y, solo, gana
la cuesta del collado;
y do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana.
Fray Luis de León

Asíndeton: Consiste en suprimir los enlaces. Un ejemplo famoso es la célebre frase de César:

Llegué, vi, vencí.

Elipsis: Es la omisión de expresiones que son exigidas por la gramática y la lógica, pero no son imprescindibles para que se mantenga el sentido:

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Baltasar Gracián

Zeugma: Es la elipsis de un antecedente. Fue figura muy grata en el Siglo de Oro. El ejemplo más notable es el de Cervantes, que incluso llega a separar con un epígrafe el antecedente -le dejó ir a la buena hora- y el consecuente -La del alba sería, cuando don Quijote-.

Hipérbaton: Consiste en alterar el orden sintáctico. El más frecuente y más extremo es el de la separación del sustantivo y adjetivo o complemento con preposición. Véase esta burla de Quevedo contra los hipérbatos gongorinos, donde llega a separar la palabra gerigonza:

Quien quisiere ser culto en solo un día
la geri aprenderá gonza siguiente.
Francisco de Quevedo

Figuras de sentencia

Apóstrofe: Es la interrupción de un discurso para dirigirse con vehemencia hacia alguien o algún objeto presente o ausente:

Hacia Madrid, una noche,
va el tren por el Guadarrama.
En el cielo, el arco iris
que hacen la luna y el agua.
¡Oh, luna de abril serena
que empuja las nubes blancas!
Antonio Machado

Oxímoron: Es la figura que presenta dos términos en aparente contradicción:

Respóndate, retórico, el silencio.
Calderón de la Barca

Evidencia: Es la descripción vivaz y detallada de un objeto u acción:

Abrió una gaveta de donde sacó el pagaré de doña Mariquita. Tomándolo por una punta con dos dedos lo acercó al hocico de la vieja, quien, con los ojos entornados, fingiéndose accidentada, espiaba entre la celosía de las pestañas el ir y venir de Tigre Juan. Pronto la vieja puso ojos de ternera, redondos y estúpidos, al ver que Tigre Juan encendía un mixto, aplicaba fuego al pagaré, lo dejaba arder hasta quemarse las yemas y, al final, soplando, diseminó en el aire las pavesas del carbonizado papel.
Ramón Pérez de Ayala

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Retórica y literatura

Desde la antigüedad hasta el siglo XX, la enseñanza de la Retórica, hoy limitada a unas cuantas figuras estilísticas, era piedra fundamental para saber componer un discurso escrito u oral. Tras estudiar Gramática y Dialéctica, los estudiantes, casi niños, pasaban a la Retórica, cuyo fin principal era enseñar los medios que se han de utilizar en un discurso para persuadir a un público.
El aspecto más importante de la enseñanza retórica era, naturalmente, la práctica. Los estudiantes hacían distintos ejercicios breves, como, por ejemplo, la descripción de un paisaje ideal (locus amoenus, en latín), para integrarlos en un discurso. Así, y para practicar la argumentación, podían desarrollarse sentencias como "El amor todo lo vence" (Omnia vincit Amor), de Virgilio; o temas como "¿Qué es mejor, la ciudad o el campo? ¿Las armas o las letras?", que son los que se incluyen en la primera parte de El Quijote.
Aula Fray Luis de León, Universidad de Salamanca
Gramática, Dialéctica y Retórica fueron, durante varios siglos, las
materias básicas en la educación de los jóvenes.
Para adquirir experiencia en la narración se hacían diversos ejercicios que afectan de raíz a la literatura. Uno de ellos, por ejemplo, consistía en tomar una fábula y narrarla en forma más extensa o más breve, con estilo más bajo o más alto, comenzando por el final o por el medio, convertirla en prosa si estaba en verso y viceversa... Otros ejercicios consistían en la descripción de lugares, personas o situaciones (una tempestad, una batalla). Estos últimos son la base de todo tipo de poemas descriptivos en los que se hace el retrato de una dama, e incluso, de la novela realista.
Entre todos los ejercicios, los más importantes eran la traducción del griego al latín o del latín a la lengua vulgar; la paráfrasis, que consistía en reescribir el texto con otras palabras; y, sobre todo, la imitación. Este último tipo reviste sumo interés puesto que de él procede el canon de autores clásicos dignos de imitación -que puede variar según las épocas- y, por tanto, la historia de la literatura, clásica y vulgar.

La elocución
La Retórica perfeccionó hasta límites insospechados el análisis de la lengua literaria. El principio del que partía era que la Gramática enseña la norma de escribir y hablar correctamente. Cualquier desvío de la norma se considera un vicio, que podía darse en una palabra o en varias.
Con un rigor de entomólogos, los retóricos clasificaron estos vicios que atañían a la morfología y a la sintaxis (¡y también a la ortografía!) de acuerdo con cuatro categorías, las mismas que utiliza el ordenador actual: vicios por adición, por supresión, por alteración del orden y por inmutación o cambio. Pero esos desvíos de la norma pueden llevarse a cabo para procurar efectos especiales en la expresión. Por ejemplo, si es vicio gramatical decir veloce por veloz, no lo es cuando interviene la voluntad estilística del autor. El vicio se convierte entonces en virtud retórica, como ocurre en este verso de Garcilaso en el que veloce tiene la función expresiva de representar con mayor viveza la imagen:

que el veloce correr del agua enferma

Los retóricos clasificaron todos estos desvíos bajo las mismas categorías de adición, supresión, etc., de los vicios gramaticales. A los desvíos en una palabra se les denominó metaplasmos y tropos y a los que ocurrían en un conjunto de palabras figuras de dicción y también tropos (como la alegoría y la ironía). Añadieron, además, las llamadas figuras de sentencia o pensamiento, que no afectan a las palabras sino al contenido, clasificándolas según se refieran al propio orador o al público a quien se dirigen.
En resumen, en la elocución se encuentran analizados con centenares de términos propios todos los posibles desvíos de la Gramática entendida como el lenguaje discursivo o no literario. Se comprende que médicos, juristas, matemáticos, arquitectos, filósofos, que habían estudiado desde niños este sistema de ejercicios retóricos, pudiesen escribir con los mismos recursos que los que componían textos puramente literarios. Lo literario en cuanto al lenguaje es, en realidad, lo retórico.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Contra el viento del norte

El viento del norte llega de madrugada. No te deja dormir. Tienes pesados los párpados quizás, pero no te vence el sueño. Contra el viento del norte se puede luchar, buscando algo que te cierre los ojos, u ocupando el tiempo, ya que, de todas formas, en la cama lo estás perdiendo.
Dicho esto, meterse con el ordenador en la web podría ser ese entretenimiento de esas noches.
Y podremos encontrar muchas cosas.

Esta novela gira en torno a esas relaciones virtuales, amistosas, que establecemos por internet. No sabemos nada de quien está al otro lado, pero podríamos intimar con él/ella, dependiendo, claro, de lo que queramos contar. O incluso podremos mostrarnos verdaderamente como somos, más incluso que con los que nos rodean día a día en el mundo no virtual, esto es, en la pura vida. O hablaremos con ellos/ellas de lo que en verdad nos preocupa, o lo que verdaderamente más nos interesa.
Todo esto daría que pensar esta novela. Aparentemente cuenta una relación de amor mediante el envío constante de correos electrónicos. Pero es algo más: es jugar al anonimato; es fantasear sobre alguien a quien no conozco, y a quien, precisamente por eso, le cuento lo inconfesable; son los celos que llegamos a sentir en un foro de debate virtual...
La he tenido muchas veces en la mano en las librerías, y como me pasa tantas veces, no me decidía. Un día encontré la solución: sacarla de la biblioteca pública, y si no me gustase, no perdería dinero. Así lo he hecho, y la verdad, creo que he hecho bien, porque el libro me ha gustado más por lo que podría haber sido y por lo que tiene de interesante en cuanto a la reflexión sobre esas relaciones virtuales, que por lo que en sí mismo cuenta. Le pongo una pega a su final: son los personajes, con sus emails, los que deberían haber zanjado la historia.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Los géneros literarios

Como ya se ha indicado, la teoría clásica dividió entre géneros las obras literarias de acuerdo con la presencia de la voz del autor en el texto: lírico, épico y dramático. Más tarde, a partir del siglo XVIII, se añadió un nuevo género que se servía de algunos recursos imaginativos y, sobre todo, ligüísticos, de aquéllos: el género didáctico.
Es útil distinguir los géneros de los modos. Así, los modos lírico, épico, dramático, trágico, cómico, satírico, paródico, didáctico, pueden aparecer en cualquiera de los cuatro géneros. Por ejemplo, en una obra de teatro de Lope de Vega, que pertenece al género dramático, pueden darse todos los modos anteriores según los pasajes.
Puesto que los géneros están constituidos por obras particulares, se puede trazar la historia de su permanente cambio en la tradición literaria. Así, por ejemplo, la novela picaresca no existe hasta unas fechas muy concretas, al igual que el drama romántico o los libros de caballerías.

Género lírico
Es, a grandes rasgos, el género que expresa el mundo subjetivo del autor. Entiéndase que se trata de la voz del autor, que puede no tener nada que ver con los auténticos sentimientos del autor real. El modo de expresión es el verso.
La lírica es el género de más difícil clasificación, por la variedad de formas que lo constituyen: oda, elegía, sátira, epístola, epigrama, villancicos, canciones, romances líricos, etc. En cada época pueden surgir formas nuevas, como es el caso de la canción petrarquista en el Renacimiento.
El soneto, en el que se desarrolla un concepto, es la forma epigramática por excelencia.


Río Duero a su paso por Soria
El sentimiento ante la contemplación del paisaje es uno de los temas frecuentes
en la lírica.


Género dramático
Es el género al que pertenecen las obras en que sólo hablan los personajes. Las obras que en él se encuadran están compuestas para ser representadas, salvo casos anómalos como La Celestina, de Fernando de Rojas, o La Dorotea, de Lope de Vega, que aunque formalmente pertenecen al género dramático, han sido creadas para ser leídas.
Los géneros dramáticos mayores son la tragedia, la comedia y la tragicomedia, que, a partir del siglo XVIII, se denomina drama.
Entre los géneros dramáticos menores están el entremés y el sainete, piezas breves cómicas que se incluyen al principio, en los entreactos o al final de una obra mayor, y el auto sacramental.



Género épico
Es el género en el que el autor narra y hace hablar a los personajes. Puede estar compuesto en verso o en prosa. Los géneros épicos mayores en verso son la epopeya, el cantar de gesta y el poema épico; y en prosa, la novela y el cuento.
  • Epopeya: Narra las acciones de héroes míticos y en ellas se suelen incluir las creencias -religiosas, sociales, morales- de una nación. La Ilíada y la Odisea, de Homero, y la Eneida, de Virgilio, son las más importantes epopeyas de la antigüedad.
  • Cantar de gesta: Es el género característico de la Edad Media. Relata alguna hazaña de un personaje histórico o pseudohistórico como, por ejemplo, Roldán, el Cid o Bernardo del Carpio. Como la epopeya homérica, también es cantado por especialistas, en este caso, por los juglares. El Romancero es un subgénero de estos cantares.
  • Poema épico: Es el que desde el Renacimiento se compone a imitación de los clásicos, sobre todo de Virgilio. Suele estar escrito en octavas reales y puede tratar de temas fabulosos o históricos, o mezclar ambos. Poemas épicos históricos, con elementos fabulosos, son La Araucana, de Alonso de Ercilla; Os Lusíadas, del portugués Luis Camoens; y La Jerusalén conquistada, de Lope de Vega. Entre los fabulosos destaca Orlando fusioso, del italiano Ariosto.
  • Novela: En general, se suele entender por novela un relato ficticio extenso en prosa. El novelista inglés Foster la definía como texto imaginativo escrito de más de 50.000 palabras. Sin embargo, la crítica suele discernir entre aquellos relatos que tienen como protagonistas a personajes ideales, que no alteran ninguna de sus cualidades a pesar de los sucesos que les ocurren, y aquellos personajes en los que la realidad sí modifica sus comportamientos. Sería la diferencia entre la novela idealista de los siglos XV y XVI y la novela realista que se inicia con el Lazarillo de Tormes y el Quijote y llega a su culminación con la novela realista del siglo XIX y con la complejísima novela del siglo XX. La crítica anglosajona llama a la primera "romance" y a la segunda "novel".
  • Cuento: Es un relato breve, que puede ser folclórico o culto. Con frecuencia interviene en él el elemento fantástico. En la Edad Media se utilizaron a modo de ejemplos, tal como ocurre en El Conde Lucanor. La leyenda difiere del cuento en el origen del asunto, que el escritor halla en la tradición. En el Romanticismo fueron muy frecuentes las leyendas en verso.
Género didáctico
Como en el caso de la lírica, el género didáctico es una especie de cajón de sastre. Horacio exigía a toda obra épica, lírica o dramática la función de "enseñar y deleitar". Y, a la vez, quienes tenían la intención primordial de enseñar procuraron revestir sus obras de todos aquellos elementos literarios o "deleitables".
Aparte de las fábulas y ejemplos, que pertenecen propiamente al género épico, son los diálogos y ensayos las manifestaciones más características del género didáctico.
  • Diálogos y coloquios: Formalmente pertenecen al género dramático, pues sólo hablan los personajes. Fue género característico de la antigüedad y del Renacimiento. Podían versar sobre cualquier materia, con personajes históricos o fingidos.
  • Ensayo: Es una reflexión breve inteligente, aguda y amena que puede tratar de cualquier materia desarrollada desde el punto de vista del autor. Su auge coincide con el desarrollo del periodismo y las revistas culturales.
Por lo demás, el modo didáctico se encuentra en todos los géneros llamados literarios.


miércoles, 31 de agosto de 2011

La tradición literaria

Los escritores románticos, en general jóvenes anticlásicos, creían en el genio creador, en la inspiración, en la originalidad de sus obras. Pero se engañaban, porque no hay texto tilerario que no se inserte en una tradición, en unos géneros, en unos modelos teóricos -los que proceden de la Poética- y prácticos -los que han escritos otros autores-.
Las obras más importantes, aquellas que aportan novedades en mayor o menor grado, tienen pronto numerosos imitadores que introducen cambios mínimos en la tradición. Estos imitadores suelen ser denominados, en el sentido despectivo, epígonos, esto es, los que siguen un modelo, aunque en realidad algunos de ellos cambien el modelo o creen otros nuevos, como ocurrió con Cervantes respecto a los libros de caballería.
La literatura occidental es, de hecho, el conjunto de todos los textos que se han oído o escrito a lo largo de unos veintiocho siglos: desde Homero y la Biblia, hasta el presente. En este conjunto se incluye también la tradición folclórica: cuentos y canciones. Todo poeta, en el sentido aristotélico, se inscribe en unas determinadas tradiciones a las que sigue, modifica o se enfrenta.
A la tradición literaria occidental hay que añadir las tradiciones de las otras literaturas no occidentales, como la árabe, china, japonesa, india, etc., que pueden ser conocidas en distintos momentos por la tradición occidental e integradas en ella. Es el caso de los cuentos orientales en la Edad Media o de la literatura japonesa en el siglo XIX.
La literatura es, pues, todo ese conjunto de obras diferentes, aunque parecidas, que pueden clasificarse, no siempre con facilidad, en los tres géneros o modos literarios mencionados: lírico, épico, dramático. El historiador de la literatura intenta poner orden en este caos, mientras que el crítico intenta organizar los principios literarios de composición de las obras para poder luego emitir un juicio de valor.
La historia y la crítica deben incluirse en esa tradición literaria porque afectan, en mayor o menor medida, a la creación. Por ejemplo, textos como la mencionada Poética de Aristóteles o el Arte Poética de Horacio, son fundamentales para la estructura y los fines de las obras literarias occidentales hasta el siglo XIX. Véase el caso ejemplar de Lope de Vega, que se enfrenta a esas tradiciones clasicistas, porque a Aristóteles "ya le perdimos el respeto"; en cambio, El sí de las niñas de Moratín es una comedia construida sobre un modelo teórico neoaristotélico.

martes, 30 de agosto de 2011

La piel de la memoria

La vida de Kalil Mtube, un niño africano de once años, cambia drásticamente cuando su padre lo vende y es obligado a trabajar brutalmente como esclavo en una plantación de cacao. Allí conoce la amistad y el amor, pero también la despiadada crueldad de los seres humanos. Aunque logra escapar, Kalil tendrá quer recorrer un largo camino antes de alcanzar la libertad.
La piel de la memoria refleja el desamparo y la explotación a la que está sometida buena parte de la población mundial.

Propio del lenguaje de Jordi Sierra i Fabra: frases cortas, dirigidas a un público juvenil. El gran valor de esta novela es acercar a los chicos un mundo que les resulta totalmente ajeno y que ni siquiera imaginan.
He seleccionado el momento en que Kalil conoce el mar, literario y conmovedor:

Pasé mi primera noche frente al mar escuchando, como un arrullo, el suave roce de las olas en la arena. Me hizo dormir, me acompañó, y fue mi primer sonido al despertar. Al amanecer, y cuando todavía el día no había despuntado, pero sí con la suficiente luz como para que mis ojos pudieran contemplarlo, vi aquella maravilla, y pude extasiarme ante su poderosa belleza y su extraña fuerza. Sibrai Buekeke me había dicho que el mar era enorme. Pues bien, a mí se me antojó un desierto móvil, un gran desierto que en lugar de arena tenía agua. Más allá se abrían nuevos horizontes, esperanzas, libertades, sueños. Tal vez los hombres vivían en perpetuo estado de odio contra sí mismos, pero quizás fuera porque no se detenían a ver el mundo que los rodeaba, tan bello, tan único.

lunes, 29 de agosto de 2011

La mímesis y los géneros

La definición restrictiva de Aristóteles, que limita el término de poesía a la mímesis, es, a pesar de sus defectos, la más apropiada para acotar el término literatura en los géneros literarios tradicionales: lírica, épica, dramática. No sirve, en cambio, para los géneros más nuevos, como puede ser la didáctica, porque éstos se basan en los presupuestos de la forma -uso del lenguaje literario- y no de los contenidos.
 
El gusto por la imitación está presente en los seres humanos
prácticamente desde que nacen.

En efecto, a pesar de Aristóteles, la historia literaria introdujo a partir del siglo XVIII y, sobre todo, en el siglo XIX, todo tipo de autores
-historiadores, médicos, místicos, filósofos, etc.-, que por sus características formales podían leerse con un acercamiento estético. Sus obras son textos que carecen de la imitación en el sentido aristotélico y tienen como fin lo útil, la enseñanza, pero se sirven de unos recursos propios del lenguaje literario frente al lenguaje discursivo. De ahí que, entre los géneros tradicionales o miméticos, se incluya un nuevo género: el didáctico.
En los textos didácticos falta la imitación, pero se encuentra lo que los críticos llaman literariedad, es decir, desvíos de la norma lingüística o, mejor, de la precisión con fines utilitarios del lenguaje llamado discursivo -el que utilizan los diccionarios y los tratados científicos-. El lenguaje literario tiende, en cambio, a la expresividad y a la originalidad.

sábado, 27 de agosto de 2011

El Arte Poética de Horacio

Además de la de Aristóteles hubo en la antigüedad otras poéticas, entre las que destacó la Epistola a los Pisones o Arte Poética de Horacio (siglo I a.C.). En ella se dan preceptos para componer obras literarias, de los cuales, los más importantes se refieren al teatro: división de la obra en cinco actos y separación tajante entre tragedia y comedia.
Horacio establece además que la literatura debe ser útil y a la vez deleitable ("aprovechar deleitando"). Este precepto tuvo gran influencia y, hasta el presente, la finalidad de la literatura se ha movido entre estos dos polos: el arte por el arte o el arte por la idea.

lunes, 22 de agosto de 2011

Chesil Beach

La revolución sexual ha encendido la mecha en Inglaterra pero ha llegado demasiado tarde para Edward y Florence, dos veinteañeros que cargan con los rígidos valores de una sociedad que ha intentado borrar la palabra sexo de la vida de los jóvenes. Ahora que están solos en la habitación, el ansia de Edward se solapa con el temor de la virginal Florence. ¿Es así como debe empezar un matrimonio?

De cuando la verdad se dice demasiado tarde. De cómo el silencio puede provocar un desastre. Es posible que el amor más grande se destruya por el miedo al sexo, o cómo el sexo puede hacer que la figura amada resulte repugnante. Muchos detalles llenan las páginas de este libro, que gira, de una forma brillante, al mismo tiempo erótica y angustiosa, en torno a un momento en la noche de bodas de los dos jóvenes: antes de que ocurra, están los temores y los deseos, las razones que quizás nos lo explique todo o nos den nuevos interrogantes; y posteriormente, las consecuencias, y lo que pudo haber sido o nunca debió ocurrir.

viernes, 19 de agosto de 2011

La Poética de Aristóteles

Puesto que el concepto de literatura ha evolucionado a lo largo del tiempo, conviene acudir a las raíces de los planteamientos actuales. Estas raíces se sitúan en la Grecia clásica, en particular en el texto teórico más importante sobre la materia: la Poética, de Aristóteles (siglo IV a.C.).
El término poética, creado por Aristóteles, nombra el arte que estudia la poesía, voz que hasta el siglo XVIII se utilizó para designar el concepto de literatura. La Poética nació en la Grecia clásica, en un ambiente en el que era habitual la discusión sobre cuestiones literarias. El problema central que se plantea Aristóteles es si la épica de Homero -autor de la Ilíada y la Odisea- es superior a las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides. "El filósofo", como se conoció siempre a Aristóteles, plantea el problema desde sus orígenes y define la poesía como imitación (mímesis, en griego, mimesis en latín), indicando sus grados, formas, géneros, fines y estilo.

La mímesis o imitación
Parte Aristóteles de que, por naturaleza, el ser humano siente placer por imitar y ver u oír lo imitado. Por ejemplo, si vemos un cadáver atravesado por una espada y envuelto en sangre, sentimos horror; en cambio, si lo vemos representado en pintura sentimos placer ante la calidad de la imitación. Y lo mismo sucede al ver la representación de una tragedia.
La imitación o mímesis puede realizarse por distintos medios, lo que da lugar a diferentes artes:
a. Mediante colores y formas: la pintura o la escultura.
b. Mediante el sonido: la música.
c. Mediante las palabras: la poesía.

El grado de imitación
La imitación puede presentar a los objetos o personas mejores, iguales o peores de lo que son. Esta distinción da origen a términos como idealismo, realismo o irrealismo. En esta última categoría se incluye lo satírico, lo grotesco, lo paródico... Se trata de una clasificación que afecta, como veremos, a la teoría de los estilos.

La forma
La imitación poética, o poesía, puede realizarse en prosa o en verso.
Ya en tiempos de Aristóteles existía la actual identificación de verso y literatura (poesía en la acepción de Aristóteles). Pero, según el filósofo, una historia o un tratado de medicina escritos en verso no son poesía porque carecen de imitación. Los Diálogos de Platón, en cambio, aunque escritos en prosa, son más poéticos, puesto que, en ellos se fingen unas situaciones inexistentes.

Los géneros
Según la actitud del poeta en relación con su presencia en la obra, hay tres géneros literarios:
  • Épico: El poeta narra y los personajes hablan.
  • Dramático: Sólo hablan y actúan los personajes.
  • Lírico: Sólo habla el autor.
El fin
El fin de la poesía es el deleite, el placer. Una tragedia provocará un tipo de deleite y una comedia otro.

El estilo
A la épica y a la tragedia convienen versos graves y una lengua elevada, de acuerdo con la situación social y el carácter de los personajes. En la comedia el verso es más parecido al ritmo del uso coloquial, así como la lengua. En las sátiras -que eran también representaciones- el estilo será bajo. Hay, pues, tres estilos, de acuerdo con el grado de imitación: sublime, medio y bajo o humilde.

sábado, 13 de agosto de 2011

El hombre del salto

Este libro se planteó como una lectura recomendable desde un Club de Lectores en el que participé durante un año. No terminábamos de decidirnos por él, porque aunque ninguno de los miembros del club lo había leído, sí habíamos oído malos comentarios. Se quedó siempre en el tintero, pues.
Así, que lo compré para leerlo en mejor ocasión. Lo busqué en edición de bolsillo, más económico por si no me gustase, y también más manejable para llevarlo de viaje o en la mochila para la piscina.
Lo he terminado hoy. Creo que ha sido la lectura más desagradable de todos los tiempos, porque en ocasiones me he sentido un imbécil que no lograba entender la genialidad de su autor, y en otras ocasiones me he sentido engañado porque en verdad no lograba decir nada coherente.
Las frases son muy cortas y lapidarias, como si sólo el autor supiese cuál es su verdadero significado, como si todo se diese por supuesto, y como si todo tuviese un mensaje implícito profundísimo; pero no logra despertar la curiosidad por desentrañar esos mensajes: más bien falta un hilo entre frases y frases, es como si no tuviera nada relación con nada... Uuuff, desesperante.