Podríamos decir que se trata de una comedia negra, algo emparentada con el genial humor de Gila: absurdo, paleto y terrible (no sé si al autor le parecerá una comparación acertada).
Nos presenta a un trío de camioneros, que trabajan en la empresa de mudanzas La Ibérica, propiedad del Señor Casellas, especializada en transportes internacionales por Europa. Pues en esos viajes con su Pegaso pegado a la carretera, los tres compañeros de fatigas viven sus amores de diez minutos en los siempre tristes burdeles de carretera. Gabriel Delacruz, jugador de cartas, huidizo, mentiroso, tiene cuatro mujeres y cuatro hijos repartidos por las diferentes ciudades de sus mudanzas. Y un día desaparece... Aquí es donde empieza la historia, cuando Cristòfol, el hijo de Barcelona, recibe la visita de la policía, quien busca a Gabriel por impago. Ya hacía veinte años que no sabía nada de su padre, era sólo un recuerdo vago. Descubrirá en esa búsqueda que tiene tres (o cuatro, según se mire) hermanos más: Christof, Christophe y Christopher. Y encontrará más cosas: unas vidas que merecen ser rescatadas del olvido, y una época que afortunadamente ya pasó.
