Biografía: https://escriturayescritoresbiografias.blogspot.com/2025/12/matilde-asensi.html
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27/11/2025 - 29/12/2025Ona caminaba a mi lado cargando resueltamente con la bolsa de pertrechos de Dani y los casi diez kilos de su hijo. Mi cuñada era muy joven, apenas tenía veintiún años recién cumplidos. Había conocido a Daniel en el primer curso de carrera, en la clase de Introducción a la Antropología que aquel año impartía mi hermano en la facultad, y se fueron a vivir juntos poco después, en parte por amor y en parte, supongo, porque Mariona era de Montcarbau, un pueblecito del Valle de Arán, y no debían encontrarse muy cómodos compartiendo su intimidad con las otras cuatro estudiantes aranesas que se alojaban en el mismo piso de alquiler que Ona. Hasta entonces, Daniel había vivido conmigo, pero, de repente, un día, apareció en la puerta del salón con el monitor de su ordenador bajo el brazo, una mochila al hombro y una maleta en la mano.
—Me voy a vivir con Ona —anunció con una mirada alegre. Los ojos de mi hermano eran de un color sorprendente, un violeta intenso que no se veía con frecuencia. Por lo visto los había heredado de su abuela paterna, la madre de Clifford, y él estaba tan orgulloso de ellos que se había llevado un buen disgusto cuando los ojos de su hijo Dani, al ir aclarándose, se quedaron simplemente en azules. Para resaltar el diferente combinado genético del que procedíamos, los míos eran de color castaño oscuro, como el café, igual que mi pelo, moreno, aunque ahí terminaban las diferencias físicas.
—Enhorabuena —fue todo lo que le respondí aquel día—. Que os vaya bien.
No es que mi hermano y yo nos llevásemos mal. Todo lo contrario; estábamos tan unidos como podían estarlo dos hermanos que se quieren y que se han criado prácticamente solos. El problema era que, siendo ambos hijos de Eulalia Sañé (antes, la mujer más habladora de Cataluña y, desde hacía veinticinco años, la de Inglaterra), teníamos que salir silenciosos a la fuerza. Y, al fin y al cabo, a lo largo de la vida, se aprende, se experimenta y se madura; pero cambiar, lo que se dice cambiar, no se cambia mucho porque uno es, en todo momento, el que siempre ha sido.
Edición original: 2003
Prestado
★★★★★
En su día leí varias novelas de Matilde Asensi. Recuerdo que me gustó mucho El último Catón, antes de que empezara con este blog, y tiempo después me defraudó Todo bajo el cielo. Esto me llevó a perder interés por sus trabajos. Por eso, cuando ahora me han dejado El origen perdido, me he entusiasmado de nuevo con su narrativa: creo que esta novela está muy bien construida, con una historia verosímil, apoyada en estudios arqueológicos que se estaban realmente realizando en Bolivia. La historia no decae en ningún momento, y eso que es larga, entreteniéndome hasta el final.